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 250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*

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cyberia_bronze_saint
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MensajeTema: 250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*   Vie Oct 31, 2008 10:19 am

Hola, soy Cyberia y les quiero dejar aquí uno de mis fics. Es de una de mis parejas favoritas, la de los viejitos XD...

Advertencias:

* NC-17

* Angst

* Violencia implícita y explícita (incluye violencia con niños)

* Lemon (explícito)

Ahora si... disfrútenlo.


CAPÍTULO1

Ayer y hoy


Shion despertó sobresaltado, seguro de que había tenido una pesadilla, pero el contenido de sus sueños se había diluido y no pudo recordar que era lo que lo había hecho estremecerse así. Pensó, y no por primera vez, que los problemas que enfrentaba en el Santuario luego de la resurrección de todos los dorados iban a terminar volviéndolo loco. En esos momentos estaba seguro de que jamás sería capaz de lograr que los soldados de élite del ejército de Atena superaran sus rencores, sus diferencias, y sus odios.
Ni siquiera con la ayuda mas valiosa que un hombre pudiera pedir.
Se llevó una mano al pecho, donde el peso conocido del brazo de Dohko se balanceaba con los movimientos de su pecho. Tomó la mano de su amante con suavidad para no despertarlo, y desenredó los dedos de su cabellera. Se permitió una pequeña sonrisa ante esa costumbre del guardián de Libra de acariciarle el pelo. Sacudió la cabeza y se sentó, observando la figura durmiente a su lado, que se perfilaba en la claridad creciente de la aurora.
Estudió a Dohko con detenimiento, notando lo cansado que estaba. En las comisuras de su boca, duras arrugas le daban una expresión adulta a un rostro que resultaba desconcertantemente joven. Su oscuro cabello estaba revuelto, alborotado por un sueño que se adivinaba no le proporcionaría ningún reposo. Libra gimió quedamente, susurrando su nombre.
Shion pasó sus dedos a milímetros de los labios generosos de su compañero, apenas rozándolos, sintiéndolo muy lejano. Era un rostro que en cierta forma, conocía mejor que el suyo. Lo había visto cargado de ternura y distorsionado por la pasión, pero también contraído por el miedo, la ira, y el dolor.
Y ahora, todo en él le indicaba que su angustia era mucho mas profunda de lo que había imaginado. El aspecto del chino le recordó demasiado a como era Dohko cuando él lo había conocido. Y una pequeña chispa de alarma se encendió en su cerebro.

Le pareció increíble que todo eso hubiera ocurrido hacía más de doscientos años. Él acababa de llegar al Santuario, próximo a quedarse con la armadura de Aries y todo se le antojaba sublime. Nunca en su vida se había sentido tan entusiasmado. Adoraba su templo, adoraba a su maestro, el Patriarca estaba orgulloso de su desempeño y se mostraba entusiasta ante la perspectiva de que ocupara la primera línea de defensa del Santuario de Atena. Su carácter sosegado pero firme y su extraordinaria fuerza, le habían valido el respeto de todos, y su increíble belleza había atraído a muchos, haciendo que su vida social pasara de ser casi un ermitaño en Jamil, a ser una de las personas mas codiciadas de los recintos de Atena. Literalmente, hombres y mujeres se arrojaban a sus brazos, deseosos de compartir con él mucho más que su sabiduría. Y a Shion le había resultado fascinante. Nunca se había sentido tan feliz.

Sin embargo, su relación con el resto de aprendices y caballeros, le abrió los ojos sobre el lado oscuro del Santuario y descubrió la verdadera magnitud de su suerte al tener un maestro como Sharatan de Aries. La mayor parte de los caballeros estaba bajo la tutela de una bestia, y lo descubría en sus noches de pasión adolescente, cuando las ropas de sus acompañantes caían a un lado y quedaban expuestas las marcas vergonzosas de los malos tratos a los que sus tutores los sometían. Shion siempre relacionaría los momentos de relax después del sexo con historias macabras sobre como las cicatrices habían llegado a hollar esos cuerpos tan firmes y perfectos, y siempre recordaría las miradas de asombro de sus amantes cuando descubrían que su cuerpo era totalmente liso, y que ninguna marca mancillaba su perfección.

No había aprendices que tuvieran tantas cicatrices como los aprendices de las armaduras doradas. Parecía casi una regla tácita que los custodios de los templos debían enfrentar un entrenamiento lleno de malos tratos y abusos antes de ser considerados dignos de vestir el dorado símbolo de su fidelidad a Atena. En ese entonces era común que los aprendices entrenaran con tutores sustitutos, una especie de entrenamiento básico con énfasis en el desarrollo físico, que relegaba el dominio del séptimo sentido al momento en que los jóvenes adoptaban al maestro definitivo, que era el caballero de su signo. Eso dejaba a los dorados el tiempo necesario para dedicarse a sus misiones y mantenía al mismo tiempo a los jóvenes aspirantes en forma y listos para continuar.

Una costumbre que había comenzado a cambiar precisamente a causa de Tong Hu, el hermano mayor de Dohko.

Entre los caballeros de oro, siempre había habido expectativa por ciertos aprendices, pertenecientes a los signos considerados “especiales”. Piscis, por ejemplo. Sus caballeros siempre se caracterizaban por su belleza, pero también por la frialdad de su corazón, eran siempre los candidatos mas firmes para el puesto del asesino del Santuario. O Cáncer, con una larga lista de hombres muy cercanos a la crueldad o al sadismo. Aries mismo, siempre Lemurianos, con la habilidad única de moldear el orichalcum y sus asombrosos poderes mentales. Y, por supuesto Libra, que convocaba hombres fuertes, con gran equilibrio emocional, hombres a los cuales Atena delegaba el poder único de utilizar armas. Los aprendices de Libra siempre llamaban la atención de todos. Y Tong Hu había sido extraordinario. Hasta Shion había oído de él en la soledad de Jamil. Se rumoreaba que pocas veces el Santuario había contado con alguien que prometiera ser tan fiel a la herencia de su signo.

Pero cuando Shion puso un pie por primera vez en Grecia, Tong Hu llevaba muerto cinco años. Y tal había sido su brillo, que nadie recordaba el nombre del nuevo aprendiz. Para todo el Santuario, el próximo portador de la armadura de Libra era simplemente, “el hermano de Tong Hu”.

Pocas cosas atraían la curiosidad del aprendiz de Aries. Era un hombre sosegado y sereno, increíblemente inteligente y talentoso. Pero sobre el aprendiz de Libra se tejían tantos rumores, que siempre había querido conocerlo. El rumor mas arraigado, era también el más tétrico. Se decía que el futuro portador de Libra había planeado la muerte de su hermano para poder apoderarse de la armadura dorada, y que lo había hecho respaldado por su maestro. Luego de la muerte de Tong Hu, había seguido entrenando en China, pero estaba a punto de retornar al Santuario para terminar su entrenamiento preliminar, a la espera del caballero de Libra ---ausente en una misión delicada que le llevaría algunos años--- y nada se sabía de lo que había sido de su vida con aquel tutor tan descuidado en las montañas de Rozan. Pero lo que si era un secreto a voces, era que su nuevo maestro griego, el caballero de plata de Perseo, era un hombre tan cruel que su presencia misma casi profanaba los recintos de Atena.

A Shion lo intrigaba como sería el aprendiz de Libra. Si era realmente un asesino, ¿lo dejarían ser el encargado de poner sus manos sobre las armas permitidas por la diosa? Era extraño que esa historia se trenzara en torno al hombre cuyo destino era ser el más sabio y el más imparcial entre los doce elegidos. Shion había imaginado un joven enorme, fuerte, de rostro duro y mirada de acero.

Pero lo que descubrió un mes mas tarde, había sido absolutamente diferente.

Shion lo recordaba como si hubiera sucedido cinco minutos antes, en lugar de los dos siglos y medio que habían transcurrido desde entonces. Acarició la frente de Dohko y lo vio como lo había visto aquella vez.

*

Eran las siete de la mañana y el ruido de voces ya llenaba el coliseo. Los enfrentamientos sin alzamiento de cosmo ---a puño limpio, como los llamaban--- siempre habían atraído la atención morbosa de gente acostumbrada a la violencia, como eran ellos. Cada vez que en la arena había algún combate, los gritos y excitación de la multitud se escuchaban invariablemente hasta dentro de los templos. Shion se había sentado en el piso a la espera de su turno, junto a su maestro, agobiados ya a esa hora por el torturante calor del verano griego. Los caballeros que oficiarían de jueces los observaban con detenimiento y estaban eligiendo a los contrincantes. A Shion le tocó enfrentar al aprendiz de Piscis y el lemuriano se encaminó al centro de la arena con su paso ágil, sentándose en el círculo que rodearía a los que debían pelear antes que él. Se sorprendió cuando un caballero de plata que no conocía decretó que el primer enfrentamiento sería entre los aprendices de Cáncer y Libra.
Manigoldo se acercó al centro del coliseo, ajustándose los vendajes de las muñecas, con esa expresión entre demente y complacida que lo caracterizaba. Un muchacho pequeño, de piel oscura, se puso de pie entonces y se acercó a él. Shion, como absolutamente toda la gente que veía a Dohko por primera vez, pensó que aquel no podía ser el aspirante a una armadura dorada, en particular la armadura de Libra. El aprendiz de Cáncer se quedó observándolo sin ponerse en guardia, pensando que sería el mensajero encargado de avisar la razón por la cual su verdadero contrincante no se había presentado. Al cabo de unos segundos, el recién llegado dejó de lado su actitud ausente y, mirando a su oponente con sus extraños ojos casi transparentes, preguntó:

“¿Y bien?”

“¿Tú eres el hermano de Tong Hu?” Dijo Manigoldo, con la incredulidad pintada en cada una de sus facciones.

“Mi nombre es Dohko” dijo el moreno, molesto, en un griego perfecto que sorprendió a Shion. “Soy el aprendiz de Libra.”

Cáncer rió, con una risa helada e intimidante, y se puso en guardia. Dohko lo miraba con atención, frunciendo el entrecejo y concentrándose. Su cuerpo estaba inmóvil, y únicamente su respiración tenía vida.

Manigoldo lo miró con desdén, divertido, dirigiendo miradas asombradas a su cuerpo pequeño y a la extraña ropa ---demasiado holgada y confeccionada con una tela levemente brillante--- antes de mirarle el rostro. Los ojos de Dohko eran enormes y del color de las esmeraldas. Los mantenía entrecerrados continuamente, lo que le daba un aspecto meditativo. A Shion le recordó un monje, con su expresión austera, honesta y algo estúpida. Pero el atlante, al igual que su maestro, era capaz de leer a las personas, e intuyó que detrás de aquella máscara inexpresiva, Dohko ocultaba algo brillante y fuerte, que desplegaba una intensa actividad. Aries tuvo la seguridad de que, aunque de constitución ligera, ese hombre era peligroso como una serpiente.


El caballero de bronce que auditaba las peleas les recordó la prohibición de uso de cosmo y ambos aprendices asintieron en silencio. Ante la señal del juez, Cáncer saltó hacia adelante, con los puños extendidos. Dohko se movió con rapidez, bloqueando los golpes de Manigoldo con sus antebrazos y se lanzó hacia adelante con una serie de patadas y golpes que estuvieron a punto de impactar sobre el rostro de su contrincante.

Vaya… un experto en artes marciales, se dijo Shion.

No era nada inesperado, en realidad, para un hombre nacido y criado en China. Shion lo miró a los ojos, y trató de imaginárselo confabulando para sacar del medio a su hermano y le costó verlo de esa forma. La mirada de Dohko era serena y su alma parecía no albergar ninguna sombra.

Contrariamente a lo que había pensado, Shion disfrutó viendo el enfrentamiento. Era bien sabido que Cáncer peleaba muy bien, y la fluidez y belleza de los movimientos de Dohko, tan exóticos como fascinantes, habían convertido la pelea en algo casi hipnótico. Pero no había dudas sobre el resultado. Era evidente que el aprendiz de Libra no estaba acostumbrado a entrenar con aprendices de oro. Ellos eran muy diferentes a todos los que habría enfrentado hasta el momento, y ya había empezado a jadear, agotado, con la respiración agitada, y el rostro cubierto de sudor.
Manigoldo seguía sonriendo, sin decidirse a dar los golpes finales, deleitándose con el simple hecho de jugar con su compañero.

Dohko volvió a ponerse en guardia, pero se notaba que hasta sus brazos estaban doloridos, y le costaba mantenerlos en esa posición. Sus ojos estaban ahora fijos y desmesuradamente abiertos. Manigoldo dio un salto hacia su derecha con una velocidad vertiginosa e, involuntariamente y por sólo una fracción de segundo, encendió su cosmo.

Shion descubrió entonces algo rarísimo. La mano de Dohko voló hacia su cadera, con todo su lenguaje corporal hablando de violencia. Pero fue sólo un instante. El chino se detuvo en la mitad del gesto y saltó apenas a tiempo para evitar que una patada de su rival le quebrara la pierna.

Cuando Shion se percató de que su maestro y el caballero dorado de Escorpio ---que estaban supervisando el entrenamiento--- se habían puesto de pie de un salto, supo que no había imaginado ese gesto increíblemente inusual. Y se dio cuenta de sus propios poderes de observación cuando fue capaz de descubrir qué era lo que el chino había intentado hacer.

“Libra…” susurró para sí mismo. “Ese mocoso porta armas...”

Luego de entenderlo, el concepto le resultó obvio. El entrenamiento con las armas de su armadura era algo que el chino habría empezado desde niño, y estaría acostumbrado a pelear así. Pero en esos recintos sagrados, los cuchillos o lo que fuera que los pliegues holgados de su ropa escondían, estaban prohibidos.

Un gruñido lo sacó de su ensimismamiento. Manigoldo acababa de acertar con una patada en el rostro de Dohko y el chino se había desplomado, casi inconsciente, en medio de un horroroso charco de sangre.

Nereo, el caballero de Escorpio, detuvo el combate, acercándose al muchacho caído. Dohko lo miró con ojos nublados por el dolor, pero Shion pudo ver en ellos señales inequívocas de reconocimiento. Esos dos hombres se habían visto antes.

“Su mandíbula está fracturada…” dijo el dorado, haciendo un gesto hacia Sharatan para que arreglara aquel desastre.

Manigoldo reía comentando que con ese combate había obtenido el record absoluto de huesos rotos durante peleas de todo el Santuario. El aprendiz de Piscis lanzó una carcajada y se puso de pie, mirando al aprendiz de Aries.

“Nuestro turno, rata lemuriana.” Le dijo, bromeando.

Pero Shion no se dirigió de inmediato a la arena, sino que se detuvo un instante junto a su maestro, poniéndose en cuclillas. El caballero de Aries ya había curado los huesos del chino, y éste había perdido la conciencia en el proceso.

“¿Qué es lo que carga, una daga?” preguntó el aprendiz de la primera casa en voz casi inaudible.

“Entre otras cosas…” Su maestro asintió con un gesto muy breve. “Estoy orgulloso de ti, Shion. Nadie más fue capaz de darse cuenta.” Le sonrió ampliamente, poniéndole una mano en el hombro.. “Ahora ve y demuéstrale a Albafica la diferencia de poder entre la casa de Aries y la de Piscis…”

El jamiliano se puso de pie, y antes de volverse hacia su contrincante dirigió una última mirada a Dohko. El caballero de Perseo lo había tomado en brazos y Shion alcanzó a divisar breves destellos de plata en su cintura, y en el hombro derecho.

Vaya, nuestro nuevo amigo es una caja de sorpresas, pensó.
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KoKoRo
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MensajeTema: Re: 250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*   Mar Dic 16, 2008 11:22 am

Hooola n.n

Que bien te esta quedando tu fic....esta pareja me gusta mucho asi que plisss continuala pronto n.n

Besos, cuidate n.n
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cyberia_bronze_saint
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MensajeTema: Re: 250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*   Vie Ene 09, 2009 11:06 am

Hola Kokoro!

Gracias por el comentario, discúlpame que no te escribí antes pero estuve bastante atareada. Te cuento que este fic ya tiene 6 capítulos, la última vez que quise postear no pude, pero intentaré de nuevo.
Mañana salgo de vacaciones, cuando regrese postearé los demás.
Gracias y nos vemos.
Cyberia
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MensajeTema: Re: 250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*   

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250 años atrás Shion x Dohko NC-17 *FIC ABANDONADO*
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