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 El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA

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RingoX
Angel - Baldur Hyoga - Zeus Ikki
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MensajeTema: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   Miér Feb 18, 2009 1:15 pm

El apetito de san Valentín


Pagó su café con leche usando la tarjeta de beca estudiantil de la universidad. El muchacho al otro lado de la caja registradora le sonrió con amabilidad mientras gestionaba el largo proceso de emitir una boleta a nombre del departamento de asistencia a becados mientras los demás chicos en espera silbaban molestos por la tardanza.

A pesar de que siempre se jactaban de promover la igualdad entre todos los jóvenes estudiantes del establecimiento, Shun no entendía porque simplemente no depositaban la asignación en una cuenta de ahorro y se evitaban toda aquella burocracia que sólo buscaba promocionar las buenas intenciones de los directivos en cuanto a temas “sociales” y “caritativos” dentro del campus.

-Gracias – Recibió la boleta mientras buscaba con la mirada a su único amigo en toda la facultad. Siren. No tardó en dar con los llamativos cabellos lilas de su encantador amigo. ¡Era tan apuesto! De lejos le vio como con gracia alzaba la mano para llamarle entre la multitud, había logrado apartar una mesa para que desayunaran.
El peliverde se acercó abriéndose paso entre los estudiantes tratando con todas sus fuerzas no derramar su leche en el camino. Tarea difícil cuando prácticamente eres invisible para los demás.

-¿Sólo café con leche? ¿Otra vez? – Le recriminó el joven de ojos ámbar mientras quitaba el envoltorio de sus cubiertos – Luego me niegas que estás a régimen – Acotó con burla.
-No estoy a régimen – Murmuró sentándose frente al otro dejando su bolso a un lado de la silla. Siren levantó la vista y le miró fijamente mientras se inclinaba levemente hacia a él.
-Me has dicho hace un momento que morías de hambre y ahora regresas sólo con un café – Destapó su jugo de naranja y bebió sin dejar de mirar a su amigo que nervioso agregaba azúcar con cuidado a su bebida – No se acumula el monto de asignación en la tarjeta, lo sabes… precisamente lo hacen para evitar que los estudiantes dejen de comer tratando de ahorra dinero.
-No es eso – Se defendió deprimido – Cuando llegué a la caja… se me quitó el apetito.

El pelilila lo miró molesto. Tomó sus tostadas y las dividió en dos, dejando cerca de Shun la mitad.
-No quiero, gracias, en verdad perdí las ganas de comer – Murmuró mientras dejaba a un lado su café sin siquiera haberlo probado.
-Me estás preocupando – Le miró con seriedad, sin embargo aquella sombra triste en esos ojos tan dulces le hicieron cambiar el semblante por uno más comprensivo – Hoy hay una reunión de estudio en casa de Eri, mejor dicho una fiesta, ella es una compañera de mi clase ¿Quieres ir? Te servirá relajarte.
-No me gusta estar con mucha gente… ve tú y diviértete. Es tu deber como chico popular – Bromeó mientras acomodaba sus libros y verificaba la hora de su clase en la agenda.
-Vamos, esta vez quiero ir con “mi” mejor amigo, el mejor… tú – Le indicó señalándole con el dedo ante la aparente incertidumbre del otro – Tú Shun, tú eres mi mejor amigo ¡Anda! – Le animó mientras le picaba con el tenedor suavemente la mano.

-Me siento fuera de lugar con todos ellos, me siento fuera de lugar con todos en este planeta últimamente – Siren lo miró con tristeza, sabía muy bien cual era el motivo por el cual Shun estaba tan deprimido. Las fiestas de san Valentín habían llegado y sin saber como, parecía que todo el mundo tenía un amor a quien saludar en ese día. Personalmente creía que era una tontería, no hay una fecha especial para decir “te amo” y sabía también que Shun pensaba de la misma forma, pero eso no evitaba que se sintiera más sólo de lo normal.

Una pareja de dos jóvenes enamorados, se paseó frente a ellos, chocando casualmente con el hombro del peliverde. Se disculparon rápidamente, pero Shun evitó darles la cara mientras bebía de su café con leche.

-El amor tiene ese efecto en las personas, por eso es mejor no estar enamorado – Le habló Siren tratando de sacarlo de su ensimismamiento. La pareja de chicos volvió a chocar con otras personas.
-Hay cosas peores que estar simplemente enamorado y actuar como un tonto – Respondió al comentario desganado.
-¿Lo dices por algo personal? – Indagó el otro con la esperanza de que se abriera más con él. Quien mejor que un amigo para sacarte de los principios de depresión.
-Puede ser… - Bajó la mirada avergonzado. Hacía mucho tiempo que le había confesado su mayor problema, aunque realmente no había sido necesario confesarlo, su amigo lo sabía de antes. Ni necesitó usar palabras para decirlo, él simplemente lo supo.

Ser gay en esta época era peor que en cualquier otra de la historia. ¿Aceptación?... mejor hablemos de hipocresía. Ni sus padres, ni sus amigos, ni el resto de la sociedad, le aceptarían de la misma forma después de saberlo. Nadie… excepto Siren.
Le devolvió una sonrisa sorpresiva que el pelilila no comprendió, pero respondió alegre.
¡Quería verlo feliz!, radiante, pero por más que trataba de animarlo, parecía que más se cernía bajo la sombra de sus pensamientos fatídicos. Hubiese querido decirle que no estaba mal ser gay, que encontraría alguien que lo querría por todo lo que era y que mientras llegaba ese momento, empezara por tomar un buen desayuno sino quería desmayarse justo en el momento menos indicado.

Los pensamientos más casuales, pueden llegar a ser misteriosamente proféticos.

Una muchacha de cabello rubio y de expresión muy tierna se acercó a la mesa en que ambos chicos se encontraban desayunando. Llevaba en sus manos un pequeño paquete envuelto en un adorable moño rojo y expedía un agradable aroma a frutilla.

-Buenos días – Saludo la joven con las mejillas algo sonrosadas – Esto es para ti… por… ya sabes, san Valentín – Dejó el paquete en la mesa a un lado del pelilila y partió rápidamente sin esperar una respuesta.
-¿Por qué será que nadie me ha dado jamás un regalo de san Valentín a mí? – Murmuró Shun atento a lo que había dentro mientras su amigo lo abría.
-Eso es porque eres un bicho raro y verde – Le señaló mientras daba una mascada a su emparedado y dejaba a vista una hermosa bufanda color sandía – Te faltan unas antenas… y una de esas… de esas pistolas de rayos galácticos y ya estás listo, ¡Shun… el extraterrestre!
-Sí… y no vengo en son de paz – Rió mientras miraba disimuladamente a un grupo de muchachos que hacía juerga.

Y ahí estaba también otro gran detalle que Siren no había podido dejar pasar por alto. Un detalle mucho más complejo en la vida de su amigo. Y ese era Hyoga.
En la salida de la cafetería, allí, hablando en voz alta y bromeando con un grupo de chicas y chicos, se encontraba “el rubio” sensación del momento. Un chico alto y delgado de ojos celestes arrebatadores y facciones seductoras, con un cuerpazo de modelo de revistas marcado casi a cincel, totalmente irresistible para casi todas las chicas, un carisma único acompañado de una provocativa sonrisa y una personalidad avasallante. Seguro no era sólo el blanco de las féminas de la escuela, sino también de muchas masculinas miradas que en secreto soñaban con poseer su heterosexual persona.

El pelilila suspiró frustrado. Era casi de película que justamente el chico que le gustaba a su mejor amigo marginal, sensible, extremadamente tímido y de sexualidad oculta, fuera precisamente el más inalcanzable de todos los prospectos habidos y por haber en la galaxia.
Miró con sorna como el rubio parecía presumir al pasar unas chicas frente a él, de algo que sinceramente, él no veía… pero algo era seguro, el extraterrestre estaba muy lejos de conseguir algo con él, a menos que repentinamente Shun se interesara por la natación, le entrara un vicio por entrenarse los músculos, comenzara a visitar clubs de moda, decidiera abandonar los libros para andar tras el grupito de los populares y ayudaría una operación de cambio de sexo.

Cuando regresó su vista a Shun, este ya había organizado sus cuadernos y pretendía partir rumbo a clases. Se notaba un leve rubor en sus mejillas y adivinó que había estado observando al chico sutilmente como siempre, pendiente quizás de su voz, o de sus palabras y hasta de sus movimientos.

-¡Cómete siquiera la galleta! – Le acercó un paquete de pan de avena con nueces y pasas.
-Nos vemos más tarde – Sonrió forzosamente dejando el paquete sin siquiera mirarlo – Iré contigo a esa fiesta, sólo esta vez ¿De acuerdo? Y me iré temprano… ¡Tengo que estudiar! No me fuerces a quedarme más de…
-Ok, ok… ¿Quieres un que lo firme notarial? – Le ironizó mientras se levantaba para meter forzosamente la galleta en el bolso del peliverde.
-Nos vemos – Contestó con la mirada baja. Siren le sonrió sinceramente. Fue una verdadera sorpresa que aceptara ir con él, pero también sabía que estaba siendo algo cruel. Obviar deliberadamente que aquella era una fiesta de san Valentín, casi no tenía perdón de dios.
-Me voy a ir al infierno – Suspiró otra vez y se dispuso a terminar su desayuno.

Shun que salía a prisa para no llegar tarde, tuvo que pasar obligadamente entre los chicos donde se encontraba Hyoga conversando. Las primeras espaldas que se topó parecían una enorme pared la cual deseó eliminar lanzando un proyectil teledirigido.

-Permiso – Dijo a un volumen de voz más alto del normal para que le dejaran salir, pero no tuvo respuesta - ¡Permiso por favor! – Lo intentó por segunda vez, tocando levemente el hombro de uno de los chicos. El sujeto al sentir aquel roce en su hombro volteó momentáneamente y se giró para que Shun pasara, sin embargo, que tan sólo uno de ellos se moviera le dejaba tan sólo en medio del circulo de carcajadas y risas. Sus mejillas se sonrojaron al ver de cerca el perfil del rubio. Deseó poder volar para elevarse por sobre todos ellos y desaparecer de la vergüenza y la incomodidad que sentía.

-Hey, hey, dejen pasar ¡¿Qué no ven que hay personas que quieren salir?! – Interrumpió alguien la interesante conversación sobre como uno de los chicos que aparentemente le llamaban burro, había terminado en un video de youtube con las nalgas expuestas.

Ante el llamado se hizo un breve silencio. Hyoga miró descuidadamente al peliverde que sintió se orinaba ahí mismo frente a todos. Las mejillas le ardieron sin poder controlarlo y sus manos temblaron tanto que tuvo que sujetar su bolso para disimular el movimiento infrenable. El grupo abrió camino para que pasara entre sonrisas que poco tenían que ver con él, si no más bien en el interés de regresar a la antigua y divertida conversación. Había pasado total y absolutamente desapercibido, como siempre.

Sus pasos lo llevaron lo más rápido que pudieron. Se sentía molesto y desilusionado. ¿Por qué era tan difícil relacionarse con los demás? Hubiera sido genial si él hubiese tenido una personalidad mucho más divertida. Aunque si eso implicaba tener un cerebro momificado, quizás estar solo era mejor, pero…

Tenía la misma edad ¡Maldición!...

No era un monstruo ¿Ho sí?

Hyoga no era un dios tampoco… un chico al que no se le pudiera abordar con un “Hola” y entablar amistad…

De sólo pensarlo las piernas le temblaban… de cualquier forma, si fueran amigos, amigos como lo eran Siren y él, implicaría que algún día sabría su secreto


Última edición por RingoX el Miér Feb 18, 2009 1:19 pm, editado 1 vez
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RingoX
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MensajeTema: Re: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   Miér Feb 18, 2009 1:16 pm

-Es una estupidez siquiera imaginar ser su amigo… se ve a leguas que es un bruto sin cerebro… ¡Jamás me aceptaría como soy a menos que me transplantara el cerebro por una patata! – Apretó con más fuerza su bolso. Era mejor concentrarse en lo estudios. Al terminar las clases iría a casa y estudiaría hasta caer dormido por el cansancio. Eso sí Siren le dejaba, parecía empecinado realmente esta vez en que le acompañara a esa dichosa fiesta.

El día pasó rápidamente. Para Shun que debía tomar apunte hasta de los respiros del maestro, el finalizar de las clases le daba una sensación de relajación máxima. Su estómago había comenzado a gruñir fuertemente, después de todo, sólo traía un café con leche y nada más. Algo mareado se sentó en una banca, su celular recibía el mensaje número 11 con el mismo tema “No olvides la fiesta”

-Siren… - Suspiró acongojado – Buscó en su bolsillo la galleta que le había dado antes y la comió. Se sentía un poco mal. Cuando terminó de comerla, en vez de sentir alivio, la sensación fue de un vertiginoso mundo que se le venía encima. Cerró los ojos esperando que pasara. Sus manos temblaron y el bolso calló de sus piernas para dar al suelo. Una arcada convulsionó su cuerpo y se incorporó sabiendo que devolvería todo lo que recién había ingerido.

-¿Estás bien? – Una persona preocupada se acercó hasta él. Sintió que le sujetó de los hombros mientras vomitaba con desesperación. Agotado no pudo responder ni tuvo ánimos de mirar al extraño. Se sentía fatal – Hey, ven aquí, siéntate.

El sujeto le abandonó allí, en la banca, a solas se mantenía quieto sin saber que hacer. Quería llamar a su hermano, pedirle ayuda, se sentía incapaz de retomar el paso y menos de regresar a casa. Abrió los ojos asustado cuando una humedad inesperada le acarició las mejillas.

-Has quedado hecho un asco ¿Has bebido? – Le preguntó otra vez el hombre, Shun sintió que le era familiar aquella voz – Te ensuciaste los pantalones… y mis Adidas. El peliverde trató de enfocarse en el chico y para su sorpresa, descubrió con horror que no era otro sino Hyoga.
-Tú… - Murmuró avergonzado. Una fiebre le visitó el rostro rápidamente alarmando a su fortuito protector.
-¿Quieres que llame a alguien? – Indagó mientras le limpiaba los labios con un pañuelo mojado, probablemente en los bebederos del recinto.
-Estoy bien… Sólo me sentó mal una galleta – Se explicó con las nauseas ya controladas – Caminaré despacio y pasará rápido.
-Te acompañaré – Aseguró recogiéndole el móvil del suelo – Tengo tiempo.
-No es necesario, de verdad estoy bien… - Reunió sus cosas apurado. Sus ojos se fijaron en los celestes del muchacho que hacía tanto tiempo le tenía prendado y también… deprimido – Nos vemos.
-Espera, espera – Lo siguió mientras Shun trataba de caminar apurado. Cada vez sopesaba más el hecho de que el rubio le había visto vomitar hasta las tripas – Eres el amigo misterios de Siren ¿No? ¿Quieres que le avise que estás mal?

Shun volteó asustado y emocionado a la vez. ¿Así que sabía al menos que era amigo del pelilila? Pero…
-No le digas nada a Siren por favor… se va a preocupar por nada, Ya estoy bien… ¡excelente!
-No lo creo… deja que te acompañe hasta llegar a casa – Se acercó a él y le pasó un brazo por encima de los hombros – No digas que ya te sientes totalmente bien… aún tambaleas al caminar.

Las mejillas del peliverde ardieron nuevamente. En aquella situación, podía oler perfectamente la piel del rubio que caminaba a su ritmo. ¿Por qué resultaba que el maldito rubio era un encanto? Ahora encima a sus fantasías y sueños debía añadir que no era un desgraciado sin sentimientos, sino que su príncipe se tornaba en un ser tan deseable y cercano a la perfección que sus corazón lloraba en silencio sabiendo que nunca podría ser correspondido.

“Qué más dá… si al menos puedo estar esta vez tan cerca de él… “


-¿Dónde vives? – Le preguntó mientras le sujetaba calidamente a cada paso. Shun sintió aprensión ante esa pregunta. El era un chico de familia humilde. Es más… vivía sólo con su hermano mayor que recientemente se había graduado para entrar a trabajar. Su casita era muy mona, pero también muy pequeña y en un barrio bastante florido. Seguramente el rubio vivía en esas casas con piscina y cancha de tenis.

-Está bien que me dejes hasta aquí, muchas gracias por preocuparte, pero ya estoy bien – Miró al rubio que le dejo libre sin reclamos – Eres muy amable… no sé como agradecértelo.
-Déjame asegurarme de que llegas con bien a casa – Propuso Hyoga – Me doy por satisfecho con eso.
-No es necesario, te lo aseguro, caminar me hizo bien y ya… estoy normal – Terminó murmurando tristemente.
-Bien… no insistiré más, pero… dame tu número al menos, me gustaría saber más tarde si llegaste bien.
-Claro… - El rubio sacó su móvil y Shun le dicto el número para luego retomar sus pasos y dejar atrás al muchacho. La mano que antes sujetó su hombro había dejado una sensación caliente que aún sentía en su piel. Suspiró con una sonrisa.
-No me has dicho tu nombre – Le gritó el rubio con el móvil en la mano.

Se volteó para mirarlo, a solas, se podía apreciar aún más su atractivo… era tan alto y… tenía unos brazos tan…tan

-Shun… - Le dijo mientras retrocedía un paso más, convenciéndose a si mismo de no tomar toda esa amabilidad como una oportunidad de acercarse a él. Tan sólo estaba siendo gentil.
-El mió es Hyoga – Y regresó con interés a su móvil quizás guardando el número. Shun continuó caminando, pensar en que estaba en su celular parecía algo romántico. Vomitar había valido la pena… si realmente le llamaba, también él tendría su número.

Volteó para ver si estaba allí aún, pero ya no había nadie.

-Por dios… jaja – Se burló de si mismo al ver que estaba una vez más solo - ¿Cómo creí por un momento que estaría allí…? Soy en verdad un iluso.

Cuando llegó a su casa, buscó un poco de leche y la bebió. Se sentía mejor después de descansar, pero los mensajes de Siren no dejaban de llegar uno tras otro. Ya casi era de noche y él se había comprometido a ir a esa fiesta con su único amigo. No quería preocuparlo contándole lo que pasó antes, menos si el tema comida estaba de por medio, el pelilila había estado demasiad pendiente de su alimentación el último tiempo.

La luz del día se estaba apagando lentamente entre combinaciones naranjas. Miró por la ventana esperando ver llegar a su hermano al tiempo que frotaba sus brazos sin tener frío.
Justo cuando las farolas se encendían, Ikki doblaba la esquina de la calle con dirección a la casa. Shun miró divertido como su hermano no había notado que le observaba y sonrió aún más al verle buscar las llaves de la casa con esmero.

Bajó corriendo las escaleras sabiendo que tardaría un mundo en dar con ellas con semejante desordenen que era su bolso. Le abrió la puerta y le saludó con una amable y cálida sonrisa.

-Bien venido a casa Nii san – El mayor le besó la frente y entró quitándose los zapatos y se dejó caer cansado en el sofá.
-Estoy en casa – Saludó aliviado de entrar por fin - Shun… te ves pálido ¿Estás resfriado? – Le cuestionó mientras se estiraba en un bostezo y se quitaba los zapatos.
-No, nada de eso… - Lo miró inquieto y decidió compartir con él su inquietud, obviando los detalles de la tarde, no quería preocuparlo - Ikki, tengo una fiesta, Siren me invitó.
-¡Vaya!… ustedes se llevan muy bien. Ten cuidado ¿De acuerdo? – Le contestó mientras le indicaba que se sentara a su lado.
-La verdad no sé ni que ponerme, pero ya le he prometido ir – Se acercó y se abrazó al moreno que le acogió con cariño.
-Seguro encontramos algo… te verás bien con lo que sea – Le sonrió pellizcándole la nariz amorosamente – ¿Regresarás temprano? O ¿Quieres quedarte a dormir donde Siren?
-No sé, preferiría regresar temprano, pero estaba tan insistente hoy en que fuera que seguro querrá regrese con él.
-Bueno, es viernes, supongo está bien. Me llamas cuando llegues y también cuando estés en casa de Siren… sé que no eres un niño, pero para estar tranquilo ¿Ok? – Le dijo mientras le acariciaba el cabello.
-Ok… ¿Tú no harás algo? – Se levantó acercándose al espejo y mirándose inquisidoramente.
-No, te juro que hoy quiero dormir hasta el Lunes – Sonrió mientras se levantaba para ir al cuarto – Vamos a ver que te puedes poner – Le sonrió con burla ante la mirada avergonzada del peliverde.

Entraron al cuarto de Shun y el menor se sentó en la cama. No quería siquiera examinar su ropa, era toda tan fea y sin gracia. Ikki abrió algunos cajones y revolvió sorprendido de no encontrar nada. Volteó intrigado con sólo un par de camisetas del mismo color en las manos.
-Estaban de oferta – Se disculpó mientras sus mejillas se coloreaban – Quería comprar unos libros.
-Está bien, puede gastar ese dinero en lo que sea necesario Shun – Suspiró sin muchas esperanzas de poder ayudar a su hermano a lucir como para una fiesta de chicos universitarios. Digamos que él se las había vivido todas como para no saber que si su otouto iba vestido con aquel polito de cuello y botones sería el nerd de la noche.

Buscando y buscando dio con una pequeña camisa blanca. Parecía algo gastada, pero no por eso lucía menos, le daba un aspecto más rebelde.
-¡Mira esto! – Sonrió triunfal el moreno levantando la camisa para que el otro la viera.
- Es mi camisa de la escuela. La insignia está bordad en el bolsillo, además me queda pequeña, sólo la tengo como recuerdo – Murmuró Shun deprimido.

Ikki la inspeccionó y en un arrebato le arrancó el bolsillo dejando las costuras a la vista.
-¡Ikki! ¿Qué haces? – Se sorprendió el menor arrebatándole la prenda – Te dije que era un recuerdo.
-¡Vamos! Guarda el bolsillo como recuerdo y púnetela – Le dijo tratando de quitarle la camiseta que traía puesta.
-Me queda pequeña – Reclamó sin entender que pretendía el mayor ¿Qué no veía que no servía ya? De cualquier forma se la puso. La prenda le calzó ajustada y cerca de las axilas de arremolino levemente – Aprieta – Suspiró tratando de hacer entrar en razón a Ikki.
-Te queda genial ¡Nadie sabrá que era de la escuela Shun! Te ves genial así, ¡Mírate! Pareces más alto, el blanco te sienta muy bien y además… parece que fueras más musculoso, te marca los brazos ¿Ves? Y la espalda y las caderas.
-¡Ya basta! Me siento incomodo no puedo ir así – Trató de quitársela, pero el mayor lo detuvo.
-¿No confías en mi? – Le miró directo a los ojos – Ahora busquemos un pantalón. Tiene que ser negro. Mira yo sé de esto, por algo soy irresistible.
-Es cierto – Sonrió el peliverde más contento, Si Ikki decía que se veía bien, pues… tenía que ser así. El nunca le mentiría. Se metió al armario y sacó de allí todo lo que tenía hasta que Ikki se decidió por uno que tenía algo gastado, pero le quedaba muy bien. Finalmente Shun se colocó sus zapatillas de siempre y se miró al espejo. Ikki satisfecho le desordenaba un poco el cabello.


Última edición por RingoX el Miér Feb 18, 2009 1:20 pm, editado 1 vez
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RingoX
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MensajeTema: Re: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   Miér Feb 18, 2009 1:18 pm

La imagen que el espejo le regresó fue algo extraña. No se vía tan mal, pensó, pero no se sentía del todo cómodo. No se sentía él mismo así. Suspiró, de cualquier forma iría a esa fiesta con Siren y lo pasaría bien.

-Gracias Ikki… ¿Me acompañarías a la parada de bus? – Le suplicó con la mirada, no se sentía seguro de andar solo vestido así.
-Claro.

Luego de un par de horas, se había reunido con Siren en el centro de la ciudad. El camino había sido un calvario. Todos lo miraban y las mejillas ya ni se le coloreaban del traumatismo. ¿Se habrían dado cuenta que iba con la camisa del colegio? ¿O quizás habían visto la rasgadura del pantalón que según su hermano pasaría por rebeldía moderna? Talvez le miraban el cabello pensando que se le había olvidado peinarse.
¡Dios! ¿Por qué no tenía la capacidad de hacerse invisible?

-¡TE VES GENIAL SHUN! No me lo puedo ni creer – Le gritó alegre el pelilila mientras le revoloteaba alrededor ante la mirada de los transeúntes – Lo pasaremos súper ¡Ya verás! Incluso te ves mejor de cara, aunque te noto pálido aún.
-Estoy bien – Le sonrió contagiado por la alegría y seguridad que le transmitía su amigo – Ikki me ayudó con la ropa.
-Se ve que sabe de estilo, ¿Te quedas en mi casa entonces? Así no tenemos que preocuparnos por la hora.
-Sí – Sonrió divertido - ¿Vamos?
-¿Es eso que noto impaciencia? – Rió divertido mientras hacía parar un bus – Este nos sirve.

El viaje no duró mucho. Los muchachos fueron riendo todo el camino en dirección a la fiesta. Le contó que era en casa de un chico llamado Shyriu que conoció en una fiesta de una chica llamada Shena cuando se fue de otra fiesta de un tal Seiya demasiado reventada para su gusto.
-Has salido mucho ¿He?... no sé como aguantas- Le decía el peliverde interesado en tanta bizarría.
-Bueno, me gustan las fiestas. Tú nunca quieres venir, por eso estoy súper emocionado de esta.
-Yo me siento emocionado también… aunque, ¡No me dejes solo por favor! – Le miró con miedo – No sabría que hacer y seguro nadie me da bola.
-Ya verás que no es así, pero de cualquier forma, estaré pendiente de ti Shun, no soy un desgraciado como para dejar un conejo solo en una cueva de lobos.
-¿He?
-¡Hemos llegado! – Gritó evadiendo la incertidumbre del menor. Era mejor no poner en riesgo la débil autoestima diciéndole que antes sus ojos era como una pequeña presa asustada.



La música era estridente. Algunos muchachos bailaban en el jardín de la enorme casa de tres plantas. No había rejas por ninguna parte, y césped de perfecto verde le hizo razonar que los dueños tenían mucho dinero. Y ahí estaba su típica inseguridad a flor de piel otra vez. Hubiera preferido ir a un club que a una fiesta de casa donde todos se conocían prácticamente.

Miró a todos lados mientras ambos caminaban a la entrada. Las puertas estaban abiertas sin nadie pendiente de recibir a los invitados. Las bebidas y vituperios estaban por todas partes en abundancia. Shun miró a todas partes el gran salón, los muebles seguramente habían sido removidos para dar espacio. En el medio había una gran escalera, muy ancha que lleva al segundo piso y sobre ella, algo que congelo al menor inmediatamente. De un extremo al otro, un gran cartel recitaba un amoroso

“Feliz san Valentín”

Y más abajo… “No te vayas sin tu beso”
Retrocedió buscando a su mejor amigo. No quería quedarse allí, no, definitivamente no quería estar en una estúpida fiesta de san Valentín.
-¿Siren? – Llamó a su amigo que estaba ya conversando con otras personas. Se armó de fuerzas y decidió interrumpirlo, pero una vez dio un par de pasos, una vergüenza inexplicable le impidió hablarle e interrumpirle.

Volteó para buscar algún lugar seguro. Los muchachos se aseaban de un lado a otro, algunos bailando, otros riendo, otros en alguna maldad corriendo escabullidos, algunos ya medios ebrios se toparon con él accidentalmente. Notó que algunos lo reconocían pero no le saludaban, el hecho de estar en la misma fiesta no le hacía amigos de todas formas. Todo era como siempre. Comenzó a sudar y las axilas se le humedecieron al igual que el cuello.

-Dios no por favor – Suplicó ante el miedo de que otros lo notaran sudado. Sus mejillas una vez acusaban su vergüenza sin medidas – Siren – Susurró en un llamado que jamás su amigo escucharía. Retrocediendo dio con los ventanales y se metió tras la cortina, pero la mala idea no tardó en descubrirse cuando del otro lado del vidrio un grupo de muchachos se rió de su escondite al verlo agazapado allí. Salió corriendo, se sentía humillado, pero sabía que en realidad nadie la había maltratado, era que simplemente se sentía menos, raro y desubicado. No debía estar allí, no debió ir.

Buscó entre los jóvenes hasta dar con una puerta. Una chica se le acercó a hablarle, pero la ignoró, estaba demasiado colapsado. Se metió dentro del cuarto y descubrió que era de limpieza. Suspiró seguro. Se tocó el cuello y los brazos, el pecho…estaba mojado, húmedo totalmente. Debería quedarse allí hasta estar seco una vez más. Miró el techo… era un cuarto para la limpieza muy grande.

-La vida de los ricos – Murmuró realmente enfadado y triste - ¿Por qué soy tan estúpido? ¿Por qué no le hablado a Siren? Ahora debe estar buscándome… ¡Rayos! – Entre sus pensamientos algo le distrajo, en su pantalón el vibrador de su celular le advirtió una llamada. Miró el aparato sin reconocer el número y contestó deseando fuera Siren llamándolo para ubicarle, quizás del móvil de otra persona.

-¿Siren? – Le preguntó acongojado.
-No, soy Hyoga ¿Recuerdas? Llamo para saber si estás bien – Le preguntó con un tono más o menos fuerte, se notaba que desde donde le hablaba había mucho bullicio.
-Hyoga – Respondió sorprendido, le había llamado realmente – Sí recuerdo – Contestó sintiendo una gran calma al hablar con él. Por alguna razón, escucharle le había regresado el alma al cuerpo y su voz despertado una gran alegría.
-¿Ya te sientes bien? – Indagó el otro que no dejaba de pedir a otras personas que bajaran el volumen ya que hablaba por teléfono.
-He… sí, sí… estoy genial… ¡En una fiesta! – Le respondió con inseguridad, pero decirle eso le daría estilo ¿O no? Era como demostrarle que era un muchacho divertido y con personalidad.
-Perdona, no te escucho bien ¿Has dicho una fiesta? – Le rogó el otro le repitiera mientras le decía a otra persona que bajaran el volumen de la música. Shun adivinó que también él estaba en una fiesta.
“¡Vamos a bailar Hyoga! Deja el tonto teléfono” Escuchó la voz de una chica muy cerca del auricular. El corazón del menor se apretó.
-Sí, una fiesta – Respondió sin ánimo. ¿Para qué hacerse el interesante? Después de todo, la verdad era patética, estaba en una fiesta sí, pero escondido en el cuarto de la limpieza.
-Pero… no te veías muy bien en la tarde, pensé que reposarías hasta estar bien completamente – Le dijo mientras parecía alejarse del bullicio, ya que su voz se escuchó mas fuerte y clara.
-No fue nada… gracias por llamar – Respondió el menor triste, no quería cortar la llamada, pero era mejor hacerlo él antes de que el otro lo hiciera. Sería más doloroso aún. Además, le llamaba sólo por compromiso, porque lástima quizás.
-No te escucho bien Shun… espera, iré a un lugar con menos ruido.
-No te preocupes – Trató de liberarlo de las molestias de hablar con un chico deprimido – Divierte en tu fiesta.
-No, no… espera, ya vi donde puedo hablar con tranquilidad.

Un par de segundos en que Shun no escuchó nada más por el celular y entonces, como una ráfaga de viento, alguien abrió la puerta del cuarto de limpieza y entró sorprendiéndolo apoyado en la pared junto a los traperos.

-¿Shun? – Le preguntó el rubio apagando el móvil al encontrarse con él ahí. El menor lo miró aterrorizado, no se lo podía creer, de todas las fiestas estaba en esa, la misma que él, de todos los lugares entró al cuarto de limpieza, lo mismo que él y de todos los momentos, tenía que verlo otra vez en uno miserable, oculto de la vergüenza y la inseguridad y sudado hasta los huesos por los nervios.

Se giró dándole la espalda. Sabía lo estúpido y patético de esa actitud, pero al igual que un cachorrito que cree no le ven cuando oculta la cabecita, se escondió entre los traperos para no tener que dar la cara.

-Hey, hey ¿Qué haces?... sal de ahí, eso está sucio – Le tocó el hombro recibiendo sólo un temblor como respuesta - ¿Por qué estás aquí?...
-Por favor déjame, ya te dije que estoy bien, no tengo nada ¡maldita sea!
-No digas que no tienes nada, luces muy mal, esta tarde parecía que te ibas a morir y ahora dices que estás bien – Le reclamó con preocupación que Shun no entendía.
-¿Qué quieres? No necesito caridad de nadie, no tienes que fingir preocupación por alguien como yo, ahora vete y déjame solo.
-¿Pero qué dem…? – Suspiró confundido – Mira, salgamos de aquí, hay olor a cloro y te hará peor, le jaló del brazo con cuidado, el menor se dejó confundido – Este lugar no es para ti, no deberías haber venido a una fiesta…

Sin embargo las palabras de Hyoga solo lograron alterarlo. ¿No debía estar en la fiesta? ¿Lo quería correr? Debió esperar eso, si nadie le quería cerca. Era un bicho raro y repelente.
Se soltó del agarre con brusquedad, sorprendiendo al rubio que le miraba sin entender su reacción. El menor abrió la puerta y salió del cuarto con prisa, cuando vio la primera botella de alcohol, se acercó y la bebió sin control. ¿No tenía que estar allí? El podía ser tan joven como los demás, estaba arto de que lo discriminaran y encima ahora, él, el que ha estado en sus pensamientos noche y día venía a decirle que se fuera, justamente él. ¿Cómo podía ser tan miserable su vida?

Lo siguiente fue una cortina negra que le cerró los ojos. El golpe que se dio al caer al piso delante de todos los sorprendidos espectadores nunca lo sintió, al menos no hasta que despertó en la cama de un cuarto que desconocía.


Última edición por RingoX el Miér Feb 18, 2009 1:20 pm, editado 1 vez
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RingoX
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MensajeTema: Re: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   Miér Feb 18, 2009 1:18 pm

-Mi cabeza… - Susurró mientras se revolvía el cabello sobándosela.
-Menuda forma de llamar su atención – Le dijo Siren mientras le ponía un paño húmedo en la frente.
-¿Siren? – Le preguntó con aflicción - ¿Qué pasó?
-¿Qué pasó? Qué seguro no te metiste nada en el estómago como siempre. Bastó un sorbo de licor de frambuesa para que te desmayaras.
-¿Licor de frambuesa?... ¿Puede ser esto más humillante? – Susurró abatido.
-Bueno… talvez si consideras que fue Hyoga quien te trajo aquí, pues sí. Este es su dormitorio.
-¡No puede ser! – El menor se sumergió en las sabanas apenado, pero al deducir que esa debía ser su cama, salió a la superficie una vez más tratando de no aspirar aromas que sólo le volverían más loco de lo que estaba – Creí que dijiste… que esta es la casa de Shyriu.
-Lo es…, pero Hyoga vive en un pueblo muy lejos de la ciudad y como él es su amigo, le permite quedarse en su casa para ir juntos a la universidad.
-¿Un pueblo? ¿Tú sabía eso de antes?... pero el parece tan cool – Murmuró sorprendido.
-No lo sabía, me lo ha contado mientras estabas inconciente… ¿Te gusta menos porque es de un pueblo? – Le preguntó con seriedad.
-Claro que no – Respondió el menor – Eso es lo de menos.
-Entonces, si es lo de menos para él… ¿Por qué piensas que tú eres menos que los demás? – Shun no pudo responder a eso. Simplemente se sentía así, quizás porque siempre fue tímido, porque siempre le dejaron de lado por ello y porque a todo eso, sumaba su tendencia sexual nada aceptada, y que de saberse sólo le llevaría a ser victima de más desprecios.
-¿Dónde está él ahora? Me gustaría darle las gracias – Suspiró tratando de incorporarse – Me iré a casa después.
-Fue por algo de comer, dice que estás muy debilucho – Sonrió mientras se levantaba – Quédate tendido un rato más Shun, acabas de despertar, no querrás desmayarte otra vez, aunque comienzo a sospechar que ha sido toda una estrategia para terminar en sus brazos.
-¡No es así! – Se defendió sonrojado, Siren le tomó la mano y salió del cuarto, antes de cerrar la puerta le miró con dulzura - ¡No olvides que es san Valentín! – Y sin más se fue.

Shun se recostó en la cama. Era cierto, Siren tenía razón. Tenerse tanta pena no servía de nada y dejar de comer era peor… terminó desmayándose en el peor momento de todos. ¡Y con prácticamente jugo!
-¡Qué vergonzoso! – Se revolvió en la cama, ahora a solas, miró por todo el cuarto. No había nada sorprendente. Cerca de la ventana, un escritorio estaba lleno de libros, muchos de los que él también se había comprado con sus ahorros. Se levantó para llegar hasta allí y tomó de la pila de libros una novela de ficción.

-Te gusta leer Hyoga – Suspiró enamoradamente. ¿Por qué eres tan perfecto?
-¿Perfecto?... – El menor casi queda pegado al techo del salto que dio al ser descubierto por Hyoga que regresaba con un bandeja con comida.
-Yo… no quise, bueno sí quise… demonios – Una lágrima rodó por su mejilla. El rubio dejó la bandeja en la cama y se acercó a él.
-Hey, hey… no llores, te va a doler la cabeza – Le pasó la mano tiernamente por la mejilla y le acercó para abrasarle – Me gusta mucho leer… ¿Y a ti?

Entre sollozos Shun se abrazó a ese cuerpo con todas sus fuerzas. No trataría de esconder lo que sentía ¿Para qué hacerlo? Ya se había dejado demasiado en evidencia. Era mejor disfrutar de lo que pudiera.

-Me encanta… me encanta – Murmuró más calmado.
-Ven, métete a la cama de nuevo ¿OK? Tienes que comer, esa tripa debe estar muriéndose – Le señaló con el dedo en el estómago, haciéndolo temblar.
-De acuerdo, pero come conmigo – Le pidió mientras se dejaba conducir a la cama y se metía una vez más.
-Me gusta tu camisa – Le dijo el otro mientras le arropaba – No te quitamos las ropas porque Siren dijo que te daría un ataque cardiaco al despertar si no las traías.
-Tenía razón – Contestó dejando que Hyoga le pusiera la bandeja en las piernas y se acomodara a su lado - ¿Ustedes son muy amigos?
-No, más bien conocidos, pero puede que desde ahora si lo seamos, tenemos mucho en común – Sonrió mientras le servía leche en una tazón.
-Mucho en común…- Repitió algo triste el peliverde – El es mi único amigo y es genial, es una excelente persona, me tiene mucha paciencia – Sonrió tratando de ocultar su desanimo.
-¿Tu único amigo? ¿Y que hay de mi ahora?... ¿No puedo ser yo, tu amigo también? - Shun que había llevado la taza a sus labios para beber, la bajó sorprendido.
-¿Tu quieres ser mi amigo? – Le preguntó con un bigote de leche adorable.
-Quiero ser todo lo que tu me dejes ser… - Contestó retirando con su pulgar los restos del labio superior del peliverde provocando que sus mejillas tomaran nuevamente un rojo intenso. Pasaban más tiempo de ese color que blancas.
-¿A que te refieres…? - Bajó la cabeza avergonzado, confundido. Hyoga se sintió incómodo ante la necesidad de ser más claro.
-Me gustas mucho… de hace tiempo que, me gustas, pero me conformo con ser tu amigo ¿He? ¡No soy un degenerado o algo así!

El peliverde lo miró a los ojos demasiado impactado. ¿Podía ser verdad que le quería?...

Talvez…

Una vez que sus miradas se encontraron lo supo… le miraba con tanta ternura e ilusión que sus labios dejaron escapar un suspiro enamorado.

-Sí quiero – Respondió apresurado a una respuesta que jamás fue hecha, cuando lo notó, mordió sus labios con represión y miró hacia otra parte.
-Me siento halagado… - Contestó el rubio, acercándose lentamente a su rostro y le besó las mejillas acaloradas y la frente algo sudada y la nariz respingada y el suave mentón. La taza de leche se derramó en la camisa del menor.

Hyoga miró la tela húmeda pegada a la piel de Shun – Esto es más de lo que puedo soportar – Susurró quitando rápidamente la bandeja de la falda para sujetarle entre sus brazos y besarle con desesperación… y Shun, él le correspondió con el alma.

Se besaron largamente y en repetidas ocasiones. Finalmente más calmados, la bandeja regresó a las piernas del peliverde y comieron juntos el arroz, picaron pedacitos de carne y rollitos de pollo, para finalmente comerse una linda galleta de san Valentín.

Sí… esa camisa la usaría muchas veces más. Tenía que darle las gracias a su hermano por apoyarle siempre y también a Siren, su aún único amigo y aunque otros más vinieran, definitivamente siempre sería al que más querría. Era gracioso como ahora sentía un voraz apetito por todo, galletas, ensaladas, pan, carnes… se sentía como un monstruo capaz de saquear de alimento toda la ciudad. Y Hyoga se lo fomentaba… no era de gran ayuda cuando le regalaba chocolates o le invitaba un helado.

Tener alguien a quien amar en san Valentín era genial y ahora disfrutaba de comportarse tan idiotamente como el resto de los enamorados.

En la fila para comprar almuerzo, Shun hacía un enorme taco mientras pedía su desayuno. La cajera fastidiada como siempre, le atendía con el rostro impávido, pero esto no impedía que el peliverde sonriera de oreja a oreja.

-Faltan 500 yens en el cupo – Le indicó sin entregarle la bandeja.
-Sáquelo de mi tarjeta – Interrumpió el rubio con su tarjeta estudiantil en la mano. La mujer lo miró con más odio, ya que hacer la transacción de lo restante a la otra tarjeta era un lío. Pero Shun y Hyoga sólo se miraron enamorados, aunque en la fila alguien gruñó hambriento y malhumorado y la cajera maldecía por lo bajo y todo el resto de mortales que aún no compartían el amor, perdían el apetito.

Feliz san Valentín atrasado *_*

PD: Shun no engordó, ya que tener novio implicaba tener muchas otras actividades que queman muchas calorías ^_*
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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   Jue Ago 27, 2009 10:39 pm








RINGOX
Melody of love, agradece tu gran talento creativo,
y por deleitarnos por tan bella historia que nos hizo suspirar a todos,
esperamos seguir contando con tus excelentes obras literarias en los proximos eventos

Por ser una de nuestras grandes escritoras,
las Moiras te otorgamos nuestro máximo premio a la escritura












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MensajeTema: Re: El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA   

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El apetito de san valentín (ShunxHyoga) COMPLETADA
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