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 TE SIGO AMANDO

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:21 pm

CAPITULO 1 ENCUENTRO




Que seas muy feliz, estés donde estés, cariño
No importa que ya, no vuelvas jamás, conmigo
Deseo mi amor, que sepas también que te amo
Que no te olvidé, que nunca podré, te extraño
Que seas muy feliz que encuentres amor, mi vida
Que nunca mi amor, te digan adiós, un día
Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,
Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando
Que seas muy feliz, que seas muy feliz,
Mientras que yo
Te sigo amando
Deseo mi amor que sepas también que te amo
Que no te olvide, que nunca podré, te extraño
Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,
Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando
Que seas muy feliz, que seas muy felices,
Mientras que yo.....
Te sigo amando
(Te sigo amando, autor Juan Gabriel)


Entre el alboroto de un hospital, cerca de la sala de maternidad, un joven caminaba entre bullicioso del lugar, en su mano portaba un hermoso ramo de rosas rojas las preferidas de su mejor amigo, y un presente envuelto en delicado papel rosa, aquel joven buscaba entre las habitaciones de ese piso, su amigo había dado a luz en la madrugada de ese día, una hermosa niña, él había estado a su lado, tuvo la oportunidad de tenerla en brazos, la pequeña era maravillosamente hermosa. Aún sonría embobado, por tener ese precioso ser entre sus brazos. Pero tembló al saber como había sufrido durante el parto, ahora el mismo esperaba su propio hijo.

Su querido Jonathan, le había insistido que le dejará acompañarlo en lugar suyo que se iba a impresionar, pero él se negó, jamás le abandonaría, él ahora era en él único que confiaba. Cuando una persona siempre le ha salido todo mal, y tiene el corazón hecho trizas, y te da su confianza, no le debes lastimar y su amistad, era más una hermandad, que hay veces que transciende el lazo sanguíneos, amigos verdaderos, eso era para él. El le tendió su mano en desgracia y ahora el momento de corresponder ese es su sentido de la verdadera amistad.

Y eso él lo sabía, llegó rápidamente al número indicado. Empujó la puerta suavemente, y allí le encontró su niña dormitaba sobre su pecho, y él también lo hacía, se veía tan hermoso, aquellos cabellos esmeralda, su tez un poco pálida, el pobre había perdido algo de sangre, pues su parto se complicó, pero no había perdido nada de su belleza. En silencio se sentó a su lado, después de acomodar su ramo en uno de los jarrones cercano a su cama, esperando a que despierte, aspiró el dulce aroma de esas rosas, esa noche él la pasaría a su lado, como el día anterior, aunque Jonathan se enojará con él. El atardecer de ese día bañó aquel hermoso rostro. Le veía aferrar a su pequeña entre sus brazos, aunque estuviera dormido. Ella era realmente hermosa su tez igual de pálida que su padre.

Al paso de algunos minutos la pequeñita reclama su alimento, empieza a revolcarse entre los brazos de su progenitor, dirige sus manos hacia a la niña para tomarla en brazos, cuando unas esmeraldas soñolientas se fijan en él –Michael, eres tú, ¿hace mucho que estás aquí?- preguntó con su suave voz.

No mucho oji (príncipe), es que no quería despertarte, necesitas descansar para recuperarte, ayer tuviste una noche difícil. El joven le tendió la caja. ¡Es para nuestra pequeña Alondra! –Destapó la caja y mostró una hermosa bata de color esmeralda, es para cuando salgan los dos.

Domo arigato gozaimasu (muchas gracias), le respondió sonriendo. A la vez que levantaba a su pequeña en brazos. Do itashimashite (de nada). No deberíamos hablar en japonés, estamos en tu país, la sonrisa iluminó su rostro. Michael le besó la frente igual que a su ahijada, como la había autonombrado. Bienvenida al mundo hermosa Alondra, mi pequeña princesa.

Michael, deberías descansar más en tu estado, no te preocupes por nosotros, no nos va pasar nada, aquí seremos bien atendidos. Asiendo su mano fuertemente _te he dicho que no, hoy me quedaré contigo y cuando me toque a mi tener a mi bebé se que tu estarás a mi lado dándome ánimos. Shun, lo sé mi príncipe hermoso.

Michael si algo he aprendido en esta vida es a no discutir contigo. La niña se asía de su pecho, succionando fuertemente su alimento, me parece perfecto que se parezca solo a ti. Y no a ese mal nacido…Bueno lo mejor es no mencionarlo, él salió de tu vida ya.

¿Por qué le nombras, yo le he olvidado? A esos dos, ellos no significan ya nada en mi vida, hay algo peor que el odio y es la indiferencia, el dejarlos en el olvido completo, la verdad es que encontré una vida mejor, a tu lado y el de Jonathan, la cual no cambiaría por nada. Le respondió con una de sus sonrisas hechizadoras. Tú lo sabes, viviste a mi lado, aquello era un círculo vicioso. Michael asintió.

Acercando la cuna del hospital a dónde ellos estaban tomó a su ahijada en brazos, quién dormía plácidamente después que su papá la alimentará y la arropó en ella, para que estuviera más cómoda.

Sabes me preocupa que te convoquen a pelear, amigo, se que has ignorado todas las llamadas que te han hecho, porque han sido para localizarte, desapareciendo completamente tu presencia. Pero cuando haya una verdadera emergencia, sé que acudirás porque empeñaste tu palabra en ello, y si te llegará a pasar algo, ¡que los dioses no lo permitan! ¿Qué será de Alondra? Suspirando Michael se sentó a su lado.
Sabes amigo, que la parte que me corresponde de nuestras empresas en este país, ya he arreglado todo para que queden a nombre de mi hija, en caso de cualquier eventualidad y al igual que en el testamento estipulo todo, para que mi hermana mayor Pandora sea la albacea de ella, expresó acariciando la cabeza de su pequeña niña, la cual dormía en la cuna a su lado. Nunca le dejaría desprotegida ni que cayera en manos de los Kido, ella lleva mi verdadero apellido, así como yo dejé el Kido que no me pertenece.

Pandora, cierto tu hermana mayor, la que vive en Alemania, es ella la que nos ayudó hacer todos los trámites para que pudiéramos salir de Japón sin problemas, si ella la que más lejos de ti, estuvo, es la que verdaderamente te tendió la mano, ella te ama realmente y ha sabido ser mejor hermana que Iki, que se supone estuvo siempre a tu lado. Michael se calla en el momento que ingresan el doctor de turno a examinar a su amigo, incorporándose de la silla se aleja del lecho para darles campo que necesitaban. Disculpen por interrumpir la conversación, pero es la rutina, se disculpó el médico, en el momento que descubría el vientre de Shun, bajando la sábana que le cubría y levantando la bata, observó los vendajes, los cuales mostraban unas pequeñas manchas de sangre. Tomando unas pequeñas tijeras los cortó con cuidado, a cada costado, y los retiró. Dejando a la vista una enorme herida en su vientre bajo, la cual correspondía a su cesárea, palpó con sus dedos alrededor de la herida comprobando que la misma sanaba bien, revisó cada uno de los puntos que la cerraban, mientras Shun cerraba sus ojos, frunciendo su ceño a cada toque en su herida, y mordía sus labios, para no emitir un gemido de dolor.

Su herida se ve bien, está sanando perfectamente, creo que mañana le daremos de alta, quiero mantenerlo un día más en observación, su niña está en perfecto estado, no tiene porque preocuparse. Nos dio un buen susto, jovencito, mire que tuvimos que intervenirlo de urgencia, su placenta era previa, casi le perdemos por la hemorragia, no deberá hacer ningún esfuerzo, sería perjudicial para su salud, depositando en el carrito del instrumental médico, de nuevo la tijera, suspiró aliviado, tuvimos que cauterizarlo para detenerle el sangrado, solo esperemos que no tenga consecuencias. Shun sopesó las palabras del doctor en silencio, sin apartar sus esmeraldas de sus ojos negros, Michael oía en silencio con las lágrimas luchando por salir de sus ojos celestes.

Teme que pueda quedar estéril. ¿Es eso doctor? En sus labios se dibujó una sonrisa. Bueno de todas formas no creo que vaya a tener más hijos, expresó tranquilamente. Con Alondra me basta, además no creo tener más amantes en mi vida, sabe doctor, el amor es una palabra que no existe en mi léxico. Los ojos del doctor se abrieron enormemente, no sabiendo que responder no entendía como una criatura tan extraordinariamente hermosa, expresara esas palabras con tanta frialdad. Shun sonrió al ver su expresión. No ponga esa cara doctor, yo creo solo en el amor de mi hija y el mío hacia ella, y el de las personas que me tendieron la mano desinteresadamente cuando más los necesité y han permanecido a mi lado, y les dejo pasar a mi corazón envuelto en una armadura de hierro y frialdad, los demás solo encontrarán eso. El doctor siguió revisándolo, comprobando que la hinchazón no fuera mucha, y al ver que se estremecía al ser tocado. Siente dolor, es mucho, Andrómeda asintió. Michael se acercó para tomarle de la mano, y no podía apartar sus ojos de la herida, que se dibuja en la blanca piel. _Puede que le quede cicatriz. ¿Y esto? Preguntó al observar otra cicatriz que nacía en su cintura y moría en su espalda, es una herida de guerra. El doctor asintió. Apuntó algo en la bitácora, y la dejó en su lugar, le he recetado algo para el dolor. Mañana vendré temprano y si todo esta bien, le daremos de alta y dentro de ocho días, lo quiero ver en mi consultorio, para quitarle los puntos.

¡Gracias, doctor! Respondieron los dos a unísono. Los dos se quedaron viendo como se retiraba. Michael se sentó de nuevo en su sitio. Es bastante grande la herida, ¡ay, Shun!, que yo prefiero que mi parto sea natural. Determinó seriamente, Shun sonrió, igual dolerá ambos son difíciles amigo. Andrómeda trató de cambiar de posición para hablarle a su amigo en una mejor posición, ayudándose al sostenerse de la baranda, de esa cama. Espera, que te ayudo. Michael le ayudaba sirviéndole de apoyo.

Shun gimió al sentir el un pequeño jalón en sus músculos, esta es la herida más profunda que he tenido, pero sin embargo, la que más estimo, es por dar a luz una nueva vida, y no por cegar otra. Habló entre bostezos, sus ojos se cerraban sin él querer, en el momento en que veía a su amigo incorporarse y arroparlo, descansa oji, que necesitas recuperarte, que yo vigilaré el sueño de los dos, y te despertaré cuando Alondra te necesite, acariciando sus sedosos cabellos, le vio caer en un reparador, sueño.

Aún era temprano y el sol penetraba directamente por los ventanales de aquella habitación de hospital así que Michael, se dirigió a ellos para correr las persianas, no sin antes asomarse a la calle, por ella, las personas el ruido de los vehículos era constante, pero una persona en la cera del frente le llamó la atención, entrecerró sus ojos para definirlo mejor, pero el momento en que sus ojos fueron cubiertos por unas manos conocidas, que le distrajeron.
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Última edición por goddesniquel el Sáb Dic 19, 2009 3:45 am, editado 1 vez
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goddesniquel
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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:24 pm

¡Jonathan! Expresó sonriendo, su esposo le volvió suavemente, en sus brazos. Mike pronunció su nombre con su voz susurrante para no despertar ni a Shun ni a su bebé, besó sus labios, y sus manos se perdían entre los negros cabellos del joven entre sus brazos. Michael sonrió, acariciando el firme mentón de su amado Jonathan, observando sus cortos cabellos castaño claro y sus ojos color miel, llenos de ternura.

¿Qué les han dicho los doctores? Asiendo su mano se sentó en un sofá frente a la ventana, después de que él mismo se encargará de cerrar las persianas, para brindarles un mejor ambiente para su descanso. Michael suspiró, puede ser que mañana le den la salida, pero existe el peligro que quede estéril, aun no se sabe y fue cuando las lágrimas empezaron a correr de sus ojos celestes. Si alguna vez quisiera rehacer su vida, con otra persona, no podrían tener hijos. Jonathan le abrazó consolándolo, es una posibilidad, este es el mejor hospital que hay, verás que el doctor lo dijo por prevención si no ya se hubieran confirmado, Mike. El asintió, y los dedos de Jonathan, limpiaban sus lágrimas, que no te vea llorar, que eso lo deprimiría, él se ha estado haciendo el fuerte todo este tiempo, pero sabes que está en una depresión muy fuerte.

En la cera del frente un joven de cabellos dorados, observaba aquella habitación había seguido el deportivo negro de aquel hombre que le habían informado que era uno de los socios mayoritarios de esa agencia de publicidad, en la que se suponía encontraría a Andrómeda. Le venía siguiendo desde la mañana, pero ahora lo confirmó la persona que se encontraba en aquella habitación de hospital era Michael, el compañero de universidad de Shun, no tenía duda de ello. Y de aquel lugar emanaba su cosmos aunque muy débilmente, desde la noche anterior, fue la primera vez en ocho meses, que se sentía su presencia. Así que se decidió a cruzar hacia el edificio y preguntar por él. Recordando lo vivido hace unos momentos, en la mañana había llegado a esa ciudad, dónde había emanado el cosmos del caballero divino de Andrómeda.

Y en el lugar exacto en que aún se sentía rastros de la presencia del caballero divino de Andrómeda era un elegante edificio, de varios pisos, el había ingresado y en un torpe inglés preguntó a la recepcionista por Shun Kido, la joven la negó conocer a ninguna persona de apellido Kido, que esa era la agencia de publicidad propiedad de Hassan & Braxtron, uno de los dueños es un joven empresario alemán y el otro es un inglés. Que llegaron hace poco más de medio año a nuestro país le informó la joven. Señorita me puede indicar si ha visto a este joven aquí, estos días, el cisne no pensaba darse por vencido, sacó una foto de Shun, que él poseía desde hace tiempo. La joven sonrió; pero si es el Sr. Haissan, uno de los dueños de nuestra compañía, sin embargo hoy no le podrá encontrar, porque se encuentra hospitalizado, aseguró la recepcionista, quién de inmediato se levanta, sonriendo. ¡Sr. Braxton! Este joven es amigo del Haissan. Sin embargo, cuando se volvió el hermoso joven de cabellos dorados y mirada de hielo, no se encontraba allí, así como la brisa había desaparecido.

Sophie, ¿Cuál joven? Sin saber que decir: Un joven de cabellos rubios, pero le he llamado a usted y se ha esfumado. ¡Que raro! Disculpe la molestia, pero si vuelve, le llamaré de inmediato. No te preocupes Sophie, pero un extraño presentimiento le invadió. ¿Y que quería? Verá señor, el me preguntaba insistentemente por un tal Shun Kido, pero la fotografía que me enseñó fue del Sr. Haissan. El corazón de Jonathan dio un brinco en su pecho. Sonrió a la recepcionista, Sophie, dile a Ariadna mi asistente que hoy tomaré el resto del día y si vuelve alguien más a preguntar por Shun Kido, hazme el favor de comunicarlos conmigo. La recepcionista, asintió, sin saber que era observada por una sombra cercana, que entre los transeúntes, que siguió a Braxton. ¡Vaya Jonathan! Así que mi querido novio, estaba contigo. ¿Y qué será lo que te paso pequeño Andrómeda para que estés en el hospital?

Al ingresar en el hospital se dirigió al cubículo de información, espera impacientemente, a que la enfermera de la recepción le ayude, sus dedos se movilizaban en un golpeteo constante sobre el mostrador, y la joven le ignoraba olímpicamente. Deseaba saber de inmediato la ubicación de Andrómeda, le haría pagar, su abandono sin explicación ya estaba tan cerca de él, pero de nuevo su cosmos había desaparecido, ni la más mínima partícula del mismo. Estaba molesto. ¿Me podría informar en que habitación se encuentra el Sr. Haissan? La joven recepcionista levantó sus ojos a su rostro, Podría esperar un momento, estoy resolviendo un asunto, espere su turno, amigo. Miré jovencita tengo prisa en localizar a mi amigo, sé que está en este hospital y me preocupa que tenga algo grave. ¿Es que acaso, no hablo bien? ¿No entiende? El que no entiende será otro, no sabe que está en un hospital y no puede estar haciendo escándalos, aquí hay personas convalecientes, incorporándose de su asiento, le enfrenta, miré no es por le tenga miedo y ni nada por estilo, pero simplemente no aguantó más su insolencia, que le buscaré su información. Después de revisar en su computadora: El joven Haissan, se encuentra en el sexto piso en la habitación 2032. Si quiere puede tomar aquel ascensor de allá.

Hyoga ni siquiera agradeció, prácticamente corrió hacia el lugar indicado, la recepcionista le siguió con su vista, resoplando molesta, siguió con sus obligaciones. ¡Qué gente se topa, uno hoy en día! Ni las gracias pueden dar. Ingresó el ascensor, al cerrarse las puertas metálicas, sonrió por fin le vería, y pondrían las cosas en claro, solo esperaba llegar antes que los demás, apenas si había sentido el pequeño resplandor de su cosmos, usando sus poderes se dirigió al lugar dónde su presencia brilló. ¿Con qué Haissan? Si es el apellido de sus verdaderos padres, ni siquiera a Fénix, se le había ocurrido. El ruido de la puertas al abrirse le sacaron de su trance, y se encaminó, observó los número de las habitaciones, la 2032, debe ser de este lado. ¿Maternidad? Sus ojos se entrecerraron. Caminó lentamente, por el pasillo, hasta que estuvo enfrente de la habitación.

Su mano dudó en abrir, la puerta. ¿Debe haber un error en el número de habitación? Si esa tonta recepcionista. Se devolvió por el pasillo, cuando iba a ingresar de nuevo en el ascensor, el ruido de una puerta al abrirse le llamó la atención, buscó distraídamente con su vista, y fue cuando lo vio. ¡Michael! No puede ser, los glaciales que poseía de ojos, se clavaron de inmediato en el número de habitación. Retrocedió unos pasos hasta quedar fuera de la vista del amigo de Shun.

Cuando le perdió del panorama se acercó sigilosamente, con cuidado de no ser visto, examinó la habitación dentro se encontraba Jonathan y Shun se encontraba sentado a la orilla de la cama, observó con sus ojos entrecerrados como Braxton lo tomaba en brazos. Con rabia, ve como Shun, le rodea el cuello con sus brazos y el inglés le besa su frente suavemente. Los ve a ambos entrar en una habitación aledaña dentro del mismo cuarto. Levemente empuja la puerta, para inspeccionar el cuarto y ve al lado de la cama una pequeña cuna, se vuelve verificando que Michael no regresará, dando unos pasos dentro de la misma, se asoma y ve a un bebé de cabellos verdes. ¡Maldita zorra! Así que fue por esto que te fuiste.

En un abrir y cerrar de ojos estuvo de nuevo fuera de la habitación el ruido de la cerradura del baño le llamó la atención, así que vio a Jonathan salir, y la bebé pudo sentir la perturbación del cosmos de una persona no conocida por ella, así que se sobresaltó levantando sus pequeños brazos, lloró con todas sus fuerzas, llamando a su progenitor. ¡Vamos, pequeña, no llores! Tu papá pronto vendrá, le alzó en sus brazos, meciéndola suavemente. La mirada de hielo del cisne estudiaba con detenimiento la escena, la niña se calmaba con la presencia del inglés no había la menor duda era su hija, su orgullo se vio lastimado, deseaba congelar ahí mismo a ese mal nacido. Entiende Shun, nadie me engaña, ninguno se ufana de haberme montado los cuernos y menos tú.

La puerta del baño, se abrió por ella salió la persona que había buscado todo este tiempo, sin embargo el cisne cuando le vio de nuevo, quedó estupefacto, no pudo movilizar un solo dedo, su aliento se cortó, su frágil figura, envuelta en esa bata de hospital blanca, contra la luz dibujaba su perfecto cuerpo, aquel par de piernas, tersas, suaves, de músculos firmes, pero divinamente formadas, su cabello estaba más largo, enmarcaba su perfecto rostro y aquellas soñadoras esmeraldas, ellas si habían cambiado algo, un dejo de frialdad, cruzaban por ellas. Hechizado por su presencia iba a ingresar, en el cuarto, pero la magia fue rota al Braxton acercarse a él y rodearlo de su cintura con su mano libre, Andrómeda se apoyaba en Jonathan descansando su cabeza en su pecho, besa la pequeña cabeza de su hija y le sonríe al inglés con su cara iluminada hermosamente.

¡Braxton, no vivirás para contarlo! Y Shun, mañana hablaremos tu y yo, se dijo, con sus puños fuertemente cerrados, bufaba todo su odio, el destello de energía hizo que Andrómeda se pusiera en alerta, separándose de su amigo. ¿Hyoga? Trató de dirigirse al lugar dónde provenía, empujando levemente a su acompañante, pero cuando quiso dar dos pasos, se mareó y cayó al suelo perdiendo el conocimiento. ¡Por todos los dioses, Shun! Jonathan, depositó a la niña en su cuna y con cuidado lo carga en sus brazos, le deposita en el lecho, angustiado tocó el timbre de emergencia y un equipo de enfermeras rápidamente llegaron al lugar.

Si mi vida, te he encontrado, Hyoga miraba a las enfermeras correr a la habitación de Andrómeda con una sonrisa irónica en sus labios, y ahora prepárate, porque del Cisne Hyoga nadie se burla, Princesa Andrómeda. Ingresó de nuevo en el ascensor, por mientras no haré nada, estudiaré la situación. Esperaré el momento preciso. Al salir al primer piso pasó al lado de Michael, la mirada gélida de Hyoga se posó en el joven, el cual caminaba distraído, con unos paquetes en su mano. Sin dejar notar más su presencia se pierden entre las personas del lugar, hacia el estacionamiento, esperaría a Braxton, abandonará el edificio después de la hora de visita, le seguiría. Apoyado en una columna cercana a dónde tenía el carro estacionado, esperaba pacientemente.

Michael, por su parte se llevó un gran susto al retornar a la habitación, y encontrar a todo el personal médico atendiendo a Shun, y a Jonathan observando con su ahijada en brazos. Al verlo llegar, acortó la distancia con su Mike, para calmarlo. ¿Qué pasó aquí? Johnny ¡Por los dioses! Si todo estaba bien. Abrazándolo, le susurró al oído: Me pidió que le llevará al baño y así lo hice, en el momento que lo hacía Alondra, empezó a llorar, así que vine a verla, Shun salió, solo camino, pero creo que estaba muy débil para hacerlo y perdió el conocimiento. ¿Sabes, antes de hacerlo llamó aquel individuo? Michael, aunque diga que no le ama, que ya lo olvidó no es así. Trata de cerrar su corazón, pero sufre horrores, nunca se recuperará de la traición de ese ruso.

Sí, mi vida, eso lo sé, cada vez que veo sus ojos, los trata de camuflar en una frialdad que hela el alma, pero no es eso, es el dolor tan grande que siente su corazón, que sale reflejado en ellos. ¡Pobre Shun! ¿No sé, qué hacer para ayudarle? ¡Cálmate! Si nosotros nos derrumbamos, no podremos hacer nada para auxiliarlo, ahora debemos darle más motivos para vivir, Alondra debe convertirse en eso, en su gran alegría y cuando su corazón sane, encontrará de nuevo el amor. Michael asintió abrazándose a su esposo. No había querido decirte esto, pero ahora que lo pienso mejor, creo que debo hacerlo. Mike, hoy la recepcionista me llamó diciendo que había un joven extranjero de cabellos rubios, preguntando por Shun Kido, pensé en inmediato venir aquí, pero no sé si tratará de Hyoga realmente, o sea sólo una coincidencia, la verdad no sé que pensar.

Entrecerró sus ojos, escuchando lo que su esposo decía. Mi amor, no me creas loco, pero creo que sería bueno que apareciera y Shun le gritará sus cuatro verdades, en la cara, eso es lo que necesita para olvidarlo, estoy deseando más bien que en verdad, sea ese imbécil. No te preocupes, por demás Johnny, anda ve a casa a descansar, espero estar todos en casa, mañana, que las muchachas del servicio, alisten la habitación de Shun, como lo dispuse, quiero que sienta a gusto con nosotros, hasta que decida partir para su departamento, porque sé tambien que no querrá quedare más tiempo que el necesario, es un cabeza dura. ¡Ah, por cierto! Ya le avise a Pandora, primero se preocupó porque fue una cesárea de emergencia, pero después se alegró mucho, me cuenta que seguro estará dentro unos días aquí, para conocer a su sobrina. Así que diles que acondicionen el otro cuarto de visitas. Besando a su esposo cariñosamente, toma a Alondra entre sus brazos.

¡Hasta mañana, cariño! La mano de Jonathan descanso en su redondeado vientre. Sería mejor que me quedará yo, si Shun ocupa movilizarse no le podrás ayudar en tu estado, déjame, quedarme a mí, ve tu a casa. ¡No señor Braxton! No soy ningún inválido, ya veré que hago en la situación. Alondra, despídete de tu padrino que ya se va. ¡Niña hermosa, vamos con tu papi! Dejando a Jonathan con la palabra en la boca ingresó de nuevo en la habitación, cerrando la puerta tras de sí y Braxton respiró profundamente. ¡Mike, te amo! Con una sonrisa en su rostro, se dirigió fuera del edificio.

Michael le sonreía a la Alondra, quién se removía bostezando en sus brazos esperó a que terminen de revisar a Andrómeda. Ahora duerme, esta demasiado agotado, es por eso que se desmayó. No creo vuelva a suceder. Por lo demás se encuentra bien, seguro mañana en las primeras horas de la tarde le darán de alta, amigo. Dentro de unas horas, le vendré a examinar. La enfermera de turno, apagó la luz al momento de salir, de la habitación, Michael se recostó en la cama a la par de la Shun, cerrando sus ojos decidió descansar un rato.

¿Qué me pasó? ¿Hyoga? Fue su energía de eso no tengo duda ¿Pero, por qué? Me debo de estar volviendo loco, soy un legítimo tonto. Todavía pienso en él y me muero de ganas de verlo. Sí, Shun ¿y luego qué? Mira Hyoga, te felicito, porque estas con mi hermano. ¿Hermano? ¿Realmente puedo llamarlo, así? ¡Iki! Suspiró cansando, al abrir sus ojos. La habitación estaba a oscuras, a su lado dormitaba Michael medio cubierto con aquella sábana. ¡Amigo! ¿Cuántas molestias te he causado? No te ves a incomodo durmiendo en ese camastro en tu estado. Pero no me haces caso, yo me puedo valer solo- ¿Por que siempre doy lástima a las personas? Apretó fuertemente las sábanas con sus dedos hasta que sus nudillos se tornaron blancos de la presión. Tengo mucha rabia, y no sé como expresarlo, quiero gritar pero no puedo, deseo llorar, pero mis lágrimas se secaron, le quiero odiar pero no puedo, no puedo olvidarlo.

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Última edición por goddesniquel el Sáb Dic 19, 2009 3:46 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:25 pm

Un pequeño balbuceo y el leve movimiento de Alondra, le indicó que la pequeña estaba despierta, observándolo. ¡Mi Alondra! Desvío su mirada a su hija, sonriéndole, ya solo para ti tengo esta sonrisa. ¿No puedes dormir? ¿Quieres comer algo? ¡Que molestia! Siento todas mis piernas pesadas, ni que decir de mi cadera, me duele horrores, no pude tenerte naturalmente, era muy estrecho, y después de pujar todo ese rato, deciden hacerme la cesárea, ahora también los puntos me tironean, te cuento esto hija para que me tengas paciencia, que parezco una tortuga habladora de lo lento que me puedo mover, ni al baño puedo ir sólo, pero debo acostumbrarme, no debemos depender de nadie. Aunque creo que pasaremos una temporada donde tus padrinos con él tiempo le irás conociendo, Jonathan es muy serio, pero amable todo tiene que tener un estricto orden, es parte de lo que le enseñaron en su cultura, la mía también es así, por lo tanto congeniamos muy bien y Mike, es de esas personas en las que les puedes confiar tu vida sin dudarlo ni una sola vez, a pesar de eso también es un poco testarudo, si no haces las cosas como dices, se enoja, por lo tanto trata de no hacerlo enojar.

Mientras conversaba con su pequeña, se deslizó lentamente hasta afianzar sus pies en el frío suelo. Sosteniéndose del borde de su camilla, caminó dificultosamente hasta la cuna, con delicadeza alzó a su niña, la revisó y notó el pañal sucio, pero mi niña hermosa ¿Por qué no me has avisado? Se desplazó con ella en brazos hasta el lugar dónde había guardado todas sus pertenencias, y sacó con una de sus manos, los pañales, toallas y crema que necesitaría. Se volvió hasta la cuna y empezó a desnudar a la pequeña, apartando el pañal sucio, le colocó uno limpio, se agachó lo más que le permitía su herida y besó el pequeño pie de su bebita, rozando su nariz contra el, sonríe. ¡Eres preciosa mi niña! Acomodó el fajero que le cubría la herida de su ombligo y le cruzó de nuevo aquella pequeña bata de hospital. Cuando se volvió sobre sus pasos para votar el pañal, la bebé se molestó por su ausencia y lo demostró con su desesperado llanto. Ya va Alondra, ya te atiendo.

El tiempo pasó precipitadamente, para Michael que dormía, no pudo precisar el momento en que se quedó dormido, hasta el momento en que el llanto de Alondra lo despertó. Abrió sus ojos cansadamente. ¡Te despertamos, lo lamento Mike! ¿Shun? Andrómeda acaba de terminar de cambiar el pañal de su hija. Se encontraba de pie, al lado de la cuna, terminando de vestirla para luego tomarla en brazos. Creo que tiene hambre, vuélvete a dormir, Mike que yo me encargo de ella, el joven bostezando se incorpora hasta sentarse en su lecho. Te ayudo, un poco. Tomando a su ahijada en brazos, esperó a Shun volviera a su lecho, colocándose de medio lado descubrió su pecho y Mike colocó a su ahijada al lado de él, con cuidado Andrómeda la acerca a su pecho, colocándole el pezón en su pequeña boca ella lo toma y empieza a succionar, con sus párpados cerrados, los dos la admiraban como suspiraba buscando el calor de su padre. ¡Son tan pequeños! ¡Sí, Mike y frágiles! Anda ve a dormir, que ella come y se duerme inmediatamente, ya le he cambiado y de aquí no se despierta hasta como dentro de tres horas. Su amigo asintió y buscó de nuevo refugio en el lecho. ¡Gracias Mike! Sabes, mi bello Andrómeda que es un placer.

La noche pasó igual manera la niña se despertaba de vez en cuando buscando su alimento, por lo general fue tranquila, la mayor parte del tiempo Alondra durmió, Shun, fue que no pudo dormir mucho, como todas las noches, sus memorias pasadas volvían en la soledad de la noche, por eso se mataba trabajando, todos los días, trataba de mantener sus días ocupados, para cuando llegará la noche, caer en el sueño, más por agotamiento que por placer. Entre las persianas pudo observar como el sol se levantaba: Un nuevo día, pero ya no estoy tan solo, tengo a mi pequeña niña. Somos nosotros dos solos contra el mundo. De tu padre no te hablaré ni bien ni mal, simplemente no existe, el olvido es la mejor de las venganzas, lo malo es que no se como ejecutarla, se sonrió.

¡Buen día! ¿Cómo amaneció? Bien señorita, es un día más de vida, expresó acariciando la tez de su hija. Si es el momento de bañar a la pequeña, y que usted se bañé, ante la conversación Mike, se despierta de nuevo, algo soñoliento saluda. ¡Vaya! ¿Qué rápido pasa el tiempo? Si quieres Mike, ve y te bañas primero mientras me encargó de mi hija y después me la cuidas un rato, para ducharme yo.

Había seguido el deportivo de Braxton hasta un lujoso complejo habitacional, ahora se encontraba oculto tras unos grandes abetos, susurraban movidos por la brisa. Bostezando se estiró, las personas estaban despertando en la mansión, ya se veía la movilización del personal del servicio, así que no esperaría a que Jonathan saliera. Se empezó a desplazar, utilizando las habilidades aprendidas como caballero, hasta de nuevo la clínica. Sentía cerca a los demás, ellos también habían sentido el resplandor de Andrómeda, pero habían esperado a Saori, con ellos estaba Fénix, si él llegaba hablaría con su hermano, Iki, se derrumbó sin saber cual fue la causa de la desaparición de su hermano, hasta fue arrogarle a Pandora que le ayudará a buscarlo, pero su media hermana había negado conocer la ubicación de Andrómeda. ¡Bruja mentirosa! ¡Claro que lo sabía! Ella le había ocultado, y me imagino que es con el dinero de su herencia que montó esa empresa, porqué no se ocurrió antes buscarlo bajo el apellido de Pandora.

Aun con esos pensamientos en la cabeza, veía distraídamente la entrada del hospital, hasta que se estacionó el convertible negro, de Jonathan, Braxton bajo del vehículo, distraído conversando por medio de su celular con alguien, venía vestido de manera casual, caminaba apresurado hacia el interior del centro médico. Afinó su vista, y allí venían, traían a Shun en silla de ruedas, cargaba al bebé en sus brazos, Andrómeda lucía radiante su cabello lo traía recogido en una trenza, vestía un bello pantalón verde oscuros y una camisa blanca que le quedaba holgada. Jonathan abrió la puerta trasera del vehículo, cargando a Andrómeda en brazos, le ingresó en el vehículo, dándole la niña, en brazos. Luego le abrió la puerta del copiloto a Michael. Después de hacer esto partieron del lugar. Cómo lo había pensado, ellos se iban directo a la mansión. Les siguió.

Shun sintió otra vez aquella energía. ¡Oh, dioses! Debo estar volviéndome loco, como es posible que me atormente tanto, por le siento a cada momento. Algo nervioso se volvió en su asiento para inspeccionar por el vidrio trasero, pero no había nada. Entonces observó a su hija, trató de indagar en su presencia, siempre le había notado un cosmos parecido al de su hermano mayor y al suyo, pero no uno de hielo, pero recordó Hagen, el poseía los dos tipos de energía si podía ser ella la que emitía esa frecuencia de energía y hasta ahora lo había notado, besó suavemente su frente ¡Pequeña, tranquila! Le susurró. Suspirando aliviado cerró sus ojos para descansarlos un rato.

El trayecto se le hizo corto, abrió los ojos al llegar al complejo y Jonathan estacionó en la entrada del garaje. ¡Dame a mi ahijada! Yo la llevaré, por cierto, me adelantaré para verificar que tengan todo listo, pediré que nos venga ayudar con tu equipaje. Una sombra observaba atenta todos los movimientos, Shun entregó a la niña a su amigo, él tomó delicadamente, y se apresuró en dirección de la casa.

Andrómeda volvió a sentir la perturbación era la energía de Hyoga, sonrió a Jonathan en el momento que se deslizaba cuidadosamente en el asiento facilitándole la tarea de alzarlo. Mi niña tiene su cosmos también, pensó ilusionado, luego la sintió perfectamente, veía detrás de Jonathan como era la energía de la Ejecución de Aurora. Con su corazón agitado, se remueve de los brazos de su amigo, levitando le quita del camino. Se coloca enfrente de él protegiéndole con su cuerpo, pero el brusco movimiento le provocó un horrible dolor, al forzar la piel cocida, apenas si se pudo poner en pie, todo paso tan rápido como en un abrir y cerrar de ojos aunque se envolvió en su cosmos para defenderse no fue lo suficientemente rápido para lograrlo, el golpe la Ejecución de la Aurora, le dio directo en su vientre, ante la mirada atónita de Jonathan, golpe seco de la puerta arrancada de tajo, que chocó contra el pavimento hizo que Michael se girara de golpe con la bebé en sus brazos. El choque de energías se dio. ¿Hyoga, por qué? Aún se mantenía en pie, pero no sentía de su abdomen para abajo nada. Oía el llanto de su pequeña muy lejano, como un letargo, veía a Jonathan incorporarse, con su rostro empalidecido.

El cisne caminó hacia él ¡Gusto en verte de nuevo, Andrómeda! ¿No te esperas verme? Ahora que te inmovilizado, acabaré con tu amante aquí mismo frente a tus ojos. ¡Oh, dioses! Porque no puedo mover ni un músculo, me siento débil, no lo mates, él no es mi amante ¿Yo no he tenido más amante que tú? Trataba de hablar pero se sentía tan cansado. ¡Por todos los dioses! Shun, esta sangrando. Hyoga eres un imbécil, le gritó enfurecido Michael, en el instante que cubría con su cuerpo a Shun y a Jonathan con Alondra en brazos. No te atrevas a tocar a mi Jonathan. ¡Maldito, desquiciado! El cosmos de Shun, se va apagando así como sus piernas pierden la fuerza para mantenerlo en pie, es recibido por aturdido Jonathan en sus brazos.

Michael, le gritaba su nombre, entre sollozos. Hay que pedir una ambulancia, cariño cálmate, que no le podemos ayudar en este estado. Hyoga se quedó estático. ¿No te bastó con destrozarle el corazón Hyoga? Tenías que matarlo también. El no podía pelear, estaba muy débil, casi muere dando a luz a tu hija. ¿Mi hija? Tartamudeo. Shun resiste amigo. ¡Quítense! Apartó bruscamente a Jonathan tomando el cuerpo desfallecido de Andrómeda en sus brazos. Se desplazó con él en sus brazos hasta la clínica. De inmediato se vio rodeado de sus tres compañeros que le cortaron el paso. Habían seguido los rastros de energía.

¡Maldito, ruso! Porque atacaste a mi hermano. Apártate, Fénix si no quieres que muera aquí mismo. Déjame llevarlo al hospital y si quieres después te encargas de mí. ¡Bestia inmunda! ¡Suélteme! ¡Mi hermano! Hyoga si mi hermano muere por tu culpa, no habrá un lugar en esta tierra en que te puedas esconder. ¡Shiryu, suéltame! Iki, amor, todavía no entiendo lo que pasó aquí, pero lo importante es que tu hermano sea atendido, y después de esto yo mismo me encargaré de ayudarte a castigar a Hyoga.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:27 pm

Capítulo 2: La verdad de mi alma.


Que seas muy feliz, estés donde estés, cariño
No importa que ya, no vuelvas jamás, conmigo
Deseo mi amor, que sepas también que te amo
Que no te olvidé, que nunca podré, te extraño



Michael auxilió a su esposo, sirviéndole de apoyo para que logre ponerse en pie, apoyándolo contra el destrozado automóvil. ¡Jonathan! Debemos avisar a Pandora, le decía apoyado en su pecho, con su voz entrecortada por los sollozos, sus ojos aterrados, no se podían desviar del charco de sangre en el pavimento, Braxton asintió besando suavemente su cabeza. ¡Por los dioses! Ese hombre está loco. El llanto desolado de su ahijada los hizo despertar de su aturdimiento. Mike, Saori Kido nos puede acusar de secuestro, el cisne sabe que es su hija y la puede reclamar, asiéndole del rostro suavemente besa su frente y con su voz más calmada le dio instrucciones: debes volver con Alondra a la Clínica de inmediato, no te separes de Shun, ni un momento, amor, que yo me encargo de traer a Pandora Haissan de inmediato.

¡Por todos los dioses, Johnny! No hay que perder tiempo, llama al Licenciado Roebe. Para que se presente en la clínica en representación de Pandora, hasta que ella pueda arribar. Ojala también me encuentre con él. Iki, deberá ayudarme se lo debe a su hermano que se sacrificó por su felicidad.

Jonathan asió fuertemente a su pequeña ahijada, tratando de calmar su llanto, en el momento que Mike sacaba su automóvil, adentrándose en el garaje, buscó en el deportivo de Andrómeda, la silla para transportar bebés, y la ubicó en la asiento trasero del vehículo, en ella colocó a la bebé besando su cabecita, salió del auto, cerrando la puerta, ayudó a Mike a ubicarse en el asiento delantero. Besando sus labios, le despidió, desde la ventanilla. ¡Ten cuidado! No te enfrentes a ese loco, cualquier cosa llama a las autoridades Mike. Sí, no te preocupes. Aceleró el vehículo y se enrumbó por el mismo lugar que el Cisne, había tomado.

El Dragón trataba de contener la furia de Iki, pero el Fénix le fue incontrolable: ¡No Shiryu! Es que ni siquiera voy a esperar, cuando Hyoga hizo el intento de continuar, Iki hizo un rápido movimiento en el cual se deshizo del agarre del Shiryu, se desplazó como una ráfaga de Fuego, ante la mirada atónita de todos los transeúntes que se detenían observando la pelea.

Iki logra arrebatarle a un desfallecido Shun de los brazos al Cisne. Al tener el frágil cuerpo de su hermano menor en brazos, sintió por la piel al descubierto correr el cálido líquido de la sangre del cuerpo que se enfriaba rápidamente así como su cosmos se apagaba, el discípulo de Dohko, se acercó a él, para revisar el mismo, el daño. ¡Desgraciado Hyoga! Siseó su furia manaba por todos los poros de su piel en forma de potentes llamas doradas, sus ojos acerados aterrados rogaban a Shiryu, por su dictamen, el Dragón negó con su cabeza.

¡Imbécil será tu culpa si muere! Refutó el cisne tratando de ponerse en pie. El rostro demacrado de Shun, enfurecía más a su hermano mayor, Shiryu con cuidado alzó la camisa pegada a la herida, y reconoció el tipo de lesión y los puntos guiando su vista al atacante de Andrómeda este asintió : es una operación quirúrgica, se dijo. Sus ojos denotaban su furia. Hyoga, hastiado, se puso en pie, bueno que no se me acuse de que no intente salvarlo. ¡Haz lo que desees, Fénix! Si te interesa, a él lo atendieron en esa clínica que se ve allá. La verdad me quitas un peso de encima, expresó sonriendo. Iki, rogaban Pegaso y el Dragón, tratando de hacerlo entrar en razón, pero Fénix depositó en los brazos de su querido Dragón y su otro amor, en un abrir y cerrar de ojos le estaba interrumpiendo la huida al Cisne. ¡Maldito, tú de aquí no te mueves! Shiryu, Seiya llévense a mi hermano a ese lugar, luego les alcanzó. ¿Iki? Trato Pegaso de evitar el enfrentamiento, pero solo gano la indiferencia de parte de los ojos del mayor de ellos.

El cuerpo de Shun se empezaba a estremecer ante la pérdida de sangre, Shiryu sin volverse atrás. Escuchó murmurar al más joven del grupo en febril delirio ¡Alondra! ¿Alondra? ¿Quién es Alondra? ¡Por todos los dioses, Shun! Esa herida se me supone que es la herida de una cesárea y es reciente de eso no tengo duda, acaso es el nombre de tu hija. El Dragón se desplazaba como si la vida se le fuera en ello, le preocupaba en demasía la hemorragia, la misma también empapaba la zona entre sus piernas. Al llegar a la clínica, se topó de frente con un joven doctor, el médico al ver a su cuñado en sus brazos le reconoció de inmediato. ¿Pero que demonios, pasó? Por aquí, haciéndose paso entre las personas corrió por los pasillos llevándolo a la sala de emergencia. ¿Que le pasó a Shun Haissan?

Sufrió un asalto, determinó Shiryu sin ahondar mucho en el tema. Doctor ¿Entonces conoce a mi cuñado? El doctor asintió sin comprender, pero no quiso averiguar, le preocupaba sobremanera el estado de su paciente. Cuando colocaron a Andrómeda en la camilla, le quitaron sus ropajes ¡Por Hécate! ¡Preparen el quirófano! Llamen a mis ayudantes. Shiryu los vio correr por el pasillo, observo sus ropajes negros manchados con la sangre de su amigo.

Sus piernas flaquearon, su cuerpo apoyado en unas de las paredes del hospital sin poder quitar la vista de sus manos manchadas de sangre, se fue resbalando hasta quedar sentado en el suelo con sus manos el rostro. ¡Iki! Si tenía dudas que esa operación era una cesárea, ahora lo he confirmado sin vacilaciones. Mi amor ¿Que vas a hacer? A todo esto ¿Dónde esta el bebé? El corazón de Shiryu brincó en su pecho pensó que se le saldría, por todos los dioses, Hyoga, no que no le hayas hecho daño al niño.

Los altavoces del hospital, le sacaron de sus cavilaciones, un grupo de médicos, pasaron en tropel frente a sus ojos, se dirigían hacia el salón dónde se habían llevado a Andrómeda. Aspiró todo el aire que pudo en sus pulmones soltándolo muy despacio, sacó su celular de sus ropas y marcó el número de Saori. Le encontramos, le dijo con su voz cansada, y casi en un susurro, estamos en la Clínica Santa Catalina, cerró la comunicación inmediatamente. Dejó caer su mano por inercia, la situación le causaba nauseas.

Pegaso trató de interponerse entre el Cisne y el Fénix, pero Iki, utilizó su mejor golpe impactando en el cuerpo de Seiya sacándolo del frente suyo sin perder tiempo en un rápido movimiento se le fue encima a Hyoga, en una serie de golpes, que no le dieron oportunidad de defenderse, las personas a su alrededor, gritaba horrorizadas de la carnicería que se estaba viviendo, en segundos bajo los puños del fénix, el rostro de Hyoga se desfiguraba por los golpes, la furia de Iki se desbordaba también en un descontrolado llanto, que manaba de sus zafiros.

¡Perdóname Iki! Se repetía en su mente, el cisne, jugué con los dos, fue mi inseguridad, y celosos lo que me hicieron atacarlo, se repetía en su mente. Pero sus labios solo emanaban risas histéricas, y su orgullo hablaba, eso le pasa a la ramera de tu hermano, por dejarme. Ambos son unos ofrecidos, le logró pronunciar entrecortado, mientras que los hielos le miraran llenos de repulsión, pero en su mente le rogaba: Vamos Iki, acaba con mi sufrimiento y soledad, yo no puedo tener nada bueno, siempre he ocasionado sufrimiento, a todos los que me rodean, Shun no puedo olvidar los ojos que me enseñaste en ese momento. ¡Por los dioses! Fueron de alegría, y de amor, fue amor en esa centella de tiempo, antes que mi ataque te impactará, no merezco vivir, si tú no lo haces Shun. Cerró sus ojos en el segundo que Iki preparaba el mejor de su ataque con el que arrancaba el corazón de sus oponentes. ¡Oh bálsamo! ¡Sácame el dolor de mi pecho, Fénix!

Ni siquiera habían utilizado sus cosmos, era la descomunal fuerza de sus puños lo que le estaba acabando. Pero de esos zafiros acerados del Fénix reflejaban las voluptuosas llamas de su alma, el dolor de encontrar a su hermano en ese estado lamentable. Esa mirada de cuando se encontraron de nuevo en el Torneo Galáctico cuando estaba dolido por la muerte de Esmeralda. Hyoga cerró sus párpados para escapar de su mirada.

¡Iki! El gritó desgarrador de una voz desconocida, en su furia le hizo detenerse, a pocos centímetros del corazón de Hyoga. ¡No lo hagas, por tu hermano! ¡No lo hagas, no mates al padre de tu sobrina! Sentado sobre sus piernas buscó al dueño de aquella voz tan parecida a la de su hermano y la encontró en un deportivo blanco, con la puerta del chofer abierta, de pie junto a ella, le reconoció, se encontraba Michael Sullivan. ¿Michael? Siseó su nombre. Volvió a ver al causante de las heridas de su amado niño. Entonces las palabras de Michael entraron en su mente: “El padre de tu sobrina” como quemándose su piel con solo tocarlo, le suelta, poniéndose en pie, dirige su mirada a Michael, observándole, el joven intuye que no le cree, y abre la puerta trasera de su automóvil, enseñándole en el asiento trasero, a la pequeña Alondra, Iki, se acercó como un autómata, Seiya se apoyó en su hombro, curioso. Dirigió su mirada a Hyoga: Pensé en matarte, pero ahí acabaría tu sufrimiento, muchas veces el mejor castigo es el seguir vivo. Cisne, eso lo sé yo, el dolor de saber que has perdido lo que más amas. Porque tenlo por seguro, no te volverás a acercar a mi hermano, ni a su hija, mientras yo tenga vida.

La mano de Iki, tembló en el momento que trató de acariciar a su sobrina, pero sus manos estaban cubiertas con la sangre de su progenitor, esa niña era el vivo retrato de su hermano, su cosmos manaba de ella, le sonrió dulcemente, con lágrimas en los ojos, empujando a Pegaso se incorporó dándole la espalda al joven, con su mirada fulminó al Cisne, pero el mismo Seiya no se atrevió a tocarle más. Michael, percibió completamente el dolor, en el hombre frente a él, reconoció mucho de la actitud de Shun y sonrió tristemente, le tomó del brazo en el momento que iba a partir, ven conmigo, por favor, le abrazó recostándolo en su hombro, al sentir su vientre hinchado el mayor trató de apartarse para no incomodarlo.

¡Oh, Iki! Tu hermano y esta pequeñita te necesitan. Le susurró al oído, acompáñame debes conocer la razón por la cual tu hermano desapareció aquel día, sosteniendo con sus manos el rostro moreno del mayor. Besando su frente: ¡Por favor, Fénix! Entra en el auto, no te lamentes sobre la leche derramada, ahora hay que seguir adelante. El mayor de los hermanos Haissan ingresó en el auto, como ido, Michael le sentó en la parte trasera del auto, para evitar su partida, le situó al lado de la niña, Seiya no perdió oportunidad, pensó en acompañarlos, ubicándose en el asiento del pasajero.

Dejaron a Hyoga sentado en el pavimento, ante la mirada atónita de todos. ¡Maldito Fénix! Aulló presa de la desesperación, golpeando parte del cemento, destrozándolo se incorporó, tambaleándose. Eso lo veremos, perdiste la oportunidad de apartarme de la vida de tu hermano, ahora nunca se podrán separar de mi, esa mocosa es de mi sangre, como lo dijo Michael, ella me servirá para atraerlo de nuevo a mi lado. El Fénix volvió su vista hacia atrás en el momento que Hyoga, se enrumbó hacia la clínica. ¡Ese desgraciado! Detén el auto, Michael. Le daré alcance.

¡Tú te quedas aquí! Dictaminó con firmeza. Ya corrió mucha sangre hoy, por culpa de los celos y la lujuria, Hyoga le disparó su poder a mi esposo, Cisne se enteró de la niña y pensó que era de Jonathan, pero Shun se interpuso recibiendo el poder del cisne en su cuerpo debilitado, tu hermano sabía que tarde o temprano, sería llamado al campo de batalla, pero jamás pensó que sería herido por la persona que significó su mundo. Iki gruñó, acariciando suavemente con su dedo el pie de la pequeña que salía de la cobijita. Seiya le veía por el retrovisor. La voz de Mike se le hacía lejana, se perdía en su cerebro, recordando los sucesos del pasado. “La persona que significó su mundo” Hermano, tú siempre has esperado lo mejor de los demás, callas y esperas, tu mundo a caído a tus pies ¿Cuántas veces? Primero mi traición, te hice pagar la muerte de Esmeralda, de esa traición tienes una horrible cicatriz en tu hombro, de nuevo, en el Inframundo fue mi puño el que casi extermina tu corazón. ¿Mike, por qué se fue?

Mike, le vio por el retrovisor sus ojos celestes le miraron con compasión sabía que lo que iba a decir le haría sentirse más culpable, pero los zafiros acerados le exigían la verdad, suspiró. Sosteniendo su mirada: ¿Tengo que decirlo, Iki? Hyoga te gritó en la cara la razón de la desaparición de tu hermano. Lamento ser tan duro Iki, él te dejó el campo libre para que fueras feliz, es lo único que te puedo decir, sus manos giraron el volante, para guiar el carro para el parqueo de la clínica. Seiya solo atinó a cruzar mirada con su ex compañero de universidad. Como si fuera ayer rememoró, Mike, cerrando sus ojos en el momento que estacionaba el auto, en un espacio libre. Vaya y yo que pensé que no pasaría otra noche en este hospital, Shun. Se dijo. ¡Oh, Shun! Ellos te encontraron cuando te pedí que fueras conmigo no tuve idea que esto sucediera. Su mente divagó en el día de la excursión de la Universidad, hace unos meses atrás

Respirando en la paz de aquella montaña, rodeado de extensas vegetaciones, con el ruido del viento azotando sus oídos, la niebla traía pequeñas gotas de rocío, el mismo que bañaban su rostro y sus cabellos que se confundían con el verdor de los árboles, suspiró al momento de resguardar sus manos dentro de su jacket. Aquella excursión con su grupo de Universidad, le había ayudado mucho, a distraerse. Oye Shun, no pensarás, en suicidarte, allí. Mira que después, no nos obligaras a buscarte en ese precipicio. Aquel joven se volvió y con una sonrisa de desdeño. Eso quisieras David, pero lo siento no soy tan estúpido, para hacerlo.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:29 pm

No lo molestes, no está de humor, para tus bromas pesadas, le expresó otro muchacho que se acercó a ellos. Shun alzó su vista hacia el joven de ojos celestes que acababa de llegar, sonriéndole dulcemente. ¡Michael! El joven se acercó a él, alzando su mano acarició su mejilla. ¿Te sientes mejor hoy, amigo? Shun confirmó movilizando su cabeza. ¿Cómo te voy a extrañar, cuando te vayas a tu país, amigo? Eres la única persona que realmente me conoce, ni siquiera ellos. El joven de cabellos negros a su lado, le abrazó contra sí. Si quieres puedes venir a mi país, en mi casa tendrás un lugar, lo sabes, en mi estancia en Japón has sido como un hermano para mí. No gustaría dejarte así.

He estado pensando tu proposición desde hace días, más después de lo que pasó, ¿Siempre he sido tan ingenuo? ¡Eh, Michael! Para que todos se burlen en mis narices, sabes esta situación pudo más que yo, que pienso que no es necesario ya ni pelear por ello, si ellos no se dan cuenta de mi cambio. ¡Allá ellos! Pienso seguir tu consejo, iré a buscar nuevos horizontes, que conozcan que yo no estaré siempre de paño de lágrimas de nadie. Más cuando solo sus problemas les importan. Aprisionando fuertemente sus manos sobre sus rodillas, bajó su mirada. ¿Cómo fui tan estúpido para creerle a ese imbécil? Y peor aún, ellos no saben que los descubrí. El está enfermo, muy enfermo al pensar que podía jugar conmigo. Michael, le escuchaba en silencio conocedor de todo el problema No se diga más, Shun, no te atormentes, no ahora, ven conmigo. Andrómeda le sonrió dulcemente asintiendo, aspiró todo el aire que sus pulmones podían soportar. Nunca sería tan tonto como quitarme vida, y menos por un desamor. Vamos Mike, el clima está tan melancólico como yo.

Mike, suspiró al cerrar las puertas de su carro con su alarma, Seiya había tomado a Alondra entre sus brazos y ahora estaba haciéndole graciosas muecas, su tío no se atrevía a tocarla ni siquiera, permanecía callado y apoyado en el carro, aún como en un colapso nervioso. El rostro moreno del Fénix, se veía contraído, sus ojos, no determinaban nada más que sus recuerdos pasados. La mano de Mike, posada en su mejilla le sacó de sus cavilaciones, sus ojos determinaron en esos dos pedazos de cielo, cálidos y sinceros. Soltando todo el aire de su pulmón se calmó así mismo. Espérenme aquí, un momento, les expresó con voz cansada, y tú Pegaso deja de hacer tonterías a mi sobrina, que la pobre se va a asustar de tu cara tan fea, En paso ágil acortó la distancia con los servicios sanitarios de los hombres.

Mike con el bolso de Alondra en su hombro, perdía su vista en la bebé en los brazos de Seiya, cuando una limosina, estacionó al lado de su vehículo, de ella salía un hombre calvo de mal aspecto que de inmediato reconoció como Tasumi, el cual con toda solemnidad, le abría la portezuela a la cabeza de la Fundación Kido, la misma Saori Kido, en persona, caminaba hacia el caballero del Pegaso. Cerró sus ojos, la tormenta comenzaba, ahora necesitaría de toda su astucia. Acortando la distancia entre ellos, hizo una reverencia a la joven. Seiya, si me permites, debo llevar a Alondra, con su papá. Tomándola de sus brazos, la cargó contra su pecho.

Eres Michael Sullivan, ¿Verdad? Sí, es mi apellido de soltero, ahora soy Braxton. La de ojos de lechuza fijó sus milenarios ojos en su vientre abultado, esa niña es Kido, es la hija de Shun e Hyoga, ¿No es cierto? Es la hija de Shun, solamente, la voz de Michael era desafiante. Apartando a la pequeña de la mano de la diosa, en el momento que intentaba tocarla, ella es una Haissan. No es Kido, no tienes poder sobre ella. El instante que Tasumi, intentaba golpear al joven, le detuvo el firme agarré de Iki. No te atrevas a tocarle ni un cabello. Mike, vamos. Asiéndolo del hombro, se dejo conducir por el joven, no tengo derecho a alzar a mi sobrina hasta que haya hablado con mi hermano, y Shun me conceda su perdón. Pero debes saber que jamás permitiré que la voluntad de mi niño, sea ignorada. Los tres que quedaron a sus espaldas les vieron partir. Encargarte de avisar a mis abogados, esa niña irá con nosotros a la Fundación.

Shiryu, se sentía como en un mal sueño, todo había pasado tan rápido como unos días antes de que Andrómeda se fuera de la mansión, sin explicación. Ese día se encontraba en el jardín, en su meditación diaria haciéndose uno con la naturaleza, sus respiraciones eran acompasadas, podía escuchar el trinar de las aves, y los follajes de las arboledas de le dan sombra mecidos por el viento, toda su alma era más receptiva que de costumbre. A sus sentidos le llegó el encuentro de dos cosmos conocidos, dos presencias que no debían entrelazarse, uno de ellos deseado por él desde hacia años ¡Iki! Trato que la situación no le dañará, él no tenía dueño, se dijo, pero sus lágrimas no entendieron lo que su sabio cerebro trataba de decirle, las mismas rodaron por faz, hasta caer en su pecho desnudo, la brisa jugó con sus cabellos de ébano. Su desolada figura fue rota en el momento que el ronco sonido de la Harley Davidson negra de Andrómeda, se estacionó al lado de él.

¿Shun? Su voz apenas salió de sus labios como un susurro. Gomen nazai, Shiryu, haciendo una reverencia, se me olvidó algo importante, vaya estoy muy distraído, últimamente, le expresó con su alegre voz, al momento que corría por el jardín hacia la entrada trasera de la mansión para acortar camino. Johnny y Mike, me van a matar, voy tarde, para la presentación del proyecto.

Al Dragón se le congeló todo ante la efusividad de su compañero de armas, su cerebro se mareó en instantes, cuando su mente reaccionó: ¡Shun, regresó! ¡Por Atenea! Se puso en pie igual de apresurado. ¡Oh, dioses! Debía evitar la tragedia, corrió sin tardanza igual de rápido, en fracciones de segundos se encontraba en las media escalinata, Andrómeda pasó a su lado como una ráfaga en esos instantes sus ojos grisáceos se toparon con esas esmeraldas, se le veían calmas, pero no cruzaron palabras, se detuvo en la escalera. Le siguió con la vista hasta que salió de la mansión chillando las llantas de su motocicleta. Terminó de subir las gradas para dirigirse a su habitación al pasar frente a la de Iki, vio su puerta entreabierta, por ella se podía observar claramente al Cisne entre las piernas del hermano mayor de Andrómeda. El Dragón sintió que su estómago se revolvía, el sabor amargo de la bilis invadió su garganta, sintió un gran dolor en su pecho, la pena invadió su alma. Si el pudo ver esto, Shun también. Y fue cuando Hyoga vio la puerta abierta al recuperar el aliento se incorporó del lecho y ante la mirada atónita de Shiryu la azotó prácticamente en sus narices.

Movió su cabeza negándose ante la situación. Se desplazó a su cuarto cerrando la puerta tras de sí, cayó sentado contra ella y con su mano acalló sus propios sollozos, sus lágrimas brotaban incontenibles, en su desesperación golpeaba su cabeza contra la puerta. Y todo su cuerpo convulsionaba ante la ruptura de sus ilusiones, así como el Cisne disfrutaba de su más grande anhelo. Sintió perder su propio autocontrol y desplegar su técnica prohibida, allí mismo. Vamos Shiryu, No puedes dar este espectáculo, casi a arrastras se fue a la ducha porque sus piernas no le obedecían, sentando en los fríos azulejos, su mano se deslizó por el grifo y el agua fría bañó su cuerpo caliente ante el desahogo de su alma herida, y se imagino estar bajo el furioso torrente de Rozan. El alumno del gran Dohko, no sería humillado, este mismo día se lavaría de sus ilusiones rotas y se irían por el desagüe. Su cuerpo temblaba entre llantos amargos, hasta que se fue relajando poco a poco, ya todo había terminado, su alma por fin se limpió, recogió lo poco de dignidad que le quedaba, se quitó sus ropas húmedas, buscó entre el armario y encontró su buzo negro se lo colocó y se arrojó sobre él lecho completamente agotado.

Shun aquel día yo saqué mi pena, ahora lo comprendo, tus ojos se mancillaron peor que los míos, los tuyos percibieron nuevamente la traición, fue una pretensión mía creer que no lo hiciste, ni siquiera me determinaste cuando nos cruzamos, no noté que el brillo de tus ojos se había esfumado completamente, ese día. Tú rostro tan pálido como un espectro, la sonrisa de tus labios se apagó, tu mirada en ese instante era tan distinta a lo que eras, tu rostro maduró en segundos. ¡Por los dioses! Como te costó recibir Hyoga en tu habitación esa noche, aún hablarle como si nada hubiera pasado, dedicarle a los dos tus sonrisas. Las manos de Dragón cubrieron su rostro, ante el espanto de reconocer la verdad. Juró hermano que yo jamás hubiera podido tener esa determinación, será el orgullo del dios que aloja tu corazón. Yo no pude ver tu dolor oculto, por relamer mis propias heridas. Por ello te pediré disculpas. El sonido de unos pasos que se detuvieron al lado de él le hizo deslizar sus manos lentamente de su rostro, entre sus dedos sus pupilas se toparon con la fisonomía del causante de esta desgracia.

Aún tienes la desfachatez de aparecerte, le siseo, poniéndose en pie, impulsándose apoyado en sus manos, para hacerle frente ¿Dónde está Iki? Aquí estoy, se perdió en los brazos del mayor, el llanto del bebé en los brazos de Michael, le hicieron dirigir sus ojos grises en el pequeño bulto que el amigo de Shun cargaba amorosamente. ¿Mike, es el bebé de Shun? Sí, es nuestra sobrina, amor. El Dragón se acercó: una niña, expresó con gran dulzura, al acariciar suavemente con sus dedos el rostro de Alondra. Deberías lavarte, estás sucio, para tocar a mi hija. La mirada de hielo de Hyoga se cruzó con unas llamaradas azules llenas de furor. Shiryu, es él único que puede tocar a mi sobrina, sus manos son más pulcras que las tuyas. Las tuyas que están inmundas nunca tocarán a este ángel, ese será tu castigo, vivir sin poder disfrutar de ella.

Hyoga curvó sus labios en una sonrisa irónica, pero que dices, si tú fuiste el que gemía debajo de mí ¿Cuantas veces? ¿Quieres saber Shiryu? Aunque en realidad, nunca te comparaste a Andrómeda, pero fuiste una buena diversión. Fénix, iba en ese momento a fulminarlo sin importar nada. Pero fue la sonrisa calmada de Shiryu, que colocó su mano enfrente de él que le detuvo. Hyoga, el día que sucedió todo, Shun se enteró, eso lo comprendí hoy, Andrómeda volvió ese día. Al ver la reacción de Mike, estuvo al corriente que sus suposiciones fueron verdad. ¡Por cierto te digo! Shun, tiene la sangre tan fría como la tuya, me sorprendí en este momento de pensar, como se tragó sus propias bilis para sonreírte, para tratarte igual que antes, como si nada hubiera ocurrido hasta el día que se fue de nuestro lado, todos fuimos unos traidores, ninguno se dio cuenta de lo que sucedía. Crees que te recibirá con los brazos abiertos. Si algo heredó Shun, de mi esposo, fue su orgullo.

Las palabras de Shiryu acrecentaron la herida en el corazón de su pareja, al chocar sus ojos con los de su amado cerró sus párpados lentamente en confirmación. En eso tiene razón Shiryu, ésta niña, es una Haissan, y su custodio legal viene en camino, Hyoga has perdido los derechos sobre ésta pequeña. Si Shun muriera, no pudo continuar un nudo se le formó en sus cuerdas vocales.

Se empezó a sentir mal, indicándole al Dragón con un leve movimiento de sus brazos, que tomara a Alondra entre los suyos, se apoyó en la pared, mareado, Iki, al ver la palidez de su rostro, le tomó en sus brazos. Mike se abrazó a su cuello. No puedo pensar que pueda morir, no ahora, Shun ama la vida. Murmuró entre sollozos contra el cuello del hermano mayor de su querido amigo. Iki se sentó con él en una de las salas aledañas después de solicitar ayuda, a unas de las enfermeras que le revisaba y le traía un poco de agua, Iki trataba de calmarlo, hablándole a su oído, Shiryu con Alondra en sus brazos, la alimentaba con un biberón. Al frente de ellos, Saori y Seiya en silencio les miraban. Un joven de cabellos castaños ataviado con un elegante traje entero negro, y un portafolio del mismo color, se acercó a ellos: Señor Braxton. Mike le reconoció de inmediato, Steven Roebe.

El par de pedazos de cielo desolados de Mike se posaron en rostro blanquecino, del asesor legal de las empresas. He traído, el papeleo necesario, e informado a las autoridades, señor Braxton, su esposo se ha encargado de informarle a la señorita Haissan, ella se hará cargo de todos los asuntos del señor Haissan, aquí tengo los papeles de Alondra Haissan. Este es el testamento de Shun Haissan. Le entregó una carpeta negra en su mano temblorosa. ¡Oh, oji! Todo lo tenías arreglado para una ocasión como está.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:31 pm

Hasta que la señorita Haissan, ingrese al país, la custodia legal está en sus manos, explicó. Señorita Kido, sé que sus abogados, están tras la custodia de la niña Haissan, pero yo soy el abogado del señor Haissan y jamás he perdido un caso, por eso él me escogió, soy la persona indicada apenas para trabajar al ritmo un genio empresarial como él. Tengo orden judicial para que usted y el joven Hyoga Kido, no pueda acercarse a dos kilómetros de mis clientes. Enseñándoles el papel, unos agentes judiciales encubiertos se les aproximaron, tomando del brazo a Saori, la hicieron ponerse en pie. Señorita Kido, nos podría mostrar dónde se encuentra el joven Hyoga Kido, deberá indicarle que abandoné el hospital de manera pacífica. Comprendo, su voz sonaba calmada, Iki, Shiryu lo que necesiten para Shun avísenme yo se los otorgaré de inmediato.

Pero Saori… Mike, Atenea no tiene la culpa, ella estima mucho a Shun, te lo ruego. Fueron disposiciones de Shun, él le indicó todo a Steven, lo lamento Seiya. Sus ojos se toparon con los de la diosa, Atenea le asintió con elegancia. Seiya me haría el favor de ayudarme con Hyoga, asiéndolo del brazo, ambos salieron de la sala de espera. Cruzándose con un cirujano, que se dirigía al recinto, ambos se detuvieron en la entrada por unos instantes, para luego continuar su camino.

Los agentes los siguieron hasta el pasillo, allí entre la sala de Cirugía y el pasadizo se encontraba, apoyado en una de las paredes con sus brazos cruzados y sus párpados bajos. Atenea examinó su alma, suspiró al determinar sus sentimientos, se acercó a su caballero, la diosa pudo leer en su mente, todas sus emociones, apoyando su mano en su hombro, se alzó de puntillas para besarle la mejilla: ¡Mi querido Hyoga! Lo lamento pero no podemos permanecer en este lugar, el abogado de Shun, ha conseguido una orden de restricción contra nosotros dos, no podemos quedarnos más aquí, si no estaremos faltando a las leyes.


Hyoga la miró sin comprender mucho: ¿Una orden de restricción? Sus dos diamantes se posaron desesperados en su diosa. Ella le acarició suavemente, su mejilla, su voz salió suavemente de sus labios como una madre explica a su hijo con cariño: Andrómeda, no deseaba verte nunca más, Hyoga. Han inscripto a la niña como hija natural de Shun, y su albacea es Pandora Haissan, ella viene de camino, la lucha legal será dura, pero debemos determinar que tú eres su padre biológico antes que nada. Pero este es momento de retirarnos sin hacer nada estúpido. Ella le tomó del brazo suavemente jalándolo consigo. Además quiero curarte de estas heridas, su dedo pasó mansamente por uno de los cardenales en su tez. ¿Éstos son los golpes de Fénix? El cisne asintió.

No lo culpo, mi querido Cisne, tú te lo buscaste. Pero aún creo en tu noble corazón. Seiya les seguía de cerca en silencio guardaba todas las palabras del coloquio entre la diosa y uno de sus caballeros divinos, Atenea recostó su cabeza en el hombro de Hyoga. Hasta que llegaron al parqueo, el guerrero de los hielos eternos abrió la puerta y Atenea se deslizó suavemente en el asiento seguida de los dos guerreros, los agentes les acompañaron hasta la distancia determinada en la orden judicial.

¡Josué! Al verlo Mike se incorporó corriendo hacia él agarró fuertemente sus dos manos, con ansia en su mirada, le rogaba. ¡Cálmate! Logramos parar la hemorragia a tiempo. ¿Su hermana no ha llegado? No, su voz sonaba entrecortada por su nerviosismo. Pero su hermano mayor está aquí. Señalando a Iki, este se puso en pie al lado de Mike, con el corazón desbocado. ¡Josué, por favor! No me ocultes nada, cual es tu reporte. Los ojos castaños de Brealey determinaron a Fénix de arriba abajo, pero Shun no me dijo que tuviera más hermanos. La mirada penetrante de Iki, declinó clavándose en el suelo. Bueno Shun, esta estable, ahora esta en la sala de recuperación apenas despierte le enviaremos a su habitación. Shun sobrevivirá, pero él no podrá concebir, nunca más. Mike tuve… No digas más Josué, ya has dicho todo. Brealey asintió. Les pasaré a la habitación, es la misma de la vez pasada. Mike, quisiera revisarte no te veo bien. Esta noche no te quedarás aquí como tu médico te ordeno irte a tu casa a descansar, Shun dormirá hasta mañana le tendremos sedado. ¿Pero Alondra? No la puedo apartar de su papá.

Doctor Brealey, nosotros dos nos quedaremos, con mi hermano y la niña, manifestó Iki. Mike, te agradezco todo el cuidado, para mi Shun, el doctor tiene razón debes descansar por el bebé, si te pasará algo mi hermano, no nos lo perdonaría a ninguno. Trató de negar pero Iki, le asió los hombros, no acepto un no, por respuesta anda descansa bien. Me puede hacer el favor de atenderlo doctor Brealey. El obstetra le guío hacia los consultorios, no sin antes darle indicaciones a una de las enfermeras, la joven asintió. Ella les guiara a la habitación, les llevarán algo más de leche, para Alondra. Su alimentación será cada tres horas. ¡Gracias, doctor!

Vaya de nuevo respiro, el molesto repicar con el ritmo de su corazón martillaba sus oídos así como el llanto de un niño pequeño. ¡Mi Alondra! Andrómeda forzó sus párpados a separarse, para esas pesadas cortinas que evitaban su vista contemplara de nuevo su realidad, ellos luchaba queriendo evitar ceder a la presión de su voluntad, su garganta seca le evitaba emitir sonidos, era la soñolencia inducida de la anestesia, su cabeza buscó el sollozo de ese pequeñín, con su corazón latiendo fuertemente en su pecho, el aumento del ritmo cardiaco llamó la atención de la enfermera, trató de movilizar sus manos, pero éstas estaba sujetas a la baranda de su camilla. Entreabrió sus esmeraldas, las figuras le eran borrosas, forzó sus pupilas buscando afinar su sentido, un niño de un año lloraba a su lado sentado sobre una pequeña cuna, vestido con una pequeña bata turquesa, trató de volverse, sintió el sabor amargo de sus bilis surcar su esófago, sin poderlo reprimir, las liberó sobre el lecho. ¡Enfermera! Pidió auxilio con su voz entrecortada. ¡Por los dioses! La joven se acercó a su camilla y con una toalla humedecida le limpió lo más que pudo: ¡Hasta su hermoso cabello! Se lamentó la joven angustiada, reposando su mano en su frente, le inquirió: ¿Cómo se siente? ¿Le duele? Bien, apenas logró pronunciar. Le acercó una bandeja metálica a su rostro: son nauseas a causa de la anestesia, pronto pasarán.

¿Mi hija? ¿Dónde ésta mi Alondra? Trató de movilizarse, pero las cintas de tela que sujetaban sus muñecas, se lo impedían. El doctor Brealey lo solicitó, le explicó: No quería que se levantará de improviso como ahora lo esta haciendo. Su niña está en la habitación con el señor Braxton le calmó, espere, no se altere, puede ser perjudicial. Llamaré a su médico.

Sus esmeraldas se entrecerraron perdidas en un punto fijo en el blanco techo del hospital. Ahora todo comienza, Hyoga, te di la oportunidad de vivir en paz, no respetaste mi distancia, era mejor vivir en la ignorancia. Ahora es demasiado tarde, verás de lo que soy capaz de hacer por Alondra, mi amor es supremo por ella, y no la expondré a ti. La cálida mano, de Josué posada en su mejilla le despertó de sus cavilaciones ¿Shun? Le susurró suavemente, esas esmeraldas frías le determinaron y una sonrisa inexplicable cruzo su rostro. Doctor, parece que mi reino no quiere recibir. Josué no entendió, pero asintió sonriéndole dulcemente. Nos tenías muy preocupados, sus ojos denotan tristeza, no tenía valor, para darle la noticia, esperaría el momento oportuno, por lo menos tiene Alondra, pensó vaciando su pulmón en alivio.

El caballero del Fénix abrazó al Dragón, su pequeña sobrina dormía apoyada contra el firme pecho de su amado. La joven les indicó la habitación, en un rato le traerán estará dormido, le tendremos así hasta mañana. Ahora solo queda esperar. Iki no le contestó nada, Shiryu, le buscó con su vista, su amado se encontraba apoyado contra el borde la ventana con su mirada abandonada en el firmamento, soltó todo el aire de sus pulmones suavemente y se sentó en el lecho a la par de la cuna de Alondra, jugando con sus cabellos esmeralda, era de la misma textura que él de su papá, su piel de un hermoso color marfil, sus mejillas sonrosadas, su olor era exquisito. La suave respiración de la pequeña lo relajó. Iki, ven no seas testarudo, la mano del Dragón le indicaba un lugar al lado suyo. Al fin le hemos encontrado. ¡Shiryu! Sus palabras fueron casi como un susurro, no entiendo como fue que caí en sus garras. Yo sabía de lo de él y mi hermano, no tengo excusa.

Amor no te culpes más, lo que pasó ese día no se puede remediar. Fénix frunció su ceño: Te hice sufrir a ti, a mi hermano, y me falte el respeto a mi mismo. Los ojos de su querido novio se fijaron en él, no logrando encontrar las palabras adecuadas, no las había. Poniéndose en pie, camino hacia su cuerpo buscando el refugio de su pecho, con su mano tomó el rostro moreno de su pareja, uniendo sus labios en un cálido beso. Ahora eres mío, Iki, yo he borrado de tu cuerpo cualquier rastro que haya dejado Hyoga. Lo importante es que ahora estamos juntos, que hemos encontrado a Shun, su voz penetraba por sus sentidos, el cálido aliento del Dragón acariciaba su oreja, sus dedos grababan cada musculatura de su espalda morena, sin importar que le separaban de su ardorosa piel, el tejido de su camisa. Los párpados de Iki se cerraron suavemente, como hechizado, todo su cuerpo reaccionaba ante el dulce trato, el aire de sus pulmones se escapó delicadamente, sus brazos rodearon la cintura de Shiryu, ocultó su rostro en una aromáticas cascadas de ébano, comprobó la suavidad de su piel con sus labios, su nariz acarició la extensión de mármol ante él, hasta que sus labios encontraron el lóbulo de su oreja, capturándolo entre sus labios, bajo sus manos sintió la vibración de su pareja. Yo no podría vivir sin ti, amor. Es la paz de tu alma la que me conquistó, esa voluntad férrea, inamovible, sin poder negar que seas igualmente suave, dulce, amoroso. Sin embargo nunca me perdonaré el haberte ofendido ese día.

No lo hiciste, no éramos nada en ese momento. Lo que no fue en mi año no fue en mi daño, dicen. Estabas necesitado de amor, Andrómeda te lo brindaba, con delicadeza le alzó el rostro, para le mirará directamente a sus ojos. Hyoga te ofreció pasión, su voz siseo: Iki mírame a los ojos, no te estoy recriminando, tomándole de la barbilla, capturó su boca en un nuevo beso, entre cada roce, sus palabras manaban como queriendo transmitirlas a su alma como un bálsamo. Le ofreció agua al sediento y tú en un desierto de sentimientos, te apegaste a su oasis. Bebiste de su agua que era amarga y sucia, te contaminó con su veneno.

¡Pobre Hyoga! No pudo discernir el alma blanca de Andrómeda, no pudo con ello y buscó lo que más se le asemejaba, le atrajo tu espíritu atormentado, tan parecido al suyo, pero no determinó que su vida, era tu hermano. Ese día, amor, te lo diré porque no pienso ocultarte nunca la verdad, Shun les vio y la herida de su alma fue tan grande que juzgó que no valía la pena ni siquiera reclamar, bebió del veneno de la traición sin temblar. ¡Por los dioses! Se estremeció ocultando su rostro en el pecho de Iki, les sonría como si nada hubiese pasado. En esas tinieblas recibió en su lecho al Cisne. Yo no hubiera tenido ese valor, pero todo lo hizo para alejarse de los dos, ahora recuerdo su mirada era más penetrante cuando les hablaba, sus ojos indagaban en su alma, yo estudiaba su proceder, a mi me engaño, creí que no se había dado cuenta de nada.

Pero el día que se fue, tus dudas desaparecieron, Shiryu- san, la voz melodiosa de Mike les interrumpió. El Dragón asintió. Me quedaré aquí, Johnny vendrá por mí, no quiere que conduzca en esta condición, les expresó cansadamente, acariciando su vientre de seis meses, suspirando continúo: deseo verlo antes de irme, le informaron a Josué que ya despertó, en cualquier momento le traerán. Iki en los brazos de Shiryu tembló, ansioso de verse en esas esmeraldas amadas, para pedirles perdón. ¿Pero el perdón llegaría de sus labios? La mano de su Dragón se posó en su cabeza, atrayéndolo a sus labios besó su frente.

No sé mucho desde el momento de nuestra partida, pero por lo que veo los dos son pareja. Sí, el dragón enseñó su alianza en su dedo anular. Michael se sonrió, acariciando suavemente, la mejilla de su ahijada. ¡Vaya, esto si que es curioso! ¡Realmente curioso! Seré un incauto, Iki ¿Por qué? Shun te amaba y respetaba, a Hyoga simplemente lo adoraba, hasta su vida era capaz de dar por él. ¿Por qué? Su grito desesperado sobresaltó a la pequeña, reclamando en un ensordecedor llanto, envuelta en su cosmos.

No hay respuesta, ni motivo Mike, la voz frívola de Shun llegó a sus oídos, los tres presentes se volvieron hacia la puerta con sus sentimientos a flor de piel. Recostado en sobre una gran almohada blanca con su cabello esmeralda recogido en una coleta su bata turquesa, mostraba una mancha cercana a su hombro, Mike acortó la distancia entre los dos abrazándose a su pecho, sollozó su nombre, en desgarradores llantos. Mike, estoy bien. Los dos enfermeros y Josué quiénes trasladaban la camilla, se quedaron estáticos en silencio en respeto al encuentro de los dos amigos, la mano de Andrómeda acarició suavemente los sedosos mechones ébanos, emitió un poco de su cálido cosmos, el cual calmó a su pequeña, ahora no era necesario reprimirse. Los ojos desolados del Fénix se posaron en las esmeraldas que no mostraban ningún sentimiento hacia él. No me vas a saludar hermano, veo que ya conoces a tu sobrina, o es que hay algo que te lo impide. Iki de Fénix. Shiryu, veo que tú también me encontraste. Vienen a saludarme de la misma manera que el Cisne.

Sabes que no me debes comparar con él, hermano, la voz mansa del Dragón, le reprendió suavemente, en un elegante paso acortó la distancia con su cuñado, apartando a Mike, con delicadeza le toma en brazos y le deposita en el lecho. Para después besar su frente. Ambos queremos pedir tu perdón hermano. Tendiéndole la mano, éste la asió tímidamente, y le Dragón le jaló hasta dejarlo apoyado en su pecho y envuelto en sus brazos. Ninguno de los dos tenemos excusa. Andrómeda cerró sus ojos, respirando fuertemente tratando de calmarse. Mike conociendo los sentimientos de su amigo, sale de la habitación, haciendo señas a los demás de que le siguieran.

Calla Dragón Shiryu, no me ofendas, tú también. Tan mal me he dado a conocer, que ninguno es capaz de leer mi alma. Mi amor no tiene límites hacia mi hermano y tal vez ese sea mi mayor error, Ni – san, a pesar de todo he de quererte. ¿Iki, eres feliz? Shun no veas con esos ojos, no son tus ojos. Se movió extendiendo su mano hacia el rostro de su hermano haciendo un mohín de dolor, a causa de su herida, pero Fénix retrocedió ante sus ojos. Que no son mis ojos, dices, claro que lo son. La vida nos hace cambiar, hermano, pero mis sentimientos hacia ti son los mismos.

No te gustan mis ojos, sabes ese día los abrí realmente, los abrí para ver entorno a mi y descubrí que el mundo giraba como siempre a mi alrededor, y que se encuentra en un espacio infinito, que era muy pretencioso de mi parte creer, que en medio de tanto dolor, exista el amor verdadero. Ese lo determiné más allá de lo pasional o carnal, lo hallé en mi pequeña niña, en mis hermanos. Por eso quise que fueras feliz. ¿Lo eres hermano? En estos meses me dediqué a formar un mundo alrededor de mi hija, una empresa solvente, si no que la mejor del continente. Me he encontrado contento, tengo mi vida hecha. Iki asió fuertemente la mano que se le ofrecía.


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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:35 pm

Capítulo 3. El Corazón de Andrómeda


Que seas muy feliz que encuentres amor, mi vida
Que nunca mi amor, te digan adiós, un día
Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,
Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando


El Dragón estudió todas sus reacciones Andrómeda mantenía la dulce expresión de antaño al contemplar la faz de su pequeña, no había querido consolar a su hermano, y en este momento los ignoraba, como si los dos no estuvieran ahí. Alondra se removía buscando acomodarse en sus brazos, y él le sonreía acariciando sus mejillas, pero su mano conectada a una vía le dificultaba el movimiento, un cuentagotas a una bolsa de sangre, a medio vaciar. Iki y Shiryu se miraron entre sí preocupados, sus labios ya no eran capullos de rosas, se veían blanquecinos, con una palidez mortal, debajo de sus hechizadores ojos como dos álgidas esmeraldas, se reflejaban dos sombras negras.

¡Shun! Yo quería aclararte algo, Shiryu no es sólo tu amigo, ahora es tu hermano, asiendo la muñeca de su esposo le enseño el anillo en su dedo anular así como el suyo propio. Sus esmeraldas se clavaron en ese pequeño metal, que brillaba en sus dedos, empezó a sentirse mal, no podía emitir palabra alguna, sin sentir que se ahogaba. La mano de Iki se posó en su cara suavemente, y ésta tembló al sentir su piel gélida al contacto, sus brazos presentaban señas de sufrir escalofríos, a duras penas sostenía a su pequeña niña. Ni –san, apenas pudo pronunciar al fin con un esfuerzo sobrehumano, sus mandíbulas temblaban, al igual que todos los músculos de su cuerpo. ¡Por los dioses! Iki tomó de sus brazos a Alondra.

Shiryu inmediatamente se incorporó para buscar ayuda, al abrir la puerta se encontró con Mike y Josué conversando al ver la premura reflejada en su rostro, ambos ingresaron a la habitación no hubo necesidad de palabras, Josué se precipitó al lecho del joven Haissan, al ver su estado, fijó sus ojos en sus cristalinas pupilas. Shun, escúchame con atención, no quiero que te muevas, no hagas ningún tipo de esfuerzo. Colocando su mano en su frente, la acarició despejando algunos de sus cabellos de ella: “Que salieras con bien de ésta fue un milagro” Movilizó sus labios para pronunciar algo más, pero las palabras murieron en un audible suspiro.

Andrómeda conocía sus gestos, y entrecerró sus ojos, agarrando su brazo, siseo duramente: “No me ocultes nada, que no te lo perdonaré si lo haces” La angustia reflejada en el rostro de Josué, y la cara de sufrimiento de Mike, le dijeron todo, su risa resonó en la habitación. Iki se estremeció le pareció enloquecida, temió por la cordura de su hermano. Shiryu le asió su fría mano, en silencio, con el corazón destrozado. ¡Vaya Josué! ¿Porque no me dices? Lo he comprendido perfectamente, ya me lo habían dicho antes, uno de los doctores de turno, he quedado estéril ¿Es eso lo que no querías decirme? Ves no es tan difícil decirlo.

Shun lo lamento, yo traté, lo juró. Logró balbucear pero sus palabras no querían salir el nudo en su garganta fue enorme. La voz más calmada de Andrómeda llegó a sus oídos: Era una posibilidad, y ahora es una realidad, que le vamos a hacer. Sus esmeraldas se posaron en su hija en brazos de su tío.

Pero porque ponen esas caras de funeral. Iki, así que eres pareja de Shiryu, su mirada se posó en la de su amigo, los ojos se descansaron en la mano que el mayor sostenía, hasta alzarla sus pupilas desoladas, indaga en ellos, recordó ese día. ¡Oh, Dragón! Sé que tú viste lo de ese día. Pero jamás creí que amaras a mi hermano. Y yo le deje el campo libre, pero talvez fue lo mejor que pudo ocurrir, sus pensamientos parecían asomarse por las ventanas de su alma. Suspiró y cerró sus ojos y pudo visualizarse algunos meses atrás en su Harley rastrillando las llantas al estacionar al lado de Shiryu.

Vaya si soy un distraído, no puede ser, que dejará mi USB, con toda la información de la presentación. Aceleró hasta dónde podía su Harley, recorrió el kilómetro, que lo separaba de la mansión, si entraba por las escaleras del servicio perdería menos tiempo, de todas formas usaría todas sus habilidades, rastrilló las llantas al frenar de improviso su moto dio una extraña vuelta levantando un nube de polvo, una parte del pulcro zacate, el cual golpeó en torso desnudo del Dragón que meditaba en ese momento a la sombra de ese nogal. Saltó del asiento ¿Shun? La casi imperceptible voz de Shiryu llegó a su aturdido cerebro. ¡Por dioses, no lo había visto! Se recriminó en su mente y haciendo una reverencia: ¡Gomen nazai, Shiryu!

No se quedo para esperar la respuesta corrió haciendo goce de sus habilidades, por la escalinata y no tardó en ingresar a su habitación buscando el dispositivo, en el puerto del su computador, pero no estaba. ¡No puede ser, yo no me lo llevé! Hizo una rápida revisión de su habitación y recordó que su hermano se lo había solicitado la noche anterior, para pasar a su portátil unas fotografías que él le había sacado. ¡Vaya! Poco después Hyoga llegó, por lo tanto se le olvidó recogerla.

A esta hora Iki, debió irse a la Fundación así que se apresuró a su cuarto, que estaba al frente del suyo, como todo el tiempo hacía, entro como un torbellino. Pero lo que vieron sus ojos lo hicieron pararse en seco, su garganta no podía emitir nada, vio esa fisonomía tan conocida adentrarse en el cuerpo de Iki.

¡Su hermano! Gritó su alma herida de muerte, a su mente vino en cada arremetida de su “novio” en el cuerpo de su pariente más cercano ¡Iki! Las acusaciones de Hagen, el dios guerrero: “El maldito este se metió con mi mujer” Le gritaba señalándolo. Yo de imbécil le defendí, Hyoga esta conmigo, no pudo meterse con tu mujer, dije. ¡Pobre Hagen! Ahora todo le se esclarecía, levantó su mano, sus cosmos se empezaba a reunir en ella.

“Solo a usted le enseñaré esta técnica, maestro” Juré nunca utilizarla, pero se sonrió imaginando como entraría por su piel al descubierto y destrozaba el corazón a los dos. ¿Cuántas veces, Hyoga? Ahora sus ojos le mostraban la verdad de la persona que le juraba que lo amaba. Sus oídos guardaban en su cerebro las palabras que le recitaba en sus encuentros amorosos y los gemidos de su hermano mayor.

Suspiró, sintió asco de los dos. ¡Odio, era lo que sentía! Al sentir a Shiryu aproximarse salió rápidamente de la habitación, sin que notarán su presencia, ni siquiera tomar lo que había estado buscando, en este momento ya no le importaba nada, pero tampoco se rebajaría a mostrarse débil y llorar. “¡Jamás!” Su alma quedó impactada, llena de veneno, destruida bajó rápidamente las escaleras, con su casco en la mano, quería alejarse de ellos, colocando un mundo de distancia, “¡Otra dimensión sería más apetecible!” Con esas cavilaciones se cruzó con Shiryu, su mirada se posó en sus ojos:

¡Les has salvado! Le expresó por medio de sus ojos: “Si no fuera por ti, estarían muertos, que es lo que se merecen.” Pero pensándolo bien, no valen la pena. ¿Me habrá entendido? ¡Que va! Nunca sabrás lo que has evitado querido Dragón.

Se colocó el casco, al subirse a su Harley, arrancó sin tardanza el motor, acelerando los más que pudo antes de soltar el freno y su moto franqueó la distancia con la salida de la mansión en segundos, salió sin rumbo fijo ya no importaba nada.

¡Te felicito, Shiryu! Apretó suavemente la mano del mayor. No pongas esa cara de funeral, que aquí no se ha muerto nadie. Lo que importa es que estoy respirando después de todo, aunque sea conectado a esta bolsa de sangre, que le perteneció a Pandora. ¿Quién sabe cuanta sangre de mi verdadero ADN, corre por mis venas en este momento?

No me importa de quién sea la sangre que corra por tus venas, si permite que te quedes a mi lado, mí querido Andrómeda. Sus ojos se iluminaron, al ver en el marco de la puerta la imponente figura de Alexander Liverman. “Te dije que me esperaras, Alondra no podía nacer sin estar yo presente.”

Paso al lado de Mike besando su frente y apoyándose en el hombro de Josué, se inclinó sobre Shun ante la mirada atónita de Iki y Shiryu asió su barbilla capturando sus labios en un cálido beso. Detrás de él un sonriente Jonathan, le tendía la mano a Mike.

¡Felicidades, por tu niña! Susurró al separarse de sus labios. ¡Ese desgraciado! Le he dado instrucciones a Roebe para que logre su inmediata extradición, pero no es considerado un crimen, un enfrentamiento entre caballeros. Andrómeda asintió: Eso lo sé.

Michael, lamento el susto que pasaron por mi culpa, enunció tomando la mano del joven de pie, su lado, sin dejar de abrazar a Shun. Jonathan no era a ti a quién buscaba era a mí. Se sonrió: yo fui el que me llevé esta belleza de su lado. ¡No digas esas cosas, Alexar! Le reprendió suavemente, acariciando su mejilla y el recién llegado, besó la palma de su mano, con gran afecto.

Poco a poco fue sintiendo una perturbación en el ambiente y denotó la presencia de los otros dos caballeros, los estudió en silencio. Shun suspiró, señalando a Iki, él es mi hermano y su esposo Shiryu, él es Alexander Liverman, la persona con quién vivo.

Los zafiros del Fénix, le asimilaron con desconfianza, él conocía a Mike y a Jonathan pero este otro individuo no tenía ni la más mínima idea de su existencia. Alexander ignoró su actitud. ¡Tú hermano! Se sorprendió de su presencia allí y dos pedazos de cielo estudiaron al Fénix de pies a cabeza, con detenimiento para después sonreírle ofreciendo su mano en saludo. Shiryu no sabía que decir más que observar como su Iki, no se movía, estaba a punto de reventar en su característico genio, fue el quién le tomó la mano a ese joven de cabellera de ébano. Y éste le sonrió alegremente.

Braxton, cuando le den de alta a Shun, irá a nuestro departamento, sé que es pequeño, pero ustedes, refiriéndose a los familiares de Andrómeda, podrán utilizar mi habitación que yo usare el sofá. Pandora tendrá que quedarse en casa de los Braxton. Sacando las llaves del departamento de su bolsillo se las entregó al Dragón, quién analizaba sus actitudes, el joven disponía sobre los asuntos de Shun, y éste le dejaba hacer. En un movimiento de sus ojos grisáceos se encontraron por segundos con los zafiros inescrutables de su marido, que sostenía a su sobrina tratando de no estallar en ese momento.

Shiryu, se atrevió a preguntar lo que su querido Fénix deseaba saber pero no se animaba a hacer para no embarrar la situación, más de lo que ya estaba, permanecía callado tratando de entender la situación: ¿Son pareja? Y fue cuando Alexar se destornilló de risa. El Dragón se sonrojó todo, no entendía que tenía de gracioso su pregunta, hasta que el visitante suspiró: Muy a mi pesar solamente, algo más que amigos, pero sigo en la lucha, indicó guiñándole en un coqueto gesto.

¿Pero viven juntos? Se atrevió a preguntar el Fénix, con su voz temblorosa, Shun asintió: Sí, así es desde hace ocho meses, le explicó con la mayor calma del mundo, en el momento que se recostaba completamente sobre la almohada, fijó su vista en como su hermano movía nerviosamente a su niña, sintió su cosmos elevarse. “Te dije Ni -san, que yo ya tenía mi vida hecha en este país” ¿Yo te he pedido explicaciones de porque te cases con Shiryu? La verdad que no, porque lo único que me importa es que seas feliz, nada más. Entrelazando sus dedos con los del hombre que le abrazaba.

Bueno, si Dragón es parte de tu vida me alegra profundamente, entonces tú gózate con que Alexar, sea parte de la mía aunque de una manera muy peculiar. Iki movió sus labios intentando averiguar más, pero su hermano menor le acalló: si deseas saber si somos amantes, te aclaro que no, hay personas que no piensan solo en el sexo, Fénix y saben respetar a los demás.

“Yo brinqué al precipicio con él, y desde entonces he puesto mi vida en sus manos” En una elegante sonrisa, de parte Liverman, dirigió su mirada al caballero del Ave Iinmortal, sin dejar de jugar con la mano de Andrómeda la cual se encontraba vendada, para evitar que hinchará a causa de la vía, en su vena. Sintió como su mano cada vez estaba más floja, notó como su niño se dormía en medio de la conversación. ¡Shun! Se le veía como un hermoso ángel. Entre Josué y Liverman cambiaron de posición la camilla permitiendo que pudiera descansar en una mejor ubicación.

La verdad no sé si despierte, pero ya le surtieron efecto los calmantes, expresó Brealey. Iki ¿Te puedo llamar así? Deseo hablar con usted, unos momentos. Ahora que se ha dormido, es mejor. Mire, Pandora, hace un mes que estuvo con él de visita vino al hospital, donó parte de su sangre, su hermano tiene un RH difícil de encontrar en este país, por lo que solo su familia puede donarle. Iki asentía y le escucha con su rostro lleno de preocupación.: Si eso lo sé, pero no dé tantos rodeos y dígame que lo me quiere decir. Le inquirió irritado y nervioso.

¡Por favor! Iki, deja que el doctor termine. Le regañó suavemente el alumno de Dohko. Tomando a la pequeña que se había dormido entre sus brazos. El fénix se medio sonrió, más bien parecía una mueca de dolor. Pasando al lado de la pareja Braxton, se acercó a Brealey que comparado con la estatura del caballero divino, se veía más pequeño de lo que realmente era.

El galeno alzó su vista para poderle hablar de frente, el moreno pasó sus dedos por sus brillantes cabellos, haciendo una reverencia de disculpa: ¡Gomen nazai! No estoy en mi mejor momento y suelo ser muy tosco, el ver el estado de mi hermano, me sacó de mis casillas, pero me he desquitado con los que no tienen nada tienen que ver.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:36 pm

Brealey le sonrió en agradecimiento: Bueno deben entender, que Shun pasará por lo menos dos días más aquí, su cuerpo ha respondido de maravilla, por su condición de caballero, pero ha perdido mucha sangre, su hemograma salio bajo, a causa de la fuerte hemorragia. Es posible que necesite más transfusiones, quiero que se haga la prueba a ver si su sangre es compatible lo antes posible, si no tendremos que pedirle al Banco de Sangre que encuentre un donante sin tardanza.

Entonces ¿Qué estamos esperando? ¿A qué sea 30 de febrero? La furia se denotó en su grave voz, la misma dura mirada de Haissan, le dedicaba a los demás, sin duda era característica de su familia, por que los tres hermanos tenían ese gesto, suspiró: ¡Sígame! Fénix, después de dirigirle una fugaz mirada a su esposo, le siguió.

Shiryu, se sentó en el sofá cercano al ventanal, bastante incomodo con la situación con su sobrina en brazos, sus ojos se posaban en cada uno de los presentes en ese cuarto: Ahora que mi esposo se ha ido, deseo conocer lo que realmente pasó, mejor dicho suplico que me cuenten que fue lo que pasó ese día, tengo mis sospechas de lo que mis ojos vieron ese día, los de Shun también. Yo comprendo su dolor, por el mío propio fue muy parecido, mis retinas todavía retienen la imagen de mi esposo en sus brazos, a pesar de que ese día he llorado, yo saqué mi pena vaciando mi alma, pero la de Shun, no se ha liberado, se incorporó meciendo a Alondra: he visto sus ojos llenos de veneno, esa mirada fría la reconozco en su hermano mayor. Calló un momento estudiando sus expresiones, Liverman no le da rostro, mantenía fija la mirada en el rostro demacrado de Andrómeda. Michael se abrazó a su esposo, cerrando sus ojos, al parecer los tres se estremecieron, de tan solo recordar esos últimos días antes de salir de Japón.

No tienes la más mínima idea, de lo que pasó hace ocho meses, Dragón Shiryu. Liverman habló con tono demasiado lúgubre, para su gusto, cuando dije que yo salté al precipicio con él es por que así sucedió literalmente. Cerró sus ojos, acariciando las hebras de brillantes esmeraldas en sus bronceados dedos. Recogió todo el aire que sus pulmones podían soportar para luego soltarlo muy despacio, aún podía sentir la adrenalina recorrer todo su cuerpo y sonido ensordecedor de sus motos.

Como de costumbre, fue el primero en llegar, esperaba sentado cercano al mirador, con su casco entre sus manos y sentado en su moto, el viento jugaba graciosamente con su cabellera, retuvo su respiración: ¡Que suerte! Al fin me ha tocado elaborar un proyecto con él. Estacionó su moto cercana a Andrómeda, mientras se quitaba su casco retuvo en sus retinas, su figura angelical, sus pantalones negros, ajustados a la cadera, una camiseta del mismo color, en su espalda se dibujaba un ave en llamas. Al verlo llegar de inmediato volvió su rostro hacia él, sonriéndole dulcemente.

¡Shun! ¿Hace mucho que estás aquí? No mucho, respondió sosteniendo sus cabellos entre sus dedos, porque el viento los revolvía a su gusto, sin parar. Vaya creo que hemos llegado con mucha anticipación, le expresé colocándome enfrente de él para cubrirle del viento. Pues parece, su voz era tan dulce como imaginé, un refrigerio para el alma.

No puede mantenerle la vista descubriría mis sentimientos hacia él, así que la desvíe a la elegante carrocería de su moto, en su tanque se dibuja unas hermosas cadenas doradas, entre constelaciones. ¡Vaya, que buen diseño! Admiré delineándolo con mis dedos. Andrómeda me asintió: Sí, fue el regalo de cumpleaños de mi hermano. Aunque me hubiera gustado otro diseño.

¿Cómo qué? Se volvió hacia mi moto y sonrió como la tuya. Me gusta más esas, a parecer deben de correr más. No sé talvez alguna para motocross. No pude contener mi risa, cuando quieras te llevó al Automodro, allí puedes alquilar motos de carreras, aunque mi sueño siempre ha sido tener una Harley como la tuya. ¡No sé digas más! Me sacó de mi embelesamiento al mirar su cara de felicidad. Es un trato. Mi cabeza se movió por inercia afirmando nuestro trato, choque mi mano con la de él.

Bueno a lo que vinimos, saqué de mi portafolio algunas de las cotizaciones en los diferentes medios de comunicación del país, se las fui mostrando para pasar el tiempo, de acuerdo al producto lo fuimos seleccionando en los programas de mayor audiencia, analizando los ratings de cada uno y acogidos al presupuesto que había elegido. Apuntó en su Palm, algunas observaciones, al dirigirme de nuevo su vista: “ya he hecho algunos bosquejos del story board, los tengo en mi UBS…” casi sin terminar la frase se puso de pie, con sus ojos bien abiertos: ¡Por los dioses! ¿Dónde tengo la cabeza? La he olvidado en casa. Disculpa Alexander, me tengo que devolver, trataré de no tardarme mucho, diles a los demás que pronto regresaré.

¿Te acompañó, quieres? Es mejor, además no creo que vengan todavía, así no haces el viaje solo. Me apresuré a recoger los documentos, ambos nos dirigimos a la elegante mansión Kido. No fue mucho lo que tardamos en arribar a nuestro destino. La verdad no apeteció entrar aunque él me lo ofreció, le espere en la entrada principal, toda la zona estaba llena de cámaras, personal de seguridad, ese lugar no se le podía llamar un hogar por más que le viera, me dio la sensación de ser una prisión. ¿Que fue? Diez minutos a lo sumo, cuando oí su moto casi ahogada en un ensordecedor ronquido, cruzar como un bólido ante mí apenas si le dio tiempo a los portones eléctricos de cederle paso. Ni siquiera me determino.

¿Pero, qué demonios? ¡Shun! Le grité hasta que mi garganta no pudo resistir más. Sin perder tiempo le seguí, conducía como un poseído, sin fijarse ni siquiera en los autos que le pasaban a su lado, trate de ponérmele al corte, al verme que le alcanzaba aceleraba más, no quería escucharme: ¡Detén la maldita moto! ¡Te vas a matar!

Su mirada me heló: ¡Déjame en paz! Métete en tus asuntos, me gritó. Como queriendo huir de mi pisó hasta el fondo el acelerador inclinando su cuerpo al frente, casi alcanzó el máximo de su moto, rebasó imprudentemente dos vehículos. ¡Por los dioses! ¿Qué le pasaba al amable Shun? Conocía bien esta autopista, pronto vendría una curva peligrosa, si no disminuía la velocidad iba a derrapar, por más buen conductor que fuera.

¿Qué pudo pasar, para que éste en estado? No puede ser, me pegue al claxon, para llamar su atención, al tomar la curva se inclinó peligrosamente hasta perder el control y la moto junto con el resbalaron hasta el borde del precipicio que daba a la bahía de Tokio. En ese momento me cegué, seguí su dirección y me lancé detrás de él, solté manubrio, fueron segundos en que mi moto voló sostenida por el impulso de sus ruedas ante mis ojos hasta caer girando vertiginosamente, luego el horrible vacío se formó en mi estómago, cerré fuertemente mis ojos, pensé en mi muerte: “Espero sea inmediata” me habló mi conciencia. Hasta que sentí un cálido sopor alrededor mío, y alguien que me abrazaba.

¡Tranquilo te tengo! Sus palabras sonaban tan calmas y al fondo el estallido de las máquinas, resonó sin embargo yo flotaba envuelto en sus brazos, de su cuerpo salía un mágico resplandor entre destellos dorados y rosados, su cabello ondeaba mecido por esas ráfagas bicolor, no sé en que momento mis pies tocaron de nuevo tierra firme. Su casco yacía destrozado por el impacto cercano a dónde aterrizamos, de su frente manaba sangre de unas cejas, toda la extensión de su brazo hasta el codo estaba escoriado ¿Quién sabe cuantas heridas más presentaba su cuerpo?

¿Eres idiota o qué? ¿Cómo se te ocurre, brincar tras de mi? No tenías porque hacerlo, me gritó. Me llené de furia: No sabes que me importas demasiado para perderte, no sé que demonios pensabas para querer quitarte la vida de esa manera tan estúpida. ¡Por los dioses! Has sido mi sueño por años desde que entramos a la facultad, y simplemente no te podía ver morir frente a mí, no sabes, maldición no sabes nada, vociferaba, estrellando mi casco contra el suelo ¡Maldición, te amo Shun! ¿No lo puedes comprender?

Alexander ¿Por qué me dices estas cosas ahora? Yo ya no tengo nada que valga la pena, su voz fue casi un susurro al caer sentado cabizbajo. ¿Qué paso? Déjame entenderte ¿Que opacó tus ojos? Mirando el suelo, negó con su cabeza en silencio. Yo fui un imbécil, yo le defendí, que me va estar engañando yo hasta casi di mi vida por él. Pero todo me lo indicaba, las acusaciones de Hagen, las llegadas tarde del Orfanato y por su supuesto sus constantes visitas a Asgard. Tal vez eso lo hubiera perdonado, pero con mi hermano, sus manos me agarraron de mis hombros zarandeándome pero no me miraba, su mente divagaba consigo mismo, una fuerte brisa nos empezó a rodear. No tardo mucho cuando un carro frenó de repente detrás de nosotros.

Fue cuando vi a Braxton que se baja con su rostro deformado de la angustia, más pálido que de costumbre. Detrás de él Michael, corrió hasta nosotros levantando a Shun de su brazo como si fuera un muñeco de trapo, le cruzó la cara de una bofetada, que ni siquiera lo movió de su lugar, pero Andrómeda desvío su vista hacia otro lado, clavándola en mis ojos. ¿Qué demonios, piensas que estabas haciendo? Shun, te pudiste haber matado.

Tal vez, Mike era lo que quería hacer, luego se soltó en una risa histérica, soy realmente patético, se soltó bruscamente, de la mano de su mejor amigo, camino torpemente aún sacudido por sus macabras carcajadas, hasta doblarse desalojando su estómago, cayendo de rodillas casi sobre sus bilis. Entre Jonathan y yo le alzamos, le metimos a regañadientes en su automóvil. Debemos llevarlo al hospital, su cabeza recibió un fuerte golpe. Sullivan le recostó en sus piernas, sosteniendo con su mano la herida de su frente.

Quita esa mirada Mike, te juro que esto es solo algunos raspones, he estado mucho peor en otras ocasiones. Él eludido le devolvió una mirada totalmente severa. No me digas estupideces, Shun Kido, buscabas matarte porque si no fuera por Alexander, lo hubieras logrado. Haciendo una mueca de disgusto desvío su mirada hacia el techo del automóvil: El me traiciona con mi propio hermano, con la mucama del orfanato Eri, con la diosa guerrera Fleur y con quién sabe cuántos más y yo de idiota creyéndole que la luna era de queso. ¡Y rechacé el ofrecimiento de mi hermana de irme a Alemania con ella! Pandora. ¡Oji! No desesperes, ya encontraremos la solución a todo esto.

Clavó la mirada en su rostro muy serio: ¿La solución? La tuve al alcance de la mano dos veces, pero de igual manera me la arrebataron. Shun, habla con Pandora, veté del país, mira otros horizontes, sana tu corazón. Ven conmigo. Irme de este lugar, pero a un Kido… me encontrarían fácilmente.

Shiryu tuvo que sentarse al escuchar lo que le narraba ese hombre frente a él al ver la cara de seriedad de los otros dos, tembló al contemplar el pacífico rostro de Andrómeda, reposando a causa de la medicación. Todo se complicó aún más, continúo Michael, al llegar al hospital. Como Shun había dicho no eran más que raspones, sin embargo los doctores le hicieron todo tipo exámenes y ultrasonidos para detectar cualquier hemorragia interna y fue en el ultrasonido de su vientre que se detectó la presencia de la pequeña Alondra, de apenas semanas de concebida. Su interlocutor estudiaba sus manos con detenimiento, su mente divagó a ese momento, Andrómeda se había quedado muy callado, escuchando al médico de turno, en el momento que dictaba su internamiento y que avisaran a la Fundación Kido de la situación. Con sus ojos entrecerrados le veía, casi en un susurro: ¿Tengo algún, problema? ¿Mi bebé está en riesgo, doctor? No, pero es por prevención un accidente de ese calibre es de cuidado, lo mejor es mantenerlo en observación por esta noche.

Entonces le pediré un favor, no le diga a nadie de mi estado, yo les informaré. ¿Pero si la señorita Kido…? Envuelto en un resplandor que cegaba la vista: ¡A nadie! Le amenazó, más bien denme la salida, no pienso quedarme en este lugar. Lo lamento su hermano ya viene en camino, junto a la cabeza de la Familia Kido. ¡Maldición! Bufó totalmente sacado de sí hasta reventar en una risa como un enloquecido.

Fue Alexar quién reaccionó tomándolo de su mano: “Que no te vean en ese estado, no les des oportunidad de que se burlen de ti, te lo suplico guarda la calma.” Le abrazó a él y le mecía suavemente, besando sus cabellos, Shun se tensó en sus brazos. Alzó su rostro para poder ver su semblante, con su voz algo alterada se sonrió irónicamente: “Tienes razón, ellos se burlaron en mis narices, me veían la cara, como se debieron reír a mis espaldas.” Recogió sus piernas hasta quedar hecho un ovillo apoyado contra el cuerpo del joven que había saltado por él al abismo, a pesar de no tener manera de salvarlo, recordó la vez que fue tan tonto para salvar la vida de Hyoga, a costa de la suya propia. Se abrazó a su pecho tan diferente al de su cisne, esté no tenía la fuerza del universo dentro de él, pero si la fuerza del amor, algo que su espíritu había perdido y no creía más en amor había muerto para siempre, en ese momento, las palabras de Alexander resonaron de su cerebro como un taladro: “¡Por los dioses! Has sido mi sueño por años desde que entramos a la facultad, y simplemente no te podía ver morir frente a mí, no sabes, maldición no sabes nada… ¡Maldición, te amo Shun! ¿No lo puedes comprender?”

Su mano vendada, se posó en el rostro hasta que ahora había pasado desapercibido ante sus ojos, sus esmeraldas penetraron dos pedazos de cielo cálido, no eran como aquellas gélidas de su “novio” ¿En verdad me amas? Sabes yo soy un asesino nato, mis manos pueden destrozar montañas, puedo desplazarme a la velocidad de la misma luz, puedo hacer cosas que ni siquiera te imaginas, la fuerza del cosmos se genera en mi alma, sirvo hasta mi muerte a una diosa, y soy la reencarnación del dios de los muertos, el mismo Hades en persona, que al ser derrotado, he pactado con Atenea, como su fiel servidor.

Como hechizado por sus esmeraldas, Alexander fue acercando su rostro hasta unir sus labios en un cálido beso. Te he amado, he entregado mi vida en tus manos, en el momento que me lancé por ese barranco tras de ti, no soy nada sin ti. He ofrecido mi vida al mismo Hades, así que ya no pertenece, tú eres su dueño, has con ella lo que quieras, pero jamás me apartes de tu lado. Andrómeda asintió. Iba a pronunciar algo más pero el ingreso de un apresurado Pegaso y Atenea, les hicieron callar.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:39 pm

¡Por Atenea! Shun ¿Qué sucedió? Andrómeda le sonrió al Pegaso, sonrojándose, hizo una mueca de inocencia, pues creo que iba muy rápido, se me olvidó algo en la mansión y tuve que devolverme y como me cogía tarde, pues conduje de manera temeraria, ves mi moto derrapó en una curva, y me llevé a mi amigo conmigo. Pero por dicha él no se lastimó. En cuánto a mi, nada nuevo algunos raspones, nada de importancia. Aún así, no me quieren dar de alta

¡Lo lamento Alexar! Expresó con su habitual amabilidad, realizando una reverencia. Se empezó a poner en pie, y Pegaso tanteaba todas sus heridas. ¡Vaya descuido, Shun! La herida de tu rostro, Hyoga, podría evitar que se te hinchara, con su cosmos suspiró revisando los puntos. Saori, el pequeño Andrómeda tiene razón no es nada, son solo raspones.

La joven Kido acarició su mejilla suavemente, sin embargo Andrómeda apartó su rostro: ¡No fue nada, Atenea! ¿Nunca me volverás a llamar Saori, Shun? Las esmeraldas se volvieron hacia Seiya y luego rodaron para enfrentarla de nuevo: Sabes que soy tu caballero, por acuerdo de pacto, por la vida de mis espectros, y te protegeré con mi vida, pero no me pidas más Atenea, su voz resultó un poco más fría de lo que esperaba, retiró la mano de su rostro, algo dolida.

Seiya tratando de evitar un seguro enfrentamiento entre los dos cambió de tema: ¿Shun, tu moto? ¿Está con las autoridades? Negó suavemente, con su cabeza algo sonrojado: Esta desbaratada, convertida en cenizas, más bien debería decir, se sonrió suavemente, mi hermano se va a molestar mucho era su regalo de cumpleaños para mí. No te preocupes lo que le interesará es que estás a salvo, nada más, convino a decir la diosa

Atenea, ellos son mis compañeros de universidad, irán conmigo a la mansión los ojos violetas de la joven pasaron fugazmente entre los jóvenes presentes haciendo el saludo característico de su cultura, no les dio mucha importancia. Volviéndose al doctor, se lo llevo aparte. Shun suspiró observando a Seiya conversar con todos. Se sentó en la camilla con su mirada perdida, hasta la mano de Alexander lo sacó de sus cavilaciones: Alexar, ya he decidido algo, que para engañar a tus enemigos lo primero que hay que hacer es engañar a tus amigos, se sonrió casi imperceptiblemente, toma este es el número de mi hermana, me has dado tu vida la tomó, ahora me servirás, serás mi mano derecha en todo lo que haga. Cuéntale todo lo que ha pasado el día de hoy, que haga arreglos para que pueda salir del país, a final del curso, justo después de la graduación, sin que nadie lo notase le entregó su Palm. Abrazándose de su cuello, le susurró a su oído: Traicióname y verás la tumba más oscura del Tártaro, has hecho un trato con el dios de los muertos amigo y lo que has ofrecido lo he tomado como ofrenda y no te lo devolveré jamás.

Mi vida está a su servicio, mi amado señor, desde que lo vi por primera vez ante mis ojos, inclinándose le besó su mano, allí está toda la información necesaria, para que la ubiques y el número de mi celular para que me mantengas informado. Si me cumples bien te sabré recompensar y con creces. Esos ojos fríos sin sentimientos le fueron más apetecibles, algo dentro de él, en el interior de su alma se revelaba y se mezclaba con esa presencia, algo que le había llamado la atención desde el primer día que le vio. Todo esto lo fue recordando en el momento que Michael narraba a Shiryu todo lo sucedido el día del accidente, sus voces sonaban lejanas, sus retinas guardaban la figura frágil y poderosa de la belleza que se recuesta a su lado.

Sus ojos se recorrieron la habitación, lo que su señor no quería, estaba ocurriendo, le encontraron, pero algunas cosas habían cambiado, Fénix se hallaba unido al Dragón ¿Cómo se las había ingeniado, para conquistar ese caballero oriental? Él le mostraba claramente aversión hacia su persona. Ahora Alondra estaba en manos del honorable Shiryu, todo pasó en el momento que él no se encontraba, tal vez si hubiera estado aquí, no lo hubieran detectado, esta vez el tiempo les había unido, no pensaba dejarle, él no solo era la reencarnación del señor del Inframundo si no también la reencarnación de su amada Andrómeda.

Creo que es momento de que me lleve a Mike a casa, expresó Braxton dirigiéndose a Alexander, sin dejar de abrazar a su esposo, no tardaré ahora que éstas aquí Alexar, me voy menos preocupado. Michael en sus brazos suspiró algo cansado: Deberás cuidar bien de él, en mi ausencia, amigo. Le previno removiéndose de su calido refugio, recogió su abrigo, se encaminó hacia Shiryu, que permanecía callado con su sobrina en brazos, se acercó a besar la frente de la pequeña, que suspiraba en su sueño: hasta luego, preciosa. Para luego besar la mejilla del caballero ateniense: lamento coincidir siempre en estás situaciones. Ha sido un placer verte de nuevo Dragón Shiryu.

El guerrero divino asintió: Perdonen todos los inconvenientes, su voz apesadumbrada apenas fue audible. ¡Por Atenea! Esto me parece una pesadilla. Un mal sueño, yo no comprendo ¿Cuando su amor, cayó tan bajo? Sólo Hyoga tiene la respuesta, le habló suavemente al acariciar su rostro. Kido, la verdad, no nos interesa lo que pasé con ese ruso, pero es una persona que tiene un gran problema. Tal vez si Shun, le hubiese reclamado ese día, todo esto se habría evitado y hoy no estaríamos lamentando que Shun quedará seco por dentro completamente.

Alexar, le escuchaba en silencio, sintió su furia crecer, trató por todos los medios de guardar su rabia desatada. Shiryu, para él fue muy difícil volver y verles la cara a los dos, aún no entiendo como es que te emparejaste con Iki. Sus palabras fueron prácticamente vomitadas de su boca, en una irritación que se reflejó en sus azulinas retinas. Fue realmente humillante, verles la cara y sonreírles.

Ni siquiera tú lo pudiste hacer, Shiryu. Aunque no le contaste nada a Shun para no mortificarlo, tu actitud, le hizo saber que tú también te habías enterado y sufrió por ti, hizo suyo, tu dolor. Michael refugiándose en los brazos de Johnny, se encaminó fuera de la habitación, el mayor bajó su rostro. Bastante atormentado, necesitó sentarse, hasta cruzar su vista con ese individuo. Depositó a la pequeña en su cuna.

“Tú pareces estar al tanto de demasiadas cosas, Liverman” El joven asintió: Soy su mano derecha, ejecuto todo lo que se mande a hacer, sin discusiones, ni preguntar. Y de haber estado a su lado estos días, te aseguró que Hyoga no le hubiese atacado, ni le habría encontrado.

Shiryu de espalda a él apoyado en el marco de la ventana con sus brazos cruzados, admiraba el atardecer ¡Tú le amas! ¿Y él? Inquirió casi como un suspiro. Alexander, acarició suavemente la pálida mejilla apartando sus cabellos, negó con su cabeza, su lengua emitió dolorosamente la verdad de la situación: Shun ya no tiene corazón, creo que ya lo habrás notado, sus ojos son inexpresivos, perdidos, completamente ausentes, sus hermanos y compañeros de armas se negaron a verlo en Japón. O ¿Realmente no les importaba? Su pregunta la lanzó con toda la saña de su alma hacia las personas que le lastimaron, que acabaron con lo que más amaba el corazón de Andrómeda.

Shiryu iba a refutar, sus labios se movieron, pero no pudo soportar esa intensa mirada llena de verdad, todos le traicionaron. Trató de recordar su mirada, pero el mismo no estaba en condiciones de ayudar a nadie, estaba herido de muerte en ese momento su alma también emanaba veneno. Los detestaba a los dos, como eran capaces de sonreírle. Odió a Fénix con toda su alma, al no saberlo suyo, pero del odio al amor solo hay un paso.

Sí se todo lo que pasa por tu mente, Shiryu en este momento, se atrevió a decir su interlocutor sus ojos emitieron un extraño brillo y un amenazante cosmos empezó a emanar de su cuerpo: Dirás del amor al odio, hay un paso. Mi amado Andrómeda, prefirió ir más lejos, no pudo asesinarlos, ni suicidarse, así que lo que aniquiló fue su corazón, ya nada le es apetecible, sus ojos no ven los colores, su boca ya no disfruta de los sabores, su piel se hizo insensible, su alma se durmió en su recipiente. Eso lo hemos tenido que vivir nosotros, cada día. Tú si lo percibiste Shiryu, pero no le hiciste caso. No te lo niego, porque dices la verdad no pude ver más allá de mi dolor, suspirando en resignación. Se dejó caer en el sillón completamente abatido.

¿Hyoga puedo pasar? La joven diosa sin autorización ya había ingresado en la suite del hotel, la así llamada Palas estudiaba la figura de su guerrero, en su mano traía un botiquín. El cisne últimamente lucía perdido completamente, los ochos meses antes de encontrarle fueron un verdadero tormento para el joven, ahora se encontraba en medio de la cama sentado contra el respaldar abrazando sus piernas, veía hacia la nada.

“Merecía que Iki, me matará.” Susurró apenas audible para Atenea. Ese sería mi juicio para ti. El joven siberiano clavó sus diamantes en el rostro tranquilo de su diosa.
Seiya me ha contado algo de lo que pasó hace ocho meses. Pero deseo conocerlo por medio de tus palabras Hyoga. ¿Qué hay en tu corazón?

La opresión en su pecho fue horrible, las lágrimas brotaron sin control de sus ojos: yo fui un miserable, logró pronunciar, yo tenía miedo de entregarle completamente mi corazón, buscaba sacarlo de él, me asustaba depender tanto de alguien, yo a todo lo que amo lo he perdido, busqué borrarlo de mi cuerpo en otros. Rebusqué el calor de otros cuerpos. Sin embargo volvía a su lecho, como si nada pasará.

La mirada de la de los Ojos de Lechuza se ensombreció, con una absoluta compasión en sus retinas, así como su corazón se estremeció en ver el terrible lío y oscuridad que había en el alma de su guerrero. He visto morir ante mis ojos lo que más amaba, sus diamantes se clavaron en sus manos, causé la muerte a mi madre, la desgracia de mi mejor amigo, maté a mi casi padre, Camus… ¡Oh Atenea! Casi mató a Shun esta mañana, me cegué quería acabar a ese maldito que lo alejó de mi, pude sentir su cosmos ese día, que desapareció. Creí que era Braxton, pero no era él.

¿Hyoga? Podías prever que Andrómeda le defendería ¿No le conoces? Pueda sea el dios de los muertos, pero también es mi caballero, el cual su noble corazón es su mayor virtud. El cisne se agarró fuertemente la cabeza emitiendo un sonido lastimero, que helaba el alma: Yo le disparé mi ataque y el me sonrió, casi lo mato frente a los ojos de mi hija. ¡Atenea! Tengo una hija. La tomó por los hombros, Palas temió por su cordura, tan sólo acató abrazarlo. Lo perdí, ahora lo he perdido para siempre. Shun me odia. Sollozó desesperado.

El me vio, Shiryu, él fue el culpable porque estaba despechado porque me encontró con el Fénix, él se lo dijo. Atenea, negó suavemente. Hyoga, fueron los ojos de Shun quiénes le revelaron la verdad, sentenció la diosa de la sabiduría. Shiryu te lo dijo el regresó ese día, por ello tuvo el accidente en su moto. Acariciaba suavemente su cabello, sus finos dedos pasaban por sus hebras doradas.

Fue su orgullo como Hades, él que le hizo recapacitar, es su ser inmortal quién ha gobernado sus sentidos todo este tiempo, el señor del Inframundo esta impactado, herido. No te negaré que noté su cambio, eran los ojos de mi tío, esos últimos días, Shun se ha dormido completamente, las ventanas de su alma milenaria les estudiaba a los dos, quería conocer lo que para él era el descaro más grande de ser humano, la traición. No comprendía como podían traicionarlo y a la vez sonreírle, decirle que le amabas, y acostarte con el primero que encontrarás. Hyoga, Shun se encuentra ahora en el ataúd de hielo, en que te encontrabas tú. Hades le ha guardado allí para protegerlo. Sus gélidas gemas la miraron asustadas, la mano cálida de Atenea se posó en su mejilla: “Tendrás el camino lleno de obstáculos para volver a tenerlo Hyoga”

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:40 pm

Capítulo 4: Ya no conozco el amor.

Deseo mi amor que sepas también que te amo
Que no te olvide, que nunca podré, te extraño


Ocho meses antes

Con su mente pérdida en sus cavilaciones, sentado a la par de Seiya, con Saori en el asiento del frente, la mirada inquisidora de los dos le molestaba, deseaba haberse ido en el vehículo de sus amigos, desviaba sus esmeraldas hacia la ventanilla polarizada de la limosina, de pronto comenzó el parloteo molesto de Pegaso, de cómo iban a reaccionar su hermano y su novio, Iki se moriría si te pasará algo, la voz irritante de Seiya y no podríamos detener el llanto desconsolado de Hyoga, lamentándose siempre de perder lo que más ama. Sin apartar su vista de las abarrotadas avenidas de Tokio su mente le contestaba al Caballero Seiya: “¡Si claro, de seguro! Se cortarían las venas en cruz para seguirme al otro mundo y yo nací ayer, se habrían muerto de la risa eso sí mientras se revolcaban en mi lecho, celebrado con Champagne”. Seguía la parlanchina lora de Pegaso, enumerando el sufrimiento atroz de esos dos traidores si se hubiera muerto en el accidente “Si, no me digas, Seiya, ahora sé que no eres un pegaso, eres una maldita urraca fastidiosa” Deseo no haber destruido su moto, en este momento estaría viajando en ella sin este tormento, le sonrió asintiendo de forma forzada, no emitía palabras por su boca, pero si pudiera leer su mente, quitaría esa cara de felicidad, sentía a la distinguida Saori Kido tratando de husmear en su mente, pero lo sentía, ahora estaba completamente despierto, no podría ver nada más que oscuridad. Así que la miró de reojo, sonriéndose de verla realizar esfuerzos infructuosos. “Si al menos le hubieses permitido viajar con Braxton, aún seguían pensando en que debía ser protegido, ¡Bah, pamplinas!”

De repente se sintió mareado, hasta el momento que no sabía de su embarazo caprichosamente no había tenido ningún achaque y ahora que sabe de la existencia de ese nuevo ser dentro de él, empieza a sentir nauseas, el olor del perfume de Saori, le causaba asco, solo verle la cara a su compañero de armas, le incomodaba, hacía un esfuerzo sobrehumano por no vaciar su estómago frente de ellos. Buscando no sentir ese horrible desasosiego, abrió la ventanilla para que el aire, le limpiara los sentidos, se hizo un ovillo en el asiento, cerrando sus ojos trató de dormitar algo, en el momento que su vientre estaba completamente en ebullición.

Mantenía sus ojos cerrados, evitando que le hablaran más y que le hicieran preguntas indiscretas, no deseaba hablarles ni oírles, se entretenía contando los semáforos, cada vez que se detenían. ¿Cuántos había contado? Más de veinte, había perdido la cuenta, suspiró fastidiado, pensó en como evitar hablar con Iki, “su querido hermano”, no sabría si podría aguantar su intromisión sin acabar con su existencia, agradeció a los dioses que sus amigos, le acompañarían, pero apenas ellos se fueran el rosario de preguntas iniciaría, y la verdad no tenía ganas de oírlo, ni verle, se odiaba por no tener en este momento dónde irse, las imágenes de los dos en el cuarto de su hermano revoleaban en su mente, como hierros incandescentes, que le marcaban el alma.

Su corazón se estrujó más al pensar que haría cuando tuviera a Hyoga, enfrente de él, sería capaz de concluir, lo que en esta mañana no logró hacer. “¡Por los dioses, Hyoga! ¿Cómo haría para no matarlo?” Con solo una de sus agitadas miradas, le deseaba que desapareciera de la faz de la tierra. En su mente pasaron mil y una forma de acabar con ellos, cada una de ellas más dolorosas que la anterior y llenas de sufrimiento, que le llenaban de sosiego su adolorida alma, la dulce venganza, se sonrió con dejo de suficiencia, si él Tártaro sería un lugar perfecto para ellos, y dio respingo al sentir la mano de Seiya, asegurarse que el vendaje sobre su sien no se despegará, el Pegaso comprobó que la piel sobre la herida, por fin estaba despertando de la anestesia local. Andrómeda clavó sus esmeraldas, sin comprender mucho, lo que el buen Pegaso estaba haciendo.

Fue duro el golpe, amigo, no deberías dormirte todavía, convino decir. Cuando lleguemos a casa te pondremos unas comprensas frías es lo mejor, y mira que te lo dice un experto, ya que a cada rato pasó en el hospital, por golpes similares. ¡Vaya! Solo espero que no se inflame mucho. Entrecerró sus ojos y después asintió despacio, en silencio. Distraídamente con su dedo inspeccionó su vendaje delineando encima de la gasa, con sus ojos cerrados. Atenea sin pronunciar palabra le estudiaba todas sus reacciones.

Ya ni cerrar podía sus ojos, simplemente se dedicó a perder su vista entre las multitudes de transeúntes, se dirigían de un lado otro por las aceras. “Ya casi llegamos” se dijo, y su corazón dio un brinco horrible en su pecho. “Calma, no permitas Shun, que se burlen de ti más de lo que ya lo han hecho, sé fuerte” Se daba ánimos así mismo. “Que pronto terminará y estarás fuera de sus vidas, para siempre, piensa en el bebé que esperas, serán solo unos días” se repetía constantemente. “Con título en mano serás alguien en la vida, no un simple peón de una diosa caprichosa y llorona”. Ante sus ojos la mansión Kido deslumbró. Atenea podía sentir claramente, una extraña perturbación en el espíritu milenario de Andrómeda, pero no supo precisar que era, porque su rostro se mostraba igual que siempre cálido y amoroso.

No tardó en detenerse el vehículo, cuando los dos caballeros divinos, se bajaron del mismo, Andrómeda se encaminó a la entrada dónde estacionarían sus amigos, para guiarlos a la imponente mansión Kido, Seiya por su parte después de seguir con su vista el elegante caminar de su compañero suspiró al tenderle la mano a Saori, la cual delicadamente posa la suya en la palma y la empezó a dirigir a la residencia, pero ella se detuvo, sin quitar la vista de Andrómeda, la melosa voz de la joven diosa de la sabiduría llamó la atención suavemente a su caballero divino: “Shun, si moví mis influencias para que te dieran de alta en el hospital, es para que descansarás” su semblante era serio, dando a entender que debía ser obedecida, pero el joven caballero divino se recostó a la sombra de una de las columnas sin ponerle atención a lo que decía ni contestarle. “¡Shun!” suspiró, cabizbaja se dejó llevar por Seiya dentro de la mansión y desolada se dirigió directo a su despacho, comprendió que había mantenido a Andrómeda en contra de su voluntad al lado de ella. Solo el permanecía a su lado por haber empeñado su palabra en prenda por la vida de sus espectros, se sintió miserable si ella hubiera sido la diosa que hubiera perdido la batalla ¿Habría actuado igual? Hades le hizo frente el mismo no envío a nadie, y ella se escudaba en sus caballeros. Abatida se dejó caer en la elegante silla ejecutiva, al frente de su escritorio, cerrando sus ojos no pudo evitar que dos de sus lágrimas resbalaran por sus mejillas de porcelana.

Pegaso sintió la incomodidad de la joven ante la frialdad de su amigo, apoyado en la puerta de madera que la separaba de ella, la oía sollozar desconsolada dentro de su estudio. Los ojos de almendras de Seiya, siguieron a sus visitantes, el alto joven inglés, Braxton, la fina figura de Sullivan, un joven de extraordinaria belleza, casi comparable con la elegante e igualable presencia de su Andrómeda. Al perderse de su vista suspiró aliviado, no eran más que rasguños, cuando recibieron la llamada del hospital, sus corazones se oprimieron del miedo tan inmenso que sintieron. Ahora solo faltaba la esperar la tormenta que armaría el caballero Fénix al enterarse del accidente de su hermano y ¿por cierto, dónde estaba Shiryu?

Michael y Jonathan seguían a un silencioso y pensativo Shun, por las escaleras principales al llegar al final de ellas llegaron a una hilera de elegantes habitaciones, se detuvieron al lado de su amigo, quién permanecía estático. Su cuerpo se negaba a dar un paso más, sus esmeraldas se angustiaron al estar tan cerca de ese maldito cuarto. La suave mano de Mike se posicionó en su hombro, en señal de aliento en silencio, fue cuando como saliendo de un trance dirige sus esmeraldas a ese rostro preocupado, pestañea varias veces, llenó todos los pulmones de aire, para luego soltarlo suavemente, en un resoplido cansado, no tenía ganas de luchar más. ¡Vamos a mi habitación! Susurró cansando. Sin tardanza se encaminó por el elegante pasadizo, sin embargo sus sentidos estaban alerta, deseaba saber si ellos todavía estaban allí, lejano sintió el rastro de energía de Shiryu, su cosmos estaba alterado. Y recordó que el Dragón subió poco después de él.

¡Por los dioses, Shiryu!, el adoraba a su hermano, lo había notado por la forma en que sus ojos se perdían en la figura del Fénix. Su espíritu sondeo, en el del caballero Dragón y el dolor que su corazón emanaba llenó sus sentidos, sintió unas nauseas espantosas, tuvo que correr a su habitación seguido de sus compañeros que cerraron la puerta tras ellos. Se perdió en el cuarto del baño apenas si le dio tiempo y por poco casi devolvió su estómago en el pulcro suelo.

Mike le siguió hasta la puerta, dónde le vio convulsionar, sosteniéndose de la pared. Se apresuró a tomar la primera toalla que encontró y a mojarla para limpiarle el rostro. Al verla Shun se sonrió: como escogido por el destino, le dijo entrecortado. Los pedazos de cielo calmo de Michael se fijaron en su rostro no entendiendo lo que decía, “es de Hyoga” le confesó sonrojado con su voz susurrante. Determinó un poco mejor el lugar, vio los indicios que esa también era la habitación del ruso, si todos estaban enterados que eran pareja ¿Cómo demonios, su hermano se atrevió?

Trató de emitir lo que su molesta mente deseaba bufar enojado, el leve toque en la puerta de la habitación de su amigo, le impidió expresar su queja abiertamente, la mano trémula de Andrómeda le rozó el hombro, suavemente, al pasar a su lado, y abrir la puerta de la habitación encontrándose con una de las mucamas.

Joven Shun, su hermano le dejó esto, la doncella le entregó en la mano su dispositivo UBS, cuando tuvo ese pequeño artefacto en su palma lo apretó suavemente en ella. “Tu fuiste el pequeño instrumento del destino que me ayudó a ver la verdad de mi vida” Se dijo en su mente y lo llevo a sus labios besándolo: ¡Vaya nunca me desharé de ti! Para después ajustarlo en la cadena de plata que colgaba de su fino cuello. En señal de agradecimiento hizo una reverencia, guiñándole coquetamente a la doncella, sin dejar de mostrarle una de sus mejores sonrisas. La jovencita se marchó muy sonrojada, y con una sonrisa embobada dibujada en su rostro, al verla partir cerró la puerta apoyándose en ella desvió su vista a sus amigos, los tres se miraron entre sí, la hora en que ellos regresaran estaba cerca, trató de retener el afluente de sus lágrimas pero estas rodaron traicioneras por su faz, recorrió su cuarto, bueno la habitación que ahora compartía con el caballero de los hielos. Sintió sus piernas flaquear, jamás permitiría que ellos se dieran cuenta de su sufrimiento, que cuando ambos le tocará sufrir su infierno, él ya no estaría para verlo.

Un escalofrío recorrió su espalda al instante que sus esmeraldas se clavaron en el lecho matrimonial que fue testigo de su falso amor, su piel se erizó, a cada lado de la cama había las pertenencias de uno y el otro, artículos personales, en su lado del lecho había adornos que había traído de Rusia, como eran los elegante iconos que él mismo le había colocado en ese lugar, según tenía entendido era un recuerdo de su madre. Otros tantos fueron delicadamente expuestos en la sobria pared. Su vista recorría su habitación, sobresaltado, como una persona que ha despertado de una cruel pesadilla, llegó al ventanal, por dónde tantas noches habían observado las constelaciones en el cielo nocturno, eran tantas sus promesas falsas, como su boca podía ser tan mentirosa, como podía sus ojos engañarlo con tanto descaro y su hermano revolcarse con su pareja y luego fingir que le adoraba ¿Hace cuánto me hacían esto, sin darme cuenta? Al fin todo cayó en su espíritu, y álgido aliento cubrió su ser. Sus sentidos se durmieron por fin, ahora denotaba todo en cámara lenta. Poco a poco se despegó de la puerta y con su cabeza erguida se dirigió al sofá al lado del gran ventanal. En ese antiguo y cálido sofá, determinó por fin: ¿Porque he sentirme extraño en mi habitación? Aquí el único extraño, era su querido amante, eso era realmente la categoría que le había dado el cisne, la de un amante pasajero, sin importancia. Hoy es el momento, que he de levantar mi espíritu de las cenizas y la oscuridad de la derrota en que me dejó Atenea y sus caballeros. Le sonrió a Mike suavemente, descansando su cabeza contra el mullido respaldar: ¡Vamos no se queden ahí parados! Esta es mi habitación, me apena, el no haberlos invitado antes, esto lo que puedo llamar mío en esta jaula de oro.

¡Shun! La voz entristecida de Sullivan, no le hizo aminorar, le amplió su sonrisa, este es el lugar de dónde salen todos mis brainstorming. Los dos jóvenes no aguantaron la curiosidad y empezaron admirar tanto las obras de arte que lucían en las paredes traídas de Rusia. Lentamente fueron denotando cada detalle de ese elegante cuarto a su parecer debía ser el más amplio de esa ala, a un lado de la cama se ubicaba el altar de las armaduras de Andrómeda y el Cisne. Los ojos sin sentimientos de Shun no les perdían de vista sus reacciones, gozando de la efusividad de los dos, al ver las imponentes armaduras, que brillaban expuestas, a su alrededor ambos las habían acompañado con recuerdos y vestigios de sus campos de entrenamiento, sus antiguos hogares.

Vaya ¿Esta es la armadura que usaste en el torneo galáctico? Shun asintió en silencio. Es hermosa, tiene un resplandor único, y ésta es la de tú… Braxton no supo como llamarlo y contrariado bajo el rostro. El mismo Michael, se incomodó, Shun se acomodó en el sillón y sonriendo completó la frase: “mi amante”. “Así es, la armadura que se ocultaba en los hielos eternos.” Andrómeda se incorporó y caminó hasta ellos, posando la mano en su armadura acarició la fría superficie, y contempló su rostro reflejado en la extensión de la misma. Nadie fuera del Santuario ha tenido la oportunidad de estar cerca de estas poderosas armas, en total son ochenta y seis como estás. Cada una tiene algo del alma de su dueño, la mía fue solo portada por la princesa Andrómeda, hace milenios, y por ella sufrí sudor y sangre, y fui capaz de ofrecer mi vida en sacrificio al señor de los siete mares para ganar la oportunidad de portarla, así que un simple “accidente” en una moto no me hubiese matado así de simple, si yo lo hubiere querido.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:42 pm

Comprendan amigos, tan solo me bastaba haber apagado mi cosmos completamente y dejar que mi cuerpo quedará expuesto, resultaría tan fácil y en ese momento me pareció placentero, pero noté la determinación de Alexar, y su ruego a los dioses por que su muerte fuera rápida, el muy imbécil me siguió al abismo. Sus ojos en este momento solo presentaban la duda de no entender los sentimientos de Alexander, que falaces me parecen esos sentimientos. ¿Tú que piensas, Andrómeda? Vale la pena el sacrificarse por los demás en este momento princesa guerrera, creo que opinas lo mismo que yo, ante los ojos atónitos de sus camaradas de universidad, la armadura empezó a emitir su cosmos, así que contestándole en un calido aroma como a sándalo y mirra a la vez que una bruma rosada llenó el recinto, envolviendo a su portador.

Cerró sus párpados gozando del mimo de su armadura sagrada al momento que la niebla tomaba forma de una joven que se abrazó a él descansando su cabeza en su hombro mientras él suspiró apretándola suavemente a su pecho. Los testigos de la charla entre el caballero y su estrella guardiana, les dejó estático, le veían mover sus labios pero no le escuchaban sonido alguno, el diálogo entre los dos, les conmovió el alma, hasta que sus lágrimas inundaron su rostro, el cosmos de esa armadura era melancólico, cual si se tratase de una madre, la joven al separarse de su cálido protector, le asió el rostro entre sus manos, le guío a la altura de sus labios, depositando un tórrido beso en su frente desvaneciéndose.

No pudo dejar de admirar el dolor calado en el rostro de Braxton y Sullivan, sabía que la armadura del sacrificio de Andrómeda les tocó el alma, suspiró, tal vez no fue buena idea, que le vieran, la tristeza de la Princesa del Sacrificio, solo puede ser aplacada por el amor de su Perseo, al cual ha buscado por milenios, les explicó que sus espíritus fueron tocados por el de su estrella guardia, es realmente triste, creer en el amor eterno, ella le espera aún. No se dejen abatir, por ese sentimiento, yo ya le superado.

Este fin de semana es el paseo de la Facultad, ¿Verdad? Cambió de tema, para distraer su atención del hechizo de su estrella guardiana. Había pensado faltar, pero creo que mejor iré, me hace falta ver la naturaleza, además despejarme un poco, mis pobres músculos me lo piden, expresó estirando un poco la espalda, para después acariciar su vientre, mi bebé se merece que yo éste en buenas condiciones, suspiró sonriéndose, ¡Un hijo! Algo realmente mío, la ilusión se dibujó en su rostro, antes de volver a su sillón, Mike no le creía su bien definida autosuficiencia y frialdad, así que acortó la distancia con él, rompería ese glacial que el alma de Hyoga formó en el espíritu de su amigo, Jonathan pensó en darles privacidad, perdiendo su vista en el enorme jardín que se extendía antes su vista, y pudo observar un deportivo que se enrumbaba sobre el adoquinado, sin determinar mucho quién era pensó que era alguno de los habitantes, de ese lugar.

¡Ya basta, Shun! No finjas ante nosotros, no te hagas más daño, con delicadeza, le agarró sus manos, ante la mirada sonriente de Andrómeda, se arrodilló frente a él, besando sus nudillos con su elegancia nata, acto seguido descansó su cabeza en su regazo, no aguantando ver esas esmeraldas sin vida, a pesar de su sonrisa. Mike, te asusta la mirada de mi ser inmortal, pequeño niño. Le expresó acariciando sus mechones de ébano, por eso nadie me veía el rostro, no me gustaba que pusieran esos ojos, de lástima, para mi persona, su voz era sencillamente hermosa, suave, pausada, como quién cuenta un cuento de hadas a un niño pequeño.

Andrómeda suspiró levantando su rostro, segundos antes que su hermano mayor irrumpiera en su habitación como un tornado, un exaltado Fénix acortó la distancia con su hermano en grandes zancadas, al estar recostado en sus piernas Mike sintió como los músculos de las mismas se tensaron, para luego relajarse fue su último acto reflejo de su alma adolorida, sus dedos se detuvieron entre sus mechones, removió su sedosa cabellera, Iki al ver al joven refugiado en el regazo de su hermano se detuvo en seco, y pudo divisar también al que estaba apoyado en la pared cercana al ventanal, sus zafiros estudiaron la situación, la cabeza del más chico de los cuatro se ladeó para encontrarse con la del caballero divino que le daba refugio sus ojos se posaron en esas esmeraldas que le reflejaban y con los suyos propios le dio todo su apoyo incondicional, casi imperceptible tragó en seco y su voz salió de sus labios lo más normal posible cual si fuera un susurro : ¡Ni_ san!

Los ojos desorbitados por la angustia de su hermano mayor le estrujaron su corazón, unos iris esmeraldas estudiaban con desconfianza las reacciones de unos zafiros, Mike sintiendo que estorbaba en ese momento se incorporó cediéndole campo al Fénix, el cual aprovecha para acortar la distancia entre los dos, después de contestar el saludo del jovencito frente de él, que le hacía una reverencia en señal de respeto.

Iki le tiende la mano a Shun, quién la toma de inmediato ante el ligero tirón del mayor se pone en pie, y los fuertes brazos canela de su hermano, le apretujan a su fornido pecho, beso amorosamente sus sedosos cabellos, ahora con olor, a gasa, alcohol, él olor típico del hospital inundó sus sentidos “Juró que no volveré a permitir que te montes a uno de esos aparatos, que pudiste haber matado.” ¡Shun te pude perder! Andrómeda no movió ni un solo músculo de su cuerpo, no sabía como contener su rabia oculta, separándose delicadamente de él, le mantuvo su mirada, no comprendía que fuera tan hipócrita, pero hermanito, eres mi sangre así que también jugaré bajo tus reglas, le sonrió cálidamente: Te presento a Jonathan y a Michael indicándole con su mano a cada uno de ellos, son mis compañeros… no terminó la frase al ver que él mayor no le ponía atención, toda su concentración estaba puesta en quitarle las gasas de la herida con cuidado de no lastimarlo más, le tomó la barbilla para sujetarle el rostro, y ladeándolo a satisfacción revisó los puntos, cada punto fue escudriñado por los dedos del Fénix, su mirada se contrajo llena de preocupación “No debí comprarte, ese maldito artefacto” su voz adolorida resonó ronca en el recinto, las yemas de su hermano se deslizaron suavemente en su tez. Apenado de ver el morete que se empezaba a formar en su párpado.

Andrómeda guardó silencio, estudió cada uno de sus gestos, sus esmeraldas le vieron fríamente, posesionándose en sus zafiros: ¿Cómo eres capaz de mirarme a los ojos, hermano, después de traicionarme? Le refutaba en su mente, sus retinas se negaban a ver la realidad y su alma no salía de su asombro, necesito, tragar hondo al momento que sus bilis subían a borbotones por su garganta, su mente le dibujó la imagen de Iki con su rostro deformado por la lujuria y la excitación, le causó mareo, no aguantaba tan solo que le tocará, le repugnaba, hizo gala de todo su orgullo y aplomo, se dijo que jugaría su mismo juego, le sonrió suavemente, le asió el brazo retirando la mano de su rostro “Ya no soy un niño” “Y no debes exagerar” expresó sus labios, mientras que su conciencia le gritaba: “No finjas que te preocupas por mi, no eres más que un mentiroso”

Michael que observaba todo de cerca, intervino la situación le fue insoportable, pudo más que su estómago: “¿Shun me permites tu baño? ¡Claro pasa! Andrómeda comprendió que su amigo estaba hastiado al igual que él, los ojos de Braxton, no podían creer lo que estaba viendo y no queriendo descubrir su aversión hacia el hermano de Shun, sacó su laptop: Mañana tenemos la presentación del producto, expresó queriendo llamar la atención: y por lo que pasó, pues nos hemos atrasado, no te hecho la culpa, amigo; aclaró cuando una mirada asesina departe del mayor de los hermanos se clavó directo en él. Un accidente le puede suceder a cualquiera, pero entre más rápido terminemos, podrás descansar, que es lo que necesitas, exclamo con ironía, una sonrisa de agradecimiento iluminó su rostro: ¡Thanks, my friend! Y dirigiéndose a su hermano: Iki nos permites, le expresó suavemente. Te puedo pedir un favor avisa al comedor que tenemos invitados. El moreno asintió acariciando su mejilla, pediré que les suban de inmediato un ligero refrigerio antes de la cena, y que no los molesten. De aquí en adelante ignoró a su hermano: Johnny como te decía, la estrategia de medios ya está lista, con su respectivo presupuesto, Alexander ya me brindó, la información, ahora solo queda emparejarla con el proyecto, expresó, dándole la espalda al Fénix que solo le miró una vez más y salió del cuarto rumbo al comedor.

Por mientras Shiryu, se despertaba sediento, se sentía deshidratado, con sus ojos hinchados, le dolía su cabeza y su vista estaba resentida, se deslizó hasta el borde de su lecho y se puso en pie, descalzó caminó hacia la cocina, iba solo cubierto por su buzo negro, su fornido pecho le lleva descubierto, le urgía tomar algo de líquido, que le brindará consuelo a su reseca garganta. Pensaba un gran vaso de limonada con bastante cubitos de hielo, para satisfacer su sediento ser, con esas cavilaciones tan triviales en su mente, llegó a su oídos la voz que menos quería oír en este momento, su corazón se debatió en su pecho, se desbocó en un acelerado pulso.

Shiryu siguió avanzando al refrigerador sin importarle mucho que Iki, estuviera allí pasó a su lado sin mirarlo siquiera, Fénix al verlo se sonrojó al recordarlo de pie en el pasadizo y bajó mirada pensando que el Dragón le saludaría, pero éste ni lo determinó, con sus zafiros desorbitados, trató de balbucear, su corazón se comprimió en su pecho, el dolor fue tal que se quedó sin palabras, solo logró asirlo del brazo, con su mano temblorosa.

El Dragón al sentir el agarre sobre su antebrazo, atenazó su muñeca retiró la mano de su cuerpo y soltándola como si basura se tratase, le respondió con su orgullosa voz siseo: “Yo no trato con traidores” La furia y el desagrado no lucho por ocultarlo, su mirada cargada de repulsión congeló al llameante Fénix, se sonrió con ironía: Ya veo un traidor siempre será un traidor. Jamás creí que el imponente y orgulloso Fénix se rebajará a ser la querida del novio de su hermano, pero la verdad lo que hagas es de tu incumbencia y no tienes porque explicarme nada, allá tu y tu conciencia. Las palabras del discípulo de Dohko le dieron una gran bofetada, bajó sus zafiros incapaces de volver a mirar a su interlocutor, Shiryu suspiró: “me imagine” exclamó entre dientes. Lo dicho, dicho estaba y sin mirar atrás siguió su camino, en un contoneado paso, los ojos desolados del Fénix, le siguieron, ahora sí su alma estaba destrozada y todo por culpa de su debilidad, había perdido lo que más le importaba, se alejaba con su mirada llena de repulsión hacia él.

El Dragón soltó el torrente de sus lágrimas en silencio ¡Adiós ilusiones! ¡C´est le vie! Acarició la húmeda y fría superficie del recipiente del refresco que traía en su mano, con la otra que estaba libre, limpió de su rostro ese molesto indicio de su debilidad, por el momento deseaba estar solo, así que volvió a su cuarto después de ir a la biblioteca, allí encontró su libro favorito, “justo lo que necesitaba, un rato de sana distracción” y como pensaba no salir pronto, de allí si no hasta dentro de unas horas cuándo realmente se hubiera calmado y no toparse con ninguno de los dos, busco alguna de sus películas favoritas y provisto de todo lo necesario, llamó a unas de las mucamas y le pidió que le preparará algo y se lo llevara a la habitación, con un mejor ánimo se dispuso a subir a de nuevo.

Al salir de la biblioteca, se encontró de frente con el mayor de los Kido, Iki le había buscado por toda la mansión deseoso de disculparse, cuando le tuvo enfrente sus piernas temblaron, no aguantó la mirada de asombro del heredero de Libra. Pero la determinación se hicieron presente en sus zafiros, dispuesto a ser escuchado, movió sus labios algo nerviosos, pero su voz murió en su garganta cuando los ojos grises se entrecerraron al verlo allí parado, alzando su rostro orgulloso y altanero Shiryu, le devolvió la mirada que le dedicaba Fénix, hasta que el mayor bajó su vista, al suelo y el brioso dragón de Atenea, siguió su camino enrumbándose a su habitación.

Iki, le permitió su espacio y después el se fue a encerrar en su habitación, al estar en ella sus zafiros rondaron por cada rincón de ese lugar, como un desquiciado se lanzó sobre su lecho, con furia arrancó todas las sábanas, cubrecamas y cobijas, sus fundas almohadas todo, haciendo un molote con ellas las lanzó por su ventana y utilizando su cosmos las convirtió en cenizas ante sus ojos.

¡Maldito Hyoga! Vomitó de su alma su ira, cayó sentando juntó a la ventana, con sus manos sosteniendo su cabeza, cerró los ojos remontando los hechos de las últimas horas.

Saori, le había encargado que llevará algunas provisiones al Orfanato, así que aprovechó que su hermano, llegaría tarde debido a los trabajos finales de la Universidad, y pasaría un rato ameno con los niños, en la parte de la cajuela y el asiento trasero estaba lleno de cajas con víveres, ropa, zapatos, medicinas. Al estacionar el carro en la parte trasera, de la institución Miho salió a recibirlo alegremente y se tendió a su cuello besando su mejilla, detrás de ella los traviesos del Orfanato, liderados por Makoto, Akira y Tatsuya, ante una mirada seria del mayor, los tres pequeños se ponen firmes y en fila, sin tardanza una risita traviesa ilumino el rostro de Iki, aún seguía siendo el mandamás del lugar, su leyenda no se había olvidado y estos pequeños le temían.

Fue pasando las cajas y entre los cinco la tarea, fue realmente rápida. ¿Miho, porqué nadie te ayuda con los niños? Sabía que habían contratado a una joven rubia, hace varios meses, de su nombre no se acordaba pero él había sido participe de las entrevistas junto al personal de Recursos Humanos de las empresas Kido. Se le había nombrado como Gerente de esa División. La muchacha resopló, al dejar la caja que cargaba encima de la mesa del comedor: Iki, se encuentra con Hyoga, en el jardín, apenas viene ambos se desaparecen por horas, le confió su hermanita de orfanato. El mayor asintió algo pensativo. “Así que Hyoga, se encuentra aquí, que bien, entonces le buscaré porque en la cajuela hay más cajas, le vendría bien movilizar esos músculos entumidos, así me dedicó a pasar un rato con los pequeños” Removiendo los cabellos de Makoto: “Anda alistando el Wii, que no podrás vencer al Fénix, pero al menos harás el intento” El pequeño no esperó segunda orden, seguido de sus compinches corrió alegremente por el salón hacia el cuarto de juegos.

Miho, se había marchado con una de las cajas a la despensa. Así que no espero segunda, y fue a buscar a su cuñado, las primeras sombras del día se manifestaban, así que disfrutó del cielo despejado y una pálida luna que se asomaba aún opacada por el crepúsculo del sol, no tardó en encontrarlo, y ser testigo fatal de una verdad que le comería el alma, los zafiros se entrecerraron al ver como la joven se contorsionaba movida por el cisne que la poseía contra uno de los nogales del lugar. El mayor se detuvo en seco, en su lugar, no comprendía, pensaba bromearle al cisne, por distraer al personal pero en su suspicaz mente, jamás cruzó la idea de que Hyoga traicionará a su hermano.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:43 pm

El no era hombre de andarse con tapujos, con paso firme acortó la distancia entre los dos, el muy desgraciado no había sentido su presencia, la joven trató de apartarlo en el momento de que tuvo ante sus ojos celestes la imponente presencia del mayor de los Kido. “Señorita creo que cuando la contraté fue para que ayudará a Miho, con las labores del Orfanato, no para que se revolcará en los jardines, con el primero que encontrará”

La voz de su cuñado resonó en sus oídos, el miedo acampó en su médula ósea, después de descansar su cabeza contra el hombro desnudo de la joven, se incorporó acomodando su ropa. Sin pronunciar ni una palabra más, ambos esperaron a que la doncella se terminara de vestir. “¡Señor, yo…!” Trataba de balbucear la joven, pero Iki, solo la volvió a ver de reojo: Cuando esté lista de nuevo, vuelva a sus funciones. Mañana veremos que haremos con usted. Le cortó cualquier explicación que quisiera emitir. Cuando la sintió lejos, fue fracciones de segundos cuando acechó al Cisne contra el nogal, hecho una furia.

¿Cómo te atreves a engañar a mi hermano? Entonces todo lo que se decía de ti en Asgard era cierto, le calentabas las enaguas a la mujer de Hagen, y en las narices de Shun, maldito desgraciado. Hyoga no le contestó nada solo lo empujo soltándose de su agarre, emitiendo su cosmos. “Lo que yo haga o deje de hacer Fénix, no es de tu incumbencia y si le cuentas a tu hermano, me harías un favor” ante su contestación Iki se quedó como congelado dándole el espacio para que escapará despareciendo como una ventisca gélida. Iba a seguirlo pero sintió la mano del pequeño Akira sostener la suya y su carita de ilusión lo detuvo, soltó todo el aire de sus pulmones y se dejó llevar por el niño, dónde le esperaban los demás.

Llegó ya tarde, necesitaba hablar con su hermano lo antes posible, así que sin tardanza se dirigió a su cuarto, pensó que por lo menos ese ruso, no estaría en la mansión si tenía algo de vergüenza, no se presentaría ante Andrómeda. Se enrumbó directo a la habitación de su hermano, y tocó levemente, no tardó mucho en abrirle la puerta, Iki estaba decidido a decirle todo, pero se detuvo al ver a su hermano abrazado por Hyoga, que le sonría desafiándolo a que le contará, la felicidad reflejada en el rostro de Shun, le amarró la lengua. Se quedó un momento callado ante la mirada inquisitiva de Andrómeda, que excusa inventaría para su presencia, el desgraciado lo estaba disfrutando, se le advertía en sus pupilas que lo veían con suficiencia. Mi prestas tu UBS, ahí tienes guardadas unas fotos que necesito, bajar para enseñárselas a Miho y a los chicos, hoy he visitado el Orfanato, para dejar provisiones, y por cierto me encontré con Hyoga allí, no te contó. No es así, cuñado, hizo énfasis en sus últimas palabras a propósito. Cierto amor, tu hermano creo que quiere contarte algo, le expresó besando su cuello, las retinas del mayor irradiaban más su odio, “Miho y Eri, me contaron que Hyoga todas las tardes, les hace una visita. Terminó con saña e ironía, al recibir el dispositivo de la mano de su hermano, se acercó a él, le envolvió en sus brazos, susurrándole al oído, mañana quiero, hablar contigo, nos vemos a la hora de la salida de tu universidad. Podría ser pasado mañana, le susurró Andrómeda de la misma manera al darle el beso de buenas noches, disfrutando del refugio de sus brazos, los chicos y yo nos reuniremos, para terminar la presentación y quedé de salir con ellos al final.

Bueno es una promesa. Sin despedirse de Hyoga, salió de la habitación, llenó de furia. Juró que Hyoga se la pagaría. Por su parte, el cisne, estaba desesperado, confiaba en que Iki, no hablaría sabiendo que destrozaría a su hermano, aún así forjó un plan para evitar que Fénix, arruinará su vida. Mañana lo ejecutaría a la perfección. Desde el lecho en que estaba ubicado perdía sus ojos distraídamente en todos los documentos que Shun acomodaba para el día siguiente, de su mesa trabajo, despegaba los bocetos del storyboard, después de haberle hecho las últimas correcciones.

A la mañana siguiente todo había pasado tan rápido, no sabía como, se había levantado temprano, y se dirigió directo al baño, siempre la misma rutina. Salió envuelto en su toalla, con su piel goteando, estaba molesto, tenía que haber una manera de desenmascarar a Hyoga. Casi no había podido dormir, estaba fastidiado con la situación, distraídamente buscaba su ropa, no pudo precisar en que momento, se abrazaron a su cuerpo, besando su cuello. Un escalofrío recorrió su espina dorsal, su corazón se aceleró a ese simple roce y un incomodo hormigueo hizo presa de su hombría.

¿Así que no te atreviste a dejarme en evidencia? Mi galante cuñado, su aliento rozó su lóbulo, y sus dientes sujetaron esa sensible zona. Creo que Fénix, debe tener los mismos puntos que su hermanito, su cuerpo también es apetecible, su brillante piel canela, su marcada musculatura, su presencia tan parecida a la de mi amado.

La conciencia de Fénix, trabajó sobre su exaltación y apartó a Hyoga violentamente de él, si aprecias tu miserable vida en algo, lárgate de mi habitación. El cisne cayó sentado, sonriéndose, vaya parece que te gustan las cosas a la mala ¡Eh, Fénix! Ayer me amenazaste, el santurrón hermano de mi prometido, hizo gala de su poder, pero veamos de si de esta te salvas, transmitiendo su aire frío por medio del suelo, empezó a inutilizar las piernas de su cuñado que al estar descalzo y mojado, no pudo reaccionar con la rapidez que deseaba, sufre en carne propia la restricción. El alto ejecutivo de las empresas Kido, dejaste tu vida de guerrero, por la de un ejecutivo has perdido forma, ya no será lo mismo de cuando me enfrentaste la primera vez, ahora hay un abismo entre tu poder y el mío. No tardó en írsele encima, Iki fue incapaz de mover un solo músculo de su cuerpo, luchó tratando de alzar su cosmos que empezó a descongelar su sangre en un horrible hormigueo, todo paso tan rápido, no tuvo tiempo de impedir que Hyoga le penetrará, ahora el iba perdiendo su raciocinio, hasta que sus brazos sin voluntad, en una febril pasión rodearon el cuello del cisne, acoplándose a su ritmo, sediento de pasión se dejó hundir en el mismo barro, se olvidó que tenía hermano, desapareció toda su moral y buen juicio.

Su conciencia, le hizo ver a su hermano de pie frente a él, su vista nublada le vio apuntar su poder centellando en su palma, cerró sus ojos para permitirle que le golpeara el corazón.

¡Oh, Shiryu! Las lágrimas de Fénix cayeron en el suelo, su rabia contenida salía a borbotones de sus ojos, lloró hasta quedar dormido en el frío piso de su habitación, hecho un ovillo.

A la hora de la cena, Fénix, se invistió de su habitual indiferencia y bajó a cenar, para que su hermano no le encuentre mal y no le hiciera preguntas que no quería contestar. “A ver si ahora vas de chismoso, con tu hermano” Le encantará saber que me tuviste entre tus piernas, y quien sabe a lo mejor repetimos este agradable momento, cuñado.” Lo que se ganó un puñetazo de parte del mayor.

En la mesa, todos comían callados, las miradas de Saori y Seiya analizaban la actitud de todos, los invitados apenas si merendaban de lo denso de la atmósfera que generaban Shiryu e Iki, la mirada fría del Dragón aminoraba el carácter del Fénix, el Dragón miraba de de reojo, a los hermanos, Shun degustaba su comida en silencio, sonriendo de vez en cuando a sus amigos, y hermano, Iki apenas jugaba con su alimentos fingiendo que se alimentaba. Todos deseaban que esa tortura finalizara, excepto los dos que no se habían enterado de nada de lo que en realidad sucedía.

Después de la cena, era la hora Braxton y Sullivan partieran, así que Shun les acompañó hasta la entrada principal, dónde Michael, le abrazó fuertemente, después de besar sus labios en despedida. Jonathan muy apenado de saber lo que sufriría su amigo esos días fingiendo, le envolvió en sus brazos amorosamente, besando su frente, en el mismo instante que el vehículo de Hyoga estacionaba al lado del suyo. El cisne se apresuró a bajar y se encaminó a su novio, Andrómeda se abrazó más fuerte a Braxton, ahora váyanse, le susurro, mañana nos veremos.

Se separó lentamente de él, para buscar los brazos de su novio, como todo el tiempo lo hacía: ¡Bienvenido a casa, amor! Agarrándole la mano le guió a sus compañeros, ellos son mis compañeros de Universidad, Braxton y Sullivan, los dos le saludaron haciendo una reverencia. Es tarde, si no nos vamos, no nos dejaran entrar en los dormitorios. Hyoga abrazó posesivamente a Shun, y fue cuando vio los entre las sombras del lugar, la herida en su párpado. ¿Pero que demonios te pasó? Andrómeda suspiró y le expresó suavemente contra su cuello, derrapé con la moto, en un precipicio.

El corazón de Hyoga dio un vuelco en su pecho, por todos los dioses, Shun. ¿Porqué no estas en el cuarto descansando?, le tomó en sus brazos e ingresó en la mansión, topándose con Shiryu en las escaleras. Los ojos de Andrómeda no se separaban de los del cisne, el puñal que sintió el Dragón en su corazón era enorme no tuvo el valor de gritarle nada a la cara del caballero de los hielos, sin destrozar al amado Shun. Los ojos grises de Shiryu los siguieron hasta que se perdieron detrás de la puerta de madera.

Al llegar al cuarto Hyoga, le depositó en el borde de su lecho y colocándose a su altura revisó su herida, bastante preocupado, no notó la mirada de desconfianza de Andrómeda. Colocó su mano encima de la sutura, aplicando su cosmos durmió los nervios alrededor de la misma, quitándole el dolor. Para luego asaltar sus labios en un apasionado beso: te he extrañado, amor. Le tomó sus manos besándolas: nunca me cansaré de estar a tu lado. Shun no le quitaba los ojos de encima, sus retinas buscaban desesperadamente la verdad del alma del Cisne. Apartó sus mechones dorados para obtener una mejor visión de esas fuentes de hielo. ¿Hyoga en verdad, no comprendo como puedes tener tanto cinismo en tu alma? ¿Cuándo se perdió el hombre que yo amo? ¿O siempre fuiste así de vacío?

Elevó su cabeza buscando los labios de Andrómeda, sin poner todo el peso de su cuerpo sobre Shun le fue cubriendo poco a poco, mientras sus manos le despojaban de sus vestimentas. Se detuvo para admirar su cuerpo desnudo, acarició con sus nudillos la tez fría de su rostro: Pronto te brindaré calor, mí adorado niño, se empezó a quitar de sus vestiduras sin apartar sus gélidos diamantes de las esmeraldas que le reflejaban con un extraño brillo, cuándo lo hubo hecho adoró el cuerpo de su amado.

¡Cierra los ojos, mi amor! Le ordenó susurrándole al oído, encendió un poco su cosmos pasando sus dedos fríos sobre las heridas de su cuerpo, para después acariciarle su fisonomía comenzado por su frente, mejilla, cuello, clavícula, sus pectorales los cuales degustó haciéndole gemir.

Los ojos de Shun se clavaron ahora en el blanco techo de su habitación su cuerpo despertaba ante tal trato, pero su alma se revolcaba de asco e impotencia, la boca del cisne no se cansaba de saborear su piel hasta llegar a su vientre él cual besó dulcemente, haciendo que Andrómeda se estremeciera. Sin quitar la mano de su vientre empezó a besarle apasionadamente mientras sus lenguas jugaban, cuando les faltó el aire se separaron y él besó sus mejillas, viajó besando su cuello hasta llegar a su pecho de nuevo, jugó con sus tetillas provocándolo, Shun se arqueaba desesperado sin parar de gemir y suspirar, la mano que tenía en su vientre, fue bajando hasta su entrepierna tomando su orgullosa hombría despierta, se separa de sus labios para tomarla y succionarla para llenarse sus sentidos de su aroma, y con la otra le preparaba para él, movió sus dedos dentro de él para lubricarlo y apenas le sintió listo, poco a poco Andrómeda le fue haciendo campo entre sus piernas, se ubicó y despacio entró en la pequeña entrada, hasta que se acopló suavemente en él.

Andrómeda se arqueo como bienvenida el aprovechó para tomarlo de la cintura y sentarlo sobre él, mientras le guiaba al orgasmo. Shun se abraza a su cuello escondiendo su rostro en su hombro, si esta era su despedida, Shun le besaba el cuello, y sus manos le rozaban la espalda, Hyoga le acariciaba los hombros y el cuello todo lo que tuviera al alcance hasta los dos se mencionan apasionadamente y sus gemidos se fundieron al llegar a las estrellas, Hyoga le deposito dulcemente el colchón cayendo encima de Shun esperando que sus respiraciones se acompasaran.

Andrómeda, le sentía dormirse en su pecho, suavemente se deslizó del lecho, se puso en pie y caminó hasta llegar al baño, dónde se duchó, hasta casi arrancarse la piel tratando de quitar su aroma y presencia, de sus ojos no volvieron a salir lágrimas, todo por fin había acabado, llevó su celular con él, lo tenía en el modo de vibración, sentado en el sillón con solo una camiseta larga puesta, contestó el mismo, con solo monosílabos hasta que terminó la llamada dirigió su vista al lecho dónde dormitaba su amante desnudo.

Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,
Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando

Hospital Santa Catalina, varios meses después…

Hyoga recordó todos esos días, en el momento que ayudado por su cosmos, después de hablar con Atenea decidió que era el momento de hablar con Shun, así usando su poder llegó al piso, que se encontraba su habitación. Después de que Iki, saliera acompañado del Dragón, y un joven más, el aprovecho para ingresar en la habitación, sin hacer ruido se acercó a dónde su pequeña dormitaba envuelta en una cálida cobija de lana, la admiró con sus ojos llenos de lágrimas, sus mejillas sonrojadas, sus cabellos en pequeños rizos esmeralda, los cuales acarició con sus yemas. La pequeña se movió levemente, suspirando en sueños.

Luego dirigió sus ojos a su amado, se le veía más pálido que de costumbre, su brazo inmovilizado en un entablillado, se acercó a él su mano empezaba hincharse a causa de la vía, una bolsa de sangre le llenaba de nuevo su cuerpo con ese líquido, acarició levemente sus labios resecos, y los entreabrió para besarlo apasionadamente, los ojos de Andrómeda, se abrieron y se encontraron con unos diamantes que le rogaban perdón. ¡Hyoga! Susurró levemente. Mi Shun, no puedo vivir sin tu compañía, te amo.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:44 pm

Cisne, lo lamento, como le dije a Perseo, yo no conozco el amor y no se lo puedo brindar a nadie, fue su clara respuesta, éste murió en tus manos hace como ocho meses. Aquí ya no tienes nada que buscar.

¿Perseo? ¿A quién te refieres? Su voz se afectó al escuchar ese nombre. La puerta se abrió de repente y un potente cosmos llegó a sus sentidos, se volvió para ver al individuo que estaba en la puerta. Soy Alexander Liverman, la reencarnación de Perseo para esta época, yo he rescatado a mi princesa otra vez de las garras de la muerte, y la he llevado a vivir conmigo, si alguien puede abrir su corazón de nuevo seré yo. No tú, caballero de bronce.

Perseo se dirigió al lecho de Andrómeda, y capturó sus labios en un apasionado ósculo, los ojos del Cisne no podían creer, los brazos de Shun le rodearon el cuello, buscando su refugio. No pudo pronunciar palabra. He venido a reclamar lo que es mío por derecho divino, determinó sonriéndole a Hyoga.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:46 pm

Capítulo 5: Ya no te amo


Que seas muy feliz, estés donde estés, cariño
No importa que ya, no vuelvas jamás, conmigo
Deseo mi amor, que sepas también que te amo
Que no te olvidé, que nunca podré, te extraño


Los diamantes de Hyoga le determinaron bañado en la tenue luz del pasadizo, ese era el cosmos que había sentido esa noche, en que sus deseos fueron cumplidos, el momento en que Shun, le había abandonado sin decir nada. Su complexión atlética, su estatura casi como la de Iki, sus cabellos castaños largos, los ojos como dos cielos tranquilos, tuvo visión completa de su rival. El dolor se hizo presa de su alma y los celos carcomieron su corazón, nunca Andrómeda había puesto su vista en otro que no fuera él, no pudo controlar apretar fuertemente sus puños clavando sus uñas hasta hacerse sangrar las palmas de sus manos y balbuceó casi inaudible: ¡Shun!

No resistía la escena de verlo en brazos de otro hombre, y que le fuera tan natural como el agua misma, sus gélidas gemas, no se podían apartar de ellos, así como sus lágrimas rebeldes manaban sin vergüenza alguna, las esmeraldas de su amor se posaron en él, le estudiaba en silencio envuelto en esos brazos fuertes y cálidos que le brindaban protección y cariño. ¿Hyoga, por que lloras? No entiendo porque. Expresó tapándose el rostro con sus manos, siendo presa de una gran furia, que le hacía rodearse de su cosmos, y el Cisne se acercó a su lecho caminando como un autómata, no le importaba que estuviera allí su rival.

“Alexar, llévate a mi Alondra, afuera, por favor”, su voz resonaba forzada, como tratando de sonar calmada, aquella orden directa no debía ser desobedecía, besó sus cabellos suavemente, tras cruzar en una pequeña fracción de segundos con el caballero de los hielos eternos, la mano delicada de Shun, le asió suavemente, apretándola levemente, dándole a entender que estaría bien. “Mi Perseo, te lo suplicó” Sin dejar de mirar a su antiguo amante, y todas sus reacciones, hasta que su compañero de habitación asintió suavemente, sin soltar su mano se incorpora para luego besarla con devoción y le suelta con elegancia, se dirige hacia la cuna y con sumo cuidado toma en sus brazos a la pequeña, cubriéndola bien, abandona la habitación hasta la sala de espera, meciendo rítmicamente a la nena para que no se despierte de su reparador sueño.

Las esmeraldas le siguieron hasta que abandonó la habitación para luego descansar en el hombre que se sentaba en su lecho frente suyo: “dime no entiendo porque lloras, es algo que no logró comprender, no esto tu deseo, Hyoga, no te colaste en las piernas de mi hermano, de Eri, Fleur, porque yo no te fui suficiente” La forma tan despreocupada de su hablar le heló la sangre, y su corazón se quiso paralizar al determinar, su mirada vacía, no había odio, pero si algo de furia que brotaba por cada uno de sus poros de manera visible.

¿Shun? El cisne pronunció su nombre casi en un susurro intimidado por esa mirada, y una sonrisa dibujada en sus labios que no supo precisar, suspiró al guiar su mano a su rostro, y descansarla en su mejilla fría, tembló al sentir la tersura de su piel, la que le roba el sueño, a media luz como estaban sus esmeraldas brillaron en un silencioso reproche, pero sin embargo no huyó a ese toque.

Shun perdóname, te lo suplicó, yo pensé que si me obligaba a olvidarte, no sufriría si algún día me dejabas, te busqué en otras pieles, en otros aromas, pero ninguno llegó a ocupar tu lugar y siempre regresaba a ti, a mi verdadero refugio como un sediento, y se recostó en su pecho, con cuidado de no lastimar su mano, quería sentir el consuelo de sus caricias, lo cual no ocurrió, el abrigo de sus brazos pero estos se mantuvieron inertes, ni siquiera uno de sus músculos se movieron al sentir su peso sobre él, izó levemente sus diamantes, y lo que vio provocó que estallará en un desgarrador llanto, mantenía su vista fija en la nada, no se encontraba allí, estaba muerto en vida totalmente.

Tú no eres Shun, susurró ahogado en su propio llanto, y su interlocutor se sonrió con ironía, no ves, es lo que has creado Cisne, soy Shun Haissan, cada fibra de mi cuerpo, no te gusta lo que miras, pues acostúmbrate. No pienso esconderme de ti, le expresó suavemente, no tengo miedo Hyoga, puedes acércate las veces que quieras a mí, pero en lo que concierne a mi hija, no. Si tan solo te atreves a tocar alguno de sus cabellos, juró que verás la tumba más oscura del Tártaro. Hyoga se quedó frío, como si hubiese recibido en su cuerpo el poder de Camus en persona y volviese a estar encerrado en el ataúd de hielo y Andrómeda hizo el intento de incorporarse un poco para alejarlo de sí, pero el movimiento se detuvo en un ahogado gemido de dolor, su herida le impidió hacer ningún movimiento, temblando de dolor se dejó caer de nuevo, en el lecho.

Y ese fue el momento en que Hyoga reaccionó a sus palabras, y preocupado recordó la herida que le había ocasionado, retiró su peso de su adolorido cuerpo, y trató de ver el daño ocasionado, pero se detuvo cuando la puerta fue abierta de nuevo, la guardia de turno venía a su revisión, y ésta vez el amigo de Shun era el encargado de cuidarle y alertado por la presencia de Liverman fuera de la habitación con Alondra, le hizo adelantar su visita para verificar que todo estuviera en orden, pero fue cuando vio a ese joven sentado en el lecho de Shun.

No pensé que fueras tan cabeza dura, Shun, sabes que debes descansar y no esforzarte, nunca he tenido un paciente más rebelde que tú, Andrómeda le sonrió suavemente, al momento que Hyoga le cedía campo al médico, poniéndose en pie, Liverman, también volvió a la habitación con la pequeña en sus brazos, las miradas que ambos se encontraron, el hombre que tenía ante sí, era el que sintió aquella noche, hace un poco más de ocho meses, ahora si lo pudo determinar por completo estaba seguro, sus gélidas gemas le escudriñaron detenidamente, cada parte de su presencia, no era Braxton, desde cuando apareció en sus vidas, se preguntó y permaneció callado, sin moverse y sus diamantes se dirigieron al lecho dónde el médico examinaba el vientre de su amado Andrómeda, sufrió cada vez que le vio fruncir levemente su seño, con sus preciadas joyas resguardas en sus párpados, estaba lívido, comprendió que era mucho el dolor que sentía y su alma se destrozó de ser el causante de esa agonía, se mordió hasta hacerse sangrar y bajó la mirada, hacia el suelo.

Shun, debes estar cansado de estar en esa posición, Alexar me ayudas, quién se dispuso de inmediato a hacerlo, pero al momento de dejar a Alondra en su cuna vio como el caballero de los hielos eternos se acercó en silencio, hacia el lecho y centró su mirada en los ojos de Brealey dispuesto a seguir sus indicaciones. Levantó la sábana descubriendo el frágil cuerpo de Shun, e indicó un trozo de tela, bajó Shun, tomé esos extremos, vamos a girarlo de medio lado, pero no lo alzaremos, no quiero que se mueva, en lo posible, y el alzarlo lo lastimaría más, quiero que cada dos horas lo cambien de posición y los que vengan a quedarse después le enseñen esta forma, entendido, ambos asintieron, y Andrómeda solo suspiró profundamente y sin ganas de refutar. Quiero que levante ese extremo y yo le daré la vuelta poco a poco, de esta forma, ayudado con el lienzo lo guiaron de medio lado, y Shun se tuvo que sostener del brazo de Hyoga, para afianzarse y ayudarlos, con sus ojos cerrados, cuando terminó de girarlo el Cisne le acabó de ayudar a acomodarse al asir sus piernas suavemente y las adecuó de una forma más cómoda.

Lentamente abrió sus párpados mirando fijamente hacia la pared totalmente ausente de las personas a su alrededor, pero sin embargo los tres mayores se estremecieron al sentir su halo de frialdad, rodear la habitación, con sus manos temblorosas, cubrió su cuerpo con la sábana de nuevo, y cual si fuera un muñeco sin vida, agarró su brazo el cual no le puso ninguna resistencia, lo descansó de manera más placentera.

¿Shun? Le llamó suavemente, pero ya no daba muestras de estarlo escuchando, algo que llamó la atención de Brealey, el cual de inmediato, rodeó la camilla, y apartó a ese otro hombre que no conocía, asiendo el rostro de Andrómeda, vio que sus retinas se mantenían fijas, en un estado catatónico. Y tocó de inmediato el timbre, y el equipo médico de turno, ingresó de inmediato, haciéndolos a un lado, sin mediar palabras, los sacaron de la habitación junto con la pequeña Alondra.

Nervioso, sin saber que estaba pasando Alexar se dejó caer sentado con Alondra, refugiada en su pecho, y murmuraba sin parar, “Andrómeda no me dejes, Shun te lo suplico, si tu saltas, yo saltaré también” Elevó su vista hacia el causante de todos estos problemas, no estaba en mejor estado que él, no apartaba la mirada de esa puerta, estático con sus labios fruncidos, como en su enredada mente, recordó que debía avisar a los demás y asió su celular y marcó el número de Braxton, “Johnny, ven te necesito, es Shun” fue lo único que pudo pronunciar antes de dejar caer el móvil. El sonido metálico, llamó la atención del Cisne quién clavó sus gélidas retinas en ese ser, que sostenía a su hija, sintió unos deseos incontrolables que quitársela allí mismo, pero sabía que si lo hacía ahora sería sacado del país, y no podía darse ese lujo. Algo raro estaba pasando porque los ojos de Liverman empezaron a brillar intensamente, poniéndose en pie inmediatamente, pálido, casi caminando por inercia dejó a la niña en sus brazos y se dirigió al cuarto de Andrómeda y esos reflejos de lagos tranquilos, ahora se veían turbulentos y su voz fue distorsionada por la gravedad de lo que sentía: Si en algo valoras tu miserable vida, cuida de esta pequeña, pero ni se te ocurra moverte de éste lugar.

Desapareció envuelto en su poder entonces por fin entendió era la persona que había percibido en aquella ocasión, pero no sólo eso si no también una serie de cosmos conocidos se enfilaron a su ubicación, bajó su vista a la pequeña que se removía en sus brazos, chupando su propia mano, esas esmeraldas brillantes y sus cabellos del mismo color, y la sonrisa tranquila, su Alondra, ahora sentía una extraña sensación entre dolor y felicidad, el pequeño balbuceo que su hija emitió pareció darle la bienvenida, y la puso a la altura de sus labios besándola en su frente que estaba tibia y ese exquisito aroma que despedía se grabó como un hierro candente en sus sentidos, ahora no habría nada que los separara de él, y se debía enfrentar al mismo hijo de Zeus para conseguirlos lo haría, se determinó. Pero he sido un imbécil, porque no lo entendí en aquel momento, esa mirada la denoté pero no le hice caso. Su mente se remontó meses atrás.

Le había extrañado, todos esos días de la excursión, esa tarde regresaba y después del incidente con Iki, Eri no lo había vuelto a recibir, y estaba contento en cierta forma, porque se sentía comprometido con ella. Iki ni siquiera le dirigía la palabra y Shiryu tampoco, pero poco le importaba, como todas esas tardes se sentó en el sillón preferido de Andrómeda, allí permanecía su aroma y presencia, era como estar en sus brazos disfrutando su calor. Extrañamente podía sentir el dolor de la armadura de Andrómeda, el cosmos de la princesa emanaba constante de ese lugar, descalzo se deslizó de su sillón y se encaminó hacia el altar de las armaduras, la suya permanecía tranquila pero la de su amado, le llamaba sin cesar, parecía que del rostro de fino bronce reluciente, parecía estar llorando, dirigió su mano a ella para limpiar aquel líquido salado, pero la armadura le rechazó energéticamente. Suspiró, al ver lo arisca que era. Lo lamento Andrómeda, se que te sientes sola sin él, ya tu soledad termina hoy. Últimamente solo tú y Seiya son con los únicos que puedo hablar, se lamentó.

Al parecer la princesa de fenicia sintió su tristeza y llenando la habitación con su presencia se dejó ver ante los ojos del guardián de Atenea, aquella hermosa joven, se acercó a él que había vuelto al sillón de su amo, Hyoga quedó paralizado ante la espectral aparición casi sin tocar el suelo caminó hacia él hincándose frente a él recostó su cabeza en su regazo con su mirada perdida en el firmamento que se encontraba en los matices anaranjados y violeta del atardecer, que coloreaban cada mueble, pared de esa habitación así como sus fisonomías. La voz de la princesa no se oía a pesar de que movía sus labios, parecía que quería decirle algo, sus labios se movían desesperados, pero no le entendía su voz era una bella melodía en una antigua lengua muerta, pero solo lo podía escuchar su alma, sintió suya la angustia de esa joven tan hermosa, como su amado Shun. Aquellos espectrales cabellos ondeaban envueltos en su poder milenario.

En verdad quería entenderle, pero solo su niño podría hacerlo, esa unión era algo inquebrantable, se entristeció de no saber como calmar su ansia, asió su rostro con delicadeza, pero ella comprendió que sería inútil decir nada, observó nuevamente el firmamento y bajó sus soñadoras esmeraldas, sus lágrimas descendieron por su faz de porcelana, negando suavemente con su cabeza desaparece de frente suyo, dejando una melancolía en el ambiente. Suspiró al sentir la ausencia de Shun, una semana y había sido un infierno, sintió sus parpados pesados, trató de mantenerse despierto pero inevitablemente esas cortinas que cubrían sus diamantes, se fueron cerrando poco a poco, descansando sobre el respaldar su cabeza.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:47 pm

Las sombras de la noche fueron llenando la habitación mientras el dormitaba, cansado de estar prácticamente aislado, hasta que la puerta del cuarto se abrió, dejando ver la figura de caballero del sacrificio, quién enciende a media luz, la habitación, suspiró al encontrarla vacía, y feliz de no tener que encontrarse con él se fue a saludar a su armadura que le recibió destellando suavemente, sin notar que un par de diamantes, le admiraban llenos de pasión, al dejar su gabardina, sobre el lecho, se dirigió a responder el llamado de su estrella guardiana. Esta emanaba suavemente su presencia hasta materializarse frente a él quién la saludó con una elegante reverencia, sin embargo la princesa del sacrificio se postró ante él con su cabeza baja y las manos de Shun la asieron de sus brazos ayudándola a levantarse, con delicadeza la hizo recostarse en su pecho, y ambos cosmos se entrelazaron en una conversación que rasgaba en un gran amor filial, la mano delicada del caballeros limpiaba el llanto que cubría la tez blanquecina de su protectora, besó sus párpados en una sonrisa que nunca había visto en su rostro, él jamás tuvo esa comunicación con el Cisne, aunque quisiera no podría, su armadura, era un bastante fría y rebelde, tal como era su carácter, además era una bestia, por lo tanto no era lo mismo con los que poseían el alma de un héroe del pasado, se decía que sus dueños tenían una relación más estrecha con ellas, como sucedía con Virgo y Géminis en los ropajes sagrados dorados. Tan solo las armaduras de los dioses eran comparadas a estas.

Sintió la mirada de la princesa desviarse a su persona quién le indicaba acercarse y él así lo hizo no quiso romper ese mágico momento, sin embargo, aquella mirada la tomó como una invitación, descalzo se puso en pie, sin notar su presencia se acercó hasta Andrómeda por detrás asiéndolo de la cintura, lo apegó a su cuerpo: “Bienvenido a casa, amor” su voz grave inundó sus sentidos, lo sintió quedarse paralizado en sus brazos. “Hyoga” su nombre pronunciado por esos labios que había soñado tener bajo los suyos durante esa semana, sus manos se abrieron camino por debajo de su camiseta, así como empezó a desabrochar sus jeans y sus dedos fríos a causa de la ansia de su propio cosmos rozaron su vientre plano, y las piernas del más joven perdieron su fuerza, siendo sostenido solo por el fuerte agarre los antebrazos del caballero de los hielos eternos, la erección anhelante del Cisne se apegaba a su trasero, indicándole lo que estaría por pasar. Ocultó sus esmeraldas tras unas rizadas pestañas, después de esto su amante le empezó a desnudar con una ansia que nunca había notado en él, o era talvez que ya él no quería ser tocado por él, pero debía aparentar, le sintió detallar su cuerpo, poco a poco sus manos dibujaron sus formas, hasta quedar frente a frente, sintió su aliento rozar levemente su rostro, y así abrió lentamente el refugio de sus esmeraldas.

¿Hyoga? Susurró. No cierres tus ojos, quiero verme en ellos, y quiero que te veas en los míos, le indicó lamiendo su cuello suavemente y sus manos se perdían en sus cabellos desatando su coleta para admirar la graciosa caída de sus aromáticas hebras en sus hombros tan blancos como la leche misma. Sintió sus dedos recorrer su torso bajando por su vientre hasta asir su hombría entre sus dedos, aprisionándola con delicadeza, al instante que sus labios seguían ese mismo camino, y su índice y pulgar corrían el pliegue de su falo, para saborear la punta del mismo, hasta engullirla completamente, allí sus piernas perdieron la facultad de sostener su cuerpo, y fueron las manos del caballero de los hielos eternos que le sostenían firmemente agarrando su cadera para mantenerlo en el sitio deseado, disfrutando de sus gemidos acallados por su propia mano, le vio retorcerse de placer ante sus atenciones, no quería dejarlo hasta probar la miel de su esencia en sus labios, siguió con su tarea hasta que sus sentidos se impregnaron con la esencia de su Andrómeda.

El frágil cuerpo de Shun, se estremecía de placer, se incorporó apegado a su cuerpo, y en el proceso toma sus piernas cargándolas contra su cintura, cargándolo en vilo lo encamina al lecho dónde lo deposita y volviéndolo lo hace sostenerse en sus rodillas y manos, le penetra de un solo, ese cuerpo que le pertenecía estaba acostumbrado ya a sus intromisiones, acariciando su espalda en consuelo esperando a que se adapte a su miembro, y empieza arremeter primero despacio y profundo. Para luego comenzar con sus movimientos más frenéticos deseando perderse en ese cuerpo que adoraba, y que nunca dejaría que se fuera de su lado, aunque la vida se le fuera en ello, en esa semana lo había comprendido sin Andrómeda no tendría aliento ninguno, cubriéndolo con su cuerpo besó sus hombros, y cuello, a su vez grababa en sus retinas, como ondeaba sus cascadas de jade a cada uno de sus empujes, sus oídos retenían en su cerebro cada gemido y suspiró, los estremecimientos de su cuerpo cercano a otra liberación, a causa de las caricias de sus dedos, y fue en un instante, que el tiempo se detuvo para los dos en un estallido de sus cosmos en conjunto, el llenó de nuevo sus entrañas y Andrómeda sus dedos y las sábanas del lecho.

Cae exhausto sobre su espalda tratando de recuperar el aliento y Shun le sostiene manteniéndose estático sintiendo su respiración agitada, y la de su amante, aún unidos, Hyoga se retira con cuidado de su cuerpo, sin dejar de sostener su cintura, lo hace recostarse a su lado, rodeándolo con sus brazos y apegándolo a su cuerpo, le descansa su cabeza en su pecho, extrañado de la pasibilidad de Andrómeda acaricia sus cabellos creyéndole dormido se sonríe, pensando que seguro estaba agotado. Cuando le acomoda para que descanse, mejor, lo ve con sus esmeraldas fijas en su armadura sagrada. ¿Shun, qué sucede? Le inquirió suavemente rozando con sus dedos sus húmedas mejillas, pero no recibió respuesta alguna de su parte, aunque volvió su rostro sus retinas se mantenían sin el más leve indicio de vida, asustado, le zarandeó suavemente buscando que reaccionará, su corazón se desbocaba del terror, parecía que estuviera muerto, colocó su oído en su pecho, el latido era casi imperceptible como su respiración cubriéndolo con una de las sábanas, se dispuso a dar a aviso a los demás, sus lágrimas cegaban su propia vista, no tenía ni fuerzas ni para gritar, sentía que se ahogaba del dolor tan grande que sentía en su pecho. Su más oscura pesadilla se había hecho presente, cuando trató de alzarlo sus brazos no le respondieron tan sólo pudo sollozar con un gemido salido de su propia alma, y calló en su pecho bañándolo con el mar de su angustia y desamparo.

La misma armadura de Andrómeda se inquietó llamaba a su dueño pero no le contestaba y un gran lamento de parte de esa indumentaria divina llenó la mansión de Atenea, alertando hasta la más mínima parte del cosmos de su dolor, ante el llamado desesperado de la princesa del sacrificio.

Iki se encontraba en su habitación recién se había dormido, se incorporó de golpe, con su corazón desbocado, se mareo al levantarse de golpe apenas si se pudo poner en pie descalzo y solo vestido de su buzo negro, con sus cabellos alborotados, como un demente se lanzó al cuarto de su hermano, al igual de Atenea, Shiryu y Seiya, que se encontraban en la sala conversando, después de que más o menos media hora antes, regresara Andrómeda y les saludará.

El primero en llegar fue el Fénix, quién apartó de golpe a Hyoga de encima de su hermano, y alzó a Andrómeda contra su pecho besando su frente suavemente, le llamaba desesperado: “Mal nacido ¿Que le hiciste? En la puerta de la habitación hicieron su aparición Atenea y sus otros dos guardianes, apenas si Hyoga en su desesperación se logró medio cubrir con otra de las sábanas de la cama, ante la mirada de odio dirigía de su cuñado, que desesperado trataba de hacer reanimar a su hermano que seguía con su mirada fija sin determinarlos. Al ver que el Cisne se encontraba desnudo, los dos caballeros, cubrieron la visión de la joven Kido a su vez le indicaron que llamará a la Fundación para revisarán a Shun, sacándola de la habitación. Al cerrarse la puerta tras ella, la joven toda sonrojada y con su corazón agitado, salió corriendo hacia su cuarto, dónde llamó al hospital de la Fundación pidiendo el equipo médico de emergencias.

En la habitación de Shun y Hyoga, Shiryu, trataba de soltar de los brazos de Iki, el cuerpo de Andrómeda, para que le permitiera respirar mejor, la mirada de furia del Fénix, chocó con sus ojos grisáceos, pero en un gesto de seriedad, que no admitía ser desobedecía logró que Fénix aflojará al joven caballero, el Dragón volvió a ver de reojo a Hyoga, el cual Seiya trataba de poner en pie jalándolo de su brazo, que con lágrimas en los ojos no dejaba de ver a su novio. La mente del discípulo de Dohko divagó en hace una semana atrás, y en el rostro de Shun sería un colapso de nervioso, su amigo, si había visto algo, y por eso no aguantó las manos del Cisne en su cuerpo, por eso se distanció esa semana. Vio el brillo de unas gotas apegadas a sus lagrimales, con sus dedos las limpió ante la mirada ante del mayor de ellos, gemas de plata se clavaron en los zafiros que le examinaban y una mirada de reproche le hizo quitar su vista de él.

A lo lejos el sonido de las sirenas de las ambulancias, se aproximaron y entre Iki y Shiryu vistieron a Shun, con uno de sus buzos y una camiseta, mientras Shiryu retiraba las sábanas, por unas nuevas, y Seiya ponía en pie al Cisne lanzándole sus ropas para que se cubriera con ellas. Vamos Hyoga, no querrías que todos te vieran desnudo y lo hizo entrar en el baño para que se terminará de vestir, el equipo médico ingresó a los poco minutos y los hicieron sacados a todos de la recámara.

Todos esperaban ansiosos en el pasillo, Iki se acuarteló en la puerta, del cuarto de allí nadie lo pudo mover, Shiryu, esperaba con sus ojos cerrados y brazos en jarras apoyado en la puerta del frente, Saori caminaba de un lado a otro enfrente de ellos pero de pronto, se empezó emanar su poder milenario, en la habitación, dónde estaba Shun un golpe de energía les alertó no era la de Andrómeda, pero también se pudo distinguir la de Hades, Fénix derribó la puerta sin contemplaciones, pero lo único que encontraron fue el lecho vacío y alrededor el personal médico desmayado en el suelo de la habitación, desde allí la armadura de la princesa del sacrificio se durmió y no volvió a mostrar su brillo. Por el balcón de Hyoga, Iki y Shiryu se dieron a la persecución de esa persona, pero no encontraron su rastro.

El Cisne, les siguió enloquecido trataba de hallar su presencia pero nada, así fueron toda la noche, y la madrugada. Sin embargo, después desviarse un poco un deportivo negro, estacionó en un motel cercano, y un joven de hebras castañas alzaba a otro de cabellos como el mismo ébano, que parecía dormir plácidamente, contra su cálido cuerpo. “Hemos llegado mi señor, ellos nos buscaran por nuestras presencias, por lo tanto, debe tener cuidado de no emitirla” “Mi amado Perseo, lamento ya no tener corazón para ti” “Perdóname Alexar…” Pero los labios del hijo de Zeus, acallaron los suyos en un suave ósculo.

Poco a poco, levantó la vista del rostro de su hija, sus diamantes se clavaron en la puerta de ese cuarto, las situaciones se repetían de nuevo, y con ella en brazos, dio un primer paso hacia la recámara pero las presencias de los tres jueces se lo impidieron, quienes ante la hija de su señor se hincaron, atrás de ellos, Pandora Haissan, dejó mostrar su presencia. La mirada violeta de la reina del Inframundo le examinó y denotó la pequeña en sus brazos, la niña era su sobrina, traspasando a la barrera de sus guardianes se acercó al caballero de Atenea: “Alondra” se sonrió al acortar la distancia, enfrentando con altivez al Cisne extendió sus manos, para que le entregará a la pequeña. Sin embargo, él retrocedió “es mi hija también, Pandora tenlo presente”, su cuñada se sonrió: “es la hija de mi hermano” Iki y tu no merecen ver a esta pequeña, no me hagas utilizar la fuerza para retirar de tus brazos a mi sobrina.

La hermana de Shun se acercó más a él y sin embargo el refugió a su niña contra su pecho más firmemente, no deseando separarse de ella, cuando los jueces lo rodearon, la puerta, se abrió de nuevo y en los brazos de Alexar, Shun descansaba recostado en su pecho: “será mejor que le des el agua de Lete, a los humanos Perséfone” la voz de Liverman, los distrajo del conflicto, es peligroso que se mantenga aquí, su poder podría acabar con los demás pacientes, lo mejor es llevarlo al Inframundo, por un par de días, creo que esta vez es irreversible.

¿Qué te refieres? Inquirió Hyoga, sin soltar a Alondra, y de inmediato siente la mano de Atenea en su hombro, la diosa también hizo su aparición, suspiró al ver la corte del Inframundo frente a ella, y a su hermano Perseo con Shun en sus brazos. “Entonces fuiste tu, el que ingresó en mi mansión hace ocho meses” El semidiós asintió: “fui yo, vine por mi princesa, y no me importa que tenga el alma de Hades en su cuerpo, y ni sea el mismo dios del Inframundo, pero es mi amada Andrómeda.” La furia reflejada en los diamantes del Cisne, no pasó desapercibida, por el Príncipe de Argos, trató acariciar el rostro de Shun pero él se lo impidió, no lo hagas el solo tenerte cerca lo hace revolcarse del odio que tiene, esas personas allí dentro, estuvieron a punto de morir por tu culpa, en verdad me admiró eres la primer persona que hace que Shun desee usar su poder de Hades, en el mundo. Entiende por favor, ahora ni siquiera es porque tú le hayas hecho daño o no, la verdad, es que no soporta tu presencia. Cada vez que te mira o te toca revive el momento en que estuviste con su hermano, la voz de Alexander llegó a sus sentidos como balde de agua fría, sus diamantes estudiaron ese rostro tranquilo contra el calido torso de Alexar, su niña se inquietaba en sus brazos y empezó a llorar desconsolada.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:47 pm

Tratando de calmarla, le mece suavemente, pero el llanto despertó a su progenitor, cuyas esmeraldas más gélidas que el mismo polo ártico se clavaron en su rostro, no hubo expresión alguna en él, ni odio, ni amor, su vista se fijó en su hija que lloraba en sus brazos, esa mirada penetrante se dirigió “Perseo de Argos” sus labios pronunciaron esa invocación con firmeza y él le depositó en el suelo con delicadeza, y de inmediato se postró ante él al igual que Pandora y los jueces. Poniéndose en pie sin dificultad, y extendiendo sus brazos sostiene a su hija con cuidado. “Alondra, aquí estoy no tengas miedo mi niña”. Hyoga solo se le entregó, sus diamantes se desviaron no podían verlo a la cara, la vergüenza no le dejaba., trató de excusarse, pero su voz no salía de sus labios, sintió como su mano álgida descansó en su mejilla.

Porque huyes de mis ojos, Cisne Hyoga. Me has ofendido en algo para que no puedas sostenerme la mirada, si es por mi herida no te preocupes, ya no duele, si te deje el camino libre fue para que estuvieras con mi hermano, pero veo que sus preferencias estuvieron con el Dragón, cada palabra fue emitida sin ningún dejo de nada y como mi hermano ya no te deja estar dentro de sus piernas vienes a buscar las mías, ahora logró que se atreviera a posar sus glaciales en esos campos del Eliseo mismo, así esta mejor acepta lo que hiciste, sin vergüenza no estabas obligado a amarme, en el corazón no se manda, caballero, tan solo tenías que decírmelo así de frente, mirándome a los ojos, más no traicionarme.

No me bajes la mirada, que te estoy hablando, le reprendió cuando hizo el intento de perderse de ese hechizo esmeralda, yo pienso ser como tu, hasta el momento mi relación con Alexar no ha pasado a más de un beso de recompensa, ninguno de mis amigos son mis amantes, ahora te enseñaré a acabar una relación, ya no te amo, pronunció lentamente cada una de sus palabras, ves no era tan difícil emitir esas palabras, eran las que tenías que expresar en Japón y pudiste haber evitado tantos problemas, se sonrió y con delicadeza besó su frente. Acto seguido se volvió hacia el hijo de Zeus con su rostro iluminado por una sonrisa tranquila.

El cuerpo de Hyoga tembló no comprendió sus palabras, “Yo te amo, más que a mi vida, Shun Haissan” Mírame a los ojos como dices y ve mi verdad en ellos, ya la he visto, le refutó de manera cansada, pero no cambia mi verdad, yo ya no tengo corazón, te permito ser mi amante, si es lo que quieres, pero no me tendrás atado, se volvió hacia él, y con un paso firme, elegante, acortó su distancia con él, asiéndole su rostro capturó sus labios en un apasionado beso, que hizo estremecer al caballero divino, quién se aferró a su cuello buscándolo profundizar, hasta que el aire les faltó y se separaron: no me pidas más que pasión, porque el amor murió en las piernas de mi hermano, un mueca irónica se reflejó en su semblante, pero no creas que será el único, mi preferido siempre será Alexar, quién sabe talvez vuelva a ser su esposo como en la mitología. Pero creo que él no se merece una sombra, si no mi alma completa, llevándose la mano a su pecho, siseo con saña: pero aquí no hay nada ya. En ese momento las fuerzas de Cisne empezaron a disminuir como succionada por el abismo más profundo del Tártaro y lo último que pudo ver fue un túnel negro, y como sus sentidos se adormecían poco a poco, derrumbándose ante la mirada aterrada de Atenea que corrió hacia él sollozando su nombre.

¿Shun, que le hiciste? Le preguntó sosteniendo contra su pecho a su caballero. Pero Andrómeda tomó el brazo que le ofrecía Liverman, al oír su nombre se detuvo, recuerda Atenea, mi nombre es Hades. Y no le hecho nada, es el castigo de un humano al besar al dios de los muertos. Descansó su cabeza contra el pecho de Perseo, y la comitiva del Inframundo desapareció de frente suyo. Suspiró: Te lo advertir Cygnus, tendrías un camino lleno de obstáculos. Al momento llegaron sus demás caballeros Iki y Shiryu se precipitaron hacia el cuarto. “El ya no esta ahí; se fue con Pandora” les explicó al momento que Seiya tomaba en sus brazos a su inconsciente amigo.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:49 pm

Capítulo 6: La Extinción de una estrella

Perdóname mi amor por todo el tiempo
que te amé y te hice daño



Andrómeda suspiró al colocar a su niña en la cuna, que le había comprado, a su vez Pandora sentada en el lecho, se apoyaba en su baranda observando a su pequeña sobrina, suspiró al momento de guiar su mano a asir los pequeños dedos de Alondra que la veía con sus hermosas esmeraldas. Alexar abrazaba contra sí, a Shun, besando su cabeza, no tardarán en darse cuenta de nuestra presencia aquí, por lo tanto tengo que irme, aseguró aún sostenido por esos fuertes brazos. Debo descansar unos días en el Eliseo dónde mis heridas sanarán y estaré listo para lo que viene.

Mi querido Perseo, te encargo mi tesoro. Cuida de mi hija como si fuera yo mismo. Las manos fuertes del príncipe de Argos, apartaron sus sedosos cabellos descubriendo su cuello, besó la delicada extensión en el momento que le descubría su cuerpo, al desatar las tiras de esa bata de hospital. Disfrutó las delicadas formas de su anatomía con su mano deteniéndose dónde comenzaba el vendaje que cubría sus heridas, en sus yemas pudo sentir como aquella piel de nácar se erizaba a causa de su desnudez, así que tendió la mano hacia Radamantis quién portaba las vestimentas de su Rey y le fue cubriendo con las mismas, pero cuando iba a cerrarlas completamente… Espera, por favor Alexar, y Andrómeda se separó de él para tomar a su pequeña en brazos en su pecho desnudo la descansó, y encaminándose a su lecho, se acostó en el, para alimentarla, acto que hizo disfrutando de su piel suave, de cada suspiro y resuello emitido de su pequeña Alondra, sus dedos acariciaban esos rizos de esmeralda pura.

Con amor recibió el caluroso abrazo de su hermana mayor quién se dedicó a mimarlo, como si fuera un niño pequeño, besó su mejilla pálida. La criatura pronto se empezó a quedar dormida, en ese instante la separa de él delicadamente, cubriéndola con su cobija después de darle unas suaves palmadas en su espalda sacándole cualquier aire que la incomodará. Adaptándola en sus brazos bien arropada, se incorpora del lecho, hasta quedar frente a Alexar, una vez más besó su frente tibia, el aroma dulce de su niña caló hasta lo más hondo de su alma.

¡Mi príncipe! Susurró el hijo de Zeus, al ver el dolor que ocasionaba esa separación, las esmeraldas ahora ensombrecidas, los sentimientos de ese corazón solo afloraban para Alondra, esa pequeña era capaz de tal milagro, no podía ni deseaba ver ese sufrimiento cruel en sus ojos y silenciosas lágrimas corrieron por esa piel lozana, su propia mano viajó de inmediato a secarlas, pero los dedos temblorosos de Shun, le detuvieron, en un elegante movimiento, asió su extensión adaptándola, y con tristeza le cedió a su hija en esos fuertes brazos, al momento de acariciar con sus labios la pequeña cabeza de rizos esmeraldas. Cerró sus ojos deteniendo sus propias lágrimas, y su cosmos nuevamente envolvió su corazón cerrándolo nuevamente, aquella terrible frialdad cubrió el ambiente.

El ruido metálico de las armadura de los jueces resonó en el silencio impuesto en esa habitación sus párpados se abrieron lentamente al momento que ese chasquido unísono sonó frente a él sus principales guerreros se postraron esperando sus mandatos y él único que le miraba a los ojos, ya que los demás aún tenían aquel respeto de nunca mirarlo a la cara era su lugarteniente Radamantis, sus ambarinos ojos reflejaban su rostro, la preocupación impuesta en ellos, le hizo suspirar. Tendiéndole la mano a su Reina se desvaneció como la bruma sin más palabras sin despedidas.

Los cielos calmados de Perseo, se perdieron en el rostro sonrosado y hermoso de la princesa en sus brazos, se sentó en el lecho, para colocarla en la cuna y vigilar el sueño de esa criatura que respiraba en un acompasado movimiento, feliz de haber sentido el calor de su papi. Emitió a propósito pequeños destellos de su cosmos, dejando mostrar su ubicación, espera mi princesa que pronto vendrá tus tíos creo que Iki y Shiryu, serán los indicados para cuidar de ti. Suspirando se sonrió al verla mover sus manitas en un sueño. Cuando esto termine, iré dónde mi padre Zeus y ahí pediré que seas mía, serás mi pequeña hija, jugarás en los Campos del Olimpo, como la diosa que eres. Por mientras al lado de tu papi pelearé por el honor de nuestro panteón, si acaso no regresáramos, enviaremos a Pandora por ti, ella será tu madre. Y la Constelación de Perseo y Andrómeda serán siempre tus padres, y velaremos por ti desde el firmamento, cuando eleves esas esmeraldas y la veas destellar seremos nosotros que te saludamos, mandándote nuestro amor eterno como las estrellas e infinito como el universo, con cariño besó su frente en el momento que los cosmos de cuatro caballeros se enfilaron hacia él. ¡Hasta pronto, mi pequeña princesa Alondra!

Zeus, querido padre vuelve a la vida a mi armadura dormida en los anales de la historia oculta en la Constelación de Perseo, la vestidura que mandaste a tejer con el mismo brillo de las estrellas y con su fuerza inmortal, permíteme seguir a mi amada Princesa, hasta los mismos territorios del Hades, dónde comparte vida, aliento y fuerza con tu hermano mayor, el hijo de Cronos y Rea, el Gran Hades, el no visible, que su nacimiento fue bajo la luz de mi amada Andrómeda. No había terminado decir su oración cuando los cuatro caballeros divinos de Atenea junto a su hermana aparecieron al frente suyo.

Unos diamantes agresivos se posaron en sus cielos tranquilos, la mirada violeta de su hermana que extendía su báculo hacia él le inquirió en silencio: Iki, Shiryu, les encargo a mi hija la diosa Alondra a su cuidado, hasta que volvamos del Hades con mi príncipe restablecido, se sonrió con despreocupación aunque un dejo de inquietud logró determinar su hermana en sus retinas, y como si la misma constelación de Perseo cayera a la tierra, cubrió su cuerpo en brillantes resplandores, y aquella armadura con los brillos de las estrellas les deslumbró cegándolos, a la vez su padre le envestía con sus antiguas armas, en sus pies las sandalias de Hermes, en brazo derecho el escudo de Atenea, del mismo Hades viajó el yelmo de Rey del Mundo Subterráneo a su cabeza desapareciéndolo de su vista.

¿Perseo, hermano mío? La voz tranquila de Atenea, le inquirió y el se quitó el yelmo de su amado Shun, suspiró al verlo y alzó sus ojos pacíficos a su hermana mayor, y se sonrió: no pasa nada, no podemos llevar a mi hija conmigo… ¿Tú hija? No me hagas reír, Alondra es mi hija no tuya, un exasperado Hyoga se abalanzó sobre él, al momento que el hijo de Zeus, le evade en un santiamén aferrándolo de sus hombros, le vuelve hacia la cuna dónde dormitaba la nena de Andrómeda. “Ella es Alondra Haissan” Y será mi hija, por los que tu me robaste. Fue su susurro a su oído asegurándole suavemente, sin alterarse, porque si fuera fértil yo le daría los demás hijos que quiera. Sus manos le soltaron de golpe. La Princesa Andrómeda me pertenece a mí desde la mitología he renacido a reclamar lo que es mío por derecho divino.

¿A qué te refieres? Yo no te he robado absolutamente nada, como dijiste Andrómeda te pertenece pero la de la mitología, Shun en cambio ahora me pertenece a mi así como la niña que duerme aquí es mi sangre la que corre por sus venas, y es un hecho que no podrás evadir, mas Perseo no le contestó nada, solo se sonrió. No tengo porque perder tiempo contigo, se dijo al momento de desaparecer, piensa lo que quieras cisne con tal la verdad es otra.

Cuando quiso volverse para refutarle, el ya no se encontraba allí. La inquietud de sus cosmos alteró la paz de Alondra, quién sollozó desamparada al verse sin sus seres más allegados, la presencia de Alexar y la de su papi habían desaparecido, y fueron los brazos de Iki que se apresuraron a aferrarla en consuelo cuando Hyoga, le iba a alzar. ¿Fénix? No te atrevas a tan solo mirarla Cisne, nunca te lo permitiré, el daño que le hiciste a mi hermano, es imperdonable.

No te atrevas a pisar nunca más está casa, mi hermano nos ha encargado el cuidado de ésta pequeña, así que si no quieres que llame a la policía vete, porque tampoco pienso ensuciarme las manos contigo, no vales la pena tan siquiera. Los diamantes gélidos como el mismo Ártico le determinaron, la furia carcomía cada punto de su alma y en un susurro siseo: Por mi honor, Iki te digo que te tragarás cada una de tus palabras, lograré que Shun me perdone, y volverá a mis brazos de nunca debió salir y seré yo el que no permitas que toques a mi hija. No me importa lo que tenga que hacer, lo verás pronto.

Si Hyoga cuando el polo norte desaparezca, cuando los cerdos vuelen, o cuando sea 30 de febrero, tú escoges la época o la situación, su voz sonaba cansada, en verdad ya no quería saber nada de él, le soportaba por el simple hecho de que eran compañeros de armas y porque le debía fidelidad a Atenea, pero por si él fuera estaría aniquilado en éste momento. Los pensamientos del Fénix que peligrosamente se dejaban ver en llameantes destellos dorados en sus retinas compuestas por zafiros acerados, inquietaron a su diosa, quién de inmediato se puso entre ambos, extendiendo su báculo: Caballeros por favor, no en medio de la pequeña Alondra. Y se dirigió hacia el Cisne colocando la mano en su hombro, con su cabeza le indicó seguirla, de inmediato Pegaso la ayudó a sacarlo, la furia de Hyoga se veía reflejada en la escarcha que cubría el reluciente mosaico de esa habitación



Te amé de más y fue mi error,
Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando
Que seas muy feliz, que seas muy feliz,


De la mano de Pandora, se adentró en su mundo, en el lugar que le pertenecía al cual había abandonado desde su derrota con la diosa de la sabiduría, la apatía tal vez había comenzado desde ese momento ya no era más Shun, ni Andrómeda solo un dios derrotado, sus esmeraldas recorrieron de nuevo cada uno de sus inexplorados lugares que era el heredad de su familia, la oscuridad de ese lugar le era tan amena como un bálsamo para su alma adolorida, de reojo vio el rostro pálido y serio de su hermana sonreírle, al fin hemos llegado a casa, de nuevo aquel palacio de Giudecca, en sobria elegancia de milenios, el ambiente hostil se sentía rodeando el mismo Palacio le gritaba su dolor en desgarradores gemidos, una fuerza ajena a él intentaba quitarle, su mundo, deseaba acabar con cualquier indicio de su existencia, se sentó en su trono, extendiendo su poder al cerrar sus ojos como haría con su pequeña en meses atrás dejo sentir su presencia acallando sus temores, el era su Rey, su amo.

A sus pies sintió como su hermana se hincaba a su lado apoyando su cabeza en su regazo, uniendo su poder al de él, su mano que estrujaba los relieves de su trono, en muestra de su furia contenida, viajo hasta posarse a descansar en los sedosos cabellos de su Reina. Todavía no se atreven a ingresar a mis dominios pero acechan como las hienas a su presa, nos analizan. Suspiró, al momento que su mano es tomada por las cálidas de Pandora, que la besaba suavemente fijando sus retinas en esas esmeraldas que brillaban en un dejo de frialdad, es la hora su energía debe cubrir su majestad el Inframundo, sabe lo que tenemos que hacer, Shun asintió al momento de fijar sus ojos en unos ambarinos que le fijaban con orgullo. ¿Podrás resistir en el lapso que duerma? Sabes que mi poder desaparecerá en ese instante, no se cuanto tiempo se necesite para que mi cuerpo sane. Y mi alma se armonice a mi armadura dormida, en ese lugar ambos reviviremos impregnaré con mi espíritu, el ropaje que nuestro antecesor llenó con su alma ahora un nuevo Rey respira, Perséfone, ese proceso puede ser largo o corto la verdad no sé.

Si este intento fallará Radamantis, te ruego saca a mi Reina de este lugar, y ustedes protegerán a mi vástago, junto a la hija que le he dado a mi Primavera. Ella es su princesa, y cuando mi cuerpo se enfríe, ella será su nueva gobernante, prométeme mi primer juez que le serás fiel, que le buscarás nuevos espectros que renacerán para alzarse a su lado y peleen por reconquistar su reino, que no permitirás que Atenea, la acoja bajo su cuidado. La Princesa Alondra, es mi heredera, no un sirviente de la hija de Zeus, a ella no la ampara mi derrota… se silenció esperando su respuesta. Sus esmeraldas fijaron como se mordía los labios en un sentimiento de impotencia, de inmediato comprendió el dolor de su lugarteniente.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:51 pm

No es tu culpa Radamantis, fue mía esta situación, mis sentimientos interfirieron en mi deber de dios, y he pagado el precio de tener un corazón, pero te aseguro que ahora soy el verdadero gobernante de este mundo ya no les fallaré, sus esmeraldas hablaron en silencio a su hermana y ella se incorporó permitiéndole libertad de movimiento y poniéndose en pie, bajó las escaleras en un pausado paso, que hizo suspirar a Radamantis y postrándose ante él le abrazó. No tengo palabras para expresar el dolor que siento de haberles fallado de este modo, que por haber seguido la ilusión de un amor efímero, ahora seamos esclavos de la hija de Zeus, que nos traten de ésta manera y que ahora nos tomen como el punto más débil del eslabón de los hijos de Cronos. Y separándose de ellos se postró hasta tocar con su frente el frío mosaico de ese salón, los tres jueces retuvieron la respiración, a su vez Minos y Eacos se atrevieron a elevar su vista y fijarse en la frágil figura que se tendían ante ellos.

He labrado mi propia condena, quise tener la vida de un humano y ahora puse en peligro a mi propio Reino, he recibido el justo pago por mis desavenencias, las manos temblorosas de Radamantis, se apresuraron asir sus hombros y con reverencia le incorporó para ser él que se humillará ante él abrazándose a su cintura, su amado Rey, su dios al que no pudieron defender del destino que Atenea le impuso como un recogido bajo su poder, al elevar su rostro sus otros dos principales guerreros bajaron sus semblantes en sumisión: Minos, Eacos no me oculten sus ojos, quiero que me vean a los míos, ahora que mis ejércitos están diezmados, pelearé a su lado, hombro a hombro, lo que Plutón no sabe es que también soy un guerrero que la hija de Zeus se creyó demasiado digna para bajarse a entrenarse, por lo tanto es indefensa, que el mismo Poseidón cómodo de su posición de millonario se humanizó, ahora no están preparados para la guerra que se avecina.

Al mantenerles la mirada, se sonrió ahora más que amo y subordinados seremos compañeros de batalla, mis amigos entrañables, mis fieles guerreros, sintió como el cuerpo del Primer Juez se estremecía en llanto sobre su vientre, así como las fisonomías pálidas que nunca mostraron sentimiento alguno, liberaban el torrente de su fidelidad, su delicada mano entrelazó sus dedos entre los cabellos dorados del líder de sus ejércitos, acariciándolos, hasta detallar su perfil elevándolo hasta que sus ojos se encontraran frente a frente, sus esmeraldas esperaban su respuesta, con determinación y Wyern se estremeció al perder sus ámbares en la gama de brillos de esa esmeraldas que parecían absorber toda fuerza vital, que el universo se rendían ante ellas, sintió su alma arrastrada a ese abismo sin fondo, trató de apartar su vista de ellos, pero le fue imposible.

Radamantis… le convocó con su melodiosa voz, para liberarlo de su hechizo: Mi vida le pertenece, mi rey sabe que lo que ordene se cumplirá sin tardanza. Esta vez no me desobedecerás, como pasó en el ataque al Santuario. Ahora es primordial que este Reino, aunque pierda una batalla, no pierda la guerra porque no será un conflicto corto, será una lucha perenne, despiadada, te puedo decir encarnizada. Que aunque caiga en sus manos, cumplirás mis ordenes, si me halló todavía durmiendo dejarás mi cuerpo allí, pero te llevarás mi armadura y espada para mi hija. En el momento que mi cabeza se cercenada no te volverás atrás, sacarás a mi Reina de aquí, como la madre de Alondra que es. Las cuidarás al lado de Perseo, en el mundo de los humanos y que prepararas nuevas huestes que peleen por recuperar lo que hemos perdido.

Los tres se apresuraron a negar con sus cabezas, jamás perderemos la batalla, nadie le dañará. Pero las manos de Hades descansaron en la faz de Radamantis, hay que ser realista amigo, apenas sienta mi poder dormirse en esa tumba de mármol, se lanzarán sobre nosotros como lobos hambrientos, Perséfone suplirá mi poder, pero ella se agotará aunque me ame con toda intensidad, yo siempre fui el más solitario de todos mis hermanos, solo yo puedo mantener este lugar, y en el momento que mi vida sea tomada por ellos, habitaré en la armadura sagrada de Hades para proteger a mi pequeña princesa. Justo como Andrómeda me enseñó a hacerlo. Ahora todo está en manos de las diosas de los destinos.

Esperemos que el destino esté a nuestro favor, pero si el ha dictado que no soy digno, ya saben mi última voluntad. Hasta que su lugarteniente susurró: Nosotros somos sus fieles servidores, su voluntad es absoluta. Hades se sonrió al limpiar sus lágrimas con sus finos dedos, en una expresión de su afecto besó su frente. Cerrando sus ojos se puso en pie, girándose hacia su trono, alzó vista al mismo su propio cuerpo tembló en presentimiento de su agonía. Determino con vehemencia los vestigios de sus glorias antiguas, se encaminó hacia Pandora a la que abrazó suavemente a su pecho, ahora iré a mi templo, te pediré que me acompañes, para que selles mi tumba. Y te regreses a ocupar mi trono, mientras mis huestes batallen, pero cuando mis comandantes te pidan que desalojes, lo harás sin demoras, sin mirar atrás. Perséfone sollozó contra su pecho, y él besó sus aromáticos cabellos.
Entiende mi amado niño, nadie llegará al Muro de los Lamentos, ningún guerrero enemigo puede cruzar hacia ti. Lo sé habló contra sus cabellos, pero otro dios si puede pasar a mi templo, se sonrió. Y ahí no habrá muro ni nada que lo detenga para ejecutarme sin demora, debes estar preparada para ese momento, como si se hiciera realidad. Vamos, lamento que tengas que pasar por esto mi Reina, debiste quedarte con tu madre, nunca debí raptarte, mi destino era ser solitario, en esta oscuridad, pero por buscar el amor siempre he tropezado, la verdad que si salgo de esto, dejaré esa búsqueda inútil, ahora me conformo con lo que los destinos me ofrecieron una heredera de mi propia sangre, carne, nacida de mi vigor. Aferrando entre sus manos el rostro amado de la diosa de la Primavera se sonrió, quién mejor que mi amada esposa para que cuide de nuestra hija, porque ahora lo queda son promesas del pasado, aunque en esta era el destino ha querido que fuéramos hermanos de sangre, siempre serás mi Reina. Besó sus parpados en señal de respeto, y ambos abrazados como lo hacían en la mitología se encaminaron escaleras arriba cruzando el velo de ese palacio, hasta perderse en un brillante resplandor tras el lugar que solo los dioses podían cruzar.

Ahora los tres jueces sentían sus almas desoladas, su más querido bien se perdía de su vista a dormir confiando su valiosa vida en sus manos. Se volvieron a ver entre sí en el momento que el resplandor de una estrella caía en medio de ellos, y la alta figura de Perseo se irguió entre ellos y sus cielos pacíficos buscaron con insistencia al dueño de su corazón. Fue la voz fría de Radamantis que lo trajo de nuevo a la realidad: Hades ha vuelto a su tumba, ahora solo espera el momento que se decida esta batalla, como nuestro gobernante ocupa su lugar en el templo, tratando de despertar su armadura muerta, y su cuerpo sane.

No deberías estar aquí hijo de Zeus, esta no es una de tus batallas. Mas Perseo solo suspiró: Entiendo, pero no podrás apártame de aquí Primer Juez, yo le di mi vida a Hades, mi lugar es estar a su lado, si el muere yo muero a su lado es mi promesa solo he venido a cumplir con ella. El es mi gobernante y mi princesa a la vez. Ahora cumple como Andrómeda su destino ofreciéndose como sacrificio para salvar a sus espectros, ese es el secreto que se presente antes de sanar completamente. No ha querido abandonarlos por que les ama, así como también partió para el mundo de los humanos, a servir a Atenea como holocausto para su libertad, el comentario emitido por Perseo, los hizo volverse a él, les recordó su humillación Eacos fue el primero en reaccionar: No tienes idea de lo que dices, le expreso completamente molesto. Esta separación, la hemos sufrido igual, no hemos dejado de cuidarlo de vigilarlo, pero nos impedía el salir sin su mandato, hasta hoy que por fin nos ha llamado a su presencia, que nos libertó para que enfrentáramos de nuevo hasta Atenea. Nos confiamos en nuestra Reina, que nos traía sus noticias. La mano de Minos, se posó en su hombro, y en silencio le expresó negando con su cabeza, que callará. Y este bajó su mirada volviéndose aún resoplando.

¿Radamantis, tú no me dices nada? Aquellos ojos dorados le estudiaron, para luego soltar sus palabras pausadamente: Perseo, reconozco que Hades te ha acogido como su mano derecha, pero nosotros solo obedecemos sus mandatos, los cuales son absolutos. ¿Entonces si te pide que le mates, lo harás? Inquirió molesto, huirás y le dejarás solo, permitirás que un dios extranjero, lo aniquile a tu señor. La mirada tranquila del Príncipe de Perseo buscó la verdad en esos misteriosos ojos de Wyern. Mi palabra está empeñada, además recuerde pudo ser su princesa en un inicio pero ahora es el Señor Hades. Y ha prometido luchar a nuestro lado no se dejara sacrificar como su esposa en la mitología, tiene una hija a quién cuidar, un Reino que proteger y dirigir. Aún así todo monarca debe asegurar que su estirpe perdure y nosotros tenemos su última voluntad.


Mientras que yo
Te sigo amando
Deseo mi amor que sepas también que te amo
Que no te olvide, que nunca podré, te extraño
Campos Elíseo.


El lugar de descanso de las almas puras, los jardines alrededor de su palacio, los cuales la diosa de la Primavera había cultivado, cuidado y embellecido durante milenios, el lugar bajo cuyo Olmo se encontraba la fuente de Lete. Caminaron uno junto al otro en silencio, tomados de la mano. El camino se le hizo lento y largo, su corazón se desbocaba en su pecho, por primera vez en su vida, iba a quedar completamente expuesto, su sueño le evitaría percibir, su mente quedaría en blanco todo su ser se anularía, se sentía como los prisioneros que caminan por el pabellón de la muerte, sabiendas que sería su caminata final, a su mente vino aquellas esmeraldas de su pequeña, sus pequeños sollozos y balbuceos, lo cual logró que florecieran en sus labios una de esas hechizadoras sonrisas de antaño, contestada en silencio por una gemela de su hermana mayor, quién sostuvo con más fuerza su mano entre la suya, guiandola a sus labios, la besó con devoción en el instante que sus cabellos eran mecidos por una suave brisa con el perfume de las incontables variedades de flores que decoraban aquel lugar de ensueño. Sus esmeraldas reflejaron a la Primavera, y en su mente no pudo dejar de pensar, que este hermoso lugar su esposa se lo preparó como mausoleo. Su mano viajó en casi por inercia a la lívida mejilla de Pandora su suave piel se sentía gélida, como su estado de ánimo. De nuevo te obligo a que me amortajes, mi niña, solo tú al final sabes como hacerme descansar de mis angustias.

La otra vez fue por la caída de Zeus, ante Júpiter ahora soy yo el eslabón frágil, es posible que de nuevo los romanos quieran dominar a los griegos. Conoces perfectamente el ritual, ahora es esperar que resulte, espero encontrarme con mi antigua sabiduría lo antes posible, no quiero volverte a ver sufrir, hermanita.

Al fin cruzaron el umbral de aquel templo que era su sepulcro, en medio del Gran Salón estaba el ataúd de mármol negro con inscripciones de oro puro, todos los símbolos de su reinado se encontraban allí, en la mitología fue ayudada por Tánatos e Hypnos, pero ahora ninguno de los dos se encuentran dormitan en los anales de la historia, derrotados por los caballeros divinos de Atenea, todo su ser temblaba no quería contemplarlo dormir ella sola. Al verlo acercarse esa fría piedra no pudo acallar un desgarrador sollozo, sus lágrimas bañaba el mármol pulido que les servía de piso, en aquel lugar desolado resonó como una espectral marcha fúnebre.

Su alma milenaria gemía en terrible agonía y angustia no tenía el valor de encerrarlo allí de nuevo, los sollozos desolados de su hermana invadían sus oídos, pero no quiso consolarla, no se movió de su posición, recordó a sus amigos, su vida como estudiante los pocos años que tuvo de tranquilidad, sus tareas de la universidad, como gozaba dibujando, quién diría era un creativo nato y un dibujante experto. El ruido de la moto que le regaló su hermano, como disfrutó los viajes de negocios, el realizar los comerciales de televisión y radio, aprendió tanto del mundo de los humanos, que se creyó uno de ellos. Sus dedos acariciaron aquel frío mármol y al tocarlo su mente viajó a miles de años atrás, cuando los romanos derrotaron a los griegos y Zeus cayó ante su opuesto Júpiter, y como Plutón se hizo de su reino, esta era una guerra eterna por el poder, suspiró guardando en sus retinas, un funeral parecido su Primavera había reaccionado igual. No pudo ponerse en pie como sucedía en este momento, ella era calidez, amor, paz. Era como sus flores.

La vez pasada lo último que recordó fue el momento que la tapa de mármol le fue cubriendo y lejano se escuchaba el llanto desolado de la Primavera. Hace poco estuve a punto de morir en manos de Hyoga, ahora si experimentaré la muerte aparente de un dios, sus cosmos no estaba completamente repuesto, el nacimiento de su hija lo había alterado, parte de su fuerza estaba en ella. Su cuerpo estuvo a salvo en esa época porque Plutón no tenía la fuerza para romper su sepulcro, ahora no podía contar con lo mismo.

Pandora, utiliza tu poder, al momento que esté aquí adentro, para correr la lápida, no te preocupes, le mintió, sabes que no podrá llegar a mi, si algo llegará a salir mal vete y con los tres jueces, no mires atrás. Cuando vuelvas con un nuevo ejército me encontrarás aquí, como en el último conflicto. El Inframundo no caerá, la animó con una de sus sonrisas. Porque cuando logre alcanzarme, como mi antecesor depositaré mi poder completamente en mi hija y ahora su poder no le podrá ser quitado, porque no es una reencarnación es mi propia sangre, nacida de mi carne, todavía existe el cordón umbilical que la une a mi cosmos ese no lo he cortado, antes de mi muerte lo haré pero habré drenado mis poderes a ella, esa unión era invisible para todos solo el sabía de su existencia.

Trató de llenar sus pulmones con todo el aire que podían retener en ellos y luego lo soltó lentamente, lo hizo gozando de esa última respiración a su voluntad, un latido ensordecedor golpeaba dolorosamente todo su cerebro. Hasta que ingresó en esa cama de piedra fría, desolada su espalda se recostó lentamente en ella, colocó las manos sobre su vientre, acarició esa zona por encima del vendaje que se sentía a través de sus ropajes. No quería ver como era encerrado así cerró sus párpados. Todo terminaría pronto, aunque no sabría si al romper la piedra el estaría

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:53 pm

Todo terminaría pronto, aunque no sabría si al romper la piedra el estaría consciente o acabarían con él al despertarlo. La verdad no quiso pensar en lo que ocurriría solo que lograría salir antes que algo saliera mal.

Perséfone, le vio reposar en la cama de la soledad y el dolor. Haciendo aplomo de toda su fortaleza, alzó su mano temblorosa, al momento de ponerse en pie tambaleándose, se acercó a él le vio, cerrar sus ojos, parpadeó tratando de querer despertar de esa pesadilla pero en realidad no lo era, acarició con su mano temblorosa sus labios y se inclinó sobre Hades despidiéndole con un ósculo en ellos, a su vez acarició sus cabellos sedosos, brillantes como esmeraldas que en esa fosa, ahora parecían ser negros de nuevo. Duerme mi amado hermano, mi pequeño niño.

Tocó con sus manos las antiguas inscripciones, llenándolas con su poder, era el conjuro del silencio tallado por Hypnos, así era como se acallaba el poder de un inmortal, aquel sepulcro empezó a brillar en un dorado intenso así como la respiración de Andrómeda se iba deteniendo poco a poco, ese cosmos negro le fue cubriendo, el que representaba la extinción de la luz de un dios. Luego todo para ella concluyó en un desolador vacío, el ruido grotesco de la fricción de la piedra al cerrarse, retumbando en todo el Inframundo, y su eco en el mundo de los mortales.

Los tres jueces que se disponían a salir se detuvieron de inmediato, en sus lugares. El corazón de Perseo quiso detenerse del dolor tan desgarrador que sintió al explotar por última vez la fuerza de Andrómeda. Fueron apenas segundos en que la diosa de la primavera descendió del mausoleo de Hades, su semblante espectral hizo que sus guardianes se postraran ante ella al igual que Alexar, sin pronunciar más palabras se sienta en el trono que fue de su hermano, al momento que convoca su lanza, y guardando una postura de meditación con sus ojos cerrados extiende su poder para acallar la destrucción de los cimiento de su Reinado, que gemía en un infructuoso llamado a su soberano. Los albores de la batalla están por emprenderse.

La imponencia de ser la eterna compañera de Hades, se hizo sentir al igual que un cálido cosmos llenó el lugar, hasta que mi amor vuelva con bien, seré digna de ser la esposa del hijo mayor del Gran Cronos, Perseo caminó hasta ella se sentó a su lado en las escaleras en silencio contemplo como el templo amenazaba con derrumbarse, y a su vez la fuerza de la diosa de la Primavera lo sostenía en un mutismo doloroso.

En el Reino de Atenea

Que seas muy feliz, que seas muy felices,
Mientras que yo.....
Te sigo amando


Completamente absorto en la cocina preparaba algo ligero para terminar la noche, tal vez un te les calmaría los nervios que estaban por demás exaltados, apenas si había calmado a su enardecida pareja, y se le había olvidado que siempre la cura para su mal humor era su pequeño Shun, tan solo que le diera la pequeña Alondra en sus brazos, la furia del Fénix se apagó en aquella sonrisa que él adoraba. La que le dedicaba a él también en sus momentos más íntimos.

Tras servir la aromática emulsión en unas tazas de cristal, las llevó consigo, sus pies descalzos apreciaron la tersura esa alfombra verde que cubría el piso del mismo, se dirigió a la habitación que Alexar les otorgó era la de su cuñado. Al apoyarse en el marco de la puerta con las tazas en sus manos, se sonrió al verlo con la nena sobre su pecho desnudo, con sus manos jugaba con los rizos esmeraldinos, y su sobrina no notaba la diferencia entre su papi y su tío dormía exactamente igual que lo hacía sobre el pecho de Andrómeda, no tardó en sentir su presencia y esos zafiros que le quitaban la respiración se posaron en su fisonomía.

¿Shiryu? Al oírlo convocarlo se sonrió, caminó hasta el lecho tras dejar las tazas en una de las veladoras. Suspiró al ver que en sus ojos se notaba todavía la preocupación. ¿Iki? Soltando el aire de su pecho se incorporó con Alondra, con cuidado de no despertarla la depósito en la cuna, cerrando el toldo. Se dejó caer en el lecho sentado a su lado descansó la cabeza en el hombro de su querido dragón. ¿Amor? Volvió a inquirir suavemente, al asir su mano entre la suya. Notó como se mordía nervioso su labio, tengo un mal presentimiento de todo esto. Con suavidad los brazos del Dragón lo rodearon, y se volvió hacia él tomándole de la mejilla le alzó el rostro hasta asaltar sus labios en un ardiente beso.

Lentamente y juntando sus frentes se separaron, y abrazados en el lecho, el Fénix le empezó ha hablar, en una manera tan frágil y cariñosa que solo el Dragón conocía: Shun, no dejaría su niña por ir a Alemania a curarse no hay motivo, si se escondió de mi por lo de… bueno tu sabes, expreso apenas en un murmullo, no me dejaría a cargo de ella, lo vi en sus ojos no me perdona, ya no es una mirada amorosa la que me dirige. Sus zafiros no pudieron seguir sosteniendo esa mirada clara y calma de su esposo, desvío sus zafiros en un gesto hermoso y lleno de dolor, los dedos del discípulo de Dohko acariciaron sus cabellos descubriendo su frente, la cual besó amorosamente. Sus nudillos detallaron cada forma de su perfil, hasta rozar sus labios suavemente instándolo a seguir diciéndole su angustia. Fénix disfrutó de ese fino trato cerrando sus ojos y pudo sentir como su sangre se aceleraba en un agitado retumbar en sus venas.

Mira el nos acepto en su casa, nos dejó su tesoro, se fue como pasó en Tokio, sin decir nada, Perseo estaba ansioso que le encontráramos pronto, y se atrevió a remontar su armadura mitológica con las armas de sus cantares, el hijo de Zeus iba armado hasta los dientes, el estaba nervioso Shiryu, cuida de Alondra, creo que lo mejor es que vaya al Inframundo. Mi hermano nos oculta algo de eso esto seguro. Mas Shiryu no expresó nada soltó todo el aire de sus pulmones. Iki yo no soy ciego, susurró a sus labios, al momento que lo hacía tenderse de espaldas al colchón y él se sentaba en su vientre aprisionándolo bajo su peso. Sus palmas reposaron en sus pectorales, al momento de fundir sus bocas en un ósculo apasionado, las manos del mayor acariciaban sus muslos, aferrando con fuerza la tela que las cubría.

Jugando con las tetillas del Fénix, le sintió revolcarse de placer debajo de él. Sea lo que sea que pasé, Shun no nos quiere allí, suspiró el Dragón. Pero te ha encomendado su mayor tesoro, su pequeña Alondra. Los zafiros denotaron su furia al oír sus palabras, no me pidas que no proteja a mi hermano, amor. Los labios de Shiryu asaltaron su cuello degustando su piel canela, los gemidos de éxtasis, le alentaba a seguir, las manos fuertes de Iki se perdían en sus cabellos de ébanos.

El dragón por fin obtuvo lo que quería prender las llamas del ave inmortal, el mismo presentimiento que invadía al Fénix apresaba su alma, pero el que Andrómeda no les quisiera allí en ese momento era por algo, ahora sabía que los destinos decidirían si ellos eran necesarios, las manos desesperadas del mayor buscaban quitar su camiseta dejando a su vista el perfecto cuerpo de su esposo, acarició su espalda, en el momento que el dragón se deslizaba sobre su cuerpo para hasta llegar al cierre de sus pantalones deslizando sus dedos por dentro de ellos rozó travieso su vientre, así como veía hincharse su hombría aprisionada por esa tela, en respuesta la suya también lo hacía causándole un agradable molestia, en presentimiento de lo que vendría, se sonrió al verlo fijar sus zafiros en sus ojos plateados, y la mano del fénix viajó hacia su pantalón acariciándolo por encima de la tela en una mirada felina y llena de pasión, le sonrió cómplice. Relamiéndose sus labios sus ojos centellaron llamaradas azulinas.

La melena de ébano ante el roce se cayó en cascada en el momento que Shiryu extasiado lanzó su cabeza hacia atrás, momento que él Fénix aprovechó para asaltar su cuello de mármol, rodeándole con uno de sus brazos su cintura y sus dedos seguían detallando el bulto oculto tras la tela de sus pantalones, gozando de la tortura deliciosa que ejercía en su poderoso dragón. Sus labios capturaron los botones que se erguía en sus labios, podía sentir como bajo sus dedos se formaba el Dragón de la espalda de su amado, casi quemándolos, hasta que sus dedos trémulos les empezaba a quitar la última barrera que le impedía disfrutarlo completamente. El mismo Shiryu desesperado le ayudaba en su labor, entonces fue su turno, colocando las manos en los pectorales del fénix, le empujó levemente e Iki le cedió espacio entre sus piernas, los dedos del heredero de Libra, le desprendían de sus ropajes, en un acto despacio, deleitándose, de cada músculo que formaba el cuerpo del indomable Fénix.

Ahora el Fénix y el Dragón yacían uno frente al otro, como su mitología lo decía, inmortalidad y sabiduría, si Iki era fuego, el sería el oxigeno que lo avivaría, parecía un dragón llameante buscando devorar su presa, con sus manos acarició el falo que orgulloso se izaba ante sus ojos y en delicadas lamidas, tuvo a su rebelde amor revolcándose de placer y aferrando las sábanas del lecho que les brindaba su resguardo, la espalda del mayor se arqueaba, así como sus gemidos morían en su garganta, no queriendo despertar a la niña que descansaba en la cuna al lado de su cama.

En completo estremecimiento de su cuerpo la esencia de Iki inundó sus sentidos, con cuidado limpió todo rastro de ella, aún besando y jugando con la punta de la misma buscaba despertarla de nuevo, hasta que buscó con ansias los labios embriagadores de su amado, para darle a probar su propio aroma, su nombre se perdió entre sus bocas, las piernas bronceadas del mayor capturaron su cintura, en ese beso sus miembros se rozaron en una exótica fricción, las caderas de Iki le pedían encender su fuego, en una pícara sonrisa, y los labios suaves de sabor a vanilla de Shiryu, le besaron en un delicado roce, internándose de una sola estocada en el mayor que le recibió arqueándose contra su pecho. E Iki se embelesaba en ver como su niño se movía en un lento y fuerte vaivén, quería sentirse deseado, protegido y el Dragón era todos esos sentimientos.

Sus párpados cayeron ocultando sus zafiros que eran en ese momento un verdadero caleidoscopio de sensaciones y matices, en el momento que Shiryu, profundiza una nueva estocada, y se detiene por instantes, para acariciar su rostro, con sus dedos, trémulos: “Iki, es algo que nunca, hemos hablado”, un nuevo movimiento de su cadera embistió en sus entrañas, aquellas aceradas retinas, le determinaron cubiertas de su pasión, “te he visto con tu sobrina, deseas hijos”. ¿Quieres que te dé un vástago? Su voz era la misma que usaba cuando querían darles un sermón sobre algún tema, y espera su respuesta mirándolo fijamente en sus ojos. Sus respiraciones agitadas, y sus corazones latiendo unísono era lo único que podían escuchar, pacientemente el Dragón esperaba su respuesta. Y la mano temblorosa del Fénix se posó en su rostro. ¿Estas seguro? Y una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro, así como sus gemas grises se llenaron de ilusión al ver la alegría en el semblante de su Fénix. Sí, es lo que más he deseado este tiempo, amor.

Con decisión aumentó el ritmo de su vigor, como la catarata revertía ante su poder ese mismo llenó cada célula del organismo del hombre que yacía bajo él, hasta que cayó rendido en el cálido pecho del mayor que respiraba como un mar embravecido. “Déjame acoger tu vigor dentro de mí, lléname de tu vigor, une para siempre nuestros cosmos, prolonga nuestro amor en un nuevo ser, tuyo y mío, Fénix.

Los brazos musculosos de Iki con agilidad hizo cambio de posiciones, sentándose entre las piernas nácar de su amado, con delicadeza acarició la cara interna de sus muslos gravando en sus dedos la tersura de las mismas, siguió ese trayecto con una tranquilidad única hasta llegar a su hombría a la cual masajeo suavemente, buscando reavivarla de nuevo, la suya palpitaba de ansia contenida, con delicadeza, empezó a dilatarlo, a su vez que no quitaba su escrutinio del rostro delicado del caballero de Libra, con sus ojos realzados bajo el calor inapagable de la pasión del Ave Fénix, todo su cuerpo vibraba con el deseo que le quemaba el alma, algo que solo el indomable Iki llegaba alcanzar en su cuerpo, como si fuera uno de sus ataques más poderosos, todo su cosmos encendía en respuesta a su cercanía, aquel deliciosos tormento, fue extendido solo lo necesario, los estremecimientos de todo su ser aumentaron en el instante que las manos cálidas del Fénix se posesionan en sus caderas y de una fuerte estocada, se acopla con él, siendo de nuevo uno. Colocó una de sus piernas en su hombro y la otra la descansó sobre su cintura, e hizo gala de todo su poderío, al momento de entrelazar la mano con la de Shiryu, ambos empezaron una nueva danza de cosmos.

Shiryu guío su mano sobre su vientre plano, la retuvo allí en el momento que su amor arremetía contra su cuerpo, sostuvo firmemente la muñeca del Fénix. Siente lo que yo por medio de mi piel, mira el milagro que logran nuestros cosmos, le susurró sin dejar de verlo, cada vez las penetraciones se hacían mas profundas y certeras, con vehemencia su propio cuerpo fue perdiendo la fuerza en su mano, fue la del Iki quién la aprisionó esta vez, y la guío a sus labios besándola con ternura, degustó cada uno de sus dedos, así era Iki, su verdadera esencia era idéntica a la de su hermano, tierno, dulce, pero también aguerrido, explosivo, y se ocultaba bajo una fachada de rudeza, para hacerse intocable, pero a los seres que le pertenecían no podían más que adorarle y amarle eternamente. Guía mi mano, los dedos temblorosos de Shiryu le aferraron justo en el instante que la palma ardiente atrapaba su sexo, en una masaje continúo al ritmo que el Dragón quería que él otro infligiera, aún así Fénix imitó su ritmo.

El alumno de Dohko se sintió envuelto en las flamas inapagables de su esposo en el momento que recibió en sus entrañas, su esencia en una arrebatadora oleada de fuego. Su pierna cayó por inercia a uno de los costados de su Fénix, cada fibra de su fisonomía vibraba de alegría al recibirlo en su pecho, besando sus cabellos y los dedos del mayor se enredaban en sus largos cabellos. Y fue Iki, quién se movilizó quitándole su peso de encima apagó las luces de la habitación dispuestos a descansar, cubrió su cuerpo y de Shiryu con las sábanas, y se acomodó rodeándolo por la cintura. Confiando en su hermano pequeño, que cuando le necesitará le mandaría a llamar sin demora, así como también sabía que su deber era cuidar de su sobrina hasta su regreso, por lo tanto determinó como el Dragón que ahora esa era su misión.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 7:53 pm

Cercano al alba, Saori trataba de calmar a un desesperado Hyoga que no quería obedecerla, el mismo Seiya no sabía que hacer para calmar esa angustia que emanaba el Cisne. Apenas si habían logrado que se durmiera, Pegaso se quedó a vigilarlo en su habitación cuando, un estremecimiento desde el mismo centro de la tierra cimbro todo el ambiente, la diosa de la guerra y la sabiduría se incorporó de golpe en su lecho, con su corazón dando un vuelco terrible, temblorosa corrió hacia la ventana para observar el firmamento, ese cosmos que acababa de apagarse no tenía duda de quién era, fue entonces que de la bóveda de los héroes antiguos la constelación de Andrómeda desapareció. La armadura que descansaba a los pies de su lecho, se volvió gris, tan sólo ahora era un pedazo de metal inservible, las piernas de la diosa flaquearon al momento que sus dos caballeros, irrumpieron en su habitación, las lágrimas brotaron desoladas de su alma, acalló un grito de dolor inmenso al desgarre de su alma. Pegaso se paró en seco al verla convulsionar tratando de retener su llanto, ahogada ante sufrimiento de su milenario corazón su gritó rompió el silencio impuesto. “Hades, amado Hades ¿Qué has hecho?”

¿Atenea? Balbuceo su caballero de los hielos eternos, una frialdad más intensa que la de Siberia llegó a su alma, dirigió su vista hacia la armadura de su amado, y la vio inerte el alma del héroe oculta en ella había desaparecido de este mundo. Pegaso rodó su vista a la ventana, justo entre Perseo, Pegaso y el Cisne, se veía el vacío de la aniquilación de una constelación. ¿Shun ha muerto, Atenea? Se atrevió a indagar, los párpados de Hyoga se abrían y se cerraban y su cabeza negaba constantemente, miraba a Seiya como si no lo conociera, para luego reposar en los amatista de Atenea, quién asintió sin poder que sus palabras salieran sus labios. Las lágrimas del Cisne rodaron por su faz, al contemplar el vacío dónde antes estuviera orgullosa la constelación de su amado niño, su cosmos mismo las convertía en afiladas dagas que desquebrajaban el suelo. “No lo creo, es mentira, sabes que es no puede ser cierto.” ¿Y Pandora, los espectros? Ellos no lo permitirían, su corazón no quería creerlo necesitaba verlo con sus ojos, su cosmos llamó a su ropaje sagrado, y extendiendo su fuerza, como aquella noche se adentró hacia el Reino del Inframundo.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jun 29, 2008 8:30 pm

Hola amiguita!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ^^

¡¡¡¡KYAAAAAAAAAAAAA!!!!... ahora si que todos estan muy tensos por lo de Shun y mas que Hyoga como Seiya y Saori piensan o sienten que Shun puede estar muerto pero no es asi... ahora si Hyoga se siente mas mal de lo que ya estaba... y que bien que Shiryu e Ikki quieran tener un hijo o hija para que su sobrinita juegue con el bebe jejejejeje...

Por fas sube la continuacion del fic ^^... que ya quiero saber que pasara mas adelante...

Saludos ^^

Adiosin ^^

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RingoX
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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Lun Jun 30, 2008 6:04 pm

Hay no, lo mataste!, No tienes perdón godd, las sombras vendras por ti a la noche por andar haciendome sufrir, HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. quiero gritar. El pato se va a morir de pena y eso mismo me pregunto yo ¿Y pandaora y los espectros? ¿lo dejaron morir? a SHUN?? , noooooooooo, por dios, espero que sea mentira T_T, que sea un engaño, pero es que, si desapareció la constelación es porque, porque, de verdad murió??, T_T , bueno, al margen de eso, me encantó la noche fogoza de Ikki y Shiryu XD, muy sexy *_* y romántica, espero que tengan un hijo lendo para que juegue con Alondra. Hay,igual me da rabia que feniz no la dejara tomarla, porque de todas formas es el papi T_T, pobrecita, bueno, al menos está bien cuidad, pero ahora el papi conejo murió???. T_T, eso no me lo contaste por el msn, malvada, debiste adverirmelo!
Menos mal que está el inframundo, ahora como Hyoga recuopera al conejo si está muerto?, será como en la peli, la novia cadever, ahrao ... el conejo cadaver?,
Espero pronto la conti amiga, cuidate!
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goddesniquel
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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Sáb Jul 26, 2008 11:53 pm

CAPITULO 7 : En los brazos de Lete



Que seas muy feliz, estés donde estés, cariño
No importa que ya, no vuelvas jamás, conmigo
Deseo mi amor, que sepas también que te amo



Con su rostro refugiado entre los sedosos cabellos azabaches de Shiryu, trataba de dormir, más que todo descansar en ese calido refugio, porque permanecía alerta atento a cualquier cosa que necesitará su pequeña Alondra, suspiró aun con sus ojos cerrados, sentía la suave respiración de su amado quién dormía agotado entre sus brazos, su mano descansaba sobre su firme vientre, que aún guardaba la explosión de sus cosmos. Alondra no se había despertado, debía estar saciada, así que dormía plácidamente, tan buena bebé como su hermano. Pero aún sí sentía un ensordecedor latido en su pecho uno que le hacia doler cada fibra de su cuerpo, se apegó con más fuerza al cuerpo de Shiryu, quién se estiro buscando más su contacto, con cariño besó su hombro, de pronto oyó balbucear a su sobrina, así que abrió sus párpados, tuvo visión de la noche estrellada, por la ventana que había olvidado cerrar las persianas, suspiró al sentarse en el lecho después de esa leve contemplación en las estrellas no sabía porque pero la constelación de Andrómeda brillaba con más ahínco la bóveda celeste, dirigió sus ojos acerados a su pequeña, se había descubierto de sus cobijas ahora luchaba por succionar su propia mano, a su vez, movía sus piernas con fuerza, y sus esmeraldas fijaban en ese espectáculo de la princesa del sacrificio, parecía que le conocía desde de tiempos, le veía esa misma mirada con que contemplaba a su hermano.

Incorporándose del lecho descalzó se envolvió en su sábana cubriéndose de su cintura hacia abajo, caminó sintiendo el frío mosaico en sus plantas, retiró el toldo con la intención de asir entre sus brazos a la nena, pero en el momento que la iba a tomar ella soltó su manita y en un sobresalto que nunca había visto, los bracitos y piernas de Alondra se tensaron y ella empezó a llorar desconsoladamente, como buscando refugio y pidiendo auxilio, todo pasó tan rápido en el momento que un retumbo desde lo más profundo de las entrañas de la tierra, cimbró todo el edificio en fracciones de segundos les pareció que había amanecido debido a lo intenso de la luz que previno del firmamento, luego solo el llanto de Alondra cubría la habitación, al girarse, quedó petrificado con ella en brazos, el movimiento despertó a Shiryu que de golpe se incorporó buscando al Fénix a su lado, restregó sus ojos tratando de acostumbrarlos a la oscuridad de su cuarto, pero el oír el llanto ahogado de la pequeña, lo hizo volverse hacia dónde provenía, vio a Iki temblando en silencio, su propio rostro bañado en lágrimas aquella imagen le fue desgarradora, rápidamente se encamino a abrazarlo, siguió el trayecto de sus ojos, y su propio corazón emitió una punzada dolorosa, Andrómeda había desaparecido solo podía escuchar, el murmullo casi ahogado de su esposo: “mi niño, mi pequeño hermano, mi amado” Shiryu compartía esa angustia desgarradora, el mayor negaba infinidad de veces, las lágrimas agolparon sus ojos, el Dragón sintió pavor de que Fénix perdiera la cordura su cuerpo convulsionaba presa de un ataque de dolor inesperado.

Apenas si pudo arrebatarle a Alondra de sus brazos y en su cuerpo la armadura sagrada de Fénix, empezó a surgir de su piel, envuelto en llamas, el Dragón aseguró a la bebé entre sus almohadas, para abrazarse al mayor con fuerza evitando la partida de su esposo. Iki, le llamaba a que retornara del shock en ese estado no podía salir, a lo lejos el gritó de dolor del Cisne rasgó el cosmos. Poco a poco entre sus caricias y arrumacos el fénix fue perdiendo la fuerza de sus piernas, el llanto desolado contra su cuello del Dragón hicieron que su manos fuertemente apretados, lentamente se relajaron hasta abrazarlo contra su cuerpo, al sentir en su palma la piel suave del discípulo de Dohko.

El llanto de Alondra llegó a sus oídos martillándolos, ahora todo el tembló contra el pecho descubierto de Shiryu, su pequeña niña se había quedado sin su papi, entrecerró los ojos no creyendo esta situación con delicadeza apartó al Dragón sosteniéndolo de sus hombros, besó su frente acomodando su flequillo azabache con sus dedos, descubrió sus ojos plateados que le reflejaban cual espejos cristalinos. Debo ir cariño, descansó sus dedos en sus labios, no intentes detenerme Shiryu. En un dorado resplandor desapareció, al intentar evitarlo lanzando sus brazos a su cuello pero el mayor ya se había desvanecido.

Sintiéndose impotente el poderoso Dragón se abrazó a sí mismo cayendo sentado al lado del lecho de Andrómeda, en sus oídos el martilleo torturante del llanto de su sobrina en su corazón la punzada de la tragedia destrozaba sus entrañas, en su vientre el remolino de sus cosmos arraigándose con desesperación, sintió que su cuerpo no resistiría, casi temblando se incorporó para recostarse en el colchón mullido, atrayendo a la pequeña Alondra sobre su pecho, no podía permitir dejar sola esa criatura, que necesitaba de él su única familia la dejaba para adentrarse en un conflicto que no entendía sentía unas poderosas energías enfrentarse en la lejanía, un resplandor dorado llenó su habitación y al pie de su lecho la diosa de la Guerra se hizo presente, Atenea, apenas pudo susurrar mientras abrazaba a la pequeña la diosa colocó en la pared a Niké y se sentó con Shiryu a su lado, se recostó en su espalda brindándole un cálido abrazo, suspiró fijando su vista al igual que su guerrero en el cielo enlutado. Shiryu ahora están en las puertas del Inframundo, de allí no vendrán sin nuestro amado Andrómeda. Mas no recibió respuesta alguna las manos del discípulo de Dohko se movían en una delicadaza caricia sobre la pequeña espalda de Alondra que se dormía en sus brazos, por fin había dejado de llorar, tan solo se removía succionando su dedo.


Que no te olvidé, que nunca podré, te extraño
Que seas muy feliz que encuentres amor, mi vida
Que nunca mi amor, te digan adiós, un día



El templo desde lo más profundo de sus cimientos se tambalea, golpeado por los constantes ataques de los dioses extranjeros, sentía como buscaban agotar su presencia, cada ataque apreciaba que le destrozaban las entrañas, trataba de mantener esa posición de defensa y ataque sentía como se iban adentrando en las prisiones varios de sus espectros estaban cayendo. Y como sus poderosos jueces se veían obligados a retroceder, su corazón empezó a latir fuertemente, ellos no habían escatimado en nada se todos los dioses romanos se abalanzaron sobre el Inframundo su cosmos buscó desesperadamente el de su hermano, pero este se había desaparecido, su cuerpo se no se había enfriado del todo, y ellos se lanzaron como depredadores sobre ellos, tenía pensado aguantar varios días pero a este ritmo sería cuestión de horas, sintió como sus manos son tomadas por unas cálidas y fuertes, en ellas sintió el peso de la frente de Perseo que unía en silencio su fuerza a la de ella. Entreabrió sus cristalinas retinas, la Primavera se estremeció al ver como el salón del trono de Hades, se veía cubierto de escombros, a sus pies hincando el hijo de Zeus.

No pudo evitar que su cuerpo temblara inconscientemente aterrada, se sentía rodeada de poderosos cosmos casi tan fuertes como los de Zeus y Hades. Perséfone, le llamó casi en un murmullo, querida niña, es hora de partir. Radamantis, y los demás han estado retrocediendo, no podía ser de otra forma, el Inframundo ha caído, ahora nuestro amado Hades duerme, tal vez por milenios como la vez pasada, era una posibilidad no había indicios que su cosmos se recuperara, la nada era lo que sentía en los campos Eliseos, un gemido de dolor, doblego a la Reina del mundo de los muertos, sin poder creerlo lleva su mano a sus labios, trémula se posa en ellos, negándose a dejar a Shun sin protección alguna. No hasta que mi cosmos se acabe, hasta que haya dado mi ultima gota, soy su compañera desde la mitología, no le defraudaré creo que el despertará y nuestras defensas se renovarán que todos se concentren en Giudecca.

¡Amado Perseo! Busca a mis lugartenientes, con delicadeza pasó sus dedos fríos entre sus caballeros castaños, hasta depositar sus labios en su frente: No permitiré que se quede solo esta vez no. No seremos el eslabón más débil de la Familia del gran Cronos. Pero tampoco pediré ayuda al Olimpo, éste no es tu lugar mi amado príncipe, aquí solo esta mi rey, tu princesa se durmió en los anales de la historia. Un nuevo ataque, hace que las columnas frente a ellos se desmoronen como si de castillos de arenas se trataran levantando un molesto polvo que les crispó los pulmones.

Apenas si Perseo pudo retirar a Perséfone del estrado antes que se viera cubierto por los escombros ahora se habían vistos confinados al salón del muro de los lamentos al fondo del aposento del trono. Gracias apenas pudo susurrar, e indicándole con su vista que la bajara, el obedeció. Ves aquella roca de allá debajo del mural de oro, es un pasadizo secreto que te conducirá a las fueras del Palacio, reúne a mis espectros, le indicó tomándolo de los hombros, le empujó levemente mientras ella se postró sobre sus rodillas en posición de imploración empezó a emanar su fuerza vital alrededor del templo de Hades, levantando los escombros, y esparciendo un aroma a frescas flores, un ambiente de paz y amor se esparció en el lugar el corazón de Perséfone esbozaba su último esfuerzo en nombre de su gran amor y fidelidad.

Suspiró sintiéndose impotente, siguió las instrucciones era necesario que ellos pudieran llegar hasta el palacio, era el momento que la Reina abandonará el Inframundo, cada vez, se veían más cercados. Eran cinco poderes los que sentían atacar por flancos diferentes además de sus guerreros sagrados. Se adentro en un pequeño pasadizo tan angosto que apenas se podía movilizar apegado la mohosa pared de piedra, se veía que casi nunca había sido utilizado, no podía ver nada y le era imposible casi respirar era aterrador, sus manos palmaban las resbalosa superficie, los minutos le parecieron horas interminables, al salir de ese túnel putrefacto, realmente un buen lugar de escapatoria, nadie creería que apertura fuera una ruta de escape.

La visión que tuvo del Reino de su amado le dejó mudo, casi temblando una confusión de dimensiones, la sangre corría por ambos lados, alzó su fuerza invocando a los tres jueces, que se encontraban dispersos en los diferentes lugares del Inframundo, jamás pensó que le tocaría a él llamar a la retira del ejercitó de Hades, ahora ya casi todo el mundo de los muertos era conquistado por la dimensión de los Romanos, Plutón, Minerva, Marte, Neptuno y Júpiter. ¡Maldición! Esto es una pesadilla, murmuró mientras que alzando su poder aniquiló a dos guerreros romanos que se le acercaron, no muy lejos sintió el poder de Minerva, aquella diosa de rubia cabellera, contraparte de su hermana Atenea, le miraba con una sonrisa indescriptible. El alzó su espada dispuesto a la batalla cuando los lugartenientes de su amado Hades, le tomaron por los brazos desvaneciéndolo de ese lugar.

¡Suéltame Radamantis! Le gritaba enfurecido, el orgulloso primer juez, le libera al momento de aparecer frente a la diosa de la Primavera, su cuerpo irremediablemente cae al lado de Perséfone. Ryan se quitó su casco y furioso lo lanzó contra el muro de los lamentos. ¡Esto es humillante, señor Hades! Vociferó con sus ojos abnegados de lágrimas, porque me hizo empeñar mi palabra. ¿Por qué? Respóndame, los otros jueces solo volvieron su espalda contra el muro, con sus ojos cerrados sufrían en silencio, más un nuevo retumbo cimbró el castillo y una luz brotó del lugar dónde solo los dioses podían cruzar, la cual se posó sobre la Reina del Inframundo, alzándola cubierta por esa luz, levito en ese instante la armadura de Hades cubrió su cuerpo y la espada cruzó el cielo el mundo de los muertos como una estrella fugaz, sin ser detenía por nadie hasta traspasar la bóveda celestial.


Que no te olvidé, que nunca podré, te extraño
Que seas muy feliz que encuentres amor, mi vida
Que nunca mi amor, te digan adiós, un día



Era de madrugada todavía en Alemania como hace unos años, todos los guerreros dorados de Atenea y los caballeros divinos se enfilaron como estrellas fugaces rompiendo la paz del cielo nocturno, el primero en llegar a las ruinas de lo que fue la mansión Haissan fue el Cisne, la hermosura de aquel lugar lleno de jardines, y flores no quedaba ni la sombra, el lujoso castillo, derrumbado escombro sobre escombros, de los magníficos jardines exteriores solo destrucción y cenizas. Sus hielos eternos como diamantes desolados, ven con desesperación los rastros de energías no conocidas, las fuerzas distorsionarse en una pelea cruel, los espectros uno a uno cayendo, la presencia de Perséfone cada vez más débil. Colocó en el pasto quemado la armadura de Andrómeda, que se mostraba sin vida, negra un pedazo de metal inservible ante sus ojos. Alzó su cosmos buscando quitar los desechos de esa mansión para liberar el paso al Reino del dios de los muertos.

Sintió como detrás de él quince presencia se agruparon, entre ellas estaba el cosmos agresivo de su cuñado, quién pasó a su lado empujándolo con su hombro sin consideración alguna, caminando entre las ruinas del hogar de su familia, que al pisar cada vez su pie se evaporaban ante el calor de su furia, sus ojos reflejaban su desesperanza y rabia en potentes llamas azuladas. Sintió una mano posarse amorosamente en su hombro, con sus gélidas gemas lo enfocó bajo el brillo de la vestimenta dorada, su querido padre Camus, quién asintió en silencio, dándole a entender que serían ellos los pelearían a su lado, en el mundo de su amado niño.


Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,


Un nuevo retumbo hizo que toda Alemania temblara como si de un gran terremoto se tratase y una estrella fugaz les hizo romper filas al momento de surcar el aire en busca de la bóveda celestial rasgando casi la atmósfera, ese resplandor se perdió justo dónde antes orgullosa brillaba eternamente la princesa del sacrificio, ante sus ojos una estela de luz se formó hacia el suelo alemán, el polvo brillante de las estrellas, succionaron los restos de la armadura de Andrómeda hacia el lugar dónde reposaba su heroína.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Sáb Jul 26, 2008 11:58 pm

Aquel espectáculo fúnebre, les rasgó el corazón es como si las demás constelaciones lloraran su desaparición y de cada una de ellas algo de energía se pasaba a ese vacío espectral, pronto un remolino de luces, se fue formando una pequeña estrella que fue descendiendo en un halo multicolor casi cegándolos por su resplandor, poco a poco el cielo nocturno vuelve a la normalidad, así como aquel resplandor va tomando forma ante sus ojos, detallando un cuerpo menudo, bajo una hermosa túnica con el brillo de las estrellas, una joven de largos cabellos esmeraldas ondeados bajo una suave brisa, descalza camina sobre el polvo estelar, en sus manos la poderosa espada de su Rey, al posar sus pies en ese calcinado suelo, la estela de luz desaparece, y lentamente abre sus ojos viéndose rodeada de los guerreros atenienses, en su frente, descansaba lo que era la tiara de la armadura de Andrómeda en su cintura el emblema del cinturón, las cadenas rodeaban su cuerpo como parte de sus vestiduras.

Suspiró al ver de frente a sus compañeros de armas, las demás constelaciones que la alimentaron para que su espíritu fuera liberado. Unas esmeraldas dulces como las del guerrero Andrómeda se posó en el rostro consternado de todos los jóvenes a su alrededor. Les sonrió suavemente hasta que su dulce voz, salió de sus labios, como una melodía de los ángeles. “La guerra que se vive aquí, no es de su incumbencia guerreros sagrados, ahora el ruiseñor de los dioses, se preparó para este momento, desde su nacimiento, por eso lo hizo a unido a mi resplandor, ahora una profecía se cumple, el advenimiento de una nueva era de dioses. Un dios cae y otro se levanta, en una nueva virtud, ahora vengo a cortar el cordón que alimenta a esa nueva divinidad, y abrazar el destino que mi amado Perseo, evitó en la roca sobre el mar.”

Al ver como trataban de hablar una mirada seria se los impidió: “Cuiden de mi amado Perseo, ahora lo enviaré fuera de ese lugar, el hijo de Zeus no debe caer en manos extranjeras, mientras acompañaré al silencio aquel que comparte mi destino a favor de su pueblo.” Emitiendo una poderosa aura dorada se encaminó por el túnel abierto por el poder de Hades, no te permitiré que avances sin nosotros, le gritó el cisne.

Ella se volvió en una gracia natural, hipnotizando con sus movimientos a los hombres allí presentes: “Nunca entendiste nada, Hyoga. El que destino te hiciera rechazarlo era porque estaba escrito, Hades no puede ser gobernado por humano alguno, el no tiene cabida para el amor, su corazón es la desolación misma, la nada. El invisible hijo de Cronos, hermoso como ninguno pero su virtud es la soledad y el silencio. Ahora duerme en espera del fin de su eternidad de desesperación. El haberte amado, le calcinó su poder, el tener un corazón le debilitó ante sus enemigos y ahora se avergüenza de ser derrotado como el eslabón más débil de la cadena de los dioses, se deja sacrificar a favor de su descendencia en esperanza que de su vástago no cometa sus errores”

Es mentira, vociferó sacado de sí, el amor nos hace fuerte. La voz del Cisne rasgó el silencio que ocasionó esas palabras, el mismo Iki, se quedó estático paseando sus zafiros entre los dos de un lado a otro. Los diamantes fríos como los glaciares, parecían la peor de tormentas de nieve, de ellos brotaban pequeñas perlas de su dolor, la joven princesa ante él le reflejó en unas pasivas esmeraldas que no cambiaron su intensidad, ni se alteró, después de negar suavemente con su cabeza, asió más fuerte la espada en su mano, como jugando con ella, suspiró para luego expresar con una sonrisa de tristeza en sus labios como cuando trataba de comunicarse con él en Japón: “El amor dices, el mismo que Hades conoció en tus brazos, el mismo que te hacía buscar otros cuerpos, el semejante que te hizo tomar a su hermano. Ante mi desesperación puede ver en mi encierro eterno, como el nombre del amor era mancillado por tus manos, entonces Hades sopesó el deseo de amar, como una debilidad, que le hizo perder todo respeto, su corazón se reveló a tal verdad. En abrazo de Perséfone conoció la ternura, la paciencia y la pasión. El corazón de la Primavera se desgarró en el momento que le tuvo que encerrar en ese ataúd por el poder de sus hijos”, suspiró sin deseos de continuar, se volvió no podía perder tiempo, la batalla cada vez tomaba más fuerza, así que se dispuso a proseguir con su camino.

Yo le amo más que a mi vida, fui un imbécil y un cobarde que cometí infinidad de errores. Ella ya no se volvió hacia ellos, simplemente le ignoró, al sentir que le iban a seguir, alzó su poder impidiéndoselos. “Ahora los dioses romanos, verán el poder del gran Hades, aunque esté en ese mausoleo en el silencio de los dioses, su poder como el primogénito de Cronos se dará a conocer. Hades, pagará el pecado de amar, con su vida inmortal, el haber fallado a sus lugartenientes, a su Reinado y a su Primavera. Ahora su Unigénita, es su esperanza ella será criada por mi Perseo para ser una diosa digna en el Olimpo, y su extenuación será pagada por el Olvido Eterno”

La decisión de un dios, ha sido dictada por su sangre, la cual no puede ser ignorada. Ahora sellaré a los invasores en el Tártaro mismo guiados por el río que se formará con la sangre que se derramará en el Eliseo. Los lobos romanos se afilan sus colmillos, para destrozar al heredero del Tiempo. Caballeros sagrados de Atenea, ahora solo les toca ver, el castigo de un inmortal. Pero el sabor de la traición que mi Rey saboreo le fue más amargo que cualquier tortura que le puedan infringir sus captores. Te puedo felicitar son pocos los que se pueden vanagloriar de humillar a un inmortal y tu te puedes alegrar porque lo hiciste a la perfección, caballero de los hielos. Tu condena es vivir una eternidad sin su amor, el haber sido el causante que un dios perdiera su fe en el sentimiento más puro y noble, el que su sonrisa no vuelva a ti, ni su calor.

Hoy Hades se entrega a sus enemigos, por la vida de sus espectros y su familia y se desvaneció en un viento ligero, y el caballero de los hielos se lanzó tras su energía en un rápido movimiento, antes de cerrarse de nuevo el foso hacia el mundo subterráneo. Los demás no tuvieron esa rápida reacción, quedando fuera, de ese lugar y la furia del fénix altísimo alumbró como el sol en el alba.


Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando


Empezó a destellar sus más poderosos ataques junto con el Pegaso y los dorados en un acto desesperado por ingresar al Reino de Hades. Shaka permanecía en silencio, observando la situación, su discípulo, sacrificaría una vez más su vida en bien de los humanidad, de eso no le quedaba duda, sopesó la verdad. “Hades, piensa vencer con su muerte, ese eres tu Shun.” Respiró profundamente, utilizando su poder divino avanzó en medio de todos sus compañeros, y Andrómeda a adoptado tu causa, como reconociéndote como su hijo ahora cumple con el sacrificio que los dioses dispusieron para exterminar a sus enemigos, suspiró al enfrentar a al Fénix con su poder, tratando de calmarlo, e impedir que sus compañeros perdieran su energía tontamente. Haciendo uso de su rosario, se sentó a meditar en un antiguo canto su poder empezó a calmar los ánimos de los demás, así como la aurora se asomaba en el horizonte, aún haciendo frente a los acerados del hermano de su niño más querido.

El es como mi hijo, sé lo que es Shun el es fuerte e inteligente, con la sabiduría de su ser inmortal, he sabido de cada uno de sus sufrimientos y el sabor de la traición que probó de la boca de sus propios allegados. Trataré de invocar su presencia, en este momento su ser camina en apariencia divina en el valle de los dioses de antaño, los que duermen todavía. Por eso que Andrómeda se ha mostrado, va para darle su espada para el combate. Un gran destello se formó ante ellos una puerta de dimensiones se accionó y por ella traspasó una esfera con la presencia de la misma Andrómeda, en su interior el ejercito del Rey del Inframundo, se dejó ver. En brazos de Radamantis una desfallecida Pandora.

Todos se quedaron anonadados en el momento que vieron el estado de los poderosos jueces, los tres presentaban heridas de gravedad en sus cuerpos, la armadura impenetrable del gran Radamantis se mostraba destrozada en la altura de su corazón así como una cortada profunda, en su pecho, la cual se notó cuando colocó en el suelo a la joven Haissan envestida con la armadura de Hades, acarició levemente sus cabellos borgoñas con un cariño que irradió en la devoción para después besar su frente con respeto, caballeros de Atenea le encargamos el cuidado de nuestra Reina y su princesa, el cuidado de nuestros tesoros serán suyos, Fénix, cuida de la Reina Alondra, hasta que volvamos del otro mundo.

El primer juez apenas si se pudo poner en pie en el momento que se tambalea, Iki le sostiene en sus brazos, no creas que partirás de éste lugar dejándome fuera, espectro de cuarta, me llevarás ante mi hermano, de inmediato, le exigió zarandeándole, pero la mano firme de Shaka, le retuvo. No entiendes, Fénix, nosotros ya hemos perdido, le fallamos, como sus guardianes lo único que nos queda era cumplir con su último deseo, con su testamento, le susurró suavemente. Soltándose con los últimos vestigios de su fuerza, por el honor de nuestro Hades, le acompañaremos en la hora de su derrota con nuestras vidas, peleando al lado de Perseo.

Cuando dio dos pasos más fue sostenido por Minos quién le evitó una estrepitosa caída, vamos querido hermano, no es el momento. Los Romanos conocerán el poder ilimitado de los jueces del Señor Hades. Le alentó pero el mismo sabía que era presentarse para su ejecución pública, para apaciguar la furia de la invasión extranjera y darles la oportunidad de sellar la entrada para encarcelarlos en el mismo Tártaro, lo que ellos conocían como el Inframundo sería un recuerdo, esa era su venganza, el volvería a su etapa inicial el lugar de castigo de los dioses. Desataría la furia del Tártaro.

Los ámbares de su hermano mayor se posaron en los suyos, nublados por la falta del vital líquido, con honor y responsabilidad, hasta el último suspiro, el Inframundo es nuestro hogar, al lado de Hades y Perséfone, ahora es lo menos que podemos hacer salvar a su eterno amor, y demostrarle que nunca estuvo solo, le sonrió que le amamos desde la eternidad. Los tres jueces se adentraron caminando en nombre del orgullo y la fidelidad a hacer su última batalla.

Radamantis, yo he querido a Shun, como un hijo, ese amor nunca murió más bien se acrecentó cada respiro de esta vida que nos tocó ser maestro y discípulo, el mayor de los hijos de Cronos fue terreno fértil para mis enseñanzas, nunca me defraudó fue la más querida de mis misiones, ahora quiero ir con sus guerreros y el hijo de Cronos, a su lado por mi voluntad. Shaka, de virgo encarnación sagrada de la deidad de la India, se despojó de toda protección de la diosa de la Guerra.

Ante el dolor y angustia de Saga que le interrumpe el paso, con sus gemas tornasol, inquiriendo en su rostro. Trato de llevar sus dedos a sus cabellos dorados que brillaban como el oro mismo y los rayos del sol, pero Shaka no elevó sus párpados. ¿Virgo? Balbuceo suavemente, con el dolor de sus palabras agolpadas, una sonrisa tranquila se dibujó en los labios del menor. Sabes que no me puedes tocar, ya perdiste ese derecho. Ni mis ojos se volverán abrir para ti. Las últimas palabras dirigidas a su persona le hicieron retroceder, al igual que un caballero de lacios hilos de color violeta se estremecía ante la perdida de su casi hermano y amigo. Sí. Andrómeda fue mi más aventajado alumno. Suspiró, hasta evadirlo, sin importar las lágrimas que no tenían vergüenza de esconder ni Aries ni Géminis. Disfrutó de los rayos incipientes de sol sobre su piel por última vez.

En tu estado Radamantis, creo que te sería imposible abrir las dimensiones. Vamos que Shun nos espera en el Eliseo. Extendió su poder como una brisa calida pacífica al igual que las cuentas de su rosario emanaron su antiguo poder. Shaka de Virgo, si no trae a mi hermano contigo te juró que si no vuelves con mi hermano te buscaré hasta en el rincón más oscuro del Tártaro, no te atrevas a esconderte allí, por que no te servirá.

Amigo, mí querido Fénix, nunca cambiarás, tú también cuídate. Aquel rosario formó una estela luminosa, por dónde pasaron a lo que quedaba del mundo de los muertos, que era un Caos, de dimensiones, sin la vela del cosmos de su Rey, tan solo el último resplandor de la princesa del sacrificio. Y el poder del caballero divino del cisne.




Que seas muy feliz, que seas muy feliz,
Mientras que yo
Te sigo amando


Ya casi no tenía poder, para seguir resistiendo, la barrera que había formado con su poder retrasando el ingreso de sus captores, esperaba sentado contra el muro con el casco de Hades entre sus manos, en silencio resistía y rezaba para que Shun despertara de su letargo, su corazón se agitaba dolorosamente en su pecho, les tenía enfrente, el tiempo se acababa su amado no daba señas de despertar, se puso en pie blandiendo las armas que su padre le diera, como hijo del Gran Zeus, defendería hasta su último respiro el entrada al Eliseo, llenó sus pulmones con todo el aire que pudo, se sonrió al ver con sus cielos tranquilos a los invasores, destruyó el mismo la barrera, uno de los héroes de Grecia, no se quedaría simplemente esperando la muerte esa no era la forma en que amaría a Hades ni la forma en que debía protegerlo, no supo en que momento un resplandor fulminante se abalanzó sobre su cuerpo, y aquel aroma tan conocido inundó sus sentidos, se abrazó a ese perfume y presencia, su cuerpo se vio descansando en los campos Elíseo en el mismo Mausoleo del Silencio.

Sus dedos se perdieron en su cabellera sedosa. ¡Mi Shun! Susurró entre lágrimas y besando su cuello, Alexar, fue su voz fina la que volvió a la realidad, sus ojos enfocaron el rostro de la princesa del sacrificio su Andrómeda. Shun, siguió llamándolo, y acariciando su rostro hechizado por sus esmeraldas, ella se sonrió mi querido Perseo, mi amigo perdóname, por haberte obligado a esto, debiste quedarte con nuestra niña en la tierra, y es ahí dónde iras.


Un cosmos totalmente distinto lo hizo incorporarse de golpe con el frágil cuerpo en sus brazos, y se topó de frente con el caballero del cisne. Luego, volvió a tener una amplia visión de la joven en sus brazos y suspiró más tranquilo pero sin dejar de sentirse abatido, acarició su rostro, vienes por tu amo, Andrómeda. Y ella asintió vengo a cumplir su última voluntad, para eso se me ha liberado de la bóveda celestial, lamento la confusión mi príncipe. No lamentes nada, gracias mi princesa.

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MensajeTema: Re: TE SIGO AMANDO   Dom Jul 27, 2008 12:01 am

Suspiró acariciando su rostro, para luego contemplar al cisne detrás de ella y le sonrió tristemente, al momento que veía la belleza del Eliseo, luego el camino hacia el palacio. Es el momento de buscar a Shun, para sacarlo de aquí, dictaminó el cisne de manera cortante. He sentido como buscan nuestras presencias ellos ya cruzaron el muro de los lamentos, susurró Andrómeda adelantándose a ellos, si han querido seguirme entonces es el momento de continuar, más de lo que vean aquí en adelante es el de deseo de mi amo, al cual protegeré hasta que se haya cumplido en su totalidad. Es por aquí debemos darnos prisa, porque no contamos con el tiempo suficiente.


Deseo mi amor que sepas también que te amo
Que no te olvide, que nunca podré, te extraño


Bajó su mirada, el elegante camino del mausoleo se puso ante ella y los dos guerreros le siguieron en silencio, hasta que ella asió fuertemente el filo de la espada en su mano, cortando su piel en el proceso, su sangre cayó en los adoquines de la entrada del esa elegante tumba. “Es difícil, lo que va a ver, Hades, ahora duerme en el silencio de los dioses desde hace unas horas, le verán, pero su corazón ya no late, ni sus pulmones reciben aire, el frío de la soledad habita el cuerpo que destelló la magnífica presencia del orgullo de Cronos, su primogénito. Tembló no deseando ver ese cuerpo vacío, ella le adoraba desde que la conquistó en la isla de Andrómeda, el calor de su cosmos lo veneraba, pero lo que percibía de ese lugar, heló su alma, la hizo quedarse estática en la entrada, las lágrimas le nublaron la vista y tembló ante el llamado no contestado.

Lentamente soltó el aire de sus pulmones, el mismo Perseo se adelantó, en ese templo frío el silencio causaba que sus pisadas retumbaran en un eco desgarrador, seguido de Hyoga, que buscaba con su vista algún indicio de su amado. Aquel cosmos ahogante, era el de la muerte, parecía rodearles. Sentían sofocarse en ese lugar, con cuidado entraron en el atrio dirigiendo sus pasos hacia el interior de ese palacio sepulcral, cuando vio el ataúd en medio del salón principal, en los adentros del templo, el espíritu de Andrómeda se encaminó sin prestar atención a sus acciones, su cuerpo a la cercanía del sepulcro se vuelve en ser luminosos sin forma corpórea real, ambos se quedaron petrificados las antorchas del templo se encendieron la tapa del sepulcro se abrió ante sus ojos, descubriendo el cuerpo del Señor de Inframundo. “Mi señor este es el principal signo de su reinado, el le acompañará hasta su último momento, para que sus enemigos según es su deseo tengan pleno conocimiento de que este cuerpo pertenece al hijo de Cronos y Rea. Ahora he cumplido plenamente mi misión vuelvo a ser su guardiana, hasta que todo haya terminado, alzó la fría y suave mano, aún el rigor de la muerte no afectaba sus músculos, su rostro ahora era grisáceo y sus cabellos hermosos hilos del ébano más puro y brillante, sus labios antes sonrojados, en este instante pálidos, y fríos, les besó con devoción y su propia esencia fue absorbida convirtiéndose en unas cadenas doradas que apresaron la espada entre las delicadas manos.

Un quejido general cruzó el mundo subterráneo de nuevo y del interior de la fosa unas cadenas invisibles se abalanzaron buscando su presencia en ese lugar, aprisionándolos contra las paredes del mismo sin poder mover ni un solo músculo de su cuerpo, de pronto un último destelló del cosmos de Hades llenó la estancia y la espada se posó encima de su vientre con su filo apuntado sobre el enlazada con las cadenas, aquel cálido cosmos pareció formar el cuerpo del Rey del lugar de pie sobre el mismo.

Los diamantes del cisne se llenaron de lágrimas de felicidad, sabía tenía confianza que él estaba vivo su corazón se colmó de alegría, en su alucinación, gritando el nombre de su amado, pero de sus labios no podía salir vocablo alguno. Tan pronto como sucedió se desvaneció y la espada volvió a su lugar dejando el recinto más vacío de la vez anterior. Solo el llanto, ahogado de Alexar llegó a sus oídos lentamente volteo sus ojos a enfocar a su rival apresado en el mismo muro, el cual sus largos cabellos cubrían su rostro y su cuerpo se estremecía en su dolor.

No lo hagas Shun, no te despidas de mí, no lo hagas gritó enloquecido, percibió con un pequeño destello de su cosmos brillaba entre los cabellos de Alexar, sus diamantes se explayaron negando continuamente, la desesperación se anidó en su alma, volviéndolo un ser irracional trato de soltarse de sus ataduras pero le fue imposible. Si tu saltas yo salto, Hades. Más parecieran que veían todo como en una pesadilla.



Perdóname mi amor por todo el tiempo que te amé y te hice daño
Te amé de más y fue mi error,


Atenea permanecía seria, observando el cielo nocturno sin apartarse de la ventana de la habitación de Andrómeda, suspiró al sentir los indicios de energías cercanas a Alemania, lentamente se volvió al caballero del Dragón que sostenía entre sus brazos a la pequeña hija de Shun quien dormía refugiada en ese cálido abrazo se sonrió ante la tierna escena, la habitación se encontraba a media luz, dándole un reflejo dorado al poderoso caballero divino. A pesar de tener sus párpados bajos se mantenía en alerta, propio como su padre afectivo Dohko, sus caballeros de libra, demostraban un perfecto equilibrio en su accionar, y prudentemente se quedó con la niña aunque deseaba correr al lado del Fénix.

De nuevo la tierra retumbó en quejido de dolor, cuando ante sus ojos la figura de Shun se presentó, la presencia de ese ser parecía irreal, Atenea se arrodilló ante la aparición. Mi amado niño, ¿Porque lo hiciste? La voz afectada por el llanto de la diosa hizo que Shiryu abriera sus ojos lentamente y en sus retinas pudo determinar el rostro iluminado por una de sus ensoñadoras sonrisas. Andrómeda, susurró suavemente, Iki estaba muy preocupado por ti, hermano ahora que has venido… Pero su joven cuñado le sonrió negando con su cabeza, suspiró al acercarse al Dragón con sus esmeraldas enfocadas, en el rostro de su niña a la cual besó en su frente, al sentirlo cerca ese aroma tan característico de la mortandad le llenó los sentidos, asustado trató de apartarse y a la pequeña en sus brazos prácticamente se arrastró a pegarse contra el respaldar del lecho, la mano pálida se enfiló a hacia la pequeña y por fin pudo ver los abismos vacíos de sus ojos, aterrado temblaba ante su presencia estaba la verdadera esencia del hijo de Cronos y Rea.

“Todo ahora es silencio, voy a dónde el tiempo descansa en lapsos de eternidad, de la muerte ha surgido la vida, este es mi mayor legado el poder haber experimentado, la felicidad de crear vida, Alondra, dulce Alondra, perdóname pero para tu reines, yo debo desaparecer, mira tu rostro ahí verás lo que yo fui, pues habitaré en cada esencia de tu cosmos, ahora finalmente te separo de mi alma y cuerpo, supremamente te puedo decir adiós” Ahora no sufrirás, pues apenas seré un pequeño recuerdo de tu alma inmortal, tal vez nunca conozcas como era, pero es lo mejor porque más adelante no tendré el valor de apartarme de ti y destrozar tu corazón.”

Se que serás inmensamente feliz reirás con las flores del campo y gozarás con el canto de las aves, verás el imponente mar retumbar en blancas espumas y el firmamento brillar bajo la fuerza y guía de los héroes del pasado glorioso de la era de los Olímpicos, más nunca entregues tu corazón, no es buen consejero para un dios del Inframundo, nosotros se dio la tarea de ser señores de la soledad y el silencio, debes ser justa y sabia. Más nunca mostrar la debilidad del amor, ahora seré el conocimiento y experiencia en tu alma”. Al tocar con su mano su frente su lentamente se desvaneció en un aura alrededor del cuerpo de su pequeña.

Hades, acababa de despojarse de todo, ahora se entrega al silencio de Cronos y nuestros antepasados… Determinó Atenea. Ante las palabras de su diosa el Dragón se estremeció sintió el acido de sus propias bilis subir por su garganta y un desgarrador gemido salido de su alma desquebrajó el silencio de esa madrugada. La diosa solo atinó abrazarse al mayor y ambos soltaron el dolor de sus almas, la pequeña en refugiada entre los dos, sonrió inocentemente, como cuando lo hacía en brazos de su papi.


Que soledad estoy sin ti, lo estoy pagando


Los diamantes de Hyoga determinaban todo como en cámara lenta, veía la desesperación del hijo de Zeus que luchaba por romper la cadena que le tenía prisionero contra el muro, ya sus muñecas sangraban de su desesperado esfuerzo, en lugar de avanzar le retenían con más fuerza, suspiró no moviéndose en una inútil lucha si Andrómeda… Entonces interpretó sus propios pensamientos en tan solo segundos. No luches Perseo, le sugirió casi en un susurro, Shun no quiere que intervengamos, el muy sinvergüenza esta consciente de todo lo pasa. Sus palabras empezaban a mostrar su enojo.

Andrómeda piensas dejar a nuestra hija sola, eres tan cobarde Shun para no enfrentarme, crees que muriendo arreglas las cosas, nunca pensé que el hijo de Cronos fuera un desertor que deje su reino en manos enemigas. Le gritaba tratando de hacerlo reaccionar. Mientras emitía pequeñas dosis de su cosmos tratando de congelar la cadena que le cubría. El hijo de Zeus le inquirió en silencio detallando su conducta. Entonces le sonrió, yo sé como es mi pareja, le conozco cada uno de sus detalles y conductas. Su mente viajó hace dos años atrás en Grecia, en una de sus tantas visitas al caballero dorado de virgo.

Había pasado casi todo el día con su maestro en la playa, así se pasaba horas Shun cuando se trataba de Shaka se olvidaba de todo, al igual que el mismo caballero dorado, algo cansado de estar solo, se decidió a interrumpir esa reunión privada, descalzo disfrutaba de las cálidas arenas del Mediterráneo, ellos siempre elegían una apartada playa, para sus meditaciones, y largas pláticas de filosofía de ambas culturas, en verdad era algo aburrido, el creía que el aroma del mar y la suavidad de la arena era para ser disfrutada en actividades más placenteras pensó con una leve sonrisa en sus labios, aquel aroma del mar inundaba sus sentidos y le daba paz a su alma.

El mar estaba calmado como una gran laguna calma y con brillantes reflejos plateados a causa del sol, pronto les encontró después de caminar algunos minutos, entre las espumas del mar, se detuvo unos pasos antes de llegar dónde ellos Shun se encontraba sentado en medio de la extensión de una cadena dorada, al frente entre las danzantes extensiones se encontraba el mítico caballero de virgo, quién se envolvía en su poderoso cosmos protegido por la cadena misma. Pudo sentir una extraña unión entre maestro y alumno, que fue interrumpida por su presencia en el lugar, al menos eso creyó, el primero del salir del trance fue el mayor quién rompió su postura de meditación levantándose con sus párpados cerrados caminó descalzo sobre la brillante cadena siguiendo cada una de sus elipses, hasta llegar a Andrómeda que permanecía en esa posición de meditación, hasta posarse en el centro mismo de la nebulosa dónde habita la princesa del sacrificio en ese instante la cadena desaparece, al sonreír mi príncipe. Ataque y defensa en uno, es como mi tesoro del Cielo, le oí decir, a lo que Shun asintió al incorporarse y besarle los labios como saludos, para luego abrazarse al cuerpo fornido del caballero dorado que lo recibe entre los suyos amorosamente.

Shun se vuelve hacia dónde estaba aun refugiado en los brazos del mayor, esa relación entre Virgo y Andrómeda muchas veces no me agrada, aún no han notado mi presencia pero acalló mi cosmos para observar lo que sucede, está vez es mi niño quién se sienta en la arena atrayendo a Shaka a su regazo, ante mis ojos surgió la extraña escena de un abatido caballero dorado, acunado en el cálido abrazo de mi amado, se veían que Shun le decía algo con una solemnidad y seriedad, como si contara con milenios de experiencia, en su conducta su instructor parecía una criatura acunada en los brazos de su madre. No fue mucho lo que tardaron en darse cuenta de mi presencia y en ese momento todo se acalló. Sus brazos le soltaron lentamente y la reencarnación de Buda se incorporó en silencio, sin volverme a mirar se enrumbó al santuario, después de poner en pie a su alumno.
Recuerda, somos virgo, Andrómeda, ahora yo he descubierto mi destino de la manera más cruel, pero Hades amó a Perséfone, por ser Virgo. Sin embargo el mismo Rey del Inframundo nació bajó su amparo. Cuando el destino te acoja quiero que muestres esta misma entereza de hoy, criatura. Fue lo que alcance a escuchar. Y la cadena que hoy Shaka que se extendió entre nosotros es mi promesa que no olvidare tus enseñanzas, padre. Porque yo te reconozco bajo ese título, si me haces el honor de llamarme hijo.

Sabes que en mi corazón lo eres, Andrómeda siempre será mi orgulloso vástago. Fue lo último que expresó en el momento de desvanecerse ante mis ojos. Lamento haber interrumpido, amor. Me disculpe al momento de tomarlo entre mis brazos y asaltar sus labios sediento de la dulce ambrosía que de ellos brotaba, era el crepúsculo, en ese momento, su cuerpo envuelto en un aroma a sándalo y mirra, sus cabellos recogidos en aquella graciosa coleta y su piel caliente a causa del sol que había recibido, su túnica corta de combate, me volvían loco, entre besos caí con el, en la arena, acunado entre sus suaves y refinadas piernas, esa noche la luna y las estrellas fueron testigos de nuestra unión nuevamente, y bañados por las saladas aguas del mediterráneo. No quería separarme de él, no lo deseaba hasta que me atreví a preguntarle de aquella extraña cadena. Suspiró al detallar el brillo inmortal de las estrellas en el firmamento, mordiendo sus labios suavemente, me rodeó con sus brazos con amor.

¿Qué tanto viste? Me inquirió suavemente, besando mi cuello con delicadeza. Bueno no importa se corrigió inmediatamente, el cosmos es inmortal, me expresó, aunque mi cuerpo esté destrozado, si mi mente está lucida podré extender mi mayor técnica el ataque y la defensa en uno, es como el tesoro de cielo de Virgo, mi destino atado a la cadena es también la mejor de mis armas, y ésta es la que nace de mi alma, no la que utilizó Poseidón, es mi alma mi cisne la que viste y por la que caminó Buda.

Tu alma… esas palabras dichas hace algunos años atrás azotaron en mi cerebro, dolorosamente, ahora lo entendía su último recurso estaba expuesto su alma, nos retenía ocultos, Perseo esta cadena es Shun, le susurré no luches con él. Déjate llevar calmamente.

Que seas muy feliz, que seas muy felices,


“No es necesario que lo hagan, porque no les permitiré intervenir, caballeros divinos” su voz llegó directamente a nuestras almas, ahora entiendo las palabras de mi papá, Virgo, siempre será virgo, nuestro corazón nunca debía tener dueño, ahora al deshacerme de esos vanos sentimientos puedo desatar a mi alma de mis cadenas, las cuales fueron impuesta por la humanidad misma.

Un mortal jamás podrá adueñarse del corazón de un inmortal, por eso Saga y tu fallaron. Por eso nuestro amor fue condenado al fracaso. No soy cobarde, ni abandono a mi reino… pero se acalló al instante que las presencias abrumadoras y bélicas de sus captores ingresaron en el salón del templo. Al tratar de movilizarse en un desesperado acto de salvarlo las cadenas se aferraron a su cuerpo más férreamente cortándoles hasta la facultad de hablar por sus labios.

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Última edición por goddesniquel el Sáb Dic 19, 2009 11:11 am, editado 1 vez
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