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 Clanes (Saga, Kanon y Shun)

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Dom Mar 01, 2009 12:10 am

Kanon, vertió el líquido en el enorme balde, para alzar su vista su primo, riéndose y al momento de apartar su larga cabellera con su mano, para acercarse a su Flor de Loto, abrazándole a su cuerpo, sintiendo una pequeña patada de la criatura, lo que le hizo colocar su mano en su vientre.

El ruido de un arbusto le hizo volverse, resguardando a Shaka entre sus brazos, y su respiración se paró al ver a Titanus, el lo había resguardado con Fernán, el anciano del pueblo en su establo. Con su vista, estudió todo el lugar, agudizó sus sentidos. _¡Por los dioses!_ se dijo entre dientes, no había tiempo que perder, tomó a Shaka en sus brazos y montó a su caballo.

_ ¿Kanon?_ gritó el más joven asustado por su actitud, más cuando salió a galope de ese lugar. El mayor le abrazó con fuerza a su cuerpo, rezando a todos los dioses por poder escapar, llevar a su niño a un lugar seguro, sus lágrimas de angustia se agolparon en sus ojos acerados.

_Eris, encontró información sobre tu paradero por eso es que me apresuré a venir, tenía que advertirles, pero Milo no regresó quiere decir que lo capturaron_ un sollozó desgarrador por parte de Shaka le hizo acallar.

_Detén el caballo, no le permitiré morir solo, Kanon, por los dioses el no tiene la culpa de nada_ se agitó en sus brazos, golpeando su torso con furia, peligrando su estabilidad en su regazo._Shaka_ susurró el mayor_ entiende el prefiere que tu estés a salvo prometo que le salvaré…

El ruido ensordecedor de los cascos de varios caballos le hizo volver su rostro hacia atrás los estandartes de la duquesa de Géminis, estudio la situación y comprendió que no podría escapar, cercano al arroyo, detuvo a Titanus, no sin antes, hablarle a Shaka, con firmeza y autoridad._Pase lo que pase, soy el padre de tu hijo, ahora mismo quítate el anillo de matrimonio, si quieres salvar a Milo, el bebé será mi hijo y mi padre ni nadie se atreverá a dañarlo, y tu serás mi amante. ¿Entiendes, Shaka?

Cuando el anillo se perdió en la nieve, el asintió deteniendo al semental, dejó que los rodearan, juntó su frente a la de Shaka, para luego capturar sus labios en un delicado besó, ocultando su rostro contra su pecho al finalizar ese roce como la finalización de un pacto, su cuerpo se estremeció sabía que su tía no tendría piedad y haría que su castigo fuera ejemplar. _Recuérdalo, Shaka no intervengas en nada, piensa primero en tu bebé._ su voz apenas fue audible, acercarse a besar su mejilla descansando la mano en su rostro, sin quitar su mirada de la del menor, dándole confianza.

Alzó su vista, al frente ellos, en un semental azabache, la duquesa de Géminis, guiaba a ese pequeño escuadrón, su mirada de un frío hielo se clavó en los dos, una mujer de elegante, porte de traje negro, estudiaba la situación con sus ojos entrecerrados. Acercándose a ellos, estudiando la escena, con su fusta en su mano.

_Ha sido un año, Ariadna, en que nos hemos preocupado por ti_ levantando con asco la humilde enagua que cubría sus piernas, estudio sus vestimentas_ para llevarme la terrible sorpresa de verte convertida en una meretriz, con tu vientre hinchado como una vulgar campesina, te has investidos con sus ropajes._

_ Tía yo… iba replicar, pero la mujer lanzó la fusta con su cara, rezumbando en el aire siendo detenida por el brazo de Kanon, que detuvo el golpe.

_No te atrevas a alzar la mano contra mi mujer, el hijo que espera es mío._declaró Kanon, con furia, enfrentando a su tía.

_Con que tu mujer, y porque ha vivido todo este paria, alzó su mano y uno de los guardias, trajo a arrastras, atado a la silla de su caballo, el cuerpo de Milo quién estaba inconsciente y sus ropas impregnadas con su sangre, signo de que había sido azotado sin piedad, un gemido ahogado salió de los labios de Shaka, al momento, que se abalanzó sobre el otro caballo casi cayéndose de los brazos de Kanon.

_ El era el guardia que le puse, para que le cuidase, hasta que hablará con mi padre_ expreso fríamente Kanon, reteniendo contra si a un desesperado Shaka quién lloraba desconsoladamente, su llanto hizo que Milo, entreabriera sus ojos, buscando a su amado, viéndole en los brazos de Kanon, le sonrió suavemente, al momento de deletrear con sus labios un te amo.

__Apresen a Kanon de Géminis, en nombre de su majestad Areios, por el rapto y violación de la princesa Ariadna prometida del heredero de los Géminis. Kanon, no opuso resistencia cuando bajaron de su regazo a su primo, observó a su tía desmontar con la ayuda de un capitán al momento, que le hacían caer de su caballo a él de forma violenta y sin piedad alguna le empezaron a minorar a golpes contra la nieve, a sus oídos solo llegaban los sollozos angustiados de Shaka y las suplicas a su tía, de quién se había abrazado a sus piernas, le rogaba piedad. Aquella mujer de mirada rígida, de cabellos de oro, se postró a su lado, hasta tomar su rostro con sus dedos afilados, levantándole hacia ella.

_Mi dulce Flor de Loto, es que te gusta estar en el barro, es por eso que tu aroma, es tan dulce en esta ocasión_ le expresó besándole la frente, con una voz dulce cual madre amorosa_ Has manchado la casa de Géminis, ahora en tu vientre portas un paria, como crees que ocultaríamos el nacimiento de esta criatura_ la frialdad de sus palabras, le hicieron temblar, ahora antes que nada, despídete de tu querido Kanon_ alzó su vista a los guardias y estos aprisionaron los brazos de Shaka arrastrándolo hasta dónde estaba Kanon, todo su cuerpo temblaba de miedo, el bebé en su vientre dio un vuelco doloroso que le hizo gemir de dolor, le hicieron caminar a empellones mientras Kanon trataba de ayudarle, gritándole a su tía piedad.

Le tiraron contra el piso mientras rompían la camisa de Kanon, le hacían levantarse sujeto con varios hombres, el mayor forcejeaba inútilmente, siendo aprisionado hasta de sus cabellos, sus muñecas fueron apresadas con cuerdas, y le apegaron el cuerpo contra el tronco de un árbol, y uno de los capitanes empezó a azotar a Kanon. Shaka sollozaba sin saber que hacer sometido en contra la superficie, sin tener posibilidades de moverse, su visión totalmente nublada de las lágrimas, empezó a sollozar por piedad, para ellos. Pero solo se encontró con la fría mirada de su tía.

_Alto ¿Qué sucede aquí? Eris suelta a mi hermano que significa, esto…_ Shaka se sintió morir, cuando oyó la voz que no desea oír, su estomago vacío empezó a devolver las bilis, y su espalda le dolía horriblemente, sintió como le liberaban del peso que le aprisionaba y sintió como era levantado, con delicadeza, hasta que con sus manos, limpió su propio llanto, alzó la mirada para encontrarse con la de Saga, que no podía quitar sus ojos de su vientre abultado, lentamente sus ojos viajaron al rostro de Shaka, cubierto de su llanto, con sus cabellos rubios apegado al mismo, con su respiración agitada, a causa de sus sollozos, trató de hablar pero las palabras no salieron de sus labios, deseó que el nunca lo hubiera encontrado, vio el dolor reflejado en sus retinas, y la rigidez de su cara, se notó al fruncir el ceño, como negándose a ver la verdad.

Saga, estaba completamente mudo, atrás de él Mü totalmente pálido, cubría su boca con su mano tratando de acallar un grito de asombro, ante la escena, sin saber a quién ayudar, Eris pasó a su lado, con su porte tranquilo de siempre, unos ojos amatistas llenos de odio le vieron postrarse al lado de Saga abrazándolo._ Cariño aquí esta tu prometida, la encontré para ti _ tomando su mano, la acercó al vientre de Shaka_ siente es tu sobrino, fue tu propio hermano, quien manchó tu honor, y aún así le proteges amor mío. Saga sintió todo su mundo venirse abajo sostuvo su mirada con la de Shaka mientras negaba repetidamente con su cabeza.

Cuando Mü reaccionó intentó quitar del medio a Eris pero su guardia personal se lo impidió, Shaka temblaba incapaz de ver la decepción en el rostro de Saga, le vio apretar fuertemente los labios, la mano temblorosa de Shaka le quiso tocar el rostro para excusarse, pero Saga se apartó como si ese toque le fuera a quemar.

Eris, hizo un ademán con su mano, para que alejaran a Shaka de su vista. Milo hizo el intento de impedirlo pero solo se ganó una golpiza que le dejó inconsciente, mientras el sonido del látigo rompía el aire, en secos golpes, Mü desesperado maldecía y forcejeaba, amenazaba a Eris, y llamaba a que Saga saliera de su impresión.

Los tres soldados que arrastraba a Shaka le guiaron hasta la cabaña, dónde había vivido con su esposo, entre risas de lujuria, sus manos le toqueteaban por todo lados, Ariadna forcejeaba con ellos, tratando de liberarse._ Una fiera que amansar bajo nuestros cuidados aprenderás ser dócil. Así que nuestra señora cumple su palabra, podemos disfrutar de esta belleza. Le tiraron contra la paja mientras uno de ellos se le iba encima rompiendo sus vestimentas, y otro le alzaba la falda, y trataba de colocarse entre sus piernas. Shaka gritó por ayuda, desesperadamente, mientras Eris sonreía y Kanon, maldecía a su familia tratando de liberarse.

_¡Kanon! ¡Ayúdame! ¡Basta, no!_ Sus gritos desesperados hacían que Mü forcejeara con más fuerza, por ayudar a su mejor amigo. _ ¡Maldición Saga! El grito de furia de la princesa de las Tierras Altas, rasgó el aire. Saga lentamente parecía volver de un mal sueño, vio todo a su alrededor, asimiló despaciosamente la información, buscó con la mirada a Shaka, pero no le encontró entonces fue consciente de los gritos, de su prometido, su corazón dio un vuelco en su pecho, sin pensarlo dos veces se dirigió hacia el lugar, pero fue detenido por los soldados de su tía, y empezó una riña, en la que sacó su espada, empezó a pelear como si su vida se fuera en ello.

En el establo, uno de ellos había inmovilizado los brazos de Shaka mientras se retorcía, tratando de evitar la penetración en su mente sollozaba el nombre de Milo, pero no podía gritar su nombre, porque le daría su sentencia de muerte, gritó lleno de furia, su respiración completamente atropellada, le empezaba minar sus fuerza, sus piernas fueron aprisionadas por las ásperas manos de ese sayón de su tía.

_ ¡Kanon! _ gritó cuando, sintió el miembro de su agresor, adentrándose dentro él, y un doloroso vaivén, comenzó. _¡Oh. dioses! _ suplicaba por intervención divina, mientras el fétido aliento de ese ser pegaba contra su rostro, las arcadas convulsionaban su cuerpo, su corazón parecía que se iba a detener, cuando sintió una gran cantidad líquido resbalar por sus piernas, un movimiento muy doloroso en su vientre. Un grito ahogado desembocó de su garganta, hasta casi romper sus cuerdas vocales.

Solo fue consciente de que el peso sobre su cuerpo se liberó, casi por arte de magia, y una gran cantidad, manchó su cara y una especie bola rodar a su lado, y los ojos desorbitados antes llenos de lujuria, ahora le veían aterrados y una cabeza cercenada esta a su lado con su boca abierta, y la lengua afuera, solo pudo sollozar al momento que le liberaron las manos, se recostó de medio lado en posición fetal abrazándose a sí mismo. Sintió alguien colocarse a su lado, que le empezó a apartar el cabello de su rostro delicadamente, mientras le cubría con una manta, pero rehuyó de ese simple toque.

_Lord Saga_ una voz de un joven rompió el silencio, Shaka se atrevió alzar su mirada, esta era llena de odio y dolor hacia su antiguo prometido, Saga estaba pálido, sus manos temblaban cuando le acercó a su cuerpo para empezar a incorporarlo, pero cuando lo hizo, un grito de dolor, le detuvo, el más joven se encogió sobre su costado, mientras, sollozaba adolorido.

_Mi bebé_ apenas pudo pronunciar entrecortado, y el primogénito de los Géminis le tomó en sus brazos sin perder tiempo, le llevó a la cabaña, justo cuando Kanon era guiado por Mü, su actual madre, vio el estado de Shaka y la sangre sobre la paja, las ropas de Shaka estilaban una especie de agua combinada con su sangre. Ambos hermanos se sostuvieron la mirada.

_Lo lamento, hermano, le violaron. Mü esta dando a luz, busca a un médico tenemos que salvar a mi sobrino._ sus palabras apenas lograban salir del nudo en la garganta que sentía. Una nueva contracción hizo que Shaka convulsionará de dolor en sus brazos, y se maldijo por dentro, mientras luchaba por retener sus lágrimas de angustia, nunca creyó a su tía capaz de hacer tal maldad. Levantó la vista dónde sus hombres la tenía prisionera. Llamó a uno de ellos.

_Regrésenla a Edimburgo, e informen al Rey lo que pasó aquí. Esto no puede quedar sin castigo._ Sintió a su hermano al lado que hizo acoplo de todas sus fuerzas, tomando entre sus brazos a Shaka, susurrándole algo inaudible a sus oídos, lo único que pudo hacer fue bajar su mirada, no debió dejar que la furia de su tía, contra Ariadna llegará a tanto. Era su sobrino, Ariadna amó a su hermano y no a él, sintió rabia y un dolor incontrolable, su propio hermano, le arrebató su mundo, ahora no le pertenecía.

Le siguió en silencio mientras, Mü corrió tras Kanon, y sus hombres traían a un inconsciente Milo hacia la cabaña, el mismo les detuvo y tomó el cuerpo de su primo, y le llevó dentro de la habitación dónde Death acomodó unas pieles cercanas a la chimenea, allí le depositaron mientras le curaban las heridas. En su cuerpo tenía varios golpes y escoriaciones una inflación en su ojo izquierdo y pómulo que apenas le dejaba abrir el párpado. Estaba inconciente así que el descanso sería su mejor cura, se incorporó y llegó hasta la habitación que era de su hermano.

Desde el marco de la puerta, veía como Mü limpiaba a Shaka, y Kanon le servía de respaldo, veía la espalda de su hermano manchar las pulcras sábanas con su sangre, apenas si lograba sostenerse sentado, trató de ingresar pero sus piernas no le obedecían. Vio salir rápidamente a Mü, fuera de la cabaña, ordenó algo a uno de los guardias, y se devolvió hacia el cuarto de nuevo, mientras acomodaba una sábanas limpias, gasas. Fue a la cocina y desinfectó una pequeña navaja bastante afilada para cortar el cordón.

Además colocó agua a calentar, giró ordenes que no dejará que el agua se enfriara, tomó algunas hierbas que le habían conseguido, las machacó con una piedra haciendo una efusión con ellas se la llevó a Shaka. El mismo se la acercó a los labios y el sabor amargo de la misma, le produjo nauseas, pero la princesa de la Tierras Altas le hizo tragarlo, todo. Para después besar su frente.

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Última edición por goddesniquel el Mar Abr 06, 2010 10:24 am, editado 2 veces
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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Dom Mar 01, 2009 12:10 am

_Esto te ayudará a dilatar más rápido._ convino decir al momento de recostarle en el lecho cubriéndole con sus cobijas. Mandó a Kanon a limpiarse, Saga le acompañó a baño tomando un cuenco de agua y una gasa limpió cada herida de su hermano y ambos perdían la mirada en el lecho dónde Mü brindaba un masaje a Ariadna en su cintura, tratando de que se relajara.

Algunas horas más tarde el bebé no había podido nacer, el parto se complicaba cada vez más, el cansancio y el dolor hacían mella en las fuerzas de Shaka, Mü angustiado no sabía que hacer más, ya la cabeza había bajado y el mismo trataba de hacerla salir de cualquier forma. Una nueva contracción le hizo gemir profundamente, despertando a Milo que se trató de incorporar, pero no pudo, apenas volvía a ver la puerta con ansias, su voz apenas audible llamaba a su esposo.

_Shaka, respira por favor_ gritaba Mü tratando de que su querido niño se oxigenara bien. Saga, se apresuró a servirle de apoyo al menor, mientras le sostenía con fuerza, le sentía temblar todo su cuerpo se acalambraba de dolor. Su respiración era irregular, con preocupación alzaba su vista a Mü, quién lloraba, al ver lo inútil de sus intentos.

_Hermano querido, ya no puedes hacer nada por mi, salva a mi bebé_ la voz entrecortada de Shaka, hizo que todo se quedará en silencio, tan pesado, Mü negó repetidas veces, con sus manos temblorosas las descansó en su vientre, y le ayudó haciendo presión, y la cabeza empezaba coronar por fin.

_No digas tontería Ariadna hoy no vas a morir, no lo harás_ gritaron a unísono Saga y Kanon, el príncipe de los Géminis, vio como los vio la presión que hizo, Mü sobre el vientre, y el mismo al ver como Shaka se relajaba en sus brazos siendo su respiración el único indicio de vida, ya que ni fuerzas para gemir de dolor tenía, al relajarse sus músculos permitió que el niño saliera con el esfuerzo de los tres. Mü por fin pudo observar, lo que impedía que el bebé saliera, era el cordón alrededor de su cuello, se apresuró a liberarlo, mientras Kanon observaba todo en silencio y sus lágrimas empezaron a resbalar silenciosamente, por su faz. Miró de reojo a Milo, que se incorporaba ansioso, se colocó a su lado, y se abrazó a él, le indicó algo que solo él conoció, su hermano de alma, se mordió los labios si cuerpo empezó a temblar, desesperado trató de incorporarse pero el mayor se lo impidió. Más bien fue con su ayuda que le puso en pie y le guío al menor, en brazos de su gemelo.

Mü sollozaba silenciosamente, mientras Saga no se atrevía a preguntar, por lo que pudo determinar, la criatura salió pero no lloraba. Shaka, apenas si podía mantener sus ojos abiertos. _ ¿Mü? _Inquirió entrecortado preocupado por tanto silencio. La Princesa de las Tierras Altas, elevó su vista hacia su hermano con sus ojos abnegados de lágrimas, negó suavemente, sin poder emitir palabras.

_Dame a mi hijo _ ordenó con su voz entrecortada.

_Por favor, Shaka_ la voz cansada de Saga, resonó dolida en ese silencio sepulcral_ Más la Flor de Loto, se negaba hacer caso, el que le pidiera la criatura solo hizo que Mü rompiera a llorar desconsoladamente.

_Shaka_ sollozó su nombre entrecortado_ tu niño no aguantó. Había tratado de reanimarlo desde hacía varios minutos, pero no lo lograba. Entonces entendió lo inevitable, la criatura había nacido muerta. En este momento le había cubierto en las sábanas.

_Dame a mi bebé_ determinó con lo último de su aliento, entonces fue Saga quién le acomodó entre las almohadas, y asió entre sus brazos al pequeño, ante la mirada de dolor de Milo que se había quedado sin habla, sus lágrimas rodaban por su rostro, siguió aquel pequeño ángel con su mirada, deseo de abrazarlo. Mientras Saga se ponía enfrente de su hermano, con seriedad, le enseñó la criatura, Kanon, le acarició suavemente, con su mano temblando y tomó la de Milo, quién pasó despacio su mano en su pequeño rostro y entonces perdió toda facultad de ver nada tan solo sintió el vacío de su corazón.

_ Es tu hijo, Kanon, es mi sobrino, tu irresponsabilidad causó su muerte, porque no tuviste la valentía de enfrentarme, y darle a Ariadna, el lugar que yo le tenía destinado, sin poderlo evitar sus lagrimas descendieron de su cuerpo, Kanon no pudo responder nada tan solo, bajó su mirada, y tomó entre sus dedos la pequeña mano y la besó.

_Saga, déjame tener a mi bebé_ suplico casi sin voz, la condesa de Shidartta.


Mü le cubrió con las sábanas, y se apresuró, a sentar a su lado abrazando a su hermano del alma, recostándole sobre su pecho mientras le acariciaba, los cabellos humedecidos del esfuerzo de estas últimas horas. _No te tortures más mi niño, tu niño no aguantó el parto, cariño. Deja que Kanon se lo lleve._ le murmuro sollozando, odiándose de tener que ser quién le dijera eso, con un nudo en su garganta que casi no le permitía respirar.

_ ¡Saga!_ gritó con todas sus fuerzas, para ser escuchado, el mayor se maldijo por dentro, observó al pequeño en sus brazos, tan adorable como su madre, sintió el pecho desgarrarse, pero no pudo negarle su petición sin falta se volvió a Ariadna viéndole a los ojos se puso a su altura y en sus brazos extendidos colocó al pequeño que parecía dormir plácidamente, con delicadeza acarició su rizos dorados. _Es tan hermoso como mi Flor de Loto. Y Shaka asintió observándolo con detenimiento a su niño, acariciando su rostro se sonrió con tristeza. Le descubrió de la sábana, admiró su cuerpo grabándose todo sus manos, sus pies, los cuales besó suavemente, todos solo eran testigos silenciosos sin atreverse ni siquiera a respirar.

_Tiene la nariz de su padre_ se sonrió, besándosela y le alzó descansándolo contra su pecho, meciéndole suavemente, sin mirar a los demás en ese cuarto, mientras sus lágrimas resbalaban silenciosas por su faz. La princesa de las Tierras Altas acalló con sus manos un sollozó, temblando trató de quitar la criatura de los brazos de Ariadna, ayudada por Kanon, pero no lo pudieron lograr, la escena en sí era desgarradora, pudo más que Saga, con furia golpeó la pared, y solo el sollozó de la Princesa de la Tierras Altas se oía en ese cuarto, y una canción de cuna tatareada, suavemente por Shaka, desgarró toda la voluntad de los presentes.

Hecho una furia, Saga tomó su espada, salió rápidamente de la cabaña fue dónde se hombres mantenían presa a su tía, temblando de furia, la hizo levantarse del suelo tomándola del cabello, le expuso el cuello colocándole el filo de su espada en su yugular._Dí tus últimas plegarias maldita bruja._siseó furibundo.

_Basta Saga_ el grito enardecido Arles, le hizo detenerse momentáneamente, pero de inmediato siguió con lo iba a hacer pero su padre le impidió golpeándolo para luego interponerse entre su hermana y su hijo. _Ella asesinó a tu nieto, y mandó a violar a Ariadna_ escupió con furia.

La duquesa de los Géminis se sonrió al saber que la criatura estaba muerta, el honor de la noble casa de los Señores de las Tierras Altas, estaba limpio.
Aún podía oír sus carcajadas una nueva pesadilla, le hizo pegar un brinco en su lecho, siendo retenido, por el peso de un suave cuerpo en sus brazos, con su respiración agitada, desvío su vista al peso en su cuerpo y era la frágil figura de Andri, quién se había apegado a su cuerpo buscando su calor su pierna lastimada descansando sobre las suyas.

_Andri_ susurró, y ésta se movió estaba despierta, sus esmeraldas, inquirieron en silencio en sus ojos, sin pronunciar palabra alguna le limpió el rostro con sus labios, entonces se dio cuenta que estaba llorando.

_Saga_ pronunció suavemente sin dejar de besar su rostro. _Mi Andri_ delineó su rostro enmarcado entre hermosas cascadas de esmeraldas, ella cerró sus ojos sintiendo su mano cálida en su faz.

_Saga, yo… trató de hablar pero los labios del mayor le acallaron al invadir su boca con la suya, le atrajo sobre él sosteniéndola de la cintura, mientras acariciaba su delicada espalda. Los dedos trémulos y suaves la princesa de las Tierras Bajas, limpiaban todavía las lágrimas que bañaba el rostro del mayor. Para luego ser ella misma quién rompiera el beso._no puedo dormir, y aún no has terminado de contarme las historias de las Mil y una noche mi Sheherazada. Ahora no me preguntes nada, simplemente déjame analizar todo esto, no me presiones, pero de una cosa estoy segura, si comportes mi lecho, como mi marido, nunca te perdonaré si me traicionas_ determinó con firmeza, con una fiereza que nunca había visto en su mirada, trató de emitir que eso lo tenía asegurado, pero fueron los labios cálidos de Andri que se lo impidieron, solo fue consciente de cerrar sus ojos disfrutando de la caricia.

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Última edición por goddesniquel el Mar Abr 06, 2010 10:30 am, editado 2 veces
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fliss_lete
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Dom Mar 01, 2009 12:12 am

mioooooooo mioo miooooo

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Morfeo_guru
Moira Cloto - Koré
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Dom Mar 01, 2009 12:19 am

Hola amiguita!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!... este capitulo me encanta... rebelas muchos sucesos pasados... pero espero que Saga se comporte... y que Shun no lo perdone tan facilmente... espero muy pronto el siguiente capitulo :lindo:

Saludos ^^

Adiosin ^^

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goddesniquel
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Lun Dic 28, 2009 12:02 pm

Capítulo 5
El Corazón de Inglaterra y Escocia.


Renegaba maldiciendo sosteniendo su mejilla, sintiendo el escozor de la herida en su mejilla, así como observaba el fuego de una agonizante fogata, en las afueras de la arboleda, alejados de los territorios de los señores de las tierras altas, aun podía ver la furia exquisita en ese rostro de ángel enmarcado deliciosas cascadas de esmeralda, reflejado en las danzarinas llamas y no pudo evitar suspirar de deseo, concentrándose en las formas que caprichosamente se dibujaban en las llamas, no podía negarlo era aquella etérea figura, exquisitamente diseñada, que su gracia y elegancia le enfrentaba sin miedo alguno, que le había trazado su rostro con la fusta de su yegua.

Aquellas caprichosas llamas danzaban formando aquel fuego esmeralda de su mirada y cabellos, no dejaban de remolinarse con saña frente a él, haciéndole que se obsesionara más de esa niña escocesa, no pudo mas que escupir su furia, ante las llamas, cuando aquella dulce figura se levantaba prácticamente en una presencia ante él, que se podía tocar, para volverle a golpear el rostro con su fusta, rompiendo el encanto de ese momento, llevándose su mano a su mejilla: - Es una maldita zorra, esa pequeña escocesa la doblegaré a como de lugar, le daré caza a la maldita, pagará por esto lo juro-

Casi como un desquiciado llevo su mano a su rostro acariciando lentamente, el magullón que sobresalía en él, mientras su mente divagaba otra vez en las llamas que danzaban ante sus ojos, entre los troncos carbonizados que le daba vida, los cuales dejaban escapar diminutas chispas rojizas. Ajeno a los ruidos de la noche que le envolvían, los grillos en su interminable canto, que acompañado del gruñido de alguna bestia o el grito fantasmal de algún búho. Aquellos fantasmas nocturnos que hubieran erizado la piel de cualquiera que se perdiera en el bosque, que hacía que los aldeanos empezaran a contar historias de terror, por medio de sus juglares, que solían impresionarle tanto cuando era una criatura. Ahora no hallaba nada de fascinación más que el odio y deseo por aquella ninfa del bosque que se atrevió a marcarlo.

No se dio cuenta que uno de sus jóvenes acompañantes, uno de los nobles de Inglaterra, de carácter dócil y sencillo, se postró a su lado, llevando una carga de leños con ellos alimentando el fuego que les calentaba, le miraba angustiado, para luego, dirigirse a él, tomándole la mano que acariciaba la herida, lastimándola cada vez más.

-Su Alteza Real, debe calmarse, mi princesa, su hermano podría arrepentirse de haberle dejado ser el embajador de nuestra nación en Escocia, no debe verle así- se acercó a él apartando uno de sus sedosos mechones de su rostro humedecido, por la furia y el nerviosismo que sufría.- Además no debe causar la furia de su marido mi señora…- acalló su comentario cuando el semental del duque de Edimburgo, relinchaba llamando la atención de los dos más jóvenes. Se limitó a alimentar el fuego en silencio, iluminando mejor la mohosa caverna en la que se había resguardado de la intemperie, al finalizar su tarea suspiró elevando su rostro al rostro asustado de su princesa, para luego acariciarle suavemente el cardenal en su rostro, brindándole inútilmente su apoyo, sonriéndole tristemente.

-Era una joven hermosa y de mirada fiera, puedo entender que te atrajera, como una yegua salvaje muy parecida a ti, eso lo comprendo- siseo la voz grave del recién llegado que desmontaba ágilmente ante ellos – a mi me hubiese encantado domarla delante de nuestro ejercito un verdadero bocado de ángel. Aquel imponente hombre de vestimentas negras acercó el lastimado rostro blanquecino de la princesa de Gales con brusquedad al suyo lamiendo el cardenal que sobresalía en el, haciendo que esta cerrará sus ojos, respirando agitadamente, al momento que acariciaba sus costados de manera abrupta, indicándole cual era su deseo, lo que hizo que su corazón se desbocara dolorosamente presa del temor, y buscara inútilmente ayuda en los ojos de Eo que se limitaba a mirar, mordiéndose los labios, sabiendo que el oponerse a los deseos de su señor sería una muerte segura y además el derecho de matrimonio sobre la princesa le daba el poder de hacer lo que quisiera con ella, sin ningún cuidado empezó a rebuscar entre los ropajes que le había colocado a Sorrento para ocultar sus formas delicadas, y frágiles características de su condición de fértil, rasgando la fina seda que cubría su torso exponiendo su piel suave y de mármol, descubriendo ese cuerpo a su disposición, mientras su esposo se estremecía con la mirada perdida en el fuego encerrándose nuevamente en su mente como un acto de protección, desviando lentamente su mirada de violácea a los ojos ámbares del hombre que nuevamente le iba a poseer sin consideración alguna viendo su enfermizo deseo como llamaradas de lujuria.

-Sorrento, pobre princesa de Gales, fuiste amante de tu propio hermano- siseo a su oído, al momento de morder con crueldad el lóbulo de su oreja, ahora deseas a la zorra escocesa que te marco el rostro, pero que lastima mi pequeña princesa porque aunque no me desees serás siempre mi meretriz- le jadeo a los labios antes de morderlos para poseerlos, deshaciéndose bruscamente de sus ultimas vestimentas desnudándole delante de los pocos hombres que les habían quedado de guardias.

Con saña rozo el morado en su rostro, para luego tomarle de los cabellos alzándole con él exhibiendo a sus hombres el delicado de Sorrento. –Nadie se le ocurra volver a desobedecer ninguna de mis ordenes directas, nadie absolutamente nadie, debía dejarse mostrar en las Tierras del dios de la Muerte, estas son las Tierras de Arles, y es el lugar del ejercito más fiero de Escocia, y tuvieron la gracia de tocar a la mujer del mismo Saga ahora las cabezas de todo mi escuadrón adornan los linderos los bosques, de los Géminis. El mismo Fénix, se ha encargado de las ejecuciones, ya que la prometida de Saga casi pierde su pierna en la batalla, así que puedes estar contento cariño, tú tienes el rostro marcado y ella la pierna que tanto te llamo la atención.

- Esta no te la perdonaré, sentirás mi ira en carne propia, tirándole dolorosamente del cabello, le arrastro hasta el frío muro de roca sólida de la cueva en que se escondían de las incursiones escocesas.

–¡Bian, ten piedad! ¡Bian por favor!- sollozaba y gimoteaba sin ningún resultado. Siendo acallado por el asalto de los labios de su esposo que le besaba de manera brusca casi ahogándole de la forma que su lengua se adentraba dentro de su cavidad, casi llegándole a la garganta, su propia lengua lucha por expulsar la invasoras, dándose una guerra en la que se contorsionaba tratando de soltarse del firme agarre del duque, logrando solo lastimarse.

Sus pocas fuerzas fueron disminuyéndose conforme Bian se imponía, finalizó la lucha al morderle sus labio inferior haciéndole que sangrara abundantemente, manchando su fina piel, en carmesí para luego lamer su sangre, sonriendo irónicamente. Frunciendo sus labios en una sonrisa de lujuria, mientras le tomaba de la cintura alzándole sin dificultad le empotró contra la rigurosa roca sin importar que las heridas que esto le pudiera ocasionar, aprisionando así el contoneado cuerpo del inglés, inmovilizándole contra esa mohosa pared, devorándole con sus labios cada rincón de su cuerpo, acariciándole, sin mucho cuidado sobre su miembro no despierto, dejando que su mano buscara la entrada, que le hacía delirar, al mismo momento que su otra mano tiraba de sus sedosos cabellos lilas, exponiendo su estilizado cuello mordiéndole sin parar dejándole marcas rojizas por la toda la extensión, no se tardo en escuchar el grito de dolor de la princesa de Gales, al ser penetrada por dos dedos de su marido sin ningún cuidado, explorando sus entrañas, humillándole enfrente de lo que queda de su ejercito, los sollozos de dolor hacían estremecer al resto de los guardias que no se atrevían intervenir, temerosos de que al llegar al tierras inglesas sus cabezas rodaran por la picota, ya que el Duque de Edimburgo, podía hacer eso y mucho más, le era conocido por su crueldad y frialdad, en la corte nadie entendía como la delicada Sirena de Inglaterra era entrega al más odiado y despreciable noble, habiendo tantos que le adorarían y darían su vida por ella.

Bian era cruel y desconsiderado en el lecho, le encantaba poder torturar a sus amantes e incluso a su esposo, infringir dolor le excitaba profundamente, su miembro se endurecía quedándose deliciosamente aprisionado en la tela de su pantalón rozado uno de los muslos de Sorrento quién gimoteaba con más fuerza tratando de lograr la piedad de su esposo, pero solo lograba incitarlo más con sus lagrimas enloqueciéndole de deseo y lujuria. Sus mejillas se sonrojaban, por el esfuerzo y las lágrimas que le bañaba, así como sus pequeños gimoteos le daban esa apariencia frágil y sumisa que su consorte adoraba.

-Así es, Sorrento, frágil y sumiso, eres Inglaterra, e Inglaterra, gime a mi oído, la nación entera, se abre a mis deseos, así como tú te ves tan hermoso con tus piernas abiertas, y tu entrada, siendo saqueada por mis dedos, así me pertenece el Reino. - Jadeo, mordiendo las suaves tetillas, que se empezaron a hinchar entre las lamidas y mordiscos que le propinaba.

Los gemidos de Sorrento se hacían cada vez más sonoros a pesar de que luchaba por no dejarlos salir de su garganta, haciendo que esta le escociera horriblemente.

-Bian – jadeo sofocadamente una vez más, tratando de quitárselo de encima utilizando las ultimas fuerzas que tenía para que apartarle, esa lucha infructuosa provocaba cada vez más al mayor que movía incesantemente los dedos dentro de su cuerpo, haciéndole que su cadera brincara al ritmo que imponía el Duque.

De un momento a otro retiro sus dedos, dejándole caer sus pies pesadamente en el suelo, lo que hace que casi se fuera de bruces al piso ya que sus piernas temblaban, sin poderlo evitar presas de espasmos, del miedo, y una extraña sensación de calidez en ellas. Como si fuera una muñeca de trapo le empotro nuevamente contra el muro esta vez de frente dejando que su rostro chocará contra la húmeda y resbalosa superficie, el fétido aroma que emana de ellas le provocaba nauseas, haciendo que su cuerpo se crispará en arcadas, al momento que sus nalgas eran separadas por la mano de su cónyuge, exponiendo su entrada.

-Al fin puedo ver lo que tanto has negado todo este tiempo.- gimió en su oído roncamente, aflojando su pantalón deshaciéndose de él, dejándole resbalar por sus piernas,

-¡Suéltame, maldita bestia! ¡Suéltame!- gritaba presa de la furia y humillación, retorciéndose y contoneándose inútilmente, tratando de que no le penetrará sintiendo como el miembro humedecido de él rozaba contra su lastimada entrada, peleando con lo ultimo de sus fuerzas, hasta que el falo endurecido e hinchado se abría paso dentro de su cuerpo, haciéndole que se arqueara con fuerza, lleno de dolor, mientras su esposo entraba y salía de él con furia, haciéndole sangrar, al desgarrarle con sus embestidas, cada acometida iba acompañada de los sollozos y suplicas de Sorrento así como de los gemidos de placer del Duque.

Cuando los soldados, deseaban irse asqueados del espectáculo, el duque les detuvo: - No se atrevan a retirarse, este es un castigo público, que les enseñará que nadie esta excepto a mis deseos, quiero que lo observen para que vea lo que les espera a los que me desobedecen.- Expreso jadeando mientras se movía sin consideración alguna, sosteniendo de su cadera el desfallecido cuerpo del menor. Para luego ver en su caballo, la fusta en su silla, ocurriéndose una nueva tortura con que divertirse. Se movió con más furia dentro Sorrento hasta que eyaculó dentro él, dejando que el cuerpo del menor cayera en el suelo con sus contoneadas piernas manchadas con su sangre y su semilla deslizándose lentamente.

Se sonrió al ver el tembloroso cuerpo de su esposo en el suelo:
- Gerald, Eo. ¡Levántelo! –ordenó al momento de dirigirse a su caballo, tomando la fusta, se sonrió acariciando las brillantes crines grises, de su semental, para luego soltar la silla de su montura lanzándola a los pies de los tres hombres frente a él.

-Te juro, Sorrento que no volverás a cometer el mismo error- Se acercó a ellos, tomando del cabello a su esposo, lo acomodo en la silla exponiendo su trasero, al momento que le entregaba a Eo, la fusta, quiero que le des treinta azotes, se ha comportado como una criatura, recibirá el castigo destinado a un niño desobediente. No te contengas, que si no le golpeas como yo deseo, aumentaré su castigo en diez azotes que le propinaré yo mismo, quiero ver su trasero igual de morado que su rostro, así aprenderá a obedecerme sin chistar.

-Gerald sostenle las manos, no quiero que se mueva, quiero que disfrute de su castigo, completamente. Ambos caballeros se vieron el uno al otro deseando estar en Inglaterra en que el Rey se diera cuenta de esto, Eo, quiso trazarle la cara al duque con la fusta, pero si no le podían desenmascarar, no lograrían mas que sus cabezas fueran cercenadas, sin tardanza se apresuró a cumplir sus ordenes, maldiciéndole con cada uno de sus golpes. Tirando después la fusta a sus pies, saliendo de allí, jurando venganza.

En el Palacio de verano de los Géminis.

_No deberías esforzarte así, Andri, debes mantener la pierna quieta, mira que ya esta doliendo de nuevo._ Se incorporó hasta la mesa, allí tomó un vaso que estaba, y vacío un poco de agua, y depositó la cantidad de gotas que le indicó Camus, y se dirigió hacia ella, quién se incorporó lentamente, para beber del brebaje que le dio Saga. Dócilmente, consumía todo el contenido del vaso, mientras cerraba sus ojos para calmar el mal sabor en su boca. Con su mano temblorosa se lo devolvió a Saga, quién se apresuró a traer más agua, y volverse sin tardanza al lecho, inclinándose un poco se acercó para acariciarle el rostro, para que abriera sus ojos, lo que hizo solo en un segundo

_ Tan mal sabe, cariño_ Andri sin atreverse abrir los labios para no devolver el medicamento asintió, y tomó con su mano trémula el recipiente de cristal con agua, para luego llevárselo a los labios bebiéndolo lentamente, al ver como se iba a mojar, debido a que el agua resbalaba por su mentón, Saga sostuvo con una de sus manos el vaso y colocó la otra debajo de éste recogiendo el liquido que resbaló de sus labios. Para luego sentarse a su lado retirándoselo de las manos, lo colocó en la veladora, se metió completamente en el lecho, y le recostó con él acunándole entre sus brazos, apegó su nariz en su cabellos grabándose el olor del mismo en sus sentidos, para luego comprobar con sus labios la suavidad de los mismos besándole delicadamente la cabeza, suspiró al verla cerrar sus ojos, la medicina le empezaba hacer efecto, Saga, le volvió a besar con delicadeza sus dulces labios, acariciando esos hilos de esmeralda que estaban humedecidos por la toalla que le colocaban en la frente para evitar que la fiebre tomara control del organismo de de su niño, apartando algunos mechones apegados a su delicado rostro, rozó su piel que estaba fresca, siendo correspondido por una hermosa sonrisa, y una suave caricia de unos pequeños dedos de suaves yemas, que se deslizaban por su frente fruncida.

-Saga-susurro- ¿Qué sientes por mi madre? –le inquirió al momento de hacerlo recostarse en su pecho, suspirando pesadamente, mientras jugaba con sus cabellos. – Yo te puedo dar la libertad Saga para que estés con ella, en el corazón no se manda mi príncipe, es algo imposible de lograr, yo jamás te mantendría a mi lado, contra tus deseos.– sus palabras se entrecortaban al pronunciarlas como si fuera perdiendo fuerzas, con cada una de sus sentencias, deteniendo su mano, en los rebeldes cabellos azulados. Lo que hizo que Saga, se moviera lentamente volviéndose para verle a los ojos y responderle la verdad de su corazón para que los finos dedos de su princesa se deslizaran hasta sus labios, acallándole para luego decirle con sus ojos entrecerrados, con una mirada tan llena de orgullo y frialdad como nunca había visto en su niña adorada:– No me tengas piedad, Saga ni permanezcas a mi lado porque me tienes lastima, `porque nunca te lo perdonaré, no me vayas a decir que me amas si no es así. –

-Yo te amo, a ti Andri, es cierto que ame a tu madre, pero lo nuestro jamás funcionará, es tu piel la que he soñado, probar en mi exilio, lo primero que desee ver al llegar de nuevo a mi casa. No me mires así Andri, no me gusta esa mirada que posees ahora, no soportaría tu frialdad mi pequeña- susurro a sus labios intercambiando sus posiciones en el lecho recostándole sobre el mismo, acariciando con sus dedos, los antes sonrojados labios, ahora pálidos y fríos por el dolor, entreabriéndolos, para besarle acariciando sus costados, alzándole la delicada tela de su bata desnudándole lentamente, sus dedos aferraban la suave que cubría la exquisita desnudez, su prometida, llevando la elegante tela hasta descubrir las delicadas piernas y la redondez de sus nalgas, explorando con su tacto el cuerpo que le pertenecía, mientras sus labios aprisionaban los labios sus yemas recorrieron lentamente la suave espalda de la joven.

– Serás mi esposa, a ti solo seré fiel, no te mentiré que te he buscado en otros cuerpos, que he tenido amantes, pero ninguno que pueda borrar el resplandor de tus esmeraldas, Andri.-

Con delicadeza, acomodo con sus dedos temblorosos los humedecidos cabellos que cubrían por partes el fino rostro de Andrómeda, así como lentamente delineaba su rostro, hasta descender por su cuello, detallando cada parte de su piel -Saga, puedo decirte que no te amo, podría negar mis sentimientos cuando muero si no estas, no puedo dejarte ir, Saga. Me moría de tristeza sin verte, mis fuerzas se iban cada día que pasaba y las pesadillas de poderte perder, me consumían impidiendo que pudiese dormir. – Lentamente se incorporo hasta llegar a sus labios besándolo con todo su amor, para luego acallar un gemido de dolor, al intentar moverse más una gran punzada le hizo contraerse en su pecho y esconder su rostro en su cuello aferrando sus hombros y Saga le volvió suavemente, de nuevo recostándole en el lecho, deslizándose por su cuerpo hasta sentarse entre sus piernas y tomó su muslo lastimado, le alzó con delicadeza acariciando el músculo, para luego besar el vendaje.

-Mi princesa, no debería esforzarse ahora, deja que sea yo quien te atienda- dejo reposando su pierna al lado de su cadera, para luego inclinarse para continuar besándole, con más soltura, sin cubrirle completamente con su peso, entreabrió sus ojos para admirar el rostro de su prometida, sin poder evitar el deseo que recorría su cuerpo, sintiendo el suave peso sobre él, dejando que el aroma delicado que emanaba de su dulce niño, le empezará a hechizar, sintiendo como su respiración calida roza su tez, dándole un delicioso calor, que le embriagaba cada vez más, sus manos como embrujadas por el dulce cantar de una sirena, se deslizaron por la delicada y frágil anatomía.

-¡Andri!- jadeo en un ronco gemido, que se perdió en ese calido ósculo, que los labios de su amada contestaron llenos de ansias, casi devorándolo mientras su sexo crecía insipientemente ante el roce de la dureza del mayor, -Saga- jadeo en sus labios

El mayor podía sentir los latidos de su corazón golpear duramente en sus venas sintiendo su sangre recorrer como torrentes de lava incandescente, provocando que su cuerpo ardiera de deseo, sintiendo como su piel empezaba a erizarse, y se cubriera de un perlado sudor, que descendía por su piel, sintiendo escalofríos y estremecimientos que hacían que su cadera rozara la de Andri, mostrándole la dureza de su deseo, sus dedos detallaban delicadamente, esa piel deliciosa que se iba descubriendo conforme iba besándole lentamente recorriendo su tez con sus labios. Al momento que sus ojos hipnotizados por la hechizante imagen de como el frágil cuerpo debajo de él empezaba a arquearse paulatinamente al avance de sus besos.

-Eres lo que yo soñé siempre Andri, yo seré tu dueño, serás mía mi princesa – en una cadencia de sus palabras que parecían calarse en su piel, adentrándose en sus oídos como una melodía delicada, justo en el instante que sus dedos, acariciaron, el miembro que se despertaba por primera vez, sintiendo como este crecía en sus manos, elevándose lentamente.


–Así, mi Andrí- le susurraba al momento de incorporarle en sus brazos, sentándole en sus regazos, sirviéndole de apoyo, mientras le besaba suavemente el cuello, y con una de sus manos, le acariciaba el suave pecho deteniéndose a jugar con una de sus tetillas, y la otra masajeaba hábilmente la hombría de su amado niño, disfrutando de la forma en que se arqueaba, contra su cuerpo cada vez más fuerte, mientras el mordía su hombro, para luego succionarlo, dejando dibujado en su piel cada parte que descubría con su boca.

La mano que acariciaba sus pectorales notando como sus tetillas se endurecían y su piel se erizaba a cada movimiento de sus dedos en su miembro, desplazando los pliegues su piel descubriendo la punta de su virilidad, fue desplazándose hasta su cuello comprobando el ritmo de su acelerado corazón sintiendo el latido desbocado rozándolo lentamente sosteniéndole con firmeza a su cuerpo impidiéndole cualquier movimiento que le evitase sentir, como él deseaba las caricias intimas que el le brindaba.

– ¡Saga!- casi sollozó su nombre al ritmo de los roces de sus dedos en su sexo, una y otra vez. - ¡Saga, te amo!- gimió casi con desesperación la verdad de sus corazón, justo cuando los dedos del mayor viajan por su cuello dibujando la fisonomía de su rostro, grabándose la tersura, la humedad de su excitación, hasta llevarlos a sus labios delineándolos con amor y deseo, gozando el momento que su princesa los tomaba con desesperación succionándolos, para luego lamerlos, ahogando un ronco gemido en sus cabellos sedosos sintiendo como su dureza era duramente aprisionada por la tela de su tartán. Y el peso del cuerpo de su amado que inevitablemente se rozaba contra ella a cada masaje de los dedos expertos del mayor.

-Andri, te amo – jadeo nuevamente entre sus cabellos, para luego besar desesperadamente la nuca de la princesa de las tierras bajas, sintiendo como sus dedos se empezaban a humedecer con las primeras gotas de la semilla de Andrómeda, justo lo que quería lograr, deseando que lo que le enseñaba a su adorada Andri, le fuera la experiencia más maravillosa de su vida, así que en un ágil movimiento le recostó contra el lecho, nuevamente, admirando la expresión de su rostro, plasmada del éxtasis que el mismo le había provocado, lentamente recorrió con sus dedos la suave extensión de su nariz, deslizándolo suavemente hasta sus labios, dejando que este viajara lentamente por su barbilla grabándose en su memoria cada una de sus respuesta a sus caricias, lentamente recorrió su cuerpo nuevamente retrasando la llegada del clímax, llenándolo de deseo en cada uno de sus roces, casi en una forma de que Andrómeda fuera el que se lo pidiera, con pequeños besos fue dibujando un camino por su torso, hasta llegar a su ombligo, el cual lamió pasando su lengua, delineándolo, mientras sus manos sostenían la frágil cintura, y le veía contorsionándose sin importar la herida en su pierna, su cuerpo temblaba y su propia erección le estaba doliendo deseando liberarse, ambicionando poseerle.

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Última edición por goddesniquel el Mar Abr 06, 2010 10:39 am, editado 1 vez
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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: Clanes (Saga, Kanon y Shun)   Lun Dic 28, 2009 12:23 pm

-Andri, siempre serás mía, eres mía desde que naciste- le susurro antes de tomar su miembro, llevándose a los labios, degustándole poco a poco, saboreando las primeras gotas de su esencia, el cual seria el único en conocer.-Mi princesa hoy dormirás llena de placer, descansaras totalmente relajada- murmuro elevando unos instantes su rostro hacia el de Andrómeda que le miraba con sus brillantes esmeraldas bañadas en su excitación, disfrutando del hermoso rubor que cubrió su piel nácar, haciéndole más deseable todavía, si esto fuera posible.

-Saga… yo … jadeo esas palabras con su voz entrecortada antes de arquearse, al momento que el mayor engulló su miembro casi devorándolo, haciéndole perder el aliento, dejándole completamente sin habla hasta que solo era consciente de sus estremecimientos y de las corrientes se aglomeraban en su vientre y cadera, que le llevaron rápidamente a desplomarse en el lecho jadeando su nombre sin parar, hasta su semilla broto por primera vez llenando el paladar de su príncipe, quien la bebió sediento, mientras acariciaba su vientre, y todo su cuerpo empezaba a relajarse perdiendo fuerza, mientras sentía que su corazón quería salir de su cuerpo.

Alzo sus brazos buscando los fuertes y protectores de Saga, mientras luchaba inútilmente por abrir sus ojos, -Calma. ¡Shhhhh!- le susurró casi de inmediato recostándose a su lado, abrazándole a su cuerpo, acoplándose a las finas curvas de su amado niño.

-Había una vez…- empezó a narrarle la historia de Ali Babá y los cuarenta ladrones, cada vez su voz se volvían susurros casi inaudibles, ya que él mismo empezaba a quedarse profundamente dormido con la princesa de las Tierras Bajas en sus brazos sintiendo el calor que emanaban del cuerpo de Andrómeda.


Las horas pasaron en un abrir y cerrar de ojos, y el amanecer llegó aunque por lo inclemencia del clima, no pareciera, pues el cielo encapotado mostraba la mañana como si fuera de noche aún, los sirvientes mantenían encendidos los candiles que iluminaban los pasillos, mientras se abrigaban con sus ropas de invierno, los amos del lugar permanecían en sus habitaciones, Nathasa pasó frente a la habitación de la joven princesa, suspiró al no sentir movimiento, dentro del recinto, pero aún era temprano, así que después de coordinar que todo estuviera listo para cuando sus Lores despertarán y los invitados ordeno a la cuadrilla de sirvientes, retirarse, tan solo quedaron algunos guardias que hacían rondas de vez en cuando.

En los adentros de la habitación, la joven pareja dormitaba en el lecho, cubiertos con gruesas sábanas, la figura más frágil dormía cubierta por el fuerte abrazo del mayor quién profundamente dormido suspiraba en sueños sin soltar su preciado tesoro, el cual empezaba a movilizarse entre sus brazos despertando lentamente, entreabrió sus ojos con dificultad para encontrarse con el firme pecho de su prometido, sus dedos enroscados en algunos de los mechones azulados de los cuales se había aferrado mientras dormía, los acarició suavemente para luego besarlos, y acariciarlos con su rostro, suspiró a sabiendas que había muchas cosas que aclarar no podía ignorar que Saga era el amante de su madre, el solo recuerdo la hizo estremecerse, pero también tenía que tener en cuenta la diferencia de edades, y su madre era apenas para su prometido, cerro los ojos, temblando de solo saber que esa era una verdad demasiado poderosa, acaricio los fuertes pectorales, con sus dedos temblando, soltó el aire de sus pulmones suavemente, al momento de apartarse con delicadeza de ese abrazo.

Escapó de ese calido refugio, con cuidado de no despertarlo y sosteniéndose su pierna la cual sentía pesada y un poco adormilada, de su herida emanaba un extraño calor, por lo que paso sus dedos con cuidado sobre el vendaje, rozando con delicadeza trató de calmar la dolorosa punzada de su carne desgarrada, casi tembló al mover la pierna para bajarse del lecho, se deslizo suavemente hasta descansar sus pies en el frío suelo, conteniendo un gemido de dolor al momento de apoyarse completamente en ellos, la horrible sensación le hizo perder el equilibrio, apenas logrando evitar una dolorosa caída al sostenerse de la elegante mesita que estaba al lado de su lecho.

Apenas pudo atajar la pequeña lámpara de aceite que iluminaba débilmente la habitación. La colocó con cuidado en el mismo lugar, sin provocar ruido, desvío su vista hacia el lecho, para ver si había despertado a su prometido pero este solo se volvió buscando una mejor posición para dormir, soltó lentamente el aire de sus pulmones, para luego incorporarse, apoyándose en sus manos y en la fuerza de sus brazos. Hasta que logro hacerlo con algo de dificultad, caminó descalza, apoyándose en la fría roca que conformaba la pared, su pierna prácticamente la arrastraba, estaba adormecida aun por los medicamentos, observo con lentitud toda la habitación, no sabía en sí cuantas horas había dormido, solo que debía ser de día, pero aun la luz de sol no bañaba con sus calidos rayos, solo se escuchaba el espectral aullido del viento azotar las ventanas de madera de la habitación. “el invierno comenzó, sin lugar a dudas”, pensó abrazándose a si mismo, tomó el tartán de su prometido envolviéndose en él para darse calor, cojeo hasta la gran puerta de madera de su cuarto nunca había sentido la distancia con su lecho, ahora que apenas se podía sostener en pie, lo advertía sintiendo el gélido mosaico en sus plantas desnudas, que le hacían estremecerse del frío penetrante que le escocía su herida, se apoyó exhausta en el duro muro, jadeando buscando fuerzas para continuar, sin saber si lo lograría quiso sollozar, al sentirse derrotada completamente, con si apenas había caminado si acaso dos metros como haría para traspasar todo el pasillo hasta el cuarto de su madre, como pudo se armo de valor, abrió la puerta de su habitación y se encamino con la meta de ver a su madre a toda costa, aunque tuviera que arrastrarse hasta donde ella se encontraba.

Se apego a la pared, al momento de salir de la habitación envuelta tan solo en su delgada bata y el tartán que le brindaba algo de calor, que aún permanecía con el olor de Saga en él aspiro suavemente el elegante tejido, acercándoselo a su nariz, cerrando sus ojos, en ese instante, para luego abrirlos, observando el resto del trayecto. Alzó la vista a la grandes ventanas entradas de luz del pasillo que solo dejaban entrar el gélido aliento de la tormenta que se desarrollaba en las afueras del palacio, el viento hacía que sus vestimentas bailaran a su alrededor dándole la apariencia espectral, ante su tez pálida y sus largos cabellos ondulantes alrededor de su delicada, faz, no podía evitar temblar lejos del calor de su prometido y de su lecho, lo que le dificultaba aún el avanzar, hasta que por fin llego a la puerta que horas antes había abierto para renovar su pesadilla, con su mano algo temblorosas, sintiendo en su corazón profunda punzada que sobrepasaba al dolor de su pierna la apoyo en la áspera superficie, sentía que de los nervios sus manos se entumecían, sintió como sus lagrimas bajaban rebeldes por su rostro, limpiándolas con la tela que le cubría de inmediato, abrió la puerta, tratando de no hacer ruido solo necesitaba la presencia de su madre, la necesitaba, su calor, su aroma, su respiración, el dulce y cálido abrigo de sus brazos amorosos, la paz que le brindaban esos zafiros llenos de amor.

Se adentro, silenciosamente como la vez anterior, encontrando la habitación cálidamente iluminada por la chimenea y las ropas de su madre desperdigadas por el suelo, junto a las vestimentas de un varón sus ojos se clavaron de inmediato en el lecho donde dos cuerpos descansaban unos en los brazos del otro, y larga cabellera dorada de Ariadna enredada con una rebelde melena turquesa, su piel nácar resaltando sobre la firme musculatura bronce de uno de los capitanes del Rey, sus manos perdieron la fuerza de retener la tela que le cubría, dejándola caer a sus pies. Sin tardanza camino en un dificultoso paso, hacia una espada que reposaba apoyada contra la chimenea, acercándose con dificultad al lecho, desenfundo, tomando su mango con firmeza con su corazón sobrecogido, sin entender que pasaba, que ni que hacía este plebeyo en el lecho de su madre.

Con su mano firme deslizo la espada colocando el frío filo en el cuello del intruso, provocando que este se sobresaltara, despertando a Ariadna que abrió sus ojos para encontrar, la punta de la espada de Milo cerca de su nariz, sus ojos siguieron el brillo metálico de la misma hasta la pequeña mano de su hija, que le observaba con una mirada de fiereza que reconocía haberla visto antes en Topacio cuando le defendía la ultima vez que le tuvo en sus brazos.

-Nadie tiene derecho, a permanecer en el lecho de la Flor de Loto, y menos tu- le dijo con voz siseante. Siempre había sido sumisa, dulce, amorosa en el trato con todos, pero no podía soportar que alguien lastimará a su madre, simplemente se convertía en una fiera incontrolable, así mismo se había enfrentado hasta con la misma Duquesa Eris. Olvidándose de su propia herida, se inclinó el lecho, apuntado con el filo de la espada, en el cuello de Milo que entrecerró sus ojos azules, observando lleno de orgullo y temor la furia reflejada en llamaradas esmeraldas que se arremolinaban en un rostro pálido y hermoso.

Contuvo la respiración sosteniendo las manos trémula de Ariadna que no podía emitir palabra alguna solo observaba todo con sus labios temblorosos, su vista era nublada por sus propias lágrimas, no podía hacer nada más que mirar de un lado a otro, el enfrentamiento entre los dos amores de su vida.

En un ágil movimiento, Milo abandona el lecho, buscando salvar su vida de la estocada de la espada que se clavó en el lugar, que se encontraba recostado, haciendo que todo el relleno de la almohada se esparciera sobre las sabanas, ante su asombro la joven princesa de las tierras bajas con una gracia y elegancia felina, que cualquier soldado escosés envidiaría, le cortó el paso, sin importar su herida, olvidando en su furia cualquier escozor. Se sonrió lleno de orgullo, al momento que toma el asador de la chimenea para retener el furioso avance.

-Eres un digno retoño de la Flor de Loto, su misma fiereza se queda en tus retinas- le dice, sonriendo bobamente, por sus adentro, talvez no tengas nuestra sangre hija pero ese carácter lo aprendiste de Shaka, precioso niño. Sus ojos reflejaban todo el orgullo sus pensamientos y admiración, sin darse cuenta el esfuerzo hizo que la herida se reabriera un poco dejando que una importante, mancha de sangre cubriera sus ropas. Logrando que Ariadna por fin recuperara su voz, gritando con fuerza: -

Es tu padre, Andri. Es Milo, tu padre. -Con su ahogada en su llanto haciendo que su hija detuviera su espada a unos centímetros del cuello de Milo. Al momento que se lanzaba del lecho cubriendo con sus brazos a su hija acunándola en ellos, cuando la joven le flaquearon las piernas con su mirada perdida en el rostro del mayor apenas iluminado por las llamas insipientes en la chimenea, escondiendo su rostro en el pecho, desnudo de su madre, aferrando a su fortaleza, mientras trataba de calmarse, desviando la mirada del cuerpo desnudo de Milo, abrazándose al de su madre, sin importar su desnudez, ya que los dos había una confianza ciega, ya había visto el cuerpo de su mamá, antes así como Ariadna conocía perfectamente cada parte de su ser.

-Mi padre murió en Inglaterra cuando tan solo era una bebé como dices que es él, mamá.-

Campamento Inglés


Las ráfagas hacían que las copas de los inmensos abetos aullaran azotadas por sus fuerzas, cada vez más su cuerpo desnudo tiritaba apenas cubierto por la fina tela que le habían puesto encima cuando sintió como le era alzada, percibiendo como un cuerpo desnudo se estiraba atrás suyo, casi instantáneamente la mano fría y áspera de su conyugue le empezaba a acariciar su cadera, sin consideración alguna a su vez le mordía su hombro, parpadeo haciendo un mohín de desagrado, llevaba horas sin dormir nada, solo se había quedado muy quieto con su mirada perdida en las llamas escuchando los murmullos de sus soldados, y las ordenes de su marido, casi como si provinieran un profundo pozo, dejo que sus dedos se rasgaran la tierra humedecida de la caverna, en un acto reflejo de su indignación y furia.

-Así me gustas más, dispuesta a mis deseos, sin chistar, llevo su mano por sus nalgas, comprobando los cardenales que había provocado la paliza que había mandando a propinarle, y los delineo con sus dedos disfrutando del estremecimiento de dolor que provocó en el cuerpo del menor. – Ves como es de sencillo, que Inglaterra caiga a mis pies, como puedo doblegar la voluntad de cualquiera a mis deseos, así mismo pequeña tomaré a Escocia, ahora Inglaterra abre sus piernas para mí- le siseo al oído, sabiendo que no obtendría ninguna respuesta de su parte, tomando una de sus piernas las elevo haciéndose lugar llevo su miembro nuevamente a la lastimada entrada de la Princesa de Gales, y se adentro de una sola embestida, moviéndose sin piedad dentro de su cuerpo, mientras Sorrento solo se sostenía del suelo, mordiéndose los labios deseo de que terminara, gimiendo muy suavemente sintiendo como sus entrañas se partían en dos.

Le sintió moverse dentro de si hasta que su semilla le mancho nuevamente y su miembro se deslizaba ya flácido de su cuerpo, espero a que se durmiera, moviéndose lentamente aprovecho el ruido que ocasionaba la tormenta, para escabullirse hasta sus pertenencias tomando uno de sus vestidos se cubrió con él y se calzo sus pies, tomando una capa negra se abrigo, dispuesta escapar de allí camino entre lo que quedaba de sus tropas, quienes se encontraban agrupados al lado de sus caballos. En un claro del bosque, oculto aun en la oscuridad y el ruido de la tormenta, se perdió entre la espesura del bosque. No me quedaré ni un minuto más a su lado se dijo preparada a todo, camino por horas, sin parar sin importarle el dolor ni el hecho que se encontraba extraviada sin un rumbo fijo hasta que sus piernas no pudieron más casi congeladas, por la nieve que cubría el suelo que pisaba y cayo desfallecida en el blanco y frío lecho de la nevisca.

-Realmente es más hermoso morir aquí que vivir y seguir a su lado- murmuro cerrando sus ojos y sonriendo por primera vez en mucho tiempo. –Verdaderamente no eres tan mala.- susurro antes de perder la conciencia.



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