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 Siberia (Hyoga x Shun) *Tema Cerrado hasta nuevo aviso por peticion de su autora*

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alandra_luavel_andromeda
Persefone
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MensajeTema: Siberia (Hyoga x Shun) *Tema Cerrado hasta nuevo aviso por peticion de su autora*   Lun Abr 13, 2009 9:27 pm

Bueno este es uno de mis fic, le tengo cariño y es de esos fics que demuestran algo, que para mi el amor es poderoso mas que la oscuridad o la vida.

Esta ves se lo dedico a Goddes que es quien lo ha pedido, espero lo disfrutes linda, yo te lo subo con ese deseo.

En cuanto a los demas espero que tambien os gsute y que la historia al menos sea entretenida si no puede lograr nada mas.

Gracias por leer
ALANDRA
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Siberia
by Alandra_Andromeda
1. Una extraña noche

Siberia, Rusia, año 1884.

Por la helada estepa siberiana un grupo de jóvenes cabalga alegremente, su misión es llegar a un pueblo costero, donde uno de ellos, el conde Hyoga Deneberov, debe contraer matrimonio con una joven emparentada con el emperador de Japón, la señorita Saori Kido.

- Te aseguro que es preciosa.- Comenta emocionado un joven de cabellos y ojos castaños.- Realmente es una princesa, una diosa.
- Ajan.- Responde el joven rubio de ojos azules sin mucho afán.
- Tienes una suerte tremenda.- Continua con sus alabanzas.- El retrato que te enviaron no le hace justicia, ya me gustaría a mi estar en tu lugar.
- Ten cuidado con lo que dices, Seiya, porque como te descuides te lo cambia.- Ríe un joven de larga melena negra con ciertos rasgos orientales.
- Pensándolo bien creo que puedo esperar a sentar cabeza.- Se retracta el castaño.- De momento disfruto mis ratos de ocio con Miho.
- Y con Shaina, y con Yiste y con toda mujer que se te ponga delante.- Enumera el conde.

Los tres caballeros rompen a reír al mismo tiempo sobre sus monturas, fuerte y alegre contentos con la vida.

- Gracias por acompañarme.
- ¿Cómo me iba a negar si me pagas el viaje?- Sonríe Seiya.
- Somos amigos,- sentencia el moreno con sus ojos grises serios.- además nos estamos deshaciendo del don Juan del grupo, ahora los demás podremos ligar.
- Muy graciosos los dos.- Todos ríen de nuevo.

Desde luego hablar del conde es hablar de uno de los jóvenes mas apuestos de Siberia, me atrevería a decir que de toda Rusia, y es que sus ojos azules, helados y hermosos como las nieves de su patria, sus cabellos rubios y su porte le han hecho ganarse los corazones de innumerables damas y también algunas cosas mas de otras tantas.
Montado en su caballo pardo, cabalga vestido formalmente con una abrigada capa de piel, que cubre su cuerpo de los inclementes vientos siberianos, tan gélidos y traicioneros como las garras de la muerte.

- Deberíamos acelerar el paso.- Propone el oriental.- Las nubes se están juntando muy deprisa y quizás haya tormenta.
- De acuerdo Shiryu.- Admite el conde.- Avisa a los criados que aceleren el ritmo, no me gustaría estar aquí cuando la tormenta estalle.

Apenas quince minutos después el cielo ruge y el viento se levanta interrumpiendo la marcha de los jóvenes.
Los cristales de hielo les obligan a taparse prácticamente el cuerpo, pues esos bellos cristales están mas afilados que un cuchillo, apenas pueden abrir los ojos y ver a través de los huecos de sus bufandas y gorros, el helor mezclado con el dolor de los finísimos cortes helados se lo impiden y los gritos de sus gargantas quedan acallados por los bramidos de la tempestad.

- ¡¡¡No os separeís!!!- Grita Shiryu intentando imponer orden a los mas asustados.- Manteneos pegados al caballo anterior.
- ¡¡Tened cuidado donde pisaís!!- Aconseja en vano Seiya.
- ¡¡¡Seguid!!! ¡¡¡Seguid adelante!!!- Se gritan unos a otros.

Hyoga intenta dirigir a su caballo, un magnifico y fuerte ejemplar que se niega a seguir la senda que su dueño le marca y pronto el conde compradera porque…

Un leve crujido basta para comprobar que lago sobre el que pisan no aguantara el peso de ambos, un nuevo crujido termina por encabritar al caballo que después de hacer una cabriola sobre sus patas traseras echa a correr dejando a su dueño sentado en el hielo.
Los crujidos se multiplican, al tiempo que el joven se recupera del golpe y opta por rodar hacia su lado, apenas un segundo mas es lo que tarda en desquebrajarse el hielo hundiéndose en las aguas, al lado de la brecha abierta el muchacho recupera su compostura comprobando que lo peor a pasado.

- Cobarde.- Piensa en su caballo cuando se pone en pie.- Mas que bravo debería haberle llamado gallina.

Cubriéndose lo mas posible con su capa de piel de armiño camina con cuidado para salir del lago sin tener que acabar bañándose en él.
En nieve firme busca en todas direcciones, forzando su vista para intentar atravesar la ventisca, cualquier cosa que le indique hacia donde debe dirigir sus pasos. Sus ojos están por rendirse cuando una leve sombra se dibuja entre los feroces golpes de viento y los ondulantes cristales.

- ¡¡Espera!!- Grita con la esperanza de ser oído.

Pero si la silueta ha dado con él, desde luego lo ignora bien, sorda a los gritos comienza a caminar alejándose dentro de la ventisca.

- Seguro que es uno de mis criados, deben de estar buscándome.- Piensa mientras comienza a seguirle.

A pesar del frío que siente, la idea de volver con los suyos le da fuerzas para seguir a la silueta, que se aleja con extraña facilidad entre los vientos como si no fuera empujada por ellos.
Haciendo un gran esfuerzo comienza a correr en pos de la misteriosa imagen, que no cambia el ritmo de su marcha ni a con el viento en contra, conforme se acerca el conde observa que la figura parece una mujer, con un largo vestido, envuelta en una media capa con capucha en piel blanca, aun no distingue los colores de su vestimenta pero si que es un vestido hasta el suelo con cierto vuelo como si llevara una cola.

Intrigado y sintiéndose perdido decide que no le queda mas remedio que seguirla hasta un lugar donde pueda pedir ayuda, buscando fuerzas baja la mirada un instante y cuando vuelve a subirla la figura ha desaparecido.

La angustia empieza a hacer mella en él, ¿Dónde esta? ¿Habrá algún pueblo cerca? ¿O se ha dejado engañar por una ilusión que lo ha perdido aun más en la tormenta? Abriendo sus ojos y destapando su cabeza busca algún indicio de a donde puede haber ido su guía, sus cabellos se agitan y enredan, sus oídos intentan captar cualquier sonido entre el incesante viento.

Tiene que frotarse los ojos cuando entre las ráfagas heladas divisa una inmensa mole negra, temiendo que sea una alucinación pero sin tener otro posible dirección comienza a caminar con paso agotado hasta el lugar.

Conforme sus pasos le hacen avanzar, un edificio de piedra comienza a perfilarse, una pequeña fortaleza que pese a ser antigua esta perfectamente conservada y luces iluminan sus ventanales.

Agotado empuja el portón de madera y forja cayendo al suelo de piedras pulidas que da al recibidor.

- Bienvenido.- Una voz melodiosamente dulce saluda al rubio muchacho.- Me alegra que hayas podido seguirme entre la tormenta.

Sentado en el suelo observa a su misteriosa figura en todo su esplendor. Su piel es nieve, sus cabellos del color de la hierba en primavera, sus ojos dos esmeraldas y sus labios una jugosa fresa que sonríen de forma hechizante. Su vestido es color cereza de terciopelo, un precioso brial de largas mangas acampanadas con cadenas bordadas en los puños a base de hilos de plata , igual que en la graciosa falda de amplios pliegues que cae graciosamente alargando su figura y tapando totalmente sus pies. El corpiño del mismo color esta anudado por un cordel plateado que acaba graciosamente en la zona del pecho, al tiempo que deja al descubierto casi la totalidad de los hombros de la joven.
Un vestido de estilo antiguo pero hermoso, nuevo a simple vista, como el que una princesa vestiría.

- ¿Por qué huías de mi?- Pregunta el conde poniéndose en pie.
- No huía,- niega con elegancia.- te indicaba el camino esperando que me siguieras. La tormenta apago mi voz y yo no podía pasar de allí.

Su primer pensamiento es preguntarle porque no podía acercarse más, pero cuando logra empezar a formular la pregunta, de nuevo, la voz de la joven comienza a sonar.

- Debes de estar hambriento.- Las tripas del chico rubio dan su afirmación.- Sígueme, enseguida estará la cena.

Con una graciosa reverencia cogiendo su falda le indica el camino a seguir, sin poder oponerse como si le empujaran a aceptar el chico de ojos azules se encuentra ante una mesa preparada para dos, con frutas y vino, vajilla de plata y cristalería con rebordes dorados pero lo que mas llama la atención al hambriento invitado es la presencia en el centro de la mesa un cochinillo asado, servido en bandeja de playa y aun con su manzanita en la boca.

- Siéntate y comamos.- Dice la joven ocupando su silla.- No dejemos que se enfríe.

La pregunta de cómo ha podido preparar comida para dos en poco tiempo si no sabia que iba a dar con él queda suspendida por el hambre que tiene, ya la formulara después, ahora lo mas importante es probar el jugoso cochinillo que lo espera para ser su plato principal.

Tras la suculenta cena, la dueña del castillo se levanta y tomas las manos de su rescatado.

- Aun estás helado,- pasa las manos del chico por sus mejillas y sus labios.- ven será mejor que tomes un baño, podrías enfermar y seria una pena que lo hicieras en mi castillo.

El corazón del joven Hyoga se acelera al sentir la suave piel de su salvadora en sus manos, mientras que algo un poco mas abajo comienza a acelerarse también y es que es la muchacha mas hermosa que ha visto en la vida, agradable y dulce, el joven empieza a fantasear sobre otros encantos de su anfitriona.

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alandra_luavel_andromeda
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MensajeTema: Re: Siberia (Hyoga x Shun) *Tema Cerrado hasta nuevo aviso por peticion de su autora*   Lun Abr 13, 2009 9:30 pm

Llevándolo de las manos esta lo hace subir por la escalera de piedra labrada, hasta llegar al piso superior y una vez allí lo lleva corriendo hasta una puerta de madera doble, encajada en un arco gótico decorado con tallas imitando plantas enredaderas.

Al abrir un suntuoso baño en piedra con bocas de león por las que brota el agua aparece ante sus ojos. El vapor de la estancia invita a despojarse de todo y correr a zambullirse en las caldeadas aguas.
Y sin saber exactamente como, el conde se encuentra desnudo dentro de la bañera disfrutando de un relajante baño dejando que el agua caiga de la boca del felino a su espalda.

Despreocupado y totalmente encantado con el baño comienza a pensar que la bañera es muy grande para una persona, pero se arrepiente tan rápido como su mente idea con quien y como compartirla.

- ¡¡Por dios Hyoga!!- Se reprocha.- Eres un hombre prometido, en cuanto la tormenta pase vas a ir derechito al altar para casarte con una completa desconocida.
- Ejem…- Lo saca de sus pensamientos el casi imperceptible sonido.

El muchacho clava sus ojos azules en la figura que tiene delante y desde luego algo no cuadra, reconoce ese pelo y esos ojos, también esa piel y esos labios pero, lo que se muestra ante él no es un joven de menudos pechos como imaginaba, sino un joven al que no le falta de nada en ningún sitio.

- ¿Decepcionado?- Pregunta al ver que el conde se ha quedado en blanco.

Realmente debería decir que si, el creía firmemente en que era ella y no él, pero es que sea lo que sea sigue siendo tan hermoso, sigue tan radiante y por dios que cuerpo tan tentador masculino pero sin parecer pesado, sin perder su gracilidad.

- Para nada,- termina por responder.- Sigues siendo hermoso.
- Entonces no te importara que entre contigo.

Ni siquiera espera respuesta, simplemente entra y se sienta frente al aluciando conde cuya mente pasa de un pensamiento a otra de forma mareante.

- Estás prometido,- piensa una parte de su cerebro.- y es un hombre,- se suma otra.- pero sigue estando maravilloso.- Invade una tercera.

- Me alegra que no estés decepcionado, muchos huyen al ver que no soy mujer, pero veo que tú no le das mucha importancia.

La mano del chico se posa sobre el pene de su invitado que la verdad sea dicha esta mas tieso que un mástil de un barco.

Ante la sensual caricia no puede evitar dar un pequeño respingo, es tan calido en sus movimientos que no puede evitar el volver a pensar en hacer cosas poco honrosas con él y esto que además seria algo pecaminoso por la condición masculina de ambos.

- Nunca viene nadie aquí y yo me siento solo,- suspira al tiempo que dibuja un adorable puchero en su rostro.- además, también tengo mis necesidades y nunca ahí nadie que me las solucione.

Un mohín de disgusto aparece en su carita, pero a Hyoga ese gesto le parece dulce viniendo de ese ser que tiene delante.

- No soy de piedra, y tu tampoco,- aprieta un poco mas el miembro haciendo que su dueño de un respingo placentero.- eres atractivo y creo que no te disgusto.

Un nuevo roce y esta vez el rubio no puede contener un gemido, entre el calor del agua, el agradable olor de las esencias que lleva la bañera y la sensualidad del muchacho el conde pierde poco a poco cualquier capacidad de resistencia.

- ¿Qué deseas?- Pregunta jadeando de placer.
- Que me poseas esta noche.- Responde con cierto tono de deseo.

Con esa frase Hyoga pierde totalmente la cabeza, ¡¡y que si va a casarse!!, de momento es libre, y de momento su único pensamiento pasa por cumplir la petición que tan sugerentemente le han pedido.
Sin mediar ninguna palabra mas, el conde se abalanza sobre el joven de cabellos verdes como si quisiera devorarlo totalmente y con ansia. Sus ojos azules fijan un objetivo sonrojado y precioso los labios del chico que se entreabren con cada nuevo gemido.

- ¡¡No!!- Grita el muchacho retirando la cara.

Sin entender muy bien el porque, el asombrado rubio para en seco, asustado, ¿acaso ha cambiado de idea?

- No toques mis labios,- pide el chico suplicante.- prefiero que ellos te toquen a ti.

Retadoramente los prohibidos labios muerden el cuello de bronce de noble haciéndole gemir con fuerza.

El roce ha sido corto pero intenso y al joven no le ha hecho ninguna gracia que se acabe tan pronto, ya esta por protestar cuando un una voz dulce e insinuante le da motivos para alegrarse de nuevo.

- Si quieres mas tendrás que alcanzarme.- Sugiere dibujando cierta lascivia en su carita.

Apenas dos segundos después el joven Hyoga persigue al muchacho peliverde por el pasillo de piedra, siguiendo las marcas de los pies en el suelo llega a una gran habitación.

Una gran cama de madera con dosel ocupa en centro de la habitación, mientras que pequeños aparadores de madera tallada reposan contra las paredes, con velas, perfumes y telas variadas encima de ellos o asomando de sus cajones.

Sentado en la cama el joven de ojos esmeraldinos espera con una sonrisa radiante.

- Llegas tarde.- Ríe desde la cama.
- Podemos recuperar el tiempo.- Se abalanza a la cama.

Un grito alegre es la única respuesta del chico cuando el cuerpo tallado en bronce del conde cae sobre el suyo y sobre la cama.
Los besos fogosos comienzan a recorrer la piel de luna del chico, que tiembla estimulado como respuesta, ante tan maravillosa afirmación el joven rubio se reafirma en sus besos, acompañándolos de pequeños mordiscos por su vientre.

- Me haces cosquillas.- Le reprocha el chico con una sonrisa.

Poco a poco Hyoga comienza a subir del vientre al pecho y de allí al cuello de alabastro provocando con ello que el joven de pelo verde cimbree su cintura pidiendo atención en zonas menos sutiles.

- Sssshhhh, no tengas prisa.- Gime divertido Hyoga.- Disfrútalo todo con calma, déjame descubrir todo de ti.
- Mis labios no…- Gime la negativa.
- No los tocare si no quieres,- contesta entre besos.- pero quiero todo lo demás.

Meticulosamente Hyoga comienza a lamer el pene del chico que ya estaba despierto, poniéndolo al límite de su tamaño y grosor.

Sus manos blancas solo atinan a coger fuertemente sus sabanas, como si buscara un nuevo impulso en ello, sus ojos se abren entre gemido y gemido con una mirada errática, buscando un punto invisible como si en él su cuerpo fuera a dar con el punto exacto de su pasión.

Siente como su miembro se hace mas y mas grande endureciéndose al contacto del pálido cuerpo, calido y suave, pero lo que enciende su cuerpo al máximo es la sensual colección de gemidos que escapan del joven que lo vuelve loco.

Una descarga eléctrica recorre su cuerpo cuando una mano suave toma su falo y comienza a masturbarlo con gran sensualidad.

- Tómame.- Gime.- Lo deseas y yo también.
- Aun no.- Intenta negarse a pesar de los gemidos delatadores.
- Hazlo,- pide el joven con sus ojos verdes cerrados.- quiero sentirte ya, antes de que todo termine.

Ante la clara petición el Conde voltea a su acompañante y dirige sus dedos hacia la entrada del chico, no pone mucha resistencia y enseguida cede ante los tocamientos del joven rubio, despacio el conde se introduce en el cuerpo de alabastro, escuchando los gemidos de placer que llenan la estancia, conforme se adentra.

Siente su calor, siente cada pliegue de su interior, siente su respiración agitada y las vibraciones de la cadera de piel marmórea, buscando aun mas profundidad. Para cubrir la demanda aumenta el vaivén de sus caderas y no puede evitar gemir con el sensual roce.

La temperatura aumenta, los cuerpos se aceleran, los sentimientos vuelan y los gemidos ya son compartidos, sus fragancias se entrelazan creando un aroma único y apasionado, pronto ya no hay nada mas que ellos, ni cuarto, ni cama, ni nada que importe fuera de ella, sus mundos se reducen únicamente al otro, a las sensaciones compartidas y al tiempo que parece detenerse en su unión.

La bronceada mano de Hyoga recoge el olvidado miembro del joven, para darle la atención merecida, sonríe feliz cuando ve la esencia del chico derramarse calida sobre los dedos de su mano, siendo el estimulo final necesario para que el rubio se vacíe en el interior del hermoso príncipe.

Agotados caen en la cama exhaustos, e instintivamente abrazados uno contra otro, durmiéndose en el acto.

El sol molesta en los dormidos ojos del conde, en un intento de seguir durmiendo con su compañía cambia de posición y su brazo se arquea para rodear tan perfecta silueta, el joven mas bello del mundo…
No puede, por ello, evitar levantarse de golpe, sobresaltado y sorprendido al comprobar que la maravillosa cama es en realidad un grupo de maderas ajadas y quebradas, con restos de las delicadas tallas que una vez lució.

Ya no ahí rastro de su joven acompañante, solo un dulce aroma a vainilla de fondo, el maravilloso olor de joven de cabellos verdes.

Solo entonces comienza a fijarse en lo que hay mas allá de la cama, comprobado con total asombro, que lo que anoche eran bellos muebles de madera hoy son carcomidos trozos de haya con estrambóticas formas, de las maravillosas cortinas apenas quedan cuatro viejos jirones llenos de polvo que ondean tristemente por las rotas cristaleras, todo el cuarto que parecía tan lleno de vida, tan acogedor, se ha convertido en unas horas en una habitación abandonada por años, con telarañas colgando de las agrietadas paredes, un lugar frío, deshabitado, muerto.

El frío clima siberiano empieza a calar en su cuerpo, atravesando las ventajas ajadas, aun anonadado no puede hacer mas que agarras su capa y envolverse con ella mientras comienza a recoger su ropa, desperdigada por toda la estancia.

A saltos baja lo que aun que aun queda en pie de la escalinata, encontrándose con un portón de madera podrida y hierros oxidados con un agujero lo bastante grande como para salir a gatas.
Cuando logra salir observa el paraje que no pudo divisar por la tormenta, un autentico paisaje invernal de árboles deshojados, que bordean el camino y entre ellos una hermosa cruz en piedra, rodeada de hiedras que a pesar del rigor del viento resisten verdes y fuertes bañadas, como la gris piedra de pequeñas gotas de agua helada como si alguien las hubiese regado con sus lagrimas.
Mas abajo en una especie de altar que eleva la cruz, la hiedra ha hecho un marco natural para un nombre, SHUN ANDROMELECH.


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