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 ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)

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Angeles - Helios Hiperion
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MensajeTema: ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)   Lun Dic 14, 2009 6:10 pm

"No te pertenezco..."




Categoría: Drama/Romance

Clasificación: C-17

Advertencia: Rape (violación)

Personajes principales: Milo, Kanon

Personajes secundarios: Saga

Pareja principal: Kanon x Milo

Pareja secundaria: Menciones de Saga x Milo

Canción: La cita - Versión rock interpretada por Socco (Arg)

Motivo: Evento del club "Amando locamente al bicho" Canciones de amor a Milo


Dedicatoría: Pues... lo pense mucho ^^ ya que tengo dos personitas ahí a las que se las debo, una ya lo sabe, la otra no, pero lo sabrá cuando pueda 'intentar' agazajarla con un Chocolat, pero por ser mi primer Songfic quiero dedicarselo a Songfic Maniak, los suyos me inspiraron de ser honesta, y como es otra amante de la pareja espero sea de su agrado.

Resumen: Puede sentirlo, pero no puede vivirlo, a veces es imposible luchar contra la propia naturaleza, o cambiar la suerte heredada, es imposible, o así queremos verlo, simplemente hay personas que no estan destinadas a ser felices, si es que es justo culpar al destino, cuando ellas mismas buscan la tragedia.

Notas: Al final del capitulo ^^ asi evito hacer spoiler.

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Angeles - Helios Hiperion
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MensajeTema: Re: ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)   Lun Dic 14, 2009 6:15 pm

Aclaraciones previas:

"Bla, bla, bla" - Dialogo

"Bla, bla, bla" - Recuerdo de un dialogo.

'Bla, bla, bla' - Pensamientos - anuncio

"Bla, bla, bla" Canción

Afrodita: En mi zona es un especie de lugar de 'encuentro' algo elegante jeje que llaman Hotel, pero bueno, de ahí saqué el nombre.





Milo giró la llave y detuvo el motor del auto, dejando caer su espalda con fatiga contra el respaldo del asiento, se tomó unos instantes para pensarlo, como lo hacía una y cada vez, aún sabiendo que lo único que le diría su mente sería “No pienses, no dudes, solo entra” Así había sido toda su vida, no detenerse en las consecuencias de sus actos, a pensar en alguien mas, ni siquiera en si mismo, siempre se aseguró de cumplirse cada capricho, seguir cada impulso… Esta noche no sería la excepción.



Desprendió el cinturón de seguridad, desvió la mirada hacía las luces del hotel, y tras dar un suspiro tomó su celular del asiento continuo, repasando las ultimas líneas del mensaje recibido horas antes.



‘Amor estaré en Afrodita a las diez, quiero verte, trata de no tardar’



Revisó la hora en la pequeña pantalla, Saga debía llevar dentro como media hora, pero no podía pedirle fuera puntual, no acostumbraban verse dos veces en la misma semana, menos con tan poca anticipación, era demasiado el riesgo, no le gustaba pensar que estaban llegando a la etapa en que se comienza a cometer errores tontos, eso significa que pronto todo acabará.



Sonrió con sarcasmo para si mismo, era algo que ya sabía, haber aceptado casarse con Kanon había sido una completa tontería, jamás pensó dejar su doble vida, no la había dejado, aun que tampoco espero que Saga le complicará aun mas el mantener a una desinformada de la otra, tener un amante tan cerca, tan… real, no era lo mismo, lo peor es que por algún motivo no podía dejar de verlo, se había engañado pensando que la causa era cobardía, se notaba que Saga moría por él, un rechazo podía provocar que la tensión aumentara, o que el gemelo mayor hiciera algo tan estupido como montar una escena… Sí, el día que cayó en sus brazos había firmado la sentencia de muerte de su relación, aun que, como siempre no era una completa sorpresa, solo lo era el descubrir una presión en su pecho que nunca había estado ahí.



‘¿Qué demonios te pasa Milo?... Este no eres tu’



Se reprendió mentalmente, aun que sin fuerza, no estaba hecho para el amor, para ser de nadie, en eso era igual a su madre, la joven hermosa que solo vio la oportunidad, se ligo aun tipo casado, con hijos, lo enredó lo suficiente, enamoro, provocó que dejará todo por ella, quien nunca le sería fiel a él, solo a su dinero, así había aprendido que se debía avanzar en la vida, el amor era un invento, una cursilería, algo que comenzaba y terminaba dentro de una cama, y en cierta forma sus primeros amantes… Vaya que se lo enseñaron, basto que su corazón muriera una vez, y ya nadie pudo resucitarlo, ni siquiera Kanon, ese bastardo alegre, posesivo y sumamente apuesto, al igual que adinerado, el pobre cometió el error de poner sus ojos en Milo de manera insistente, le agradaba, de no haber sido por su insistencia… Milo lo habría dejado ir, pero cuando el pollo se mata y cocina solo… ¿Quién no lo come? Mientras no sean sus manos las que hayan hecho el trabajo.



Otra vez esa inquietud que no le permitía estar en paz, llevaba meses acompañándolo, ¿Remordimiento? ¿Demasiado el meterse entre dos hermanos? Dos gemelos para ser preciso… No, no era de quienes lamentaban tales pequeñeces, si la conciencia de Saga estaba tranquila, ¿Por qué sufriría la suya? Solo era sexo, conveniencia quizás, cuando Kanon se hartara e ese juego tendría ya un nuevo destino, uno que conocía su peor lado, y hasta cierto punto, no le importaba, ya cuando llegara a esa etapa vería quien mas se presentaba.



Sacudió la cabeza y apartó esas ideas, era ridículo pensar en ello ahora, no… Lo ridículo era que le molestara, ¿Dejar a Kanon, era eso? ¿Acaso no quería?



“Creo que te he visto antes… ¿Te llamas…?”



“Demasiado gastado, estoy seguro de que no nos conoces”



“Mmhm Tu no a mi, yo si a ti”



“¿De verdad? No me digas, ¿Y como me llamo? ¿Dónde me has visto?” llevó las manos a la cadera provocativamente.



“En las mas vulgares de mis fantasías…”



Una sonrisa de simpatía escapó de los labios del menor



“Descarado…”



“¿Y mi delirio en carne se llama…?”



“Milo, y haz como todos con las ideas mundanas, olvídalo”



‘Como siempre, no hiciste caso’



Dejó de dudar y bajó del coche, esa noche tendría mas que sexo con Saga, ni bien acabaran tendrían una platica, había mucho que aclarar, y las punzadas… Eran señal de que el riesgo había aumentado, ya no de ser descubierto, de lo que pasaría con él si seguía mas tiempo junto a Kanon, le estaba afectando de algún modo, su estado de ánimo, nervios, voluntad.



“Te amo, mi doloroso delirio”



Apretó el paso hacia la entrada… ¿A que venían todas esas ideas? ¿Estarían cerca de su aniversario? No solía olvidar esas fechas, a su amante de turno le gustaba lo tuviera románticamente presente, aun que ellos no lo hicieran, consejo de su progenitora.



Al entrar al edificio solo saludó con un asentimiento al conserje, que le sonreía con cierto morbo, no era difícil adivinar sus intenciones nada santas para estar ahí, mas viéndolo tan seguido, lo que no entendía es el placer ajeno por saber de esas aventuras.



Tomó las llaves que le eran ofrecidas y se aventuró por las escaleras, la habitación 28b, tercer piso, sin balcón, siempre era la misma, aun si no era Saga quien le acompañaba.



Se detuvo para recuperar algo de aliento, y componer una expresión neutral, fingirse alegre de nada le servía en un momento así, Saga sabía que ese juego poco le divertía, era peor que los anteriores, sabía que estaba con él por que lo necesitaba, por temor… y lo disfrutaba.



Acomodó su cabello, sacudiéndolo de debajo de su cuello un poco, para que se acomodaran mejor sus bucles, se alisó la polera negra, confirmando en el espejo de final del pasillo la manera en que se ceñía a su cintura, mas tranquilo introdujo la llave en el cerrojo, empujó la puerta y entro.



Pasa y siéntate, tranquilízate



La habitación estaba casi por completo en oscuridad, salvo la luz que se colaba desde la entrada, la ausencia de una ventana no permitía que llegara por otro parte, pero podía distinguir con claridad a Saga, que permanecía sentado al borde de la cama matrimonial… Matrimonial… irónico.


Al fin ya estas aquí que mas te da



“¿Saga?”



“Media hora tarde, amor”



Era un reclamo, no lo esperaba, pero tampoco esa cita repentina, quizás su amante también tenía algo que discutir o compartir además de placer esa noche.



Milo optó por se sumiso y no recordarle lo difícil que le era conseguir una excusa poco sospechosa para ir a verlo, mas con la constante paranoia de su esposo.



“Siento haberte hecho esperar…” Murmuró cerrando la puerta detrás de él, quedando ambos envueltos por la oscuridad.



“Vuelve a llavar, Milo”



“Sí” Hecho el cerrojo una vez mas y avanzo con cuidado, dándole tiempo a sus ojos a que se acostumbraran a la escasez de luz, llegó hasta el mueble, donde tomó asiento junto a Saga, dejándoles las llaves en la mano, aguardó en silencio, como esperando por oír lo que seguiría.



Pero varios segundos pasaron, en los que solo escuchó el sonido de su respiración, la propia, y una tensión que casi podía ser cortada con tijera, Saga solo se ponía así cuando pensaba demasiado, ¿Acaso le estaba despertando la culpa? ¿Lo había llamado para terminar…? Despedirse mas bien, sino ¿Por qué el cuarto de hotel?



“¿Saga?” Le llamó, casi con tono de suplica, tanto silencio alteraba sus nervios, odiaba ser así con él, a alguien mas ya lo habría sacudido y exigido una explicación, amenazando con marcharse, pero no con el gemelo, lo que la situación tan enfermiza le despertaba, era quizás lo que mantenía su temperamento muerto.



“Saga, di…”



“Basta” Con su boca lo calló, brusco, firme, Milo naturalmente no renegó el beso, superada la sorpresa solo cerró los ojos, y recargó los antebrazos en el pecho del mayor, optando por una posición más cómoda, agradecido del comenzar tan agradable de Saga, si quería ir con calma… Vaya que lo satisfacería, por algún motivo estaba con esos ánimos. Solo separó sus labios, rozando por bordes de los de Saga, permitiéndole invadirlo con su lengua, las manos de su amante una se mantenía en su cintura, la otra subía por su cuello, enredando los dedos en su cabello, acariciándole el cuero cabelludo con la yema de los dedos, la sensación era electrizante para Milo, quizás fuera por lo largo y abundante de su cabello, pero esa zona le era sumamente sensitiva, casi podría decirse que su punto débil, pues se le fue la tensión de todo el cuerpo con esas caricias y se entregó por completo en ese beso, dejándolo hacer simplemente.



Cuando lo estrechó contra su cuerpo solo estiro algo los brazos, ajustándose esta vez al cuello de su amante, devolviéndole las gentiles atenciones, cuando este soltó su boca para cubrirle el cuello, la manera en que tomó posesión sobre su piel, el contacto de esa lengua tibia y húmeda lo hizo gemir, lamentablemente algo que tenía absolutamente prohibido.



“Kanon…”



La separación fue tan brusca como el abrir de sus ojos, al darse cuenta del error que había cometido, no fue capaz de pronunciar una disculpa, una explicación, y la oscuridad le impedía leer la expresión de Saga, pero imaginaba estaría furioso


Imagínate que yo no soy yo
que soy el otro hombre que esperabas ver



“¿Ah que demonios juegas, Milo?”



Era en cierto modo un reproche esperado, pero el tono de voz que utilizo, le caló los huesos, como si hubiera tenido una terrible premonición, presentimiento, que se cumplió cuando Saga extendió el brazo y encendió el velador.



“¡Kanon!” Gritó espantado, como si de un espectro se tratara, incorporándose de inmediato.



un amante improvisado, misterioso, apasionado
que te dio una cita en este hotel



Su pulso se agitó con violencia, la sorpresa no se comparaba con la mirada atemorizante que su esposo le estaba dedicando, no podía decir que era solo frialdad… Jamás había visto en él una expresión de ese tipo, tanta cólera a punto de estallar, y saberse que sería el blanco de tanto odio le estaba quitando el aliento.



Su cordura pudo mas que el temor, no pensó en que decir, solo en que tan rápido podría llegar a la puerta, pero solo un paso atrás bastó para sacar a Kanon de su posición de ataque, fue mas rápido, y medio incorporándose lo sujetó con fuerza del brazo, no solo alcanzándolo, sino que arrojándolo sobre la cama, en el mismo movimiento, invirtió los papeles.



“¡Ka.. non!” Desesperado se movió sobre el colchón, buscando distancia, sin saber como saldría de ese cuarto sin necesitar esa puerta… que lamentablemente acababa de recordar que estaba cerrada… Y Kanon era el de la llave.



“¿Qué pasa, cielo? ¿Esperabas a alguien mas?” Preguntó en tono sarcástico, Milo no supo que decir, tanto tiempo temió que pasara, pero nunca imaginó algo tan repentino.



“Kanon Geminis no, no te conviene, es demasiado posesivo”


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MensajeTema: Re: ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)   Lun Dic 14, 2009 6:18 pm

La siguió en tantos consejos, ¿Por qué no en ese?



“No juegues con él”



“Kanon…”



“Sí, no soy Saga… No necesitas seguir repitiéndotelo”



Milo contuvo el aliento, sosteniendo su peso con las manos en la cama, sin atreverse a intentar aún otro movimiento, Kanon hablaba moderado, pero ese brillo en su mirada le decía que era solo apariencia, por lo que no se sentía seguro.



Si fueron mis manos las que te escribieron la carta
han sido mis celos los que te pusieron la trampa



“¿De que se trata… todo esto?” Pese a tu temor se atrevió a preguntar, queriendo entender que es lo que hacía él ahí, aun que el motivo saltaba a la vista.



Kanon torció una sonrisa sarcástica, retrocediendo solo un par de pasos con calma, hacía la silla junto a la pared, sobre la que había dejado su abrigo, entre otras cosas, que gracias a la oscuridad Milo no había notado, entre ellas un gran sobre marrón del que estrajo una cantidad de papeles que aventó, dejando desparramados por el suelo, no necesita mirar para saber lo que era, pero aun así lo hizo, cientos de fotografías, cientos de momentos, el motivo romántico, y el único protagonista que se repetía en ellas… él.



un desconocido que te ha escrito un verso
y te envió a la luna en un trozo de papel





Milo apretó los dientes, sintiendo como todo le daba vueltas, sin poder despegar la mirada del piso, cuando consiguió hacerlo lo lamentó de inmediato, pues el poco color que poseía su rostro se esfumó al volver a ver a Kanon, también recuperó la capacidad de moverse, pues se arrastró de inmediato sobre la cama, queriendo poner distancia desesperado, por primera vez lamentaba su obstinación con estar en un cuarto que no poseyera ventana.



“Quieto”



“Ka… Kanon”



“¡Y callado!” Le ordenó elevando la voz un instante, recuperando de inmediato la expresión cínica de su rostro, Mientras con calma quitaba el seguro del arma, una 9 mm, por lo visto completamente nueva.



Te juro que hoy es la última vez que te burlas de mi,
que me engañas…



“No querrás alterarme en esta condición…”



“Kanon… Por favor”



“Hoy acabó tu juego Milo, comienza el mío” Volvió a acortar la distancia entre ellos, el menor nuevamente quiso separarse, aun que el miedo no lo dejaba, no fue difícil para Kanon atraparlo de nuevo en su intento de bajar de la cama, lo jaló esta vez contra su cuerpo, pegando la espalda de Milo contra su pecho, con un brazo lo mantenía sin posibilidad de movimiento, la mano que tenía libre colocó el frió cañón contra su temblorosa mandíbula.



“Te advertí que no te movieras”



“¡Estas loco!” Chilló cuando sus nervios colapsaron, al borde del sollozo, sus ojos ya estaban húmedos y toda su atención en no pensar que solo un movimiento y su vida habría acabado.



“Sí… Desde el día que te conocí”



Milo cerró los parpados con fuerza, provocando con esta acción que una lagrima rodara por su mejilla, no pasó desapercibida por Kanon que la secó con la punta del arma, liberando una onomatopeya chistosa.



“Interesante, en un cocodrilo me conmoverían mas… Serían mas… sinceras” Movió su brazo, dejándolo libre los brazos de Milo, sabía que no sería tan tonto de hacer un movimiento en falso, descendió hasta su vientre, levantando la delgada polera de modal, que era la única prenda que abrigaba ese piel suavemente bronceada, froto todo el contorno del ombligo, notando como el chico le negaba su cuerpo encogiéndose un poco al sentir su roce. “¿por qué tan tímido de repente?”



“¿Qué vas a hacer conmigo?”



“Aún no me decido” Contesto colocando algo de distancia, solo dos pasos, disfrutando de ver que aún así Milo no se movió ni volteo, permanecía completamente duro, en el mismo lugar, la misma posición.



“¿Serías capaz de…?”



“¿Matarte?” Una risa acompañó esa pregunta “De hecho la primer bala tiene tu nombre, eso no lo dudes”



Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Milo ante esa declaración, pero no se le escapó lo que el comentario encerraba, aun que no tuvo que preguntar, Kanon completo la idea primero.



“Aún no me decido sobre el segundo disparo… Supongo que llegado el momento lo haré…”



Milo abrió los ojos con impresión.



“¡Saga!”



“¡Cállate!” El rugido de Kanon le revolvió el estomago, ya sensible por su estado nervioso “¡Jamás vuelvas a nombrarlo! ¡Te lo prohíbo!”



Fueron mis celos los que te tendieron la trampa



Kanon respiró de manera agitada, y se tomó unos segundos para calmarse, recuperando su compostura, al criterio de Milo el estado de su esposo era aún mas patético que el suyo, pese a que tratara de demostrar cinismo, estaba acabado, pero admiraba su capacidad para mantener algo de estabilidad, él ya no podía ni estar de pie, sentía que de cualquier momento sus piernas le fallarían y caería de rodillas.



“Ka…”



“Desnúdate”



“¿Qué?”



“¿No escuchaste? ¡Que te quites la ropa!”



Milo dudo unos momentos, pero sabía que no tenía otra opción que obedecer, al menos hasta que se le ocurriera una idea, esperanza ridícula, siendo que su mente estaba en blanco, lo único que había en ella era el odio despertado en Kanon, y la imagen de Saga en un charco de sangre.



Con manos temblorosas tomo los bordes de su polera negra y la deslizo por el cuerpo, hasta sacarla por completo, arrojándola al suelo.



Desnúdate ahora y apaga la luz un instante



Otra inhalación, dándose cuenta que estaba olvidando respirar, y procedió a desabrochar su pantalón, que sin la presión del botón cayó directo al suelo, bajo estos solo un ceñido y algo corto bóxer azul oscuro, se sobresaltó cuando trató de tocar el elástico, la mano de Kanon ya estaba ahí, dispuesto a hacer la tarea, realizándola con lentitud, Milo solo levanto delicadamente una pierna, luego la otra, permitiéndole retirar la prenda, sintiéndose mucho las vulnerable ahora, completamente desnudo.



Kanon se alejó solo un poco, encendiendo el candelabro, para obtener una mejor visión, luego regresó con él, haciéndolo girar unos noventa grados, para que descubriera el espejo de cuerpo entero que descansaba en la pared.



Milo dudo de que eso hubiera estado ahí antes, pero con lo poco observador que era podía haber sido así, solo que nunca reparó en él, lo menos que le importaba cuando asistía a esa alcoba.



Aparto la mirada, pero el roce frío del arma lo obligó a volver a mirar frente a él, rehuyendo ese contacto.



“Obsérvate…” Le dijo en un susurro, recargándole la barbilla en el hombro izquierdo, cada vez que se acercaba de esa manera le robaba el poco aliento que tenía “Mira nada mas… Esa imagen… Casi me hace disculpar a mi hermano ¿Sabes? ¿Qué puede hacer en contra de esto?” Mencionó recorriendo con la mirada ese reflejo, las piernas torneadas y largas de Milo, su vientre plano, sus caderas anchas, hombros pequeños casi perdido en esa abundante cabellera azulada, y esos ojos tan luminosos y penetrantes, ahora levemente rojizos, por la fuerza que éste estaba haciendo para no llorar, quizás si le había afectado su insulto.



Milo tenía la piel por completo erizada, nuevamente tenía que recordarse de a ratos respirar, los sobresaltos lo conseguían, como cuando una de la manos de Kanon se posó sobre su cintura, volteándolo un poco hacía un costado, dejando a la vista un pequeño símbolo en negro, una letra en chino, la letra K, el mayor rió con incredulidad al repasar ese tatuaje.



“Quizás hubiera estado mejor en tu frente…” Murmuró sarcástico “Aun que ni eso te hubiera detenido, ¿Verdad?”



Diferente a lo que esperaba, aún temblando, Milo le respondió con seguridad.

“No, no lo hubiera hecho”



un desconocido que te ha escrito un verso
y te envió a la luna en un trozo de papel





Semejante declaración, en su condición, volvió a detonar el poco autocontrol que mantenía, lo giró estrellándolo con el espejo, tan bruscamente que éste se partió contra la espalda de Milo, el oji turquesa soltó un grito, mas por la sorpresa que por lo doloroso que le había resultado el golpe, conocía a Kanon violento… Pero jamás con él.



La expresión de pánico en Milo no lo amilanó ni un poco, sosteniéndolo del cuello lo mantenía en el mismo lugar, conteniéndose por no descargar más de su ira con él.



“Eres un maldito… el peor de todos…” Su mirada llena de odio no abandonaba a su pareja, la de Milo estaba apagada, pasando saliva fue que con el esfuerzo de tragar se descuidó y mas lágrimas rodaron por sus mejillas, las que aún lucían pálidas, la sangre seguía sin acudir a ellas, y el mareo que experimentaba le hacía pensar que estaba bajándosele la tensión.



“Jamás… te dije lo contrario”



Kanon lo azotó de nuevo contra el espejo al escuchar esa respuesta, esta vez Milo solo compuso una expresión de dolor, pero se mordió el labio inferior para no chillar, cerró sus parpados para no llorar, era algo a lo que su orgullo no le dejaba acudir ni por chantaje, ni siquiera con el ardor que experimentaba debido a las astillas del vidrio que se le habían incrustado en la piel.



No podía sentir compasión por él, por mas que quisiera, ni siquiera si lo mutilaran miembro por miembro el chico podría alcanzar el dolor que venía toda la semana consumiéndolo, y había llegado a un punto agonizante al verlo acudir a la cita, cuando ya no pudo engañarse a si mismo, creer en él, saber que estaba en ese lugar solo para entregarle lo que era suyo a alguien mas, como ya lo había hecho en ocasiones anteriores… La idea lo volvía loco.



“No… Solo dijiste que me amabas… Curioso el como han perdido significado esas palabras, las recuerdo… y no valen nada… Esto no lo vale…”



“¿Y por que estas aquí?”



Cuando Kanon soltó su cuello se preparó para una arremetida violenta, cerró sus ojos, pero lo único que sintió fue como le delineaba sus temblorosos labios con el pulgar, lentamente, a eso le siguió un jalón que lo estrelló contra su pecho, que esa vez le pareció mas duro que una pared, y nuevamente un fogoso beso le fue robado, que esta vez no pudo corresponder, ni se le dio tiempo de hacerlo.



Desnúdate ahora y apaga la luz un instante
y hazme el amor como lo haces con esos amantes





Cuando lo soltó acarició su rostro, siempre con la única mano que mantenía libre, la otra estaba ocupada a la espalda de Milo, permaneciendo con el arma lista, le movió un poco el flequillo, buscando esas hermosas turquesas que siempre le habían quitado el aliento, y esa noche no era la excepción, independientemente de lo que pasaba, Milo… Era Milo, su Milo, y continuaba siendo débil a él.



“Sabes que no me gusta dejar pendientes, ni capítulos sin leer antes de dejar un libro, y del nuestro me he perdido muchos, no consigo entender el final… Quizás pudieras explicármelo”



Milo angustiado trato de hablar… Pero Kanon cubrió su boca, evitando que cualquier sonido saliera de ella.



“Aún no… La noche es joven, no deseo hablar aún” Lo atrajo con él, hacia la, soltándolo un instante, mientras tomaba asiento al borde “Sí va a ser la última… que valga la pena”

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MensajeTema: Re: ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)   Lun Dic 14, 2009 6:22 pm

Te juro que hoy es la última vez que te burlas de mi

Que me engañas…



Jaló la mano del menor, obligándolo a arrodillarse en el suelo, frente a él, entrelazó sus dedos en la abundante cabellera de Milo, guiándolo a lo que deseaba, él ya o sabía, pero no tan solo no le gustaba, cosa que Kanon sabía, sino que no tenía estomago para algo así en ese estado.



“Ka… Kanon…”



“¿Necesitas indicaciones?” Se mofó “Solo hazlo, sabes como, y sabes lo que pasará si te niegas”



Sí, pasaría lo que de todas formas iba a suceder, en otra situación Milo o habría accedido a algo así, su temor a la muerte no era tanto, no poseía una vida que le doliera mucho dejar, muchos menos luego de un encuentro así, pero… Era Kanon… La punzada que lo había acompañado durante días se había convertido en una desesperante opresión en el pecho.



Tratando de controlar el temblor de su mano desabrochó el pantalón de su esposo, extrajo su miembro, dispuesto a complacerlo en algo que siempre se había negado, y de ser sincero… Kanon jamás le exigía, en cuestiones sexuales siempre era sumamente complaciente, sabía que no se lo pedía por morbo, lo estaba humillando, probablemente como él se había sentido al saber la verdad, cuantos calentaban su cama y se reían a sus espaldas, comparados con la muerte del orgullo de Kanon… Eso no era ni un rasguño al suyo.



Tomó el miembro erecto, tocándolo con cuidado con la punta de sus dedos, la manera que el mayor sudaba y también temblaba le hizo darse por enterado que se estaba conteniendo inmensamente para no emitir ningún sonido de placer, mucho menos arquearse, pero la forma en que apretó sus parpados cuando acarició con sus labios el glande fue muy evidente. Lo froto con ellos, humedeciéndolo con al piel interna de los mismos, hasta que tomó el valor suficiente para recuperar el control sobre su lengua, y acariciarlo con ella, lo frotaba con lentitud, procediendo luego a irlo introduciendo en su boca, succionando cada vez con mas fuerza, ayudándose con sus manos para la masturbación, imitando el movimiento del mismo coito, de a ratos lo sacaba de su boca para tomar un poco de aire, besando el borde, lo sentía hincharse mas, el agua que escapó del glande le anunció que el orgasmo no tardaría en llegar, solo fue cuestión de un poco mas de estímulos, chupaba y apretaba con la yema de los dedos, hasta que el semen se vació en su boca, se apresuró a tragarlo, para no volcar, secando con la lengua la punta, viendo como se normalizaba, para el orgasmo Kanon ya no había podido evitar jadear, y su rostro si estaba algo sonrojado, aun que su expresión era lejana a la del placer.



Solo tomo aire, apretó parpados, y cuando reaccionó, golpeo a Milo, pero con la palma abierta, provocando que cayera hacía un lado, recostado al suelo, sin quejarse, moverse, permaneciendo en esa posición de derrota, sin levantar siquiera la mirada, era conciente a que había venido esa agresión… No lo conocía tan experto, jamás se lo dejó ver, antes de pedírselo lo sabía, pero vivirlo… Le era repugnante.



Kanon lo observo en el suelo, lejos de recuperar su pulso normal, pensando lo fácil que sería todo eso si al menos Milo se defendiera, atacara, mintiera… ¡¿Por qué se quedaba tirado en el suelo?! ¡¿Por qué ya no huía?! ¡No pedía auxilio! … Y todo eso recién empezaba.



“Basura…” Se inclino para volver a tomarlo del cabello, pero esta vez levantándolo de ahí “Eso es lo que eres… ¿Cómo pudiste?”



Lo tenía ya de nuevo a su altura, pero era en vano, pues no lo miraba a los ojos, la mirada de Milo parecía perdida en la nada, vacía, seca, aun que su semblante era triste.



“¡¿Cómo pudiste hacerlo?! ¡Me pertenecías!” Le gritó irritado, esperando que con eso reaccionara, temblara, alguna emoción se despertara en su pareja, pero este solo parecía escuchar, fue demasiado, el nudo en su garganta se intensificó, y ya no pudo hablarle con voz firme “Aún me perteneces… No importa lo que sientas, que no me ames… Eres mío, lo aceptaste una vez… No lo puedes cambiar…” Pasando su brazo por la cintura de Milo lo levantó, hasta poder sentarlo en su regazo, aun que con una suavidad que contrastaba el reciente trato “No… aún antes… Me perteneciste desde la primera vez… No tenías derecho, el amor no importaba… Tus intenciones…”



“Te engañé… Nunca te mentí” Contestó en voz suave, aún sin dignarse a mirarlo, el tono muerto que usó fue lo que evito otro arranque de cólera por parte de Kanon, que esperó por escuchar que mas diría… Pero quedaron sumergidos en el silencio, por lo que consideró era una pérdida de tiempo.



Se movió dejándolo caer sobre la cama, boca arriba, inclinándose sobre su cuerpo, acarició ese pecho suave, delineando la línea media, hasta la zona del ombligo con calma.



“Tu me obligaste a esto… Sabías que pasaría… Ya no hay vuelta atrás, no soportaré que alguien más te toque… Ni una vez mas…”



Milo casi sentía como si lo escuchara a la distancia, su mente estaba perdida en los últimos acontecimientos, en los pecados que Kanon le reclamaba… Y en entender por que de repente deseaba que acabara de una vez con todo eso…



“Eres… Tan hermoso… Mi delirio” Se inclinó a besar el cuello del menor al declarar esto, su voz seguía siendo triste, desesperada, pero al menos ya no lo conducía la ira “Siempre supe que serías mi perdición… Pero… te amaba tanto…” Fue subiendo sobre el cuerpo de Milo, sirviéndose del suyo para separarle las piernas, acomodándose a gusto entre ellas “Aún te amo ¿Sabes?... y lo seguiré haciendo siempre… Aún esta noche… pienso atesorarla”



Esa declaración le regresó los escalofríos a Milo, que volvió a centrar su atención en él, su pupilas temblaban, Por lo que veía Kanon había soltado el arma al borde, sobre el colchón, pero eso no cambiaba mucho las cosas, lo tenía bien sujeto, casi inmovilizado, no conseguiría moverlo siquiera un poco con su propio peso, y éste en un solo movimiento podía volver a sujetar el revolver y acabar con todo.



“Kanon… por favor… déjame ir…”



Esta vez no recibió una respuesta, solo continuó sintiendo los besos que le eran esparcidos por el pecho, ligeros jalones en sus pequeñas tetillas.



“Si me amas déjame… Te lo ruego…”



“Eso… no pasará, no aún”



“No quería… ¡No me dejaste otra opción!” No estaba seguro de que se tratara de un buen argumento, pero era lo que sentía, recordaba la manera en que se había sentido acorralado desde el principio, las exageradas atenciones del mayor, como se aseguraba de coincidir en todo lugar, colmarlo de obsequios, sonrisas, como por primera vez era la presa la que se desvivía seduciéndolo… el pánico que le había provocado, pánico por que por primera vez sentía que era algo mutuo, que no podía ser solo interés.



“Tu tampoco me la dejas ahora”



Milo tomo aire, y rompiendo a llorar le grito una vez mas, aun que el temblor en su voz le quitó seguridad.



“¡Te amo, te amo, te amo! ¡Eso jamás fue mentira! ¡Te amo tanto que te odio por ello! ¡Yo no quería esto!”



Diferente a lo que esperaba Kanon no mostró ni un asomo de sorpresa al escucharlo, quizás era cierto, es palabra había dejado de tener significado con él… Pero recién notaba que a nadie mas la había dicho nunca.



“Jamás mentí en ello, eso es algo que Saga…”



“¡No lo nombres!” Se levantó para encararlo al escucharlo “¡¿Es que acaso no entiendes nada de lo que has hecho?!”



“¡Si! ¡Pensé en mí! ¡Eso hice! No podía importarme menos si ustedes…”



“¿Serías fiel?”



El cambio drástico de tema lo dejó perplejo, tanto que detuvo sus lagrimas, y lo vio casi sin pestañar unos eternos segundos, antes de negar levemente con un movimiento de cabeza, que al no recibir una agresión tuvo el valor de acompañar con una explicación.



“Ni a ti ni a nadie… ¡No soy de nadie!”



Esperaba otro arrebato de ira, que no llegó, solo vio a Saga agachar el rostro, suspirar varias, veces, antes de sentenciar.



“En ese caso, no tenemos ya nada de que hablar”



Antes de que Milo reaccionara su cadera ya había sido levantada, y sentía como era penetrado sin preparación alguna, como el miembro, nuevamente erecto, de Kanon se abría paso entre sus glúteos, rozándolo por la carencia de una lubricación, mas allá de su saliva y restos de semen. Echó la cabeza hacia atrás y liberó varios dolorosos quejidos, poco acostumbrado a ese trato brusco, le estaba doliendo mas que nunca, y su pareja no se detuvo ni un momento para dejarle amoldarse, de hecho ni siquiera cuando estuvo por completo dentro, no esperó como siempre, comenzó a salir y entrar en él tan rápido como el roce se lo permitía, sin hacer caso a los gritos que Milo comenzó a emitir, y los ruegos de que se detuviera.


Es mi corazón el que llora de pena por dentro




No… Su dolor físico, de ningún tipo, podría compararse al que estaba experimentando Kanon, la desesperación que lo estaba haciendo actuar con tanto desenfreno, sentía a Milo sufrir, y no podía detenerse, el lado suyo que deseaba verlo llorar se enfrentaba al que solo quería acunarlo y atesorarlo en sus brazos, olvidando que era un lobo con piel de cordero, mas venenoso y peligroso que un escorpión, su obsesión… Esa belleza de ojos turquesa, de facciones infantiles, a veces hasta ingenuas, que podía ser tan sensual y maduro, pero sencillo y tierno otras veces… No… Milo era suyo… Sin importar las huellas de su cuerpo, su marca era la única que seguía impresa… Era suyo… Mientras viviera no lo dejaría en paz… No conciliaría el sueño sin tenerlo dormitando sobre su pecho…



“¡Kanon por favor!”



Y aun así, esta sería la última vez que lo hiciera suyo, que le hiciera el amor, que tratara de dejarle una impresión, su nombre, mas impreso que en ese tatuaje… saborearía hasta su ultimo centímetro de piel…



Saliéndose por completo de su interior, lo obligó a voltearse, dándole la espalda, volviendo a sujetarlo de la cintura, otra vez lo penetró, con mayor facilidad para moverse, viendo a Milo morder la almohada para acallar todo sonido, aun que a esta altura, pese al llanto, estaba seguro que había placer, siempre llegaba, pasado el dolor inicial.



Se estiró sobre él, arrancándole de las manos la almohada, provocando quedara con el rostro a un lado, sobre el colchón, acarició su mejilla, apretándole la mandíbula luego, para que no pudiera callarlo mas, quería escucharlo gemir.

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Angeles - Helios Hiperion
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MensajeTema: Re: ºNo te pertenezcoº (Kanon x Milo)   Lun Dic 14, 2009 6:37 pm

“Bas… Basta… Por favor”



“Di mi nombre”



“Por favor…” Lloriqueó, a esa altura ya le daba lo mismo su orgullo.



“¡Di mi nombre! ¡Como antes! ¡Dilo!” Le exigió, sin detener el doloroso vaivén, suspirando también por la placentera sensación de ser apretado de esa manera, de sentir ese cuerpo pequeño chocar contra el suyo… de Solo ver la expresión en el rostro de Milo.



“Ka… Kanon”



Kanon se estiró besándole el cuello, hasta dejar una marca sobre la piel.



“Eres mío… Solo mío… repítelo”



Milo sollozó desesperado al escucharlo, mordiéndose el labio inferior.



“¡Que lo digas!”



“Soy… Soy… tuyo” Solo hizo una pausa, y recobrando el valor agregó “Te amo Kanon…”



“Basta de tus mentiras…”



Acarició todo el contorno de ese cuerpo, como grabándoselo en las manos para hacer una escultura, y con un largo jadeo volvió a alcanzar su clímax, algo parecido ocurrió con Milo, que ante la cantidad de estímulos había acabado eyaculando, sin necesidad de mas atenciones.



Cayó rendido sobre él… Solo unos minutos permanecieron así, recuperando el aliento.



Milo sintió como lentamente Kanon le retiraba su peso de encima, perdiendo esa tibieza tan agradable en su espalda, percibió el moviendo del colchón, por lo que dedujo se había incorporado, solo se paralizó cuando volvió a escuchar otra vez el crujido del arma, siendo conciente que estaba preparando el disparo, el pánico hizo presa de él, no quería morir, no así, ahí… no aún…



Giro su cuerpo, y lo miró suplicante…



“Kanon… Por favor no me mates… Te amo”





Te juro que hoy es la última vez que te burlas de mí
que me engañas






En la recepción de afrodita Saga ingresaba sumamente alterado y confundido, el mensaje que recibiera de Kanon hacía una hora le había hecho entrar en pánico, al punto de verse obligado a regresar de su viaje en búsqueda suya, el vehiculo de Milo estaba en el estacionamiento, sabía que estaban dentro, y posiblemente en la misma alcoba que él usaba para amar a su cuñado… Quería decir que lo sabía… ¿Cuánto hacía que conocía su traición? ¿Lo sabía cuando lo acompañó a la estación del tren? Eso explicaría su frialdad… Jamás le iba a perdonar algo así, pero no permitiría hiciera una locura.



‘Hermano… Te lo ruego… Detente’



Conocía a su gemelo, sabía de lo que era capaz, mas desde que le había dado a conocer cuanto amaba a Milo, a un punto casi obsesivo, lamentablemente para ese entonces… Saga ya estaba en una situación similar, situación en la que se había convencido que la única manera de calmar sus ansias… serían hacerse a la idea de ser siempre el segundo, el amante, quien no pudiera disfrutar de él salvo en la intimidad de ese hotel, situación que lo hacía miserable… Pero lo ayudaba a continuar, sabiendo que no tendría corazón para quitarle a su hermano lo más valioso que tenía en la vida.



Subió las escaleras, casi desesperado, casi derribando a una pareja que estaba en el pasillo, posiblemente alertados por el escándalo que Kanon debería estar haciendo, pues los dos lucían inquietos.



Antes de tocar siquiera la perilla de la puerta lo que escuchó fue un alarido desesperado, seguido del disparo.



Las pupilas se le dilataron, soltó el celular y sacó fuerza de donde no la tenía para derribar esa puerta, empalideciendo con la escena que encontró.



“¿Cómo matarte… si tu ya me mataste a mi… mi delirio?”



“¡Kanon! ¡No! ¡Kanon! ¡Amor!” Milo gritaba desesperado, moviendo el cuerpo sin vida de su esposo, un disparo en la cien… así había conseguido acabar con su sufrimiento hacia había conseguido dejarlo ir.



Fuera de la alcoba la pareja que observaba sin habla la escena, como Saga corría a auxiliar a quien ya no tenía auxilio, uno de ellos reaccionó, la muchacha, viéndolo el celular en el suelo, un mensaje de texto estaba abierto:



“Te quiero, cuídalo”


Es mi corazón el que llora de pena por dentro
Me voy y te dejo, para siempre




Fin

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