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 La Flor de Kushán (Pareja de Shaka y Death)

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: La Flor de Kushán (Pareja de Shaka y Death)   Jue Mar 11, 2010 11:24 am

TITULO: La Flor de Kushán

Serie: Saint Seiya

Renuncia o Disclaimer : Los personajes pertenecen a Masami Kurumada en su mayoría, con la inclusión de personajes originales.

Resumen: En la antiguedad existen dos grandes imperios el de Roma, amo de casi todo el mundo y el de Kushán, quienes tenía alianza en el comercio, pero esta historia trata de como estos dos imperios se unen por un lazo que se hizo mas fuerte que el hierro


Pareja: Death Mask y Shaka, Radamantis y Saga.


Clasificación: NC-18


Advertencias: Mpreg, Angustia, Drama, Acción, Romántica, Au, Fantasía

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: La Flor de Kushán (Pareja de Shaka y Death)   Jue Mar 11, 2010 11:39 am

Capitulo 1 : La Mitica ciudad de Manthura



A orillas del Mar Caspio, se encuentra las Tierras de un poderoso y antiguo imperio que se extendía, por todos los territorios a las faldas de los Himalayas, siendo sus tierras bañadas por el mítico río Ganges, crearon una leyendo cuyo nombre resuena fuertemente en la Roma milenaria, la ciudad eterna, el Gran Imperio Kushán, donde su emperador Kaniska y su familia habitaba justo en Manthura su magnífica capital la cual se extendía engalanada de la más sublime riqueza digna de su nombre de capital imperial destacaba por sus grandes construcciones elaboradas en marfil y oro, la riqueza de sus telas, hermosas piezas barnizadas y los utensilios de plata,.

En los alrededores del Palacio Imperial se encontraba la plaza principal donde los mercaderes llenan con su bullicio y coloridas tiendas al aire libre, el lugar donde las personas transitaban como un enorme hormiguero, entre los gritos de los vendedores, la música de algunos artistas callejeros, el ruido de los animales destinados a la venta.

Todo esto sucedía, manteniéndose ajenos a la marcha sincronizada e imponente de la séptima legión romana, la cual iba escoltando a uno de los hijos del Emperador Otón quien a su vez era el jefe de todas las fuerzas militares de Roma, los soberbios soldados se hacían presentes con sus brillantes armaduras mostrando sus emblemas imperiales, y las águilas ondeando soberbiamente al aire, manifestando todo su orgullo al ser los hijos del dios de la guerra como se solían llamar, pero todo este despliegue de poder y gallardía se perdía, el sonido de su firme paso militar era totalmente ignorados por el alegre bullicio de la magnifica Manthura, lo que ponía nervioso al comandante de la legión quien entrecerraba sus ojos observando el mar de gente, al momento que unas gotas de su propio sudor, golpeaba en su nariz y una pequeña bruma atormentaba su vista, misma causada por el intenso calor del mediodía y el brillante sol resplandecía haciendo que sus armaduras se convirtieran en pequeños hornos que deseaban asar sus pieles.


Cuando el llamado de algún elefante, hizo que se sobresaltara casi haciéndole caer de su silla, aquel fue sonido irrumpía en aquella algarabía, pero el pueblo seguía en sus asuntos acostumbrados aquel llamado solemne de su animal más sagrado, el comandante de la legión, busco con ahínco con su vista entre todo ese hormigueo el causante de tan espeluznante sonido, encontrándose con un enorme animal con una extensión en su cara enorme y los colmillos mas grandes que había visto, parado en sus dos patas traseras, haciendo que la persona que estaba a su lado pareciera un enano, lleno de esplendorosas joyas que brillaban a la luz de ese sofocante sol. Los nativos del lugar parecían no ponerse nerviosos, ante tal bestia, era como parte de la mismas costumbres, en cambio su propio caballo se encabritó, nervioso lo que ocasionó que tuviera que retener con mas fuerza su riendas y apretar sus piernas a los costados del mismo para no caerse, destruyendo así toda la solemnidad de su marcha, hacia la entrada principal del hogar de Kaniska.

De pronto el comandante de la legión alza su mano indicando detenerse orden que acataron de inmediato por todos los tribunos que a voces pasaron sus ordenes que fueron yendo de según los grados de mando corriendo a cada uno de los jefes, de tribunos a centurión y de centuriones a decuriones hasta que toda la legión se detuvo, y el joven comandante, héroe y victorioso de mil batallas llenas de conquistas, se quito su reluciente casco observando aquella esplendorosa, calida, y bulliciosa ciudad, muy similar a su milenaria Roma, poseedora de artesanos únicos, que brindaban parte de su esplendor también al Palatino, dejándose relucir en toda la platería que se utilizaba en sus esplendidos banquetes, y fiestas descomunales, pudo ver la colorida danza de unas jóvenes en una de las plazas, danzando al lado de una hermosa fuente que daba brillantes destellos reflejando ante ese sol imponente del mediodía, aumentando el calor insoportable que sentía, se limpio con una pequeña toalla de lino que traía a mano, el sudor que ya le incomodaba demasiado la vista así como la armadura le daba más bochorno aumentando su deseo de acabar con esa incursión pacifica ordenada por su padre anhelando estar en su villa, y en una terma siendo atendido por sus esclavos, y disfrutando de las pasiones que estos le generaban, pronto tendría otro joya mas en su harén se sonrió de lado sabiendo a que era lo que su padre le enviaba, aunque no era de su gusto que le exigieran cosas, pero se alzo en su montura agradeciendo a los dioses que por fin llegaba a su destino, lo primero que exigiría sería un buen sequito de esclavos a sus servicios que le dieran toda la limpieza que le hacía falta, y después hablaría del negocio que le traía a ese lugar.


- ¡Saga!, ¡Radamantis!- se giro sobre su montura hacia sus dos mejores amigos que se encontraban entre sus comandantes ambos patricios de dos de las familias más poderosas de su imperio y fieles confidentes. –Aunque mi padre me exija quedarme aquí no lo haré este calor es peor que en el Tártaro. Además de que tener que soportar un enlace que no es de mi agrado, solo político, pues no, la delicada princesa de Kushán tendrá que dejar su pedestal y acompañarme a mi elegante villa. Quien sabe puede ser la atracción principal de mi harén de esclavas- expresó con malicia, sonriendo de lado.


- Death Mask, no creo que al Emperador Kaniska le guste lo que estas pensando hacer con una de sus flores imperiales- masculló Saga, sonriéndose de igual manera, mientras Radamantis solo se rascaba el mentón negando con su cabeza, sabiendo lo muy acostumbrados estaba a las orgías de Palacio y recordando más de una noche, de diversión que paso entre las piernas de su amado Saga.

El joven príncipe romano dirigió su mirada al más callado de sus amigos para luego decir con algo de picardía. –Mmmm que callado y sonriente estas mi querido Rada, alguna de tus apasionadas noches te estarás acordando. – Lo que ocasionó la risa espontánea de los tres, reconociendo que eran unos conocidos conquistadores y no solo de territorios si no también de camas, de tanto damas como caballeros.

-Pienso que ha sido demasiado ayuno, estoy ansioso por acción, por liberar todas esta presión que siento por dentro- se relamió Death, al momento de dar la orden de proseguir, lo que faltaba del camino, después de haber estudiado la ciudad que no le rendía pleitesía. No fuero mucho lo que se desplazaron para llegar a la gran puerta de oro macizo y de elegantes grabados que engalanaba la entrada custodiada por los guerreros de ese imperio, los cuales se acercaron a uno de los decuriones, dándoles la bienvenida en nombre de su emperador, el sonido de dos cuernos que portaban dichos centinelas la pesada puerta se empezó abrir lenta y pesadamente hasta que dejo ver la imponencia de unos jardines, los más hermosos que sus ojos habían visto, así como animales completamente fantásticos y aves que nunca habían visto por sus suntuosas villas alrededor de la costa italiana, sin saber por donde realmente continuar esperando las ordenes de sus comandantes la primera fila de hombres se quedó estática, firmes y deseando poder por fin descansar, muy contentos de que su alojamiento fuera tan elegante, al ser enviados tan lejos del Imperio, se imaginaron que sería un verdadero infierno como muchos se habían quejado de los territorios de Judea y otros lugares donde las poblaciones eran muy austeras y problemáticas de grupos rebeldes extremista, y donde la pobreza era la predominante, por las condiciones adversas del clima y los interminables saqueos.

En cambio Manthura, todavía tenía todo el esplendor de su antigua población la belleza que Darío había construido ahora heredado a Kaniska, desde hace miles de años, pronto una joven de larga cabellera lila y de una belleza extraordinaria se acercó a ellos, en un elegante caminar, con una vestimenta tan fina que le cubría el cuerpo de manera tan perfecta que dejaba denotar una figura hermosa etérea, en cada paso que daba la tela se movía graciosamente como envuelta en una suave brisa, no sabían si era parte de la nobleza o una de las flores de Kaniska, era algo que no sabían precisar, aquella elegante vestimenta, su manera engalanada de proceder, la tela de brillante satín de exquisitos bordados de oro y plata y piedras preciosas incrustadas que se reflejaban al sol dándole ese aire sobrenatural que les heló el alma.

Aquella aparición que seguro salio del mismo Eliseo camino entre las filas de soldados, llevando en sus manos un pequeño cofre de oro, como si se tratase del ejercito mas poderoso camino con soberbia entre las hileras de legionarios, dejando tras de sí un delicioso perfume a mirra, hasta llegar al centro donde sus comandantes permanecían haciendo una reverencia llevando su frente hasta descansarla en el suelo se incorporó después lentamente llevando sus manos al frente donde se encontraba Death Mask presentando su dadiva para los invitados de su majestad, para luego ponerse en pie y darle en las manos de Death, aquel pequeño cofre de oro, el cual contenía una pequeña flor de loto de hecha por los artesanos del emperador labrada en un zafiro precioso. Sin tardanza el joven príncipe romano se inclinó tomando entre sus manos aquel cofre.

Cuando la joven por fin rompió el silencio dejando notar que no se trataba de una mujer precisamente: -Nobles patricios, su graciosa majestad Kaniska les da la bienvenida y espera que su estadía en nuestros territorios sea placentera, seré el encargado de todas las comodidades les sean dadas y personalmente realizará la ceremonia ritual de la preparación de su ofrenda al divino hijo del emperador romano.-

Al momento que el se acerco a ellos un aroma a sándalo y lavanda les lleno los pulmones, Death tomo aquella dadiva depositándola en su mano observándola con detenimiento al momento que su mismo rostro se veía reflejado en la superficie azulada y cristalina, por medio de ella también observó al vocero del imperio de Kushán, notando por primera vez que a pesar que parecía un humano, su rostro nunca lo había visto en ninguno de los territorios que había estado de conquista, hecho que pudo dejar ver en su mirada de extrañeza haciendo un gesto que fue detectado por la aguda y astuta mirada de Mü, quien capto el escrutinio sobre su persona con algo que le hizo sonreír suavemente
– Su divina majestad no ha visto antes a un lemurario, somos el pueblo que vive oculto en los magníficos Himalayas, y somos fieles aliados de nuestro amado Kaniska, y en este momento seré el encargado de llevarles a sus aposentos, golpeo las palmas de sus manos y de inmediato un ejercito de sirvientes, se acercaron con las ordenes de alojar a los visitantes, extendiendo su mano el joven vocero indico que debía ser seguido.

Entonces fue cuando el comandante dio la orden de romper filas –Deshagan el cuadro- fue su grito potente, para después con un pequeño asentimiento de su cabeza, daba permiso al emisario de Kaniska de guiarles entonces un séquito de esclavos se acercaron a los sementales de los comandantes de la legión para encargarse de llevarlos a las cuadrillas, Death desmontó hábilmente deslizándose con suavidad hasta el piso, dejando en las manos de los sirvientes su caballo, al igual que Saga y Radamantis. Quienes estiraron sus adormecidas piernas, por primera vez en varias horas de camino. Ya con más tranquilidad, mientras les servían algo de vino para calmar la sed, se quedaron a supervisar como sus hombres eran llevados a los aposentos de la guardia imperial, después de ver el alojamiento de todos ellos, y de estudiar el número de soldados que había en Palacio, siguieron a su príncipe.

Por otro lado, Dante Vero, el cual era el nombre real de conocido Comandante Death Mask, era guiado por el caminar tranquilo y elegante de ese joven emisario, quien lo llevo por exquisitos jardines llenos de aromas de distintas flores, entre cantarinas fuentes, de oro de las cuales danzarinas y cristalinas corrientes de agua manaban refrescando el ambiente, ante los severos ojos de este joven romano, aquel lugar no tenía nada que envidiar a la milenaria Roma. Kushán era llena de esplendor y magnificencia, no podía negar que su padre tenían una gran visión era mejor tener este imperio de aliado que enemigo, pudo observar varios guardas, con esplendidas armaduras con sus rostros casi ocultos solo sus ojos se dejaba notar entre las protecciones un hermoso de lino blanco que cubría casi todo su rostro, sus capas de seda azul brillante, le hizo de inmediato sospechar que se trataría, de la guardia personal de Emperador, que como los pretorianos servían solo en Palacio y cuidaban por vida a la familia imperial.

A espaldas de estos dos centinelas se encontraba una gran puerta de oro entallada en el fuerte muro de piedra, que protegía la entrada a otro de los famosos jardines colgantes, allí había un pasadizo que les hizo, llegar hasta las habitaciones reales, camino unos instantes más deteniéndose de vez en cuando a admirar maravillado de toda esa vegetación, cuando algo llamó su atención de una habitación del piso superior, había una figura apoyada en el balcón en su mano tenia una pequeña paloma blanca, aquella persona estaba ataviada de una hermosa vestimenta de seda e hilos de oro, se oía salir de esa habitación el suave sonido de una lira, que realmente le hizo erizar la piel, de lo fina melodía que manaba de ese lugar, desde su lugar solo pudo ver su espalda pero no su rostro, y una larga cascada de cabellos tan dorados que parecían hilos de oro puro, ondeando al aire.

Cuando el sonido metálico de los pasos de Death Mask se detuvo abruptamente su acompañante se viro, y entonces comprendió lo que pasaba siguiendo con su vista el lugar donde los ojos de su visitante quedaron hipnotizados observando aquella belleza, de piel de mármol, que contrastaba con sus adornos de oro. Mü no pudo evitar sonreír de lado, observando el hechizo que caía sobre el arrogante heredero del Imperio Romano. Siguió unos pasos más hasta llegar a un gran puerta, la cual empujo levemente dejando que la puerta se deslizara mostrando la habitación que estaría destinada al invitado provocando un crujido que lo trajo a la realidad, haciendo que involuntariamente pegase un brinco sobresaltado, sin poderlo evitar Death sintió una dolorosa punzada en su vientre bajo, muestra de los días de ayuno, y esa aparición del Eliseo como se dijo en su mente no ayudaba para nada.

Así que mascullando algunas maldiciones por lo bajo, ante la sorpresa y el haber sido tomado infraganti, apresuro su paso haciendo que su pisadas sonaran espectrales en ese callado lugar, en el cualquier ruido se aumentaba, destrozando el mágico idilio en que casi cae, no había terminado de ingresar a las habitaciones cuando el palmeo fuerte de Mü, le hizo sobresaltarse nuevamente, volviéndose hacia con unos instintos asesinos reflejados en sus ojos, casi gruñendo de la furia, este chico gozaba en verlo pegar brincos y que cosa le pasaba a él porque nunca ni en la mas feroz batalla se había sentido tan nervioso como en ese momento, no era típico en él. No se sentía a gusto a pesar de los lujos en ese palacio.

Iba a abrir la boca para protestar, cuando unos seis jóvenes, se acercaron con varios utensilios para su aseo personal, traían también elegantes prendas representativas de la región, y unas extrañas zapatillas, que nunca en su mas loco sueño había pensando utilizar.

-Encargarse de satisfacer todas las necesidades, del hijo del emperador de Roma, su majestad Kaniska en su graciosa amabilidad ha dispuesto que del harén real cuente usted con este sequito exclusivo, para su disfrute, sabemos como estáis acostumbrados en Roma queremos que su estancia sea lo más similar y placentera posible.-

-¿Mmm, si hubiese pedido que me sirvieras tu, en lugar de estos efebos? -Lanzo la pregunta, de manera mordaz provocando al emisario tratando de humillarle.

Pero lo único que obtuvo de respuesta fue que otro palmeo, y un movimiento de manos, ordenando retirarse a los jóvenes, quienes se fueron a los jardines exteriores de esa habitación, mientras su interlocutor entrecerraba los ojos, observándole listo para cualquier batalla en defensa del honor amancillado del vocero de Kaniska.

Mü se sonríe suavemente caminando hacia él llevando su mano al hombro donde estaban los amarres de sus vestiduras, dejando que estas se deslizaran suavemente por su piel a cada paso, hasta que se deshizo de ellas completamente, quedando a unos centímetros de Death, quién le miro asombrado en cierta forma porque no se esperaba tal reacción.

– Es un honor servir a nuestro invitado-susurro suavemente casi apegado a los labios de aquel romano que en ese momento se quedo estático algo confundido esperando cualquier ataque, a la vez que sus ojos no pudieron evitar irse hechizados a esa piel de mármol, que se veía lozana, suave muy apetecible para ser besada al mismo instante que las manos del joven lemunario iban a la túnica percudida por el polvo del camino, y el sudor del cuerpo del comandante, despojando ese poderoso cuerpo de sus ropajes, dejando ver una piel canela, bronceada un verdadero dios romano de la belleza, que permitió esas atenciones mientras se sonreía de lado, saboreando el momento, hasta que el ardor de su entrepierna no pudo más, ya que su hombría se izaba orgullosa, ansiosa por adentrarse en la intimidad de ese joven, realizar otras de sus conquistas, un gemido de placer y dolor salió de los labios de ese moreno soldado, quien sin ninguna consideración le tomó del largo cabello atrayéndole a su cuerpo, apegándole a él, cerrando sus ojos al momento que olfateaba su piel disfrutaba de ese aroma suave y dulce que emana de él. – Algo que debo reconocer tu amo tiene buen gusto para las dádivas- jadeo en su oído- y ya que te ofreces tan generosamente, disfrutaré de mi premio por este largo viaje.

Las manos de emisario se posaron en su vientre apartándole un poco, haciendo su cabeza para atrás tratando de liberarse del fuerte agarre, pero Dante le aprisionó más hasta alzar su cuerpo, como si fuera una pluma, llevándole hasta el elegante lecho donde le tiro sin ninguna consideración, haciendo que cayera en el con sus piernas abiertas y el cabello cubriéndole el rostro, para luego asirlo de uno de sus tobillos, jalándolo a la orilla de la cama le puso boca, y tomándole de la cadera, le sostuvo, con firmeza, alzándole para él, le separo sus nalgas, observando su pequeña entrada, se relamió de ver la estrechez de la misma, paso su dedo por ese orificio sintiendo como se estremecía aquel joven que semirecostado en el lecho, se empezaba a erizar con ese roce, dejo que sus dedos ingresarán en él lentamente observando como aquella rara belleza se arqueaba, al ser invadido, cada jadeo ahogado que emitía con cada movimiento de su mano en el cálido interior, le excitaba más, hasta que saco sus dedos, y tomó ambas nalgas separándolas bien, dejo que la punta de su hombría se deslizará abriéndose completamente en el cálido interior, embistiéndole con fuerza haciendo que el joven lemurario no pudiese levantar su rostro del lecho, deseando liberar su deseo y ansia lo más rápido posible sin importar el dolor que estuviera infringiendo, penetrándole hasta tocar el punto donde le haría estallar.

Con cada embestida, su cuerpo se estremecía de placer, sintiendo corrientes eléctricas en su espalda, jadeando de placer dejo que sus dedos se clavaran en esa fina piel rasguñándola – si tu eres tan solo el emisario- gimió entre cada embestida- ya deseo ver a la famosa Flor de Kushán, y luego a su mente asalto, la visión de unos cabellos de oro que ondean libres al aire, y la suave melodía que provenía de la habitación de arriba, embistiendo con fuerza contra ocasionándole un gemido de dolor, que hizo que se corriera manchando las finas sábanas de seda, y los estremecimientos de las entrañas de Mu hicieron que se corriera cayendo rendido sobre su cuerpo, todavía unidos, escuchando el sonido hechizador del arpa en los pisos superiores de ese palacio imperial, al momento que sus ojos se cerraban del cansancio y sintiéndose muy relajado.

Momento que aprovecho Mu que adolorido se movió con la suficiente fuerza para quitarse el pesado y fuerte cuerpo de ese general romano, sentándose en el lecho apretó sus manos hasta casi hacerlas sangrar, odiaba a este hombre más porque sería quien tomaría a su más preciado tesoro, a su amado príncipe. Se deslizó del lecho lentamente hasta que sus pies desnudos tocaron los finos mosaicos de ese lugar, fue a donde estaban sus vestimentas se postro para tomarlas para luego vestirse con rapidez y de inmediato se dirigió al jardín interno, donde estaban los esclavos, ordenándoles que entrarán y dispusieran de baño en las termas para cuando el invitado despertara.

Para luego ir hasta un esquina de ese jardín y tocando una piedra especifica en la pared esta se abrió dejándole ver un pasadizo en el cual ingreso para después ese puerta se volviera a cerrar, como por arte de magia.

Al quedarse a solas tan solo alumbrado por las tenues luces de las teas en el humedas paredes, sus piernas flaquearon y cayó de rodillas llorando amargamente lleno de humillación hasta que unas pisadas le sacaron de su estado, y ante él una figura vestida de blanca seda con su rostro cubierto de una delicada tela que solo dejaba ver unos zafiros brillantes se postro hasta abrazarlo.

-Shaka- fue su sollozo, al abrazarse a su pecho llorando sin consuelo alguno mientras el joven le que recién llegaba le acunaba con fuerza a su cuerpo, angustiado ante el estado de su amigo.

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