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 LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 9:12 pm

TITULO: Los Hijos del Fuego y el Hielo


Serie: Saint Seiya

Renuncia o Disclaimer : Todos los personajes le pertenecen a Masami Kurumada y a la Serie Saint Seiya

Resumen:


Pareja: Hiperion y Shun (Hades).


Clasificación NC-18


Advertencias: Mpreg, Acción, Angustia, Fantasía, AU, Romance, Lemon





CAPITULO 1: EL DESAMPARO DE LA CONCIENCIA



Pequeño rayito de sol
en eso se ha convertido nuestro amor,
con dulces y tiernos cariños
ha nacido nuestro niño.

Pequeño rayito de sol,
dulce melodía en son,
cantan los angelitos
haciendo dormir al lucerito.

Pequeño rayito de sol,
la luna ya ha salido,
las estrellas en el cielo
juegan con su brillo.

Pequeño rayito de sol,
mecido en suave almohadón,
ha cerrado sus ojitos
descansa ya mi niño.
( por Scarlett Night)


Hypnos todavía con su pequeño hermano Bethán en brazos, lo mostraba envuelto en las delicadas sábanas en que le había cubierto Hera, veía con una hermosa sonrisa en sus labios como su pequeña hermana Koré jugaba con el recién nacido y Zeus a duras penas le sostenía, ya que ella quería ir a los brazos de su hermano mayor. Tánatos jaló a Apolo para que lo viera, y el dios sol se abrazaba a él suavemente, besando su cuello, con su mano acariciaba los rojizos cabellos de su pequeño cuñado y Bethán, el dios de la espera, bostezaba suavemente. Sus ojos como dos esmeraldas se medio cerraban soñolientas. Hypnos sonrió al ver a su pequeña hermana pelear con el imponente Zeus, esa pequeña traviesa había crecido mucho, sus rizos negros caían hermosamente en su carita, de mejillas sonrosadas, tenía las facciones de su papi y ese par diamantes de ojos que cuando algo no le gustaban dejaban mostrar su descontento como brillantes destellos. Su tío sonreía, ante la efusividad de su pequeña consentida.

Los Titanes no tardaron en acercarse a ellos, tomando de los brazos de Hypnos a su pequeño sobrino, Océano sonreía orgulloso, Bethán le observaba detenidamente, asiendo su dedo buscaba como llevárselo a la boca, ¡Lo lamento, Bethán! Pronto estarás con tu papi, ante la risa amena de sus hermanos. Ahora si estas en aprietos Océano, tiene hambre y dudo que le puedas alimentar, le bromeo Ceo. Los destellos de varias energías desvío la atención de todos, que volvieron sus vistas a la entrada principal. ¡Hasta que al fin, llegan!, exclamo Hypnos, mientras Hebe e Ilitía jalaban consigo a Hefestos, al ver que el muchacho no quería acercarse. El herrero camina casi a empujones de sus hermanas menores. ¿Hefestos? El dios del Sueño Eterno no entendía la actitud de su primo. Bethán se inquietó en los brazos de su Tío Océano, haciendo que este se apresurara en devolver a la criatura a su hermano mayor. Será mejor que le lleves a tus padres, tiene hambre, busca a tu papi. Le sugirió, aún haciéndole arrumacos al pequeño, que se removía aun más inquieto en el brazo de Hypnos.

Preocupado de ver la incomodidad de Hefestos, él mismo dirigió sus ojos a lo que el herrero destinaba su vista insistentemente, con su hermano en brazos, desvío sus zafiros, rodando a dónde se encontraba el dios de la guerra, haciendo un mohín de disgusto determinó con la mirada atónita como Ares, el dios de la guerra, veía con recelos a su hermano menor. No podía comprender la conducta de su amado, con el corazón adolorido, vio el desprecio entre los dos hermanos. Cruzó levemente la mirada con su hermano Tánatos, y el dios de la muerte asintió elegantemente con su cabeza.

¿Hypnos? Susurró Ares y pudo observar su mirada de reproche dirigida en un explícito reclamo, desde el incidente con Afrodita, su amado Sueño Eterno no le había vuelto a mostrar su calor, pero sí a su hermano menor. ¡Hefestos! Exclamo en silencio, entrecerrando sus ojos le vio con mayor resentimiento. Sus ojos empezaban a tomar un matiz rojizo, el mismo que surgía cuando las guerras se desataban con toda su furia. Los zafiros relucientes de Hypnos le mantenían la mirada como interrogando su comportamiento, sin saber como, alguien se abrazó a él. Amado Ares ¿Por qué, sigues pensando en ese mocoso, hijo bastardo de nuestro padre? La diosa del amor había llegado al lado de sus hermanos, lo primero que había hecho la diosa fue lanzarse a sus brazos, besándolo en los labios en el momento que Hypnos baja su mirada, retirándola de esa escena, se vuelve a ver al sentir la alteración de su cosmos. Estudió como Hefestos se retuvo de golpe, e hizo el intento de volver sobre sus pasos. Y decidió acortar la distancia entre ellos, no permitiría que humillen a su primo otra vez.

¡Afrodita! Apartándola bruscamente de su cuerpo hizo el intento de caminar hacia Hypnos, alejándose de ella, sin embargo la diosa se asió de su brazo sonriéndole seductoramente.
Zeus también se dio cuenta y se encaminó hacia ellos dejando a Koré en brazos de su hermano Tánatos, quien, mirando la escena sorprendido, no pudo evitar sentir el dolor en el corazón de su gemelo, abrazando fuertemente a su hermana pequeña. ¡Athán! La pequeña Koré sintiendo la angustia de su querido hermano, se abrazó vigorosamente a su cuello, sentada sobre su vientre. Apolo encuentra sus ojos con los de su esposo, que le mira lleno de angustia, el arquero suspiró: Esos dos no tienen remedio ni vergüenza ¿Cómo es que Afrodita esta aquí, después de lo que pasó?. Aún Ares estaba tratando de soltarse de la diosa del Amor, pero la diosa trataba de asirse forzosamente a él cuando Zeus se les plantó enfrente ¿Qué es el espectáculo que están montando ustedes dos? ¡Eh!. Afrodita soltó al dios de la Guerra para abrazar efusivamente a Zeus, besándolo en los labios

¡Padre! Que gusto volverte a ver, he venido a la celebración del cumpleaños de mi prima, además tus nietos deseaban estar cerca de ti. Detrás de ella permanecían en las sombras observando a sus padres, Eros y Anteros. El dios del amor correspondido salió algo sonrojado ante el comportamiento de su madre y Anteros con una cara de desdeño. El dios del amor no correspondido se acercó a su abuelo, besándolo en los labios, no mostrando ningún sentimiento en sus ojos grises. Atrás de él Eros esperó tímidamente, Zeus suspiró al acariciar la pálida mejilla de Anteros y dirigiéndose a su hermano menor, lo tomó de los hombros atrayéndolo hacia su pecho. ¡Mi querido niño! Eros. El menor se abrazó a su cuello, para besar sus labios y luego susurrarle al oído: Lo siento abuelo, no puede hacer nada para evitarlo. Zeus asintió y dejándolo descansar en el piso le tomó la mano, al igual que lo hizo con Anteros y los alejó de sus padres.

Ares soltó la mano de Afrodita de su brazo y tomándola del suyo con fuerza. No creas que lograrás separarme de Hypnos, entiéndelo, es a él a quién he amado siempre, no a ti, para luego soltarla sin ninguna consideración haciendo que cayera sentada en el suelo. La diosa del amor, se incorporó, para seguirlo en el momento que él se dirigía hacia el dios del Sueño Eterno, buscando separarlo del lado de su hermano menor, ella le alcanza y se tiende de su cuello. Recuerda soy la madre de tus hijos además estuviste en mi lecho por tu voluntad, yo no te vi en desacuerdo Ares, disfrutabas de las noches a mi lado, expresó histérica a gritos, logrando que todos dirigieran sus miradas hacia ellos.

Hypnos, les ignoró con una frialdad única y después de ellos los ojos de todos se posaron en él. Sin embargo el dios del Sueño Eterno caminó hacia los recién llegados primos, con su hermano Bethán en brazos, al estar enfrente de ellos, les sonrió dulcemente. Me alegra que hayan podido venir, creo que tenemos que celebrar dos grandes acontecimientos, miren primos éste es el nuevo integrante de la familia, mi hermano menor Bethán, el dios de la espera.

Ilitía fue la que se sobresaltó ¡Por Cronos! Mi tío ya dio a luz, ¿Cuándo? Se abalanzó sobre Hypnos besando sus labios y examinando a la criatura.


Hace poco unos cuantos minutos, tía Hera esta con mis padres, ayudando a atender a mi papi, mientras tanto nos envío a que conocieran a Bethán, pero apenas salga debo devolverlo con ellos. La diosa de los nacimientos asintió, bueno iré a ayudar, soy la diosa de los partos, si no he asistido a este, por lo menos ayudaré atender a mi tío, besando la pequeña cabeza de su primo. ¡Es hermoso, idéntico a tío Hiperión! Y rápidamente se encaminó a la habitación principal.


Hebe se acercó para contemplar al recién nacido, acariciando su blanca faz, Bethán abrió sus ojos, bostezando y un par de esmeraldas, le vieron curiosas. Ella sonrió: Pero si tiene los ojos de Hades. Mira Hefestos, es bellísimo, pero el joven no se decidía a hacerlo, observaba a la criatura desde lejos, atrás de ellos. Ante su indecisión Hypnos caminó con Hebe asida de su brazo hacia Hefestos sonriendo besa sus labios. Eres bienvenido, amado Hefestos.

No tengas pena de acercarte, sabes que puedes confiar en mí. Quisiera hablar contigo en privado, pero será más tarde, iré a tu habitación, quiero proponerte algo, espero no te niegues. Hebe tomando de los brazos de Hypnos a su primo sonrió guiñando un ojo a su hermano mayor. Y éste se sonrojó visiblemente, el dios del Sueño Eterno acarició suavemente su mejilla, se le acerca para de nuevo besar sus labios, pero éste retrocede asustado, por la mirada asesina que su hermano mayor le estaba dirigiendo.

Guiado por una de las musas, Hyoga quien había llegado recién de Asgard, se quedó mirando fijamente la escena, entonces una sonrisa cruzó su rostro, al ver a Hefestos, sus largos cabellos dorados recogidos en una coleta, llevaba puesta una túnica negra y una toga del mismo color sobre esta, sus krepis, doradas engalanaban sus elegantes piernas, le vio retroceder sin cojear en el momento que Hypnos se le acerca, y le besa en los labios, al hacerlo casi choca con Hyoga que lo sostiene con su mano libre.

¡Hefestos! ¿Te encuentras bien? Tanto Hefestos como Hypnos ven a Baldur, sorprendiéndose de su llegada. Hyoga aún sostiene entre sus brazos al herrero de los dioses acunándolo contra su pecho, cuando se acerca con él a conocer a Bethán.


El es tu hermano ¿Verdad? ¿Cuándo nació? Hypnos se acerca a Hefestos. Hace unos minutos responde y le tiende el bebé para que lo tome en sus brazos, sin embargo el más joven negó con su cabeza algo nervioso, por la presencia de Baldur a su lado. Vestido de una larga toga azul con adornos plateados, en su cabeza llevaba una diadema plateada con dos alas a cada lado de sus sienes, su cabello suelto, debajo se podía vislumbrar su armadura sagrada. Hyoga emocionado, observaba el bebé de sus amigos que por fin había nacido. En sus manos traía una pequeña cajita de plata, que era su regalo para Koré, por lo que él mismo no le pudo alzar. Hypnos sostuvo con uno de sus brazos a su hermano mientras que con la otra mano, acomodaba los brazos de Hefestos para depositar el niño allí. Si no pasa nada, Bethán no te hará nada, le expresó en el momento que le rozaba con sus dedos la sonrojada mejilla, sonriéndole.

Zeus en ese momento al sentir la presencia de los forasteros se acercó con sus dos nietos, asidos de sus manos. Es divino, se parece a Hiperión, admiró Baldur al besar su cabeza. Tiene los ojos y la sonrisa de Hades, es sencillamente perfecto. Para luego besar la mejilla de Hefestos en saludo, se te vería encantador de padre, niño. Y el herrero de los dioses bajó la mirada avergonzado.

Hyoga ¿Pero por qué te has tardado tanto amigo? Te esperábamos hace tres días, cuando comenzó la conmemoración de Koré, le regañó Hypnos. El dios guerrero baja la cabeza sonrojado, lo lamento pero que no pude venir antes, pero también traigo unas acompañantes, señalando detrás de él, estaba Hilda, la representante de Odín, y la valquiria Freya, su verdadera madre.

Hyoga sabes que son bienvenidos, Koré se encuentra con mi hermano. Baldur besó los aromáticos cabellos del herrero, y volviéndose a sus acompañantes, le indicó a su madre, que se acercará. La diosa admiraba al joven en los brazos de su hijo, con una sonrisa en su cálido rostro, se acercó a la mano que le ofrecía su hijo, posando la suya delicadamente en la de su Baldur, le besa la mejilla y se acerca al rostro de Hefestos, besándole la frente le sonríe y posa sus ojos en el bebé en los brazos del herrero.


Ella es mi madre, la diosa Freya, la reina de los dioses nórdicos, le susurró a Hefestos en su oído, la diosa posó sus ojos como diamantes refulgentes en los presentes, su mirada parecía estudiar a todos con detenimiento, hasta que localizó a la pequeña Koré en brazos de su hermano mayor.

Se encaminó hacia Tánatos el cual cargaba a su hermanita. Mis ojos no se equivocan eres la hija de la luz, la verdad y la belleza, la hija de mi Baldur, tienes su misma presencia mi pequeña nieta. La diosa tendió sus manos a la pequeña, pero Koré no conociéndola, le evita buscando refugio en el pecho de su hermano mayor. Entonces su abuela le acarició suavemente sus sedosos cabellos color ébano. Tánatos le sonrió y volviendo a su hermana en sus brazos, la enseña: Koré ella es tu abuela. La diosa de la pureza, le veía extrañada, pero en el refugio de su hermano, se dejó tocar. Freya sonrió dulcemente.
Disculpen que no sean nuestros padres lo que le den la bienvenida, acotó Hypnos, pero es que mi papi acaba de dar a luz, y en este momento es atendido en su recámara. Pero por favor, siéntanse como en su hogar. Freya asintió y determinó al hermoso dios en brazos de su hijo, con el pequeño bebé en sus brazos.


Por lo que veo tú debes ser el hijo mayor, del joven Hades, el dios del Sueño Eterno, y el que te tiene a mi nieta en brazos debe ser el dios de la Muerte, posando su mano en el vientre de Tánatos, y esperas un niño también, felicidades, mi hijo me ha comentado sobre los dos, valientes guerreros que acabaron con el Ragnarok, junto a los valerosos Titanes y el nuevo rey de los dioses. Me gustaría poder tener una audiencia con sus padres, le miró seria. Su majestad Freya, le urge tener una audiencia con Hades, determinó Hilda.

¡Madre! Ella le indicó callar, sabes hijo, que es de urgencia que les pongamos sobre aviso, no podemos perder tiempo, si no queremos un nuevo Ragnarok entre nosotros. Sus ojos inquietos se posaron en los de su hijo y bajando su rostro contemplo en los mármoles de ese salón su rostro reflejado en ellos. Todos se acercaron preocupados, Ares se colocó al lado de Hypnos colocando su mano en su hombro le apretó levemente, el joven avanzó hacia la diosa, tomándole la mano, ella alzó su rostro hacia el joven, y reconoció aquella mirada serena del joven Hades en él. Los zafiros le vieron inquiriendo en ellos para averiguar la verdad oculta en ellos. Freya acarició el rostro del hijo mayor de Hades suspirando, La Batalla entre los dioses está por comenzar de nuevo.

¿A qué te refieres, Freya de Asgard? La voz profunda de Zeus, se sintió, la esposa de Odín depositó su mirada en el señor del Olimpo, sus ojos se entrecerraron al tener al asesino de su hijo frente a ella. Baldur sintió el cambio de humor de su madre. La diosa guerrera se rodeó de su cosmos gélido, expectante de cada movimiento del así llamado Padre de los dioses. Los ojos glaciales de Hyoga le rogaron, soltando a Hefestos, se adelantó hacia ella con su corazón inquieto ante un enfrentamiento no deseado. Conocía perfectamente el carácter explosivo de Zeus y su orgulloso porte, su madre no se quedaba atrás y un enfrentamiento entre sus dos presencias se dio de inmediato.

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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 9:35 pm

Dentro de la habitación principal Ilitia, había ingresado tras recibir el permiso de su madre y tíos, cerrando la puerta tras de sí se apresuró a disponerse en lo que Hera necesitará. Aún su madre estaba terminando de atender a su tío, en una vasija botaba los residuos del parto, Hades dormitaba en los brazos de Hiperión, sus dedos acariciaban suavemente su rostro vigilando su calmada respiración, esperaba el momento que Hera, le diera permiso, para moverlo. La cabeza de su querido niño, reposaba en su fornido pecho, contra el sentía su calida respiración aún algo agitada, esta rozaba suavemente su piel.

Los rubíes observaban atento todos los movimientos, esta vez, había sangrado un poco más de costumbre, el bebé era un poquito grande y lo había lastimado bastante, el Fuego Estelar inquieto con su corazón acelerado no quitaba su vista de las labores que hacían Hera e Ilitía, las veía correr de un lado a otro, pero lo hacía sin pronunciar palabra, desesperado de no saber como iban las cosas, podía determinar la mirada seria de Hera y el nerviosismo de Ilitía, su cuñada sintió su exhaustiva mirada, perforándola.

Cuando ella alzó sus zafiros para encontrarse con él, sus ojos le preguntaron en silencio ¿Qué sucede?, Bajó sus ojos callada, acomodando las piernas de su hermano en el lecho en una mejor posición, suspiró cansada dándole a su hija varias sábanas y todos los utensilios del parto. Sentó en el lecho, fijando su vista en esos rubíes preocupados, su mano acariciaba distraídamente sus piernas: Fue un parto largo y difícil, aclaró acomodándose el cabello.

Lo he notado, las contracciones eran muy fuertes, su cuerpo temblaba entre mis brazos, todo él se estremecía del dolor, expresó Hiperión en susurros para no despertarlo todavía.

No solo tú lo notaste, yo también, pero él no quiso hacer notar a sus niños, por Hypnos y Tánatos trataba de aparentar no tener tanto dolor, pero su cuerpo le traicionaba, no quería asustarlos, la diosa sonrió algo cansada. Sabes, él es muy estrecho y generalmente los varones son más robustos, igual pasó con los gemelos, y dos partos tan seguidos, con Koré fue más sencillo, fue un pequeño desgarre, pero nada de que preocuparse, pero si muy doloroso, ya le atendido al igual que Ilitia ella ahora preparará algo para se lo tomé, será mejor que le limpies ahora.

Iré por los bebés, Koré y Bethán necesitan descansar también. Koré casi no les ha visto en estos días, ya les extraña, y luego los cuatro tomarán su merecido descansó, ambas preparemos el lecho para los dos.

Hiperión la oía y sus ojos examinaban el pálido rostro, plácidamente dormido, sus dedos rozaron con suavidad la húmeda piel de su faz, besó sus cabellos impregnados de su sudor, con pena vio el agotamiento de su frágil cuerpo, refugiado contra el suyo. ¡Mi niño hermoso! ¡Hades! Le llamaba casi en murmullos, despierta amor, con cuidado le fue cambiando de posición con la ayuda de Hera, le acomodó de forma tal, que le fue adaptándolo en sus brazos, el movimiento le fue despertando, sus párpados se abrieron pesadamente, sonrió levemente, pasando sus brazos alrededor del cuello de su esposo.

¡Vamos que te voy a asear! Sus preciosos ojos se medio ocultaban bajo sus pestañas, le costaba mantenerse despierto, acomodó su cabeza entre las aromáticas cascadas de Fuego besando con sus labios ardientes esa área sensible. Hiperión jadeo, disfrutando de la caricia, ¡Hades!. Con él se perdía dentro del cuarto de aseo, le colocó en las aguas termales de la pileta con cuidado, para luego despojarse de sus vestiduras para acompañarle, acercando antes todo lo necesario para acicalarlo.

Su cuerpo se adentró con él en el agua. Al colocarse a su lado le empezó a limpiar todos los residuos de sangre de su piel, con cariño masajeo los adoloridos músculos ¿Estas muy adolorido?. No mucho, lo normal de siempre, haciendo un rictus de dolor en su rostro cuando las manos de su esposo le tomaron su cadera, comprobando la abertura de sus huesos. Pero si estas más lastimado que con Koré, me atrevo a decir que estas peor que con los gemelos. No es nada, que no pase en unos días. Hablo entrecortado, al tratar de moverse para abrazarle.

Los dedos de Hiperión le delinearon sus labios, suspirando vencido, le sonrió, tomando una botella con mirra le deposita el contenido en sus cabellos, ungiéndolos y disfrutando de esas brillantes hebras de ébano, las olió cerrando sus ojos, y la mano de Hades, se perdió en las llamas centellantes que caían sobre sus hombros desnudos, buscando asirse de su nuca se movió delicadamente en el agua, hasta quedar unidos en un abrazo deseado, ambos corazones se sentían bajo sus pechos latiendo a unísono, Hiperión le amoldó en su regazo, dejándose adorar por su rey.

¡Hiperión! La suave voz inundó sus sentidos haciéndole estremecerse de placer tan solo al timbre cálido de sus palabras. El Fuego Estelar se admiraba reflejado en unos cristales esmeraldinos con destellos azulados. En un año, me has hecho más feliz que en una eternidad, y nuestra felicidad se acrecentará hasta la inmortalidad, me has dado dos pequeños, que son la luz de mis días, junto contigo y mis dos muchachos, el Fuego de mi alma. Bethán es mi más esperado anhelo, somos tú y yo en un solo latir, representa nuestra unión perfecta, el fruto de nuestro vigor.

Cada una de sus palabras manaba del fondo de su alma ardiente y hacían eco en el espíritu de Hades, como dentro de esas milenarias paredes en la que habían habitado sus antepasados por años eternos, su galante voz, le inundaba por dentro como un fuego abrasador, sus dedos adoraban cada parte de su fisonomía El dolor que ahora sientes, lo siento como mío, en mi corazón mi niño. Hades escuchaba sus palabras, soltando una cálida risa que se comparaba con la cantarina agua que les cubría su desnudez, atrapó sus dedos trémulos entre sus labios.

¡No habrá día que no te desee, Hiperión! Delineó con sus labios, la mano avanzando por toda la extensión de su brazo hasta su cuello, donde su lengua y labios comprobaron su dulce sabor, el sabor de la persona amada. Los gemidos de placer de Hiperión no se hicieron esperar, disfrutaba la devoción de su esposo, sus brazos le rodearon apegándolo más a su cuerpo, tomándole con delicadeza su barbilla busca sediento los labios de su niño, fundiéndose en un apasionado ritual de adoración. Removiendo las cascadas de Fuego en sus dedos trémulos.

¡Mi cuerpo es tu templo! En dónde siempre se formaran nuestros vástagos, Bethán para mí también fue mi deseo más grande, mi hijo más esperado, porque era de tu simiente. Cada uno de nuestros hijos son nuestro orgullo, aunque los otros no han sido engendrados por mi vigor, los he hecho míos, por el brío de mi corazón. Sus labios iniciaron de nuevo su ritual de consagración a su amado consorte, los dedos ansiosos de él reconocían su espalda hasta ubicarse debajo de sus rodillas, alzándolo con cuidado de no lastimarlo, salió con su amado del agua.

Afuera en la habitación, Hera les esperaba con toallas y los vendajes necesarios, los pies mojados de Hiperión dejaban una estela en las lozas de mármol, le llevaba al lecho, dónde Hera colocó una gran toalla con la cual le envuelve. Su cuñada toma una de las túnicas del armario y se la colocó sobre los hombros a Hiperión, cubriendo su desnudez, y sonriendo le bromea: ¡Amado Hiperión! Querido hermano, tu cuerpo es solo para mi adorado Hades. El Fuego Estelar le sonrió seductoramente

¡Gracias, mi niña! De eso nunca tengas dudas, soy completamente suyo. Se coloca a la altura del lecho y toma la toalla secando cuidadosamente el cuerpo de su niño, tomó una de sus piernas, cuando hubo terminado, besó suavemente su piel de mármol. Hera sostenía entre sus manos los ungüentos y vendajes que necesitaría para curar a su hermano y esperaba que el Fuego Estelar terminara con el rito de su amor en su gemelo. Hundiendo una de sus rodillas sobre el esponjoso colchón, se le acercó casi cubriéndole, los brazos de Hades se asieron a su cuello, y él le pasó sus manos alrededor de la cadera, ayudándole a tomar una mejor posición en la cama, le descansó sobre los almohadones.

Tomando de la mano de Hera los ungüentos empezó a curarlo. Con pesar le veía respingar al tacto. ¡Lo lamento! Pero es necesario, esto te calmará un rato el dolor. Le devolvió las cremas a Hera, la cual las depositó en la mesa de noche. Hiperión dentro de cuatro horas, se las deberás aplicar de nuevo. El mayor asintió recogiendo las vendas, fue asegurando su cadera y vientre con ellas. Le puso una túnica ligera, apoyándose en sus manos le cubre con su cuerpo besando sus tentadores labios sonrojados, en un tierno beso ¡Listo, he terminado! Espero que estés lo mas cómodo posible, sé que no es grato como te sientes ¿Se ha calmado el dolor? Hades le sonrió afirmando con su cabeza suavemente.

Voy por nuestros bebés, le susurró al oído, besando su mejilla. Hades iba a pronunciar algo, cuando el choque de energías en las afueras de su recámara congeló su sonrisa en su rostro. Hiperión se sentó en el lecho estudiando la reacción del cosmos, terminó de cerrar su túnica apresuradamente. Hera soltó de sus manos una vasija de agua.

¿Zeus? Como alcanzada por los rayos de su esposo, salió corriendo del recinto, casi chocando con Ilitia que traía la emulsión para su tío ¿Madre? Pero Hera no se detuvo, cruzó la sala hecha una furia. ¿Pero que sucede? Ilitía seguía con sus zafiros, la elegante figura de su madre, apresurarse por el pasillo hacia el salón principal de dónde provenía el enfrentamiento ¿Cómo se le ocurre armar tanto alboroto, en este momento? Refunfuñaba, mientras sus pasos resonaban en los solitarios pasadizos de las habitaciones.

Hiperión se incorporó para ir detrás de ella. Hades se deslizo suavemente en el lecho, hasta hacer el intento de ponerse en pie, angustiado por sus dos bebés, pero al tratar de hacerlo sus piernas flaquearon, precipitándose al suelo.

¡Tío! El grito horrorizado de Ilitia que corría a auxiliarlo, provocó que Hiperión se devolviera sobre sus pasos, sobresaltado al ver a Hades en el suelo. ¡Por Cronos! Su amado niño hacía esfuerzos por incorporarse, pero lo único que logró externamente se mostrará su dolor, haciéndose insoportable y un rictus de dolor se quedó impreso en su rostro, y un gemido ahogado salió de sus labios.

¡Hades! ¡Por Cronos! ¿Qué pasaba por tu cabeza en ese momento? Amor no puedes moverte en éstos instantes. Te lastimaste, tomando su rostro con su mano, le apoyó en su pecho amorosamente, tomándolo de la cintura le hizo el intento de levantarlo, pero él le detuvo, ve por nuestros bebés Hiperión, yo puedo solo. Aun estaban conversando cuando empiezan a sentir la energía de Bethán centellear, entre las dos que se enfrentaban, el corazón de Hades dio un vuelco en su pecho, sus ojos se llenaron de desesperación incorporándose de golpe, Hiperión le sostuvo y de inmediato le alzó en sus brazos depositándolo en el lecho, con voz firme le detuvo cuando pensaba volver a hacer el intento salir de la cama.

Tú espérame aquí con Ilitia, estás lastimado. Que yo traeré a nuestros niños, la voz mostraba su enojo y el firme mandato debía ser obedecido, determinó la angustia en sus ojos, bajando sus rubíes, al mármol, salió rápidamente hacia el salón principal.

Los ojos de su niño no le perdieron de vista, suspiró no pudiendo detener sus lágrimas, las cuales fueron rodando por su hermosa faz, sin el quererlo, su sobrina le abraza consolándolo, él ha sido duro contigo porque no desea que te expongas más tío, para nosotros fue una pesadilla todo lo que vivimos con Caos, yo todavía tengo en mi mente todo lo sucedido ese día, y no puedo borrarlo, aún despierto en las noches temiendo a los esbirros de Caos. Estas cicatrices en mis brazos, son tan grandes como las tenemos en nuestras almas.

Nosotros vimos el horror y la desesperación en nuestro tío cuando te morías en sus brazos. ¡Ilitia, querida niña mía! No lloró porque Hiperión se haya puesto serio conmigo, si no porque siento una opresión en mi pecho que no sé precisar, un presentimiento horrible, le expresó con su voz angustiada, y limpiando sus lágrimas, es el hedor de la muerte, su presencia me abruma, es algo que se revela en tu alma y de tus ojos brotan la angustia de ella, es un llanto no deseado, pero que no se puede evitar, sondea todos tus sentidos y te los anula. No te preocupes en demasía pequeña, pasará lo que tenga que pasar, y yo les protegeré a todos. Acarició su rostro, reconociendo en ella las facciones de su hermana menor, y aquella fogosidad de Zeus, su rostro se iluminó con una amorosa sonrisa.

Al ver que sus ojos perdía la alegría. Hoy es un día para celebrar, e Hiperión se hará cargo que tu padre no se meta en problemas, le expresó pellizcando su nariz suavemente. Ilitia le ofreció su emulsión y él la tomó, es para calmar el dolor, pero también te dará sueño. El asintió, entonces esperare a tomarla hasta lleguen mis bebés. Su sobrina asintió descansando su cabeza en su hombro, esperó pacientemente.

Hyoga se interpuso entre los dos: ¡Por favor madre! Apolo corrió a su adorado Tánatos rápidamente, y Ares corrió a Hefestos con Bethán, el pequeño al momento se empezó a inquietar y comenzó a llorar emanando sus cosmos, Koré, igualmente se asustó llorando entre los brazos de su hermano. La tensión de la situación empezó a irritar a los pequeños. Los titanes rodearon a los dos dioses ¿Cómo te atreves a dirigirme la palabra? ¡Asesino! Tú acabaste con la vida de mi hijo. La risa de Zeus resonó sarcástica, pues que venga y me lo reclame él, no su mami. Y recuerda que al que abraza de forma tan indebida es mi hijo, Hefestos. Y si lo maté fue por andar metido entre las faldas de Eris, y deshonrar la casa de Cronos. La diosa se iba a lanzar contra él pero Hyoga se le interpuso.

¿Zeus? ¿Qué se supone que éstas haciendo? Hera se acercaba envuelta en toda su furia. No puedes respetar que es la fiesta de tu sobrina y que tu hermano se encuentra recuperándose de su parto. ¿Qué significa todo este alboroto? Sus zafiros rodaron entre los presentes, hasta posarse en Baldur, Hilda y Freya. Aún traía los ropajes algo manchados porque no le había dado tiempo de cambiarse, determinó la presencia de la diosa que emanaba una presencia similar a la de Hyoga. Entrecerró sus ojos: Soy Hera, reina de los dioses.

La mirada gélida de Freya se posó en la cara de Hera. En silencio pasaron algunos minutos, las dos diosas se estudiaban una a la otra. El tenso clima se hizo notar, todos podían casi cortar el aire si se movían. Solo se escuchaba el llanto de los dos bebés reclamando a sus padres.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 9:47 pm

¡Papá! ¡Papá! Koré estiraba sus brazos a su padre exigiendo su presencia, los diamantes desolados de Freya se posaron en el recién llegado, examinando con frialdad al imponente dios que caminaba envuelto en la túnica que Hera le colocó en sus hombros, la cual era negra con adornos dorados, descalzo, con su cabello movido por sus refulgentes llamas. Su nieta se desprendió de los brazos de su hermano mayor levitando hacia el recién llegado.

¡Papá! ¡Papá! Sollozaba asida de su cuello y él la rodeó cariñosamente con su brazo. ¡Mi hermoso ángel de Hielo! Ya estoy contigo.
Los gélidos diamantes de Baldur se encontraron con los de su madre. Tu papi te extraña pequeña, es hora de ir con él. Con una radiante sonrisa en sus labios, que dirigía a su pequeña, caminó hacia los presentes. Sus rubíes rondaron determinando la situación, evaluando a todos. Al pasar al lado de Tánatos, acarició su vientre suavemente, besando sus labios, juntó su frente con la de su niño y le susurró: Gracias bebé por tu ayuda.
Quiero agradecer a todos su presencia en la conmemoración del nacimiento de nuestra pequeña Koré, su elegante caminar se detuvo entre el campo de vista de Freya y Hera, notando la desavenencia entre las dos diosas, con sonrisa, fijó su vista en los visitantes. Hiperión le tendió la mano a Hyoga en señal de saludo y el dios guerrero la tomo haciendo una reverencia con su cabeza. ¡Baldur! Te esperábamos hace tres días, pero eres bienvenido junto a tus acompañantes, siéntanse a gusto en mi hogar. Suspirando agobiado, observó a su hija, darle el cariño de padre a ese titán, su madre notó su angustia y no sabiendo que hacer para consolar a su hijo clavó abrumada sus gélidos ojos en los de su primogénito. Madre, el es el señor de Heraion, Hiperión, actual rey de los dioses olímpicos al lado de Hades. Tendiéndole la mano hacia su madre: Ella es mi madre, Vanir Freya de Asgard, esposa de Odín.
El Fuego Estelar asintió: Es un placer contar con su presencia, por el día de hoy cancelaremos las celebraciones del cumpleaños de nuestra pequeña princesa. Mañana, cuando todos hayamos descansado algo, continuaremos. Hiperión, mi madre desea hablar con Hades y contigo a solas, lo que tenemos que decir es importante. Los rubíes analizaron las presencias de los tres. Hijo, puede esperar a mañana. Gracias por su hospitalidad, expresó haciendo una reverencia. Comprendo, Océano, que sean atendidos como es debido. Zeus abrazó a Hera cuando esta se acercó. Lo siento mi niña, pero sólo me defendí. Ella asintió: Esa diosa no me da buena espina. Percibo una opresión en mi pecho. Fue cuando determinó atrás de los titanes a Hefestos y Ares, el dios de la Guerra tenía entre sus brazos a su hermano menor.
Ares, cuando todo se calmó, quitó lentamente su agarre sobre su hermano, Hypnos admiró como su querido dios de la guerra aún cuidaba del más joven, y sonrió orgulloso. Veo que al fin entras en razón amor mío, se dijo para sí mismo. Pero sintió la mirada llenada de odio de Afrodita sobre él. Resopló, algo hastiado por la situación, la vio apoyada en unas de las columnas, apartada del conflicto en ese momento. Hefestos lo notó al mismo tiempo, caminó elegantemente hacia Hypnos para devolverle su pequeño hermanito, Bethán se había acomodado contra su pecho, al momento que el herrero le mecía para calmar su llanto, y se había tranquilizado, en sus mimos.

Hefestos, susurró Ares, y le acompañó para poder acercarse a él. Al mismo momento que Océano dirigía a los visitantes a sus aposentos, Hiperión acortó su distancia con su primogénito. Abrazándolo por los hombros besó su cabeza en señal de apoyo y fijó sus rubíes entrecerrados en la diosa del amor, la cual empinó su vista hacia a otra dirección. ¡Papá! Mi orgulloso bebé, eres mi vigor hecho realidad, no dejes que ella te afecte. Reposó su cabeza en su pecho, abrazándolo, sintió como su hermana le tomaba sus cabellos plateados, besándolos ¡Hypnos! Susurraba, enredando sus pequeños dedos en ellos.

Hefestos se detuvo al frente de ellos, con Bethán en sus brazos, detrás de él se encontraba Ares. Hypnos suspiró, desprendiéndose del cálido refugio de su padre, posó sus labios en su mejilla sonriéndole: ¡Papá! Hefestos por fin ha llegado, tal vez puedas hablar con nosotros más tarde, sobre el asunto que te solicité. El Fuego Estelar acarició su pálida mejilla sonriendo: Tenlo por hecho, mi hermoso bebé. Le atrajo besando sus labios, ahora guía a tu primo a su habitación junto con Hebe, Afrodita y sus dos muchachos.

El dios del Sueño Eterno asintió con una hermosa risita en sus labios. El mayor se acercó al herrero, guió su mano hasta el rostro cabizbajo, del segundo hijo de Hera, tomándole de la barbilla le alzó el rostro, clavando sus rubíes alegres en esos zafiros tímido, le sonrió en agradecimiento y besó sus labios, en saludos, me alegra tanto que hayas venido sobrino. Mañana quiero que te presentes con Hypnos en mi habitación, deseo hablar contigo. Pero antes hablaré con vuestros padres. Sé que mi pequeño Bethán esta a gusto contigo, pero es el momento que esté con su papi. ¡Tío! El señor de los volcanes, colocó delicadamente al pequeño en sus brazos.

Bethán al sentir la presencia de su padre, se removió buscando su alimento e Hiperión se sonrió, así que percibes el aroma de papi, él también te extraña mucho, vamos mis dos tesoros, que su papi esta ansioso por tenerlos en sus brazos.

Con sus amores en sus brazos, se perdió de la vista de todos hacia su aposento, Hera le siguió con su vista, una risa pícara cruzo en su cara ¡El gran Hiperión! Hermoso Fuego Estelar, siempre causa ese efecto en todos, con su sola presencia, dejo sin habla a esa diosa nórdica y no ha tenido necesidad de alzar ni siquiera su brillante energía. Hebe asintió a su madre.

Los ojos de Sueño Eterno se posaron en los del Señor de la Guerra, Ares acortó la distancia posando su mano suavemente en el hombro de Hefestos, pasó a su lado hasta detenerse frente a Hypnos, sus dos gemelos que habían mantenido distancia, por mandatos de su abuelo se abalanzaron hacia su padre, pendiéndose de sus brazos, Hypnos sostuvo la mirada de Ares en actitud cansada: Muchachos, me imagino que deben estar cansados de su viaje, expresó calmadamente sin apartar la vista de su amado.

Eros y Anteros evaluaron sus expresiones con sumo detenimiento. Hefestos tragó hondo sin saber qué hacer, incomodo por la situación. ¡Vaya, vaya! Mi querido Hypnos es un gusto volvernos a ver. Afrodita, eres bienvenida a mi casa. El Sueño Eterno mostró la más elegante de sus sonrisas, tendiéndole la mano a Hefestos, el herrero se la asió suavemente jalándolo hacia él, si me acompañan les indicaré sus habitaciones.

Eros soltándose del brazo de su padre, se acercó a Hypnos asiéndose de su brazo, le sonrió ante la mirada asombrada del hijo mayor de Hades. Soy Eros, es un encanto que trates tan bien a mi querido tío, le expresó descansando su cabeza en su brazo. Hypnos esbozó una cálida sonrisa. Es que Hefestos se lo merece. El joven dios del amor correspondido apretó su abrazo sobre él, sabes, quiero ser tu amigo. Me aburro mucho en el Olimpo, mi hermano no gusta de nada, ni hablar, mi abuelo se pasa todo tiempo en Torrey junto a tus padres y mi padre pasa contigo todo el tiempo. L

a mirada zafiro del dios del amor correspondido, se fijó en los asombrados del dios de Sueño Eterno, el dios de los volcanes se detuvo en seco inquiriendo en los ojos de su sobrino. Yo... iba a contestar Hypnos, pero Eros le contuvo besando sus labios. ¡Amado Sueño Eterno! No te recrimino nada, solo quiero que no nos huyas, ni a mi gemelo ni a mí. No te entiendo niño. Eros le sonrió, tenemos toda la eternidad para conocernos. ¡Hermoso Hypnos!

Aún sin comprender llegó al ala indicada, topándose de frente con Océano, ¡Príncipe! El titán le sostuvo al tropezar con él descansándolo en su pecho. Hypnos le alzó a ver asintiendo, Océano podrías indicarles sus recintos, le expreso suavemente, en este momento deseo descansar un rato, por favor. Por supuesto pequeño. El Sueño Eterno le besó su mejilla, recostando su cabeza en su tórax, Perdona tío, pero estoy agotado, necesito descansar, depositando un cálido ósculo en su frente. Le mira seriamente: Anda duerme, lo necesitas pequeño, le susurró suavemente.

Perdónenme, Hefestos y Eros. Creo que hasta aquí les guiare. Besando los labios del herrero de los dioses, te espero en mi habitación en las primeras horas de la mañana, le murmuró al oído, y no acepto un no por respuesta. Revolviendo el cabello de Eros, alzó su poder y desapareció como una ligera brisa. Si me acompañan yo seré su guía de aquí en adelante, indicó Océano.

Hefestos asió del brazo a Hebe y ambos caminaban en silencio al lado de Eros. Afrodita observaba el elegante caminar del herrero, como hechizada ¿Qué pasa, madre? Ya no te parece tan despreciable el herrero, una risa burlona cruzo sus labios. No me molestes Anteros, las carcajadas del joven dios del desamor resonaron en el pasadizo, es muy gracioso todo esto, es cierto lo que dijo Eros, nos vamos a divertir mucho con esta situación. Un resoplido de enojo no se hizo esperar por parte de la diosa del amor. Eres imposible hijo. Soy tu hijo y de Ares, los hijos del amor y la guerra, y como dicen los humanos, en la guerra y en el amor todo se vale, eso es lo que esta haciendo mi padre, quién esta molesto por el falso desamor del dios del Sueño Eterno, pero la realidad es que a nosotros dos no nos engaña. ¿Verdad, madre? La diosa lo ignoró caminando con su altivez de siempre. Ante las carcajadas de su hijo. Vamos a ver quién puede más si la Guerra o el Amor.

Hypnos se materializó en su cuarto, justo al lado de su lecho, con sus ojos cerrados se dejó caer sobre el colchón, derrotado por su dolor, el cual buscaba esconder con todas sus fuerzas, respiraba profundo para no llorar, sentía el amargo sabor de sus lágrimas retenidas agolpadas en su garganta. ¡Ares! susurró suavemente. Haciéndose un ovillo en su lecho, sintió el cálido líquido salado deslizarse por sus mejillas hasta perderse en la sábana, ni siquiera había encendido con su poder las antorchas del lugar, en ese momento deseaba permanecer en la oscuridad, como se encontraba su animo en este momento. Desde la penumbra una silueta le miraba recargado en la pared, se acercó a la majestuosa cama que no le era desconocida.

Al notar el estremecimiento en el cuerpo de su amado Hypnos comprendió que lloraba, en silencio. Se sentó a su lado, suspirando agotado por la situación.

Hypnos ¿No piensas perdonarme nunca? La voz de Ares resonó en sus oídos al abrazarse a su cuerpo besando su cuello, sus manos buscaron entre sus finos ropajes el corazón del dios del Sueño Eterno descansando allí, siente la agitación de su pulmón al momento que su boca prueba su suave cuello, no puedes negar que me deseas, porque no terminas con nuestro tormento mi amor. Perdóname por no contarte lo de Afrodita y mis hijos, yo les creí desaparecidos, no deseaba hablar de ese tema. Hypnos no me atormentes más te lo ruego, vuelve a mi, mi adorado niño.

¡Ares! Entre sollozos el nombre de su amado fue pronunciado, ahogado en su propia amargura. ¿Cómo me pides eso? ¿Acaso te olvidas, de lo que pasó en el Olimpo? Dejaste que me llamará bastardo. No defendiste a Hefestos, tu hermano menor. ¡Ares! ¡Por Cronos! Tú faltaste al respeto entre hermanos, te metiste con la prometida de Hefestos, exasperado se incorporó de golpe huyendo de sus brazos. Ares no quería dejarlo así, le necesitaba, ansiaba tomar de nuevo la miel de sus labios, deseaba sacar todo el veneno sembrado por Afrodita en su orgulloso niño.

En un ágil movimiento le retiene de su cintura, abrazándose a él, le inmoviliza con uno de sus brazos, apegado a su cuerpo, con su mano libre le empieza a acariciar todo su cuerpo. Una vez te dije que no me retes niño ¿Qué no sabes realmente de lo que es capaz el dios de la Guerra? Te haré recordar lo que somos nosotros dos, mi Sueño Eterno, hoy me enseñarás de nuevo lo que tanto me has negado todo este tiempo.

Volviéndolo en sus brazos, ejerció toda su fuerza sobre él, adentrándose en una lucha cuerpo a cuerpo. Los fieros ojos de Ares, resplandecieron en carmesí, con tu resistencia solo aumentas mi deseo Hypnos. Descubriendo su cuello, posesiona sus labios en la parte que él conocía como la más sensible de su cuerpo, succionando fuertemente en ese lugar Hypnos perdió la fuerza de sus piernas, gimiendo ahogado, se aferró como un naufrago a la espalda de Ares. Los dedos del dios de la Guerra no le daban tregua, reconocían la extensión de su espalda, hasta llegar al cierre de sus indumentarias, corriéndolo, para sentir la tersura de su blanquecina piel. Con sus labios recorría su cuello hasta llegar a sus labios los cuales aprisionó enloquecido, le despojó de todo lo que le impedía adorar su cuerpo. Sintió a Hypnos rendirse a sus deseos, sus delicados dedos, se asía de su cabellos, su cuerpo temblaba de deseo entre sus brazos, le alzó aún asaltando sus labios, se movilizó con su preciada carga hasta el lecho, dónde ambos cayeron.

Hypnos le veía como hechizado, sus ojos relucían impregnados con su deseo, aunque las lágrimas resbalaban por su faz en un amargo descargue de su dolor. Ares lamió toda esa ofrenda salada del alma de su Sueño Eterno. Guío las temblorosas manos por encima de su cabeza, sosteniéndolas firmes con una suya. Sentándose sobre su vientre, empezó a deshacerse de su túnica. No tengo más dueño que tú Hypnos, has ganado todas mis batallas, mira que el dios de la Guerra se postra a tus pies Sueño Eterno, y te adora como su amo. Sus labios atacaron al más joven con vehemencia, sentía como se retorcía sostenido de su mano y bajo su cuerpo. La reacción de la hombría de Hypnos no se hizo esperar, ahora rozaba contra su trasero. Con toda su seducción Ares, se deslizó por su cuerpo, delineando cada parte de él con sus labios, dedos, y lengua, hasta tomar el miembro erguido de su amado entre sus labios, lo devoró hasta hacerlo perder el juicio, los gemidos de su querido Sueño resonaban en sus oídos, así como la forma en que pronuncia su nombre en ahogados suspiros.
No quiso esperar más, sus dedos se adentraron en el ansiado canal, lubricándolo y preparándolo para él, la desesperación que su amado le producía, hizo tomarlo de sus cabellos, enredando sus dedos en las hebras azuladas en el momento que su simiente inunda la boca de Ares, el cual la saborea completamente. Abandonando la labor con sus dedos, le empieza a cubrir, guiado por la mano de Hypnos sujeta a sus cabellos, siguiendo la trayectoria a sus labios anhelantes, poco a poco le invita a tomarlo cediéndole espacio entre sus piernas, asiendo una de sus temblorosas manos, sus labios y cuerpos se unen, convirtiéndolos en uno solo ser.


El dios de la Guerra empezó a movilizarse dentro de él, guiándolo en pausados y profundos empujes, sin soltar sus labios, le recitaba lo mucho que le adoraba, las lágrimas de desamparo de Hypnos no se dejaron esperar, rodaban por su tez, su alma se revelaba a su caída, lentamente fue separándose de sus labios volviendo su rostro hacia la oscuridad, se paralizó en los brazos de Ares, pero el dios de la guerra no lo notó pensando que Hypnos le ofrecía su cuello se dedicó a esa zona hasta que su esencia impregnó el cuerpo del dios de Sueño Eterno.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 9:48 pm

Las manos de Hypnos cubrieron su faz. ¡Por Cronos! ¿Qué he hecho? ¿Por qué he sido tan débil? ¿Por qué falte a mi palabra? Ares no comprendes, que nos separa un gran abismo que son tus hijos con Afrodita, un llanto desesperado azotó su cuerpo, Ares le acunó en su pecho, aún enfundado en él, besando su cabeza, nunca desamparé a mis hijos, pero no amo a Afrodita, es a ti a quien amo. No entiendes, tus hijos te extrañan. Vete, déjame solo, no me atormentes ni me humilles más de lo que lo has hecho. El torrente desabrido de sus palabras fue sostenido por la voraz boca de Ares. Nunca permitiré que te apartes de mi lado Hypnos, siempre serás mío. ¡Ares! No te pertenezco más. Removiéndose desacopló su cuerpo de Ares.

No te he derrotado Hypnos, tú eres el que me ha derrotado, no llores mi amor. No puedes negar nuestro amor. Ares, yo trataré de ganar el corazón de Hefestos, así que no puedes compartir más mi lecho. Por favor retírate. Mañana vendrá aquí, para hablar de eso. Ares se incorporó del lecho sin poderlo creer, su furia llenó su ser, la presencia bélica del dios azotó el ambiente, tomando sus ropajes del suelo se vistió rápidamente, sin mediar más palabras golpeo unas de las paredes aledañas, destrozándola, Hypnos, esto no termina aquí. Se desvaneció en un aura con hedor a sangre. El dios del Sueño Eterno soltó completamente el torrente de sus desoladas lágrimas, yo siempre te amaré Ares, pero no te puedo perdonar, mi conciencia no me deja.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 10:51 pm

CAPITULO 2: EL DESTINO DE LA SANGRE DE BALDUR



Princesita de cristal,

De carita angelical,

Luceritos cual aurora,

Dulce ninfa soñadora.



Princesita de cristal,

Danza al viento sin cesar,

Corre, salta,

ríe y canta sin parar.



Princesita de cristal,

El niño sol se irá a acostar,

La luna saldrá a jugar

Y las estrellas la seguirán.



Princesita de cristal

Ya es hora de descansar

Cierra los ojitos vida mía

Que los angelitos te harán compañía.(Scarlett Night)

La delicada mano de su tío acariciaba suavemente sus rizos azulados, con su cabeza apoyada en su calido hombro la llenaba de paz. Ilitía de lo que te he comentado, no le reveles a nadie, sus palabras salieron suavemente de sus labios casi imperceptibles, el dejo de su angustia salió impregnado en ellas, los zafiros de la diosa estudiaron su actitud su rostro serio, con su mirada pérdida, pero… con uno de sus finos dedos le acalló suavemente. La diosa asintió suspirando. No quiero pasar una pesadilla igual a la que pasamos la vez pasada, no lo soportaría. Caos no volverá aparecer, mi niña aseguró firmemente con sus ojos entrecerrados, la profecía se cumplió y mi hijo, Bethán es el sello de la misma, Caos desapareció para siempre de nuestras vidas, porque el gran amor que nos profesamos mi amado Hiperión venció todas las barreras impuestas. La firmeza de su amorosa mano, sostuvo su mejilla, con delicadeza besó su frente. Una fuerza descomunal hizo que Ilitía se sobresaltará y apartará la cara del refugio de esa mano cálida.

Alrededor del lecho de los reyes de los dioses, aparecieron las tres moiras, en su legendaria apariencia, la diosa de los partos, se sobrecogió ante la presencia de esas diosas antiguas. “La sombra de la desgracia, se cierne sobre la casa de Cronos, el destino de los dioses, el Ragnarok, los Aeisir de Odín Hijos del Hielos se enfrentaran a los Titanes encabezados por Fuego Estelar Hiperión y los hijos el Fuego se enfrentaran” Determino Cloto. Ilitía acalló con sus manos un sollozo desesperado, Hades se incorporó lo máximo que le permitió su lastimado cuerpo. Con su voz llena de furia exigió una explicación: ¿Que tiene que ver el Ragnarok, con los descendientes de Cronos? Las tres diosas volvieron sus ojos a la joven diosa al lado de su rey, nuestras profecías son solo para nuestro rey, el oído de los demás dioses no se pueden enterar. La joven diosa, ante el ruego silencioso de su tío se incorporó del lecho besando suavemente sus labios, depositó su brebaje en una mesita aledaña, camino con su paso orgulloso entre las tres guerreras del destino, con su cabeza en alto.

Aunque sus piernas temblaban a cada uno de sus pasos, cerró la puerta tras de sí, trato de abrir de nuevo la puerta, pero la manija no cedía ¡Tío! No de nuevo, acaso nunca podrás ser feliz completamente, sus puños golpeaban contra los relieves de oro y plata en un llanto desolado, malditas brujas que nuevos desastres entrelazáis con vuestros hilos, mi pobre tío sintió en su alma su nueva tortura, desgraciadas, sus puños golpeaban la puerta, hasta que rendida cayó de rodillas con su frente apoyada en frío oro de su recubierta. El poder de las Parcas se extendió en la habitación no permitiendo que ninguno entrara hasta que el Señor del Tiempo se enterará el destino de sus hijos.

El balbuceo de Koré le llegó a sus oídos volviendo su rostro hacia el lugar en el portal de la antesala se dibujaba la imponente figura de Hiperión abrazando a sus hijos, la sonrisa del mayor se congeló en su cara, estático en la puerta principal observaba el cuadro de Ilitía allí apoyada en el suelo, le hizo detenerse de golpe, La diosa tragó en seco: Las Parcas, ellas están con él. Dictaminando sobre el destino de los dioses, el Ragnarok, han sellado está puerta, no quieren ser interrumpidas. Los rubíes de Hiperión se entrecerraron peligrosamente.

Ahora mi señor, el Ragnarok acecha a los descendientes de Cronos, así como la Hija del Hielo tiene sangre de Odín, profetizó Atrópo por primera vez en toda su eternidad, denotaba en la Implacable, el dejo de la angustia, una las orgullosas Parcas, señoras de los destinos de los dioses y los humanos, pero no era sólo Atropo si no sus hermanas quiénes hincadas ante él, mostraban la impotencia emanar de ellas, la diosa del futuro se acercó a él subiendo en su lecho, acortó la distancia con su señor buscando el consuelo en su corazón se abrazó a él y descansó su cabeza en su pecho ¡Mi señor! No quiero darle esta profecía, su voz se quebró, el desamparo llenó el corazón del Rey de los dioses, su mano temblosa acarició el cabello de la implacable Atropo y ella continúo con la vibración de sus palabras afectada: “Pero el destino de los dioses se cierne sobre nosotros, escuche con atención los hechos que sucederán: Cuando Loki y sus tres hijos Midgard, Fenrir y Hel, aparezcan, y el dios de la luz Baldur sea asesinado, el Ragnarok caerá de lleno sobre los dioses y los humanos
El Ragnarok será precedido por el Fimbulwinter (El Invierno de Inviernos): tres inviernos sucesivos se seguirán uno a otro sin el consuelo del verano. Como resultado, la Furia del dios de la Guerra explotara en conflictos y peleas, y todos los mortales desaparecerán.
Después de una persecución perpetua, el lobo Skoll y su hermano Hatí finalmente devorarán a Apolo y a su hermana Artemisa respectivamente. Las estrellas desaparecerán de los cielos, sumiendo a la tierra en la oscuridad. Hades se sobrecogió abrazando más contra su cuerpo a la implacable, las lágrimas de la diosa sin piedad, bañaban su pecho.
La tierra se estremecerá tan violentamente que los árboles serán arrancados de raíz y las montañas caerán; cada unión y cada eslabón se romperán y se separará, Afrodita la diosa del Amor, entorpecerá las cosas liberando a Loki y su hijo, el lobo Fenrir.
Mime, el vigilante de los Jotuns, se sentará en su tumba y rasgará su arpa, sonriendo severamente. La serpiente marina Midgard, se levantará del lecho profundo del océano, hogar del señor Poseidón para dirigirse hacia la Tierra, torciéndose y girando en furia sobre sí misma, causando que los mares se alcen y azoten contra la tierra. Con cada respiración, la serpiente arrojará veneno, salpicando la Tierra y el Cielo con él, hacia los campos de batalla de Vigrid.
El mundo entero estará en guerra, el aire temblará con los ruidos, fragores y ecos. En medio de esta agitación, los Hijos del Fuego conducidos por Hiperión, avanzaran hacia el sur y romperán en dos el propio cielo, cerca de Vigrid, dejando todo a su paso quemándose en llamas. Los Hijos del Hielo reclamaran a su sangre mezclada en la diosa de la Pureza Koré, y los Hijos de Fuego, su sangre pura en el dios de la espera Bethán. Mientras cabalgan hacia Bifrost, el puente del arco iris, éste se agrietará y se romperá detrás de ellos.
Cerbero el Guardián del Inframundo, también conseguirá liberarse. Él se unirá a los Hijos de Fuego en su marcha hacia Vigrid… La diosa es interrumpida por la entrada abrupta del Fuego Estelar. Su furia se notó al encontrar a la diosa del futuro abrazada a su amado niño, la que anunciaba siempre las desgracia, la suerte del señor del tiempo, la última vez que las vio así fue cuando su hermano mayor cayó en desgracia, el mismo rostro de su amado, era él que reflejaba su padre hace milenios, cuando se le dictaminó el destino de su caída. El brillo de sus cristalinos ojos, unido al poder del futuro, en un extraño enlace de sus almas, sumiéndolo en la pesadilla más funesta y aborrecida, el de su propio desenlace.
¿Con que solo el rey de los dioses puede oír la profecía? Saben que también soy rey de los dioses, así no pueden impedirme el paso, la imponencia de su presencia, hizo cimbrar el recinto detrás de él Ilitía con los dos bebés le seguían, sus rubíes centellaban en poderosas llamas. Láquesis y Cloto se postraron a su paso, Atropo, en los brazos de Hades suspiró y la última parte de su profecía la susurró apegada a su oído, sólo para el señor del Tiempo: “Y en el campo de Vigrid, la Casa de Odin y Cronos lucharan hasta exterminarse una a la otra.” La amargura del dolor de su alma brotó rodando por su faz, algo dentro de su cuerpo se clavó como una filosa daga, ocasionándole un grito de dolor salido de su propia alma, sin saber porque sintió que la red del destino se tendía a su alrededor. Atropo, tomó sus manos besándolas: en el momento que el Ragnarok, se desate, en ese período, pelearemos juntos para morir a su lado si es necesario, somos su guardia personal hasta su última espiración. La sentencia fue dictaminada, sin tener nada más que decir, lucharían porque las Nornas no interfirieran con ellas, Odín jamás sustituiría a su rey, desapareció de su lado al igual que sus hermanas. La batalla por el destino comenzaba, siendo ellas mismas las primeras entrar en la misma, hasta que su amo las acompañara.
El grito de Hades, desoló el corazón de su amado Fuego Estelar ¿Hades? Rodeándolo con sus brazos, le hizo sentir su presencia, sabía en que este momento, su niño veía por medio del ojo de cristal lo que acontecerá, al sentir el refugio y el aroma de su esposo, los llantos a unísono de sus dos pequeños, entre estremecimientos, fue saliendo de su trance, hasta abrazarse al cuello de su amado ocultando su rostro en esa fortaleza que le pertenecía. Hiperión he traído la desgracia a la casa de Cronos, pronunció ahogado por su dolor, mi niña ha perpetuado la sangre de Baldur, algo que nunca debió ocurrir, ahora Koré está en peligro de muerte, porque la sangre de Hyoga debe correr, según la leyenda nórdica que desatará el Ragnarok.

Hiperión escuchaba su desesperación, sus dedos acariciaban su espalda suavemente sus labios recorrieron con ansias su cuello y cabellos con adoración declarando su amor hacia su pequeña niña: “Ella es mi hija no permitiré que le toquen ni un solo cabello, ni a ningún integrante de mi familia” la determinación de su voz buscaba aplacar su zozobra, sin embargo la magnitud de la verdad expresada se cernió a su milenaria alma. Besó sus sedosos cabellos en busca de tratar de calmarlo, hablando suavemente:”No te preocupes si es necesario daremos asilo a Baldur, es en su país natal que tiene peligro de muerte, aquí en Torrey no sufrirá ningún daño ahora comprendo porque su madre vino y la urgencia de una audiencia con nosotros. Verás que todo sale bien amor” Tomando su rostro suavemente entre sus manos le alzó para que sus cristalinos ojos se posaran en sus rubíes. “Mi amor el Ragnarok nunca sucederá.” Afirmó con la fuerza de su amor y la convicción de su sinceridad.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 10:58 pm

La cabeza de Hades entre sus manos se movilizó negando suavemente, sus labios desesperados derramaron sus palabras desde su angustia casi inaudibles, se podían escuchar como murmullos, sus propias manos se posaban en su adolorido pecho, los rubíes de Hiperión se ensombrecieron no pudiendo calmar su terror: “Comprende Cloto no elaboró ese hilo del destino, ni Láquesis lo ha hilvanado, es Atropo quien lo ha visto, en manos de diosas extranjeras, la misma inmisericorde de Atropo tiembla, ante esta verdad inevitable. Las causantes de esta profecía son las Nornas, las diosas de los destinos en el Reino de Odín. Ellas lo han hilvanado desde las raíces del mismo Yggdrasil, las Nornas han tomado el hilo de oro de la vida de Koré y lo han entrelazado al de su padre biológico.”

¿Las Nornas? Inquirió con su voz grave, fijó su vista en la de su amado, después sus rubíes destellantes, se volvieron a su pequeña que luchaba por salir de los brazos de su prima, Hades siguió la dirección de sus ojos, y con su cuerpo estremeciéndose en sollozos: ¿Como se atrevieron? Koré es nuestra hija. “¡Papi!” La pequeña sollozó llamándolo, liberándose del abrazo que le brindaba refugio, se abalanzó sobre su papi, perdiéndose entre sus brazos e Hiperión los cubrió con los suyos a los dos, las palabras firmes y cargadas de valentía del Fuego Estelar resonaron en la habitación como un veredicto: “Koré es mi hija, aunque todo Asgard, se vuelva contra nosotros, yo pelearé por la vida de nuestra princesa.”

Ilitía hizo una reverencia ante los dos, con el pequeño Bethán en sus brazos: “Hades, señor del Tiempo y del mundo subterráneo, le ruego no se altere más, debe descansar para que se recupere en este estado no puede hacer nada, la recomendación de Ilitía, le hizo recapacitar sonriéndole, recordó lo que ella había presenciado ante Caos, y su promesa ante ella”. Suspiró grabando en su sentidos el aroma de su pequeña, en el instante que sus espléndidos ojos se perdían el fruto de su gran amor en los brazos de la diosa de los partos, ¡Bethán! su nombre fue pronunciado amorosamente por los labios de su papi, la dolorosa inquietud de su alma se reflejó en sus ojos su otro bebé también era parte de la profecía, no tenía ni un día de nacido, y los problemas le perseguían así fue desde el momento de su concepción, su sobrina se incorpora elegantemente: yo contemplé en la oscuridad del Caos, el poderío del Rey de los dioses, al heredero de Cronos y sé que los Aesir al mando de Odín, no podrá contra él, porque el señor de Asgard le temía al señor del Tiempo, al gran Cronos y su hijo nuestro actual rey sobrepasó los poderes de su amado padre, mi señor, extendiendo sus brazos colocó al pequeño recién nacido en los poderosos brazos de su papá, y nuestro amado Fuego Estelar, brilló disipando las tinieblas con sus refulgentes llamas. Les sonrió: esto es apenas una advertencia, adorado Hades, ninguno permitirá que toquen a nuestros príncipes.

¡Ilitía! Hades recordó las palabras de su sobrina, y pensó no tener derecho a la histeria ni al miedo, no ante ella ni a sus hijos, su mirada se serenó suavemente movió su cabeza en afirmación. Suspirando la diosa hizo una reverencia y sin mediar más palabra abandonó la habitación, ante la mirada de sus tíos.

Hiperión depositó con cuidado a Bethán en el lecho, y Koré, se sentó a su lado sonriendo, cuando Hades se trató de moverse hacia ellos para besarlos, un fuerte dolor lo retuvo, un gemido salió de sus labios e Hiperión le sostuvo, abrazándolo contra sí. No te preocupes amor, ya ha pasado, le expresó entrecortado. Mi niño, estas muy lastimado, y que las guerreras del tiempo llegaran con su profecía en este momento, aferrándolo de su cadera, con su amado sosteniéndose de su cuello le acomoda en el lecho de una forma más cómoda, posteriormente toma en sus brazos amorosamente a su bebé colocándoselo en el cálido refugio del abrazo de su papi.

Hades le sonrió capturando sus labios en un ardoroso ósculo, en pequeños roces se van separando, soltando despacio el aire de sus pulmones, besó la frente de su pequeño hijo, alzando a su niña, sugirió con suavemente, al momento que Hades, brindaba su pecho al recién nacido: Bethán está hambriento amor, yo me encargaré de atender a Koré, cuando regrese con ella, será el turno de nuestro niño, y tú tomarás tu medicina, la mano de Hiperión apoyada en su mejilla le acarició suavemente y no queriendo separarse de él: ¡No tardo! Se encaminó con su niña en brazos al cuarto de baño, no sin antes recoger todo lo necesario para cambiarla.

Sus dedos jugaban delicadamente con la mano de su niño, sonriendo la acercó a sus labios para besarla, estudió esa pequeña mano cada uno de sus deditos, el pequeño brazo, su rostro, sus rasgos muy similares a los de su esposo, al acariciar el entorno de su rostro con su dedo, los párpados lucharon en abrirse para fijar sus esmeraldas reconociendo el semblante de su papi. Pero el sueño le fue ganando hasta quedarse dormido sobre su pecho, sentía su cálida respiración rozar su piel en una elegante caricia, así como su pequeño corazón acompasarse al suyo, como cuando estaba en su vientre.

El cansancio también le fue venciendo, quedando dormido con su bebé, algo más calmado escuchaba jugar a su amado Hiperión con su pequeña niña, sus párpados se cerraban pesadamente, el momento que entraba en un placido letargo, llegó a sus sentidos un despliegue de la furia de Ares, lo cual lo sobresalto, el choque de energía venía de la habitación de su hijo mayor ¿Hypnos? Hiperión, es el recinto de nuestro hijo.

El Fuego Estelar con la pequeña Koré ya vestida para dormir abrazada a su cuello, con su rostro sonriente, salió preocupado del cuarto de baño, sintiendo el desarrollo de las energías, se apresuró a dejarla al lado de su papi e impidiendo que Hades se incorporara del lecho: “No te muevas de aquí yo me encargo de Hypnos.” Besando a su niña, en su frente, quién con sus diamantes le miraba asustada, afectada por la inquietud de sus padres: “Koré ayuda a papi con bebé, sé buena nena” Sus voz firme pero amorosa llegó a su princesa en un manso mandato, la pequeñita asintió, obedeciendo a su papá levito hasta llegar a los brazos de Hades, Hiperión volvió su vista, hacia el lecho suspiró al contemplar la bella escena en él, y sin perder más tiempo, fue hacia otro de sus tesoros, envuelto en sus llamas se precipitó a la habitación de su primogénito.
En las tierras gélidas de Asgard que se abría delante de sus ojos se extendía el inescrutable golfo llamado Ginnunga., el cual abarcaba todo frente a su vista en su extensión inconmensurable. ¡Asgard, gobernará el mundo! Ya no estará sujeto al gobierno de la sangre de Cronos, expresó a lo infinito de su reino.
El crepúsculo perpetuó hechizaba sus ojos como dos diamantes, sus cabellos como cristales de nieve, movidos las álgidas ventiscas que azotan su atlético cuerpo, horas antes había visto partir a su querida Freya y a su adorado Baldur, muy a su desagrado ambos partieron a Torrey el hogar de Hades, señor del Tiempo, en compañía de su representante, sabía que Hyoga su hijo, presentía de nuevo su muerte, horribles pesadillas asolaban sus noches, temía por su pequeña Koré, pero él se encargaría que esa niña asumiera el trono de su padre Hades. Han pasado milenios, desde que su hermano Zeus, le enviará como emisario, el joven dios del mundo subterráneo, bajo el mando de su hermano menor, rindió ante su belleza y buen trato a todo el mundo del Hielo, no hubo valquiria, berserkir ni aesir que no suspirara por tenerlo, hasta yo el gran Odín, tuve que ver con desamparo como las Nornas cruzaban su destino con el amado Baldur, Urd muy sabiamente entrelazó sin que él se diera cuenta su vida a la de mi hijo, ni la propia Cloto, se enteró allí fue dónde las Parcas de Cronos empezaron a perder la batalla.
Sin embargo esas malditas brujas, Cronos las entrenó bien, guiaron los hilos del destino para que la mente de Baldur se nublara y entrará en el lecho de Eris, la diosa de la discordia y ocasionará su muerte en manos de Zeus, pobre mocoso iluso, lo único que ocasionó no fue vengar el honor de su sangre divina y pura, si no que originó su propio Ragnarok en manos de Caos. Y su reinado se perdió en los anales de la historia.
Pero arrastro su reinado y el mío al olvido de la historia, en manos de su propia sangre la venganza del actual príncipe heredero, nos despareció por milenios del transcurso de ella, ahora los humanos, no nos conocen ni nos respetan había sentido después de milenios adormecido por los poderes del primogénito del tiempo, hemos vuelto a la vida por su gracia, pero me he encontrado que mis Nornas no perdieron oportunidad, cuando el rey de los dioses, aún desconocía a quien le pertenecía, mis diosas de los destinos lograron unir mi simiente con la de Cronos.
Alfadir, Spleiner ya está ensillado Dejando sus cavilaciones, Odín asintió a Gunn, la valquiria, la diosa guerrera le observaba imponente ante el atardecer de su tierra, una espléndida imagen se brindaba a sus ojos, su porte alto, sus cabellos largos del color de los cristales de nieve que caían en su tierra, la capa con el color del cielo, en su hombro sus dos inseparables sirvientes con sus plumas de ébano pulido, resplandecían en contraste con su melena, esperaba su mandato arrodillada a sus espaldas, Hugin y Munin aleteaban sus brillantes alas negras, inquietos en sus hombros, en un elegante paso se vuelve hacia su palacio, es hora de evitar el Ragnarok, Gunn, ahora que mi hijo ha vuelto a la vida, al lado de Hades, no permitiré que vuelva a morir. Loki, señor de los Van no puede ganar esta batalla. Que Tor y Holder se preparen, que las valquirias a tu mando, no se descuiden, debemos mantener vigilado al usurpador.
Los pasos del señor de Asgard resonaron dentro del Gran salón dónde se sentaban los héroes de los humanos, una melancólica melodía le seguía, tenía dos cosas revoloteando en su mente, lograr el trono de Hades y salvar la vida de Baldur, así como de su pequeña nieta. En grandes zancadas cruzó todos los salones de su palacio, hasta llegar, al patio principal que azotado por las fuertes ráfagas de cristales de hielo, el aliento cálido de su semental de ocho patas, con el que surcaba los cuatro vientos, le espera inquieto, al acercarse a él le acarició sus crines, plateadas ¡Viejo amigo, vamos a Yggdrasil! Vamos al árbol del mundo, el hogar de las tres adivinadoras.
No había terminado de montarlo cuando su semental en potentes patas de sus extremidades superiores, emprendió el vuelo, surcando los cielos cargados de frío eterno de su tierra, su antiguo compañero de batallas conocía perfectamente el camino no tardó mucho en estar bajo el fresno Yggdrasil, junto a la fuente, dónde se levanta la hermosa morada de las tres Nornas.

El Fuego Estelar irrumpe en la habitación de su pequeño Sueño Eterno, al caminar sumido en la penumbra, sus rubíes notan los destrozos ocasionados por el señor de la Guerra, sus ojos estudian todo el lugar, hasta que le haya rodeado por la oscuridad aún temblando en su lecho, con su milenaria alma hecha pedazos.

Hypnos no podía retener el salado afluente de sus lágrimas con su mirada fija a la nada, hecho un ovillo, sintió por primera vez en su existencia, el verse sucio. Ares, ¿Por qué me haces esto? El momento llegó que te arranque de mi corazón, se decía estremeciéndose en su dolor, aún en su piel sentía el ardor de su encuentro con el dios de la Guerra, su aroma apegado a sus sábanas. Pero su cuerpo no tenía fuerzas para incorporarse, yo pensaba cumplir nuestro sueño, sin embargo, mi palabra siempre la cumplo, no habrá quien engendré en mi cuerpo que no seas tu Ares.

Su mente estaba tan ensimismada en sus cavilaciones que no sintió la llegada de su padre, los rubíes asolados de Hiperión le ubicaron en las tinieblas de su recinto, en el medio de su lecho aún desnudo, comprendió inmediatamente lo que paso, tomó una de las sábanas en el suelo y con delicadeza cubrió su cuerpo, con su mano palpitante acaricia sus sedosos cabellos de plata y le llamó amorosamente: ¿Hypnos? Apenas logró pronunciar su nombre cuando sus candorosos brazos le estrecharon vigorosamente a su cuerpo, en su pecho, su niño lloró toda su amargura en silencio.

El Fuego Estelar cerró sus ojos apoyando su cara en su hombro desnudo, le sirvió de apoyo en silencio, besando su cabeza afectuosamente. Recordó las veces que había encontrado en esa misma situación a su orgulloso Hypnos después de la muerte de su papi, como se dormía en su pecho sollozando como ahora mismo, era el mismo indefenso niño de ese entonces, su corazón se destrozaba cada vez que veía sufrir a la luz de sus ojos, sus pequeños, y que el causante de este dolor, sea un ser querido para él.

¡Mi pequeño Sueño Eterno! ¿Qué perturba tu paz, mi dulce niño? Su cálida voz de antaño surco sus oídos, llegándole como bálsamo para la herida de su alma ¡Papá! Logró expresar ahogado en su llanto. ¿Hypnos? Susurró suavemente, acomodándose con él en el respaldar del lecho, le brindó todo su calor: Papá, Ares no quiere entender que lo que hizo estuvo mal, él me dice que me ama, que le he vencido, pero no se ha arrepentido de lo de Afrodita, el dios de la Guerra humilló a su hermano menor, y ¿Qué me asegura? Que lo que le hizo a la misma diosa del amor, no me pasará a mí. ¡Oh, papá! ¿Cómo hacerlo entender que ya no confío en él? Hiperión le rodeó más fuerte, en un suave vaivén le meció en tórrido arrullo, los sollozos de su niño se fueron calmando.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:09 pm

“Ares no puede comprender, tiene su alma hecha un lío, en su juventud se dejó llevar por la pasión de Afrodita, no le importó Hefestos, y a ti apenas te conocía como su primo.” “Pero tiene dos hijos a quién cuidar, los cuales necesitan de él” Hypnos le escuchaba en silencio, sin dejar de sentir el latido del corazón de su padre como cuando era un bebé, ese latir calmado, y fuerte, sus ojos se iba cerrando sin el poderlo evitar. Casi en un murmullo: “Eso es lo que temo, papá si tuviéramos hijos, que sería de ellos, tendrían el mismo destino de Anteros y Eros...” sus palabras murieron en un fuerte suspiró al entrar en ansiado adormecimiento. El Fuego Estelar en un cadencioso movimiento de su mano, no dejaba de darle consuelo, su pequeño Hypnos, su primogénito, tan orgulloso de pequeño, un verdadero príncipe heredero. Sus rubíes estudiaban el rostro dormido de su chico, sus muchas de sus facciones tan parecidas a las de su papi, pero también tenía muchos de los rasgos de Cronos, su hermano.

¡Sus gemelos! Siempre exclamaban todos que su única diferencia, era el color de sus cabellos, pero había más cosas que los distinguían la nariz de Tánatos se parecía a la suya, la de Hypnos era el reflejo de su papi, el rostro del dios de la muerte era muy similar a Hades, su Sueño Eterno, era más alto y atlético, que su hermano. El menor de ellos era más decidido, serio, melancólico. El mayor luchador, con un carácter alegre, pero cuando se sentía solo, se derrumbaba completamente. Tan iguales y tan diferente a la vez. Suspiró al verlo en su forzado adormecimiento, a causa del llanto y el dolor. Sin saber que la batalla del dios de la Guerra no estaba completamente pérdida.

Hades acomodó a Koré, a su lado arropándola en el lado más seguro de su lecho, su pequeña, quien recién se había adormecido asida a su pecho, a la par de su hermano, su niña estaba agotada de todo el trajín del día,. En su pecho aún dormitaba Bethán, descansándolo en el colchón uno al lado del otro, se deslizó del lecho con cuidado de no despertarlos, y buscó entre las pertenencias de su bebé algo para cambiar y abrigar a su pequeño. Con delicadeza retiró la vestimenta de su pequeño, el cual se removió delicadamente, entre sueños, estirando sus pequeñas extremidades, acarició la suave piel sonrosada, con aceite de oliva hundió su cuerpo, como su amado Hiperión, lo había hecho hace poco con su pequeña niña, después de limpiarlo y ungirlo a satisfacción le vistió de nuevo con su pequeña túnica de lino, le recostó sobre su pecho, rodeando a sus pequeños con sus brazos, alza su poder menguando las luces de las antorchas para proporcionarles un ambiente propicio para conciliar el sueño.

La traviesa Koré se apegaba a su calor al igual que su niño suspiraba en sueños, buscando el latido de su corazón. El mismo sentía que sus ojos se cerraban, emitió su cosmos buscando el de su hijo mayor y su esposo, en cálidas ondas que llegaron a sus sentidos, su milenaria alma sintió propio el desamparo de su pequeño. ¿Hypnos? Las ondas de su voz traspasaron el espacio acortando su distancia con su ser querido, la presencia de su poder llegó a ellos.

“Hades, no te preocupes yo me encargó de él, mañana estará mejor” la voz del Fuego llegó a sus sentidos: nuestro muchacho es fuerte, ahora solo está alterado, descansa. No me esperes, seguro tardaré.

Fue cuando la presencia de Ares, se hizo presente frente a su lecho, como cuando era un pequeño y el dios de la Guerra huía de los regaños de su madre, venía a su tío sollozando. En este momento no era distinto: ¿Ares? Su voz apenas fue un murmullo.

¡Tío! Hades conocía esa mirada, entre orgullo reprimido, y sus lágrimas apuntó de brotar en manantial de dolor, remontó su memoria a milenios, cuando un infante dios de la guerra, buscaba su refugio, su niño revoltoso como le llamaba cayó en un llanto desesperado asido a las piernas del Señor del Tiempo. Suavemente colocó a su recién nacido a la par de su hermanita, suspirando se incorporó lentamente, apoyado en una de sus manos, acarició los azulados mechones. ¡Mi pequeño, señor de la Guerra! La suavidad y el cariño empleado en su llamado le hicieron mover su rostro buscando los hechizadores ojos del mayor, sin pensarlo dos veces buscó el refugio de su pecho. “Yo le amo, tío” “No puedo vivir sin Hypnos” La furia de todas las acciones bélicas de la tierra se reflejaron en el color de sus ojos que se tornaban a carmesí, ¡Mi amado Ares! Hypnos te ama, está igual de dolido que tú, pero tú no has tomado realmente una decisión, es lo que causa que se aleje de ti. Los brazos de Hades le envolvieron amorosamente, como antaño, le meció suavemente, besando sus cabellos, le empezó a cantar la misma canción de cuna que llegó a oídos de todos en Torrey, un triste réquiem que heló el alma de todos. Su melodía vibraba a su alrededor, esparciendo el calor de su cosmos.

En la habitación de Baldur y Freya su madre, la sinfonía llegó, la piel del dios guerrero se erizó, su madre descansó su cabeza en el pecho de su niño. ¿Hades? Es música para morir, fue lo que dijo a su hijo en la batalla por el tiempo, es mi réquiem. “El rey de los dioses ya está enterado de todo” la sentencia de su madre resonó en sus oídos. Siento el poder del dios de la Guerra descontrolarse, es uno de los signos del Ragnarok. ¿Madre? La mano de la diosa acarició su rostro suavemente, delineando sus labios, le acalló: No hables, ahora todo está en manos de la guerra que ha comenzado entre las Parcas y las Nornas por el control de los destinos del mundo.

¡Ares! Lucha por Hypnos, convéncele. Las manos de su tío le tomaron el rostro. Pero él dice que pedirá la mano de mi hermano Hefestos, yo moriría si eso pasa tío. Hades suspiró, trató de que su sobrino entendiera, los temores de su hijo mayor: ¿Y que crees que sintió tu hermano, cuando entraste en el lecho de Afrodita su prometida? Ares, la reprimenda de su amado tío su expresada delicadamente al mismo momento que movilizó su mano hasta que sus nudillos se deslizaron suavemente por su faz. El dios de la Guerra asió su muñeca suavemente, hasta llevar la amorosa extensión a sus labios, besándolo en señal de respeto y cariño, los ojos de su tío le sostenían la mirada sonriéndole le siguió explicando: Hypnos sólo quiere que tu hermano sea feliz con Baldur. Al ver la expresión de asombro que le dedicó el más joven y una bella sonrisa cruzó su faz y continúo casi en un susurro: “¿No has notado que el corazón de nuestro Hefestos está prendando de Hyoga? Aunque él no lo quiera reconocer.” La cadenciosa voz de Hades se detuvo en el momento que Bethán se remueve inquieto, y su mano se posa en la espalda del pequeño, acariciándolo suavemente, para hacerle notar su presencia.

¿Pero...? Trató de contradecirlo pero sus palabras murieron por las suaves yemas que se posaron en sus labios: “Lo que te haya dicho Hypnos fue para que te alejarás de él” “No quiere ver sufrir a tus hijos, por su culpa” Con una mirada severa Hades acalló cualquier otra réplica del dios de la Guerra. Él resopló impotente, y una mirada traviesa cruzó en los ojos del mayor.

Vaya, no te esperabas que te reprendiera, hijo. Siempre has venido a mi cuando tu madre, no te permitía algo, bueno ahora eres un adulto Ares, ni Hera y ni yo, podemos evitar que cometas errores. Pero si te puedo aconsejar. Si me has buscado, ahora te toca escuchar, Hiperión inculcó en sus hijos una ética muy distinta a la del Olimpo gobernado por tu padre Zeus, aunque debo reconocer que mi hermano ha cambiado mucho, pero no se te puede culpar por hacer lo que creías bueno. Hypnos ha visto como tus niños te buscan y tú les tratas fríamente. Los dioses del amor, en sus distintas denominaciones, el correspondido y el que no lo es: Eros sin lugar a dudas ha sido representación del gran amor que le has tenido y le tendrás a mi Sueño Eterno y Anteros, tu repulsión hacia Afrodita, a la cual tomaste solo por placer, no obstante representa el gran amor de su madre hacia ti, que se enfrentó a todo el Olimpo por tenerte desobedeciendo a Zeus, en su mandato. Así como también el amor no correspondido representa a tu hermano Hefestos, quien en su momento adoró a Afrodita, y a su hermano, siendo traicionados por los dos, tu hijo mayor, se ha perdido, en esos sentimientos, es triste, solitario, ensombrecido. Tal como lo fue la naturaleza de mis pequeños: Tánatos e Hypnos.

Por eso es que mi Sueño Eterno, no quiere que eso suceda con ellos, Hiperión les transformó en dioses de luz, no de oscuridad, ellos sufren al ver como tus hijos se opacan ante las constantes luchas entre sus padres. ¡No lo pueden comprender! Piensa en los pasos que darás de ahora en adelante, porque dejaré en tus manos el corazón de mi hijo, concluyó.

No puedo eludir el destino, cerró sus ojos mostrando un dolor inmenso en su rostro, Ares no puedo evitar involucrarte, el que hayas venido a mi, es claro que las Parcas, han hilvanado este momento, la frialdad de su hablar hizo que la piel del dios de la Guerra se estremeciera, en un gran escalofrío. Hades como queriendo quitarse de su vista algo que le repugnaba, abrió y cerró sus párpados rápidamente sacudiendo su cabeza, con desasosiego desvío sus ojos a los pequeños que dormitaban alegres de tenerlo cerca, su respiración se agitó, mordiendo sus labios, reprimió las lágrimas que ansiosas deseaban fluir de sus asoladas joyas.

El dios de la Guerra estudió todas sus reacciones, el cambio repentino de su humor, al no saber que ocasionaba su zozobra quiso compartir las penas de ese inescrutable corazón, posó su mano en su pecho así como su cabeza siguió a la misma recostándose en su agitado palpitar. Hades recogió todo el aire que sus pulmones podían soportar, sus dedos se entrelazaban entre sus cabellos suavemente y menor se abrazó fuerte a él.

¡Ares! ¿Cómo los protegeré? Logró balbucear, acogido en una gran tribulación. Asiéndolo de su barbilla le elevo el rostro para que sus ojos se encontrarán, los zafiros del dios de la Guerra inquirían en silencio el porqué de su desesperación, el rápido parpadeo del mayor, como dudando en revelar su angustia al menor, le sobrecogió con su mano trémula la posó en la mejilla helada del señor del tiempo y con su dedo delineo sus labios, los mismos se movieron intentando emitir palabras, pero sólo sollozos pudieron expresar.

El dios de la Guerra, le abrazó a su cuerpo brindándole el refugio, que su Hiperión en este instante no le podía brindar al encontrarse con su amado Hypnos, en su trance le inquirió suavemente a su oído ¿Cuáles son los hechos que van a acontecer, Señor del Tiempo? Déjame saber te lo suplicó, lo que estruja el corazón de nuestro amado Rey. Las retinas desorbitadas de Hades se posesionaron en las suyas, el dios de la Guerra apartó algunos de sus cabellos apegados a su faz, el Ojo de Cristal dentro de su cuerpo le instaba a revelar a uno de sus principales protagonista al lado suyo, la verdad oculta, el destino de los dioses, ¡El Ragnarok, se cierne sobre nosotros! Ares recordó la mirada y las palabras de la madre de Baldur. Las Parcas le debieron informar, ¿Pero que tenían que ver los dioses olímpicos con los destinos de los nórdicos? Todas esas preguntas cruzaron a la velocidad de la luz en su mente.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:34 pm

Hades acercó su frente a la de su sobrino: Lo que verás por mis ojos, será los acontecimientos que estarán por desarrollarse, su aliento rozaba el rostro de Ares quién tembló al sentir esparcirse el cosmos inescrutable del tiempo en su cuerpo. El poder del actual rey de los dioses se concentró en sus venas, traspasó todos sus nervios, sintió su fuerza rebozar todo su ser, las pupilas del dios de la guerra, se empezaban a cubrir en ríos de sangre, de sus ojos brotaron como raudales sus lágrimas. Su cuerpo tembló entre los brazos de su tío, un sudor frío cubrió su piel. Trató de balbucear algo, pero su voz no salía, sus cuerdas vocales parecieron ser cortadas de tajo, deseaba gritar con todas sus fuerzas.

Las retinas de Hades se adentraban en las suyas, el terror de Ragnarok, asombró al mismo dios de la Guerra. El cuerpo de ambos desaparecieron en el tiempo y espacio, Ares sintió en su propia piel el dolor de la batalla, los ríos de sangre que corrían a sus pies, el terror de las almas y corazones, lo que antes le parecía excitante y apetecible ahora nublaba sus sentidos: “Cuando las tres Parcas, crean que el final estará cerca que el Ragnarok no pueda ser evitado, y una a una caiga, deberás ser el sustento de mi Hypnos, quién será mi sucesor, así como yo fui el de mi padre”. Los sabrás porque el destino en manos de Hiperión, y el Ojo de Cristal será entregado en manos de mi sucesor por el futuro…” las palabras de su tío taladraba su mente, hasta caer desfallecido en su regazo,

La mirada del señor del Tiempo se perdió en la penumbra de su habitación con delicadeza acomoda el cuerpo desfallecido de su sobrino a su lado, besando su frente, mi niño, es porque te amo como si fueras mío, que te doy las armas para que te defiendas, no te des por vencido, que la vida y sus tropiezos son aprendizajes, su voz resonó como un eco en el lugar, de seguro Hiperión no se separaría esta noche de Hypnos, con sus dedos despejó la frente humedecida de Ares, para después cubrirlo con su sábana, se recostó en su pecho escuchando todavía, el eco de su corazón agitado.

Antes de esto había formado un refugio con sus almohadas que impedían que sus niños cayeran la cama. Sin conciliar el sueño el vigilaba el de ellos, refugiado en el calor de uno de sus hijos afectivos, ahora Ares compartía con él un secreto muy doloroso y sabría que su hijo estaría seguro con el dios de la guerra como Hiperión le servía de refugio y fortaleza a él, para Hades las horas pasaron en segundos, el amanecer no tardó en llegar aún con su vista fija en el vacío, sintió el cambio en la respiración de Ares, sus brazos le rodearon, besando sus cabellos de ébano. “Confío en ti, Ares”

¡Mi señor! La voz del más joven salió de su pecho como un susurro. Juró que le protegeré con mi vida. Hades asintió en silencio contra su pecho. Ambos se quedaron quietos, estupefactos de la terrible verdad que acaecía, el trinar de las aves saludando a Helios alcanzó sus oídos. La luz de sol, se colaba entre los ventanales que daban a los jardines colgantes, poco a poco la misma iba ganando terreno hasta alumbrar perfectamente su lecho como todas las mañanas. Su calor acariciaba a sus príncipes, como cada tres horas su niño empezó a moverse buscándolo entre sueños hasta que Bethán fue despertando paulatinamente, sus pequeños sonidos despertaron de su sopor a los dos mayores, Hades muy despacio cambió de posición apoyado en uno de los almohadones, admiraba a su pequeño que ahora permanecía con sus ojos abiertos buscando su alimento movía su cabecita hacia su papi, el señor del Tiempo sonrió dulcemente, a tocarle las pequeñas manitas que se movían inquietas entre las sábanas. Ares se sentó en el lecho admirando a su tío mimando a su hijo. “Yo era muy joven e inmaduro, cuando nacieron mis gemelos” Se sinceró con él, nunca tuve la oportunidad de brindarles mi calor de padre. Hades asintió en silencio.

En este momento no sé como tratarlos, nunca me he visto como padre, más que con que con Hypnos. No te he negar, que me alegre cuando nacieron mis niños, pero no he tenido nunca el carácter, ni la paciencia para verlos. Hades inquirió con sus ojos las actitudes de su pequeño revoltoso: aún así te preguntas por que mi hijo te aleja, Ares, la familia es lo primero que le hemos inculcado, su padre, es su principal sustento, aún en el momento que yo falté, Hiperión siempre estuvo para él, lo que busca para sus propios hijos, es lo mismo, le recalcó sus palabras con firmeza, dando sus últimos consejos: Si tú no le demuestras que has cambiado en el trato a tu hermano y a tus hijos, los cuales mi Sueño Eterno, nunca rechazará aunque ellos no le quisiesen. No te permitirá estar a su lado. ¿En verdad, no extrañas estar al lado de tus pequeños? Anteros ese así, de apático por la falta tu cariño y Eros, es melancólico pero aún lleno de calidez, tiene una forma de ser muy parecida a mi querida Hera. Suspiró cansado, pero por lo menos lo había hecho recapacitar en algo, tomando a Bethán en sus brazos, se acercó a él, mientras su bebé se alimentaba, Ares, perdía su vista en el rostro del más pequeño, sintiendo paz en su alma.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:42 pm

Capítulo 3 El Heraldo de Hades


“Tus ojos son el mar profundo y misterioso
donde quisiera perderme,
más al acercarme a ellos
se desvanecen como un cruel espejismo,
desolando a mi maltrecho corazón.”(Mystical Witch)


El dios de la guerra desvío la mirada levemente a la pequeña Koré que aún dormía placenteramente entre sus sábanas, sus zafiros se extraviaron en ese rostro tranquilo, recordaban los hechos que había visto por los milenarios ojos del Tiempo, el olor de la muerte y sangre inundaron sus sentidos, provocándole que sus retinas resplandecieran en un carmesí brillante. “El RagnaroK” murmuró suavemente. Unas gemas tornasol se elevaron hacia su rostro detallando su inquietud. Ares, busca a Pandora y la traes aquí de inmediato. Su voz como una dulce melodía dictaminó su deseo en una suave frecuencia, evitando asustar a Bethán que se asía de su pecho, buscando su calor y alimento.

Ares se incorporó del lecho asintiendo y haciendo una reverencia ante él, desapareció en una bruma carmesí. Hades se sonrió con tristeza ante la reverencia que su sobrino hizo al momento de partir. Suspiró soltando el aire de su pecho, al instante que su bebé se remueve en sus brazos, y sus esmeraldas, le estudiaban sus gestos: “mi amado Bethán, tienes esa mirada profunda de tu padre”. El orgullo relució en su voz y con cariño le alzó para descansarlo contra su pecho, dándole unas ligeras palmaditas en su pequeña espalda, sus labios disfrutaron de besar esos cabellos de fuego, descansó su nariz cercana a su tibia cabecita y con su otra mano acariciaba los rizos de ébano de su niña, su rostro nácar se sonreía, de seguro disfrutando de un hermoso sueño, muy despacio se puso en pie, deslizándose de la cama con su niño en brazos, necesita alistarlo para salir, sosteniendo firmemente a su nene, aseguró a su Koré con una suave barrera con los almohadones, usando su poder, acercó la pequeña pileta de oro, la cual levito hasta la mesita cercana al lecho, con su niño reposado en una suave almohadilla de seda, le quita sus indumentarias y el pañal con delicadeza, cuando le tuvo listo le fue rociando con el agua, con suavidad, frotando cariñosamente su cuerpo.


Maravillado de como el agua se reflejaba como diminutos rubíes, en cada uno de sus cabellos. Su bebé estaba tan tranquilo que llevaba su mano a su boquita, succionándola y sus piernas se agitaban fuertemente mostrando su felicidad, rozó amorosamente una de esas extensiones, admirando cada uno de sus deditos. Al momento de secarlos con la suave toalla, disfrutaba de cada uno de sus balbuceos, pareciera que le estuviera contando infinidad de cosas, y sus pequeñas esmeraldas, le reflejaban absortas en el rostro de su papi, quién le brindaba su dedo y el pequeño lo sostenía firmemente, poseía esa gran fuerza de su amado Hiperión, y ese carácter ameno de su padre. Cuando le tuvo arropado le tomó en sus brazos de nuevo y se dirigió a la cuna, que estaba al lado de su lecho, le depositó en él cerrando el toldo. Se dispuso a recoger todo para el alistarse, y un destello de energía le hizo conocer en el momento que Ares y Perséfone, aparecieron detrás suyo. Soltando su mano de la delicada tela se volvió a ellos.


Mi querida primavera, me harías el gran favor de cuidar de mis niños un momento, Ares y yo tenemos un asunto que resolver. Le ordenó con su semblante muy serio, y su poder empezó a manar mostrando su rango de Rey de los dioses, los recién llegados se postraron ante él, en silencio, esperando sus instrucciones, se irguió olvidándose de sus dolores, caminó con firmeza al cuarto de baño dispuesto a darse un baño y salir hacia la habitación dónde le esperaba la diosa guerrera.

Recogió todo el aire que sus pulmones le permitían, con una elegancia nata de su actuar cerró sus ojos, y su mente invocó a la armadura del tiempo, después de la muerte de Caos, nunca pensó que tendría que utilizarla, había soñado con una eternidad de paz, se sintió mareado, pero se negó a ser débil. A su llamado las Parcas se presentaron ante él y consigo traían su indumentaria sagrada, y fue Láquesis, la tejedora, la que se acercó a él, y con delicadeza le empezó a desvestir, sus hermanas traían en sus manos unos frascos con extrañas inscripciones en ellos, cuando le tuvo al descubierto, todos tuvieron vista de ese magnífico cuerpo, y solo quedaban los vendajes que su esposo había puesto desde su cintura hasta la cadera, asegurando esa zona que se encontraba lastimada por su reciente parto, así como los residuos normales del mismo. Los dedos afilados de su sirviente fueron liberando las vendas, las cuales fueron cayendo alrededor de sus pies.


¡Amado Hades! Comencemos el ritual, asintiendo fue cubriendo sus hermosas gemas con sus párpados extendiendo sus brazos, empezó a dejar destellar su poder al momento que sus cabellos se mecían libremente, envuelto en su grandísimo poder, de su frente un destello plateado deslumbró la habitación, Cloto y Atropo descubrieron aquellas vasijas y unas series de hilos de todos los colores salieron buscando al señor del Tiempo, rodeándolo completamente, esos ciclos del poder de las diosas se internaron dentro de su piel, al ver su cuerpo convulsionar, al ser invadido por cada centímetro de su organismo, abrió su boca en afán de emitir un grito, pero su voz no salió.

Al intentar lanzarse en su ayuda el dios de la Guerra, la fuerza de Láquesis lo inmovilizó: No se atrevan a moverse, esto es un poder muy antiguo del cual no tienen ni idea, la fuerza que emitía no era perceptible para los demás dioses, solo los que estaban allí presentes eran testigos de este poder, sus almas milenarias se sentían como absorbidas, más los bebés de Hades que estaban en la habitación no eran afectados por esa extraña ceremonia. Pronto el brillo emitido por su frente fue ganando al poder emitido por los destinos adueñándose de ellos, y su cuerpo resplandeció en el poder del Ojo de Cristal, formando como una crisálida, su organismo sufrió una metamorfosis, cada una de sus células fue regenerándose, así todo sus tejidos, y sus huesos fueron acomodándose, lentamente todo su ser fue elevado del piso ante la mirada aterrada de sus sobrinos, una capa de cristal le cubrió para después desmoronarse en un brillante rocío que extendió por la habitación, y al fin con delicadeza sus pies tocaron de nuevo la fría superficie de mármol de su recinto, hasta dejarlo caer en rodillas, acostumbrándose de nuevo al hecho de respirar, sus cabellos de ébano cayeron en cascada alrededor de sus hombros, aún cubiertos de destellos de plata pura que se fueron desvaneciendo poco a poco, sus manos aferraron firmemente la superficie sobre la que estaba, y fue el momento en que Ares se incorporó y tomando una de las sábanas de la cama, le cubrió con ella, auxiliándolo a incorporarse al asirlo de sus brazos.

El suelo no es lugar para el primogénito de Cronos, le indicó con suavidad al instante que le ponía en pie, a lo cual Hades asintió, sin pronunciar palabra, sus ojos emitían una furia que sólo Caos hasta el momento había tenido el placer de conocer.

Aquella mirada hizo retroceder al dios de la Guerra, y sus súbditas se postraron ante él, caminó sin más explicaciones hasta el recinto del baño, y en el lapso que su mano se extendió haciendo levitar una de sus túnicas hacia él, incluso asirla entre sus dedos. ¡Perséfone, alista a Bethán para viajar! ¡Cloto, Láquesis, y Atropo, irán conmigo! Ordenó sin volverlos a ver, con su mano en la manija de la puerta, las diosas de los destinos se incorporaron y de inmediato se desvanecieron en un resplandor cegador, en busca de sus armaduras de combate.


Al ver que pronto partirían, iba a proseguir sin decir más, pero Ares le interrumpió: ¡Amado Hades! Siempre he sido su Heraldo, de igual manera hoy le acompañaré, además el Ragnarok es de mi incumbencia, Hades no le contestó más que con un asentimiento de su cabeza. Sea como tú quieras. Por el momento llama a Océano, de inmediato, le ordenó antes de cerrar la puerta tras de sí. Al contemplar las amplias termas, suspiró con sus ojos destellando imágenes de lo que estaba por venir, dejando caer la sábana que le cubría se encaminó a la pileta que se encontraba en ella, y se sumergió en el agua, cerrando sus ojos se apresuró a bañarse.


Perséfone aún temblando ante lo que había presenciado, asió al nene que estaba en la cuna, distraídamente, sin percatar que la traviesa de Koré levitaba hasta ella para abrazarse a su cuello suavemente: ¡Mami! Le llamó cariñosamente en saludo, y la diosa le sonrió con dulzura, mi hermosa princesa, has dormido bien, vamos que tenemos que vestir a este hermoso príncipe. Y ambas se dirigieron al lecho, dónde los dos pequeños, reposaron.


Y los diamantes de Koré seguían todos los movimientos de la Reina del Inframundo con curiosidad, y a su vez se recostó al lado del más pequeño besando su frente, entre sonrisas hermosas, aferraba entre sus dedos con cariño aquellas pequeñas llamas de sus cabellos, en recordatorio de las de su padre. Perséfone se gozó de ver el gran amor entre ellos, terminaba de colocarle sus vestimentas al pequeño: Hermana, busca algo abrigado para él, llévalo a los atrios del templo dentro de una hora, nos dirigimos a Asgard, le indicó al momento que salía ya listo, con su túnica de combate. Se acercó al lecho a ver una vez más a sus niños, y su mirada se dulcificó al ver a sus bebés despiertos, y con amor alzó a Koré abrazándola fuertemente a su pecho.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:45 pm

¡Papi! Gritó prácticamente al aferrarse de su cuello feliz de verlo a su lado y sus dedos se perdieron entre los rizos de su princesa, Koré, obedece a tu mami, ella se quedará contigo un momento para cuidarte mientras, Ares y yo salimos un instante, además tu papá está pronto a venir para quedarse contigo, ¿Estabas jugando con Bethán? ¡Te encanta sus cabellos! Pronunció cada una de sus palabras besando su vientre y haciéndole cosquilla, y sus oídos se colmaban con la hermosa melodía de las risas de su pequeña, aquellos diamantes soñadores le enfocaron y asintió con ahínco ¡Bebé! Repetía señalándolo, y él confirmó moviendo su cabeza suavemente. La depositó con delicadeza en el lecho dirigiendo su mirada a su hermana: arrópalo bien, Asgard es inclemente, se encaminó a su armadura y tocándole la frente, la figura de su padre se volvió a materializar delante suyo, y en el lapso que le abraza, la armadura le cubrió su cuerpo, en este momento el tiempo corría en su contra, y en un paso firme se apresuró a salir de la recámara, cuando estuvo en el corredor se vio de inmediato rodeado por sus tres principales guerreras, en sus verdaderas formas, con sus ropajes sagrados de la era mitológica. Sus pasos resonaron en los pasillos todavía vacíos debido a lo temprano que era, las ninfas dieron la voz de alarma a los dioses que están en ese lugar, e inclusive fueron a buscar a su monarca, encontrándolo en el cuarto de su príncipe.


"Porqué huyes mi amado viento travieso
si mi vida te pertenece,
por que juegas con mi alma pérdida,
a la deriva en tu océano calmo." (Mystical Witch)


Hiperión dormitaba con su hijo mayor reclinado en su pecho, el canto de una de las ninfas desde el jardín interno, le fue despertando: “los vientos tocan sus cuernos de guerra, las aguas la anuncian, el tiempo se ha investido para la batalla, a su lado caminan orgullosos los destinos y el señor de la guerra mana su linaje y dolor, la armadura carmesí bañada en la sangre de los mortales, ha vuelto a su legitimo dueño” Parpadeo tratando de entender, el mensaje de sus sirvientes, y sus rubíes se encontraron con los zafiros de su niño, el corazón de ambos convulsiono en un vuelco horrible, con su mano apartó algunos mechones de plata que caían rebeldes sobre su rostro, sus espíritus por fin lograron sentir el poder de los destinos.

¡Tú papi! Soltó el Fuego Estelar deslizándose apresuradamente del lecho, seguido de Hypnos quién se cubría con una de sus túnicas. Y ambos se desvanecieron hasta el lugar dónde emanaban las presencias. Ares sentía fluir toda su energía por su cuerpo, era el regalo que su tío le había ofrecido, sus zafiros lograron tornarse en esos rubíes de antaño, reflejando sus múltiples hazañas bélicas, su despertad fue el deseo del señor del tiempo, y ahora estaba completamente a su servicio, su armadura escarlata emitía descargas en todo su cuerpo, como el correr de la sangre, de reojo vio a Hades que a pesar de no poseer un cuerpo que se pudiera determinar de un guerrero, más bien parecía frágil e indefenso, ahora su sola mirada paralizaba todo, su capa ondeaba a su paso elegante, sintió la conmoción de los demás al ser informados de la presencia de las guerreras de Hades en ese lugar y de su despertad.


Frente a ellos la guardia personal del Fuego Estelar les salía al paso, encabezada por el mismo Océano, a quién había invocado ante la presencia de su Rey, aquellos ojos que reflejaban destellos esmeraldas y zafiros les retaron, y ellos en obediencia se postraron, cuando el segundo al mando de los titanes movió sus labios para emitir palabras. Hades se detuvo a su lado, manteniendo una postura de su magnificencia: Preparad a Emperador y Berserk con sus monturas y a cuatro sementales más de inmediato, por el momento ninguno debe abandonar Torrey, y espero ser obedecido sin chistar, aquella voz resonó con el frío del mismo polo ártico, en ese mismo momento sus padres y hermanos llegaron, alarmados, trataron de aproximarse a ver que era lo que pasaba, pero las Parcas extendieron sus poderes creando una barrera que les impedía acercarse.

Volved a vuestras habitaciones, les ordenó su tío sin mirar atrás, continúo su marcha y el mismo le dio alcance, ahora se adentraban en las dependencias de los huéspedes, llegaron a dónde él sabía que se hospedaba Baldur, y con una confirmación silenciosa, el rey de los dioses movilizó su brazo al intentar tocar la puerta, pero la mano de Hiperión asió la suya, al aparecer frente a ellos junto con Hypnos.


“Tus ojos son el mar profundo y misterioso
donde quisiera perderme,
más al acercarme a ellos
se desvanecen como un cruel espejismo,
desolando a mi maltrecho corazón". (Mystical Witch)



Sus rubíes le inquirieron en forma de reproche, y aquellos ojos que en este momento eran inexpresivos le sostuvieron la mirada, suspiró al sentir ese contacto anhelado, el mayor llevó esa delicada mano a sus labios besándola, y Hades asintió en silencio, dirigió su vista a su primogénito que esperaba detrás de su padre ansioso, sentía esa contemplación sobre su rostro quemándolo, más decidió guardar su postura, sin emitir palabra al lado de Hades.


Hades sintió el cálido roce de su mano y labios, presintió que él estaba decidido a seguirlo, pero no era bueno que los dos fueran, temía el llevar a Bethán con él, pero su niño le necesitaba, aunque ansiaba dejarlo con su padre, apretó suavemente su mano: Señor de Torrey, su voz cálida y suave le llamó con el calificativo que había ganado a pulso.


El Fuego Estelar por fin emitió sus palabras: ¿Qué planeas, sin tomarme en cuenta, Señor del Tiempo? Expresó al aferrar entre sus dedos uno de sus mechones de ébano, sabes que de nuevo estamos en guerra, le susurró. No puedo permitir que diosas extranjeras tengan en sus manos los destinos de Koré. Y es mi deber guiar a las Moiras… Sus labios fueron acallados por los de su esposo que lo acercó a su cuerpo casi alzándolo, ya que las puntas de sus pies apenas si rozaban el suelo y se aferró de su cuello con delicadeza. No te preocupes, no me duele ya nada, he utilizado un antiguo poder y he restablecido mi cuerpo, como si más de 6 meses hubiesen pasado, le confesó al separarse de sus labios y se alejó de esos brazos que eran su adorado refugio.

Esta vez no podrás acompañarme, debo ir solo, Torrey no se puede quedar sin protección, Koré te necesita a su lado, Tánatos no está en condiciones de pelear, Hypnos y tú son los encargados de mis huestes. Y cuando iba a refutar sus dedos acallaron su queja. Tú deber es cuidar del heredero del tiempo, no soy yo, ya hay un nuevo heredero. Y dirigió su mirada a su primogénito: Hypnos, mi amado Sueño Eterno, Ares tembló al ver su angustia y deseo a cunarlo en sus brazos.


El Rey de los dioses aspiró el aroma de su hijo, y con orgullo asió su rostro entre sus manos: Escúchame con atención, nos enfrentamos al Ragnarok, el destino de los dioses y todo se generará en Asgard, nuevas diosas de los destinos surgieron en las tierras nórdicas, las Nornas han tomado el hilo de la vida de tu hermana, de los telares de las Parcas y lo han hilvanado a las alfombras de los designios de los antiguos Aesir, quieren que Odín sea el nuevo gobernantes de los tiempos, si yo cayera en combate… Iba a continuar pero su hijo se lo impidió acallándolo con un beso en sus labios, y sus labios después se movieron desesperados negándose a escuchar su testamento, sus cabellos plateados resplandecían en su desasosiego.


Tú serás nuestro Rey por la eternidad, así lo dictaminaron las Parcas. Le gritó llenó de angustia. Al oír el alboroto a las fueras de la habitación, Hyoga abrió la misma y observó la escena impactado, de ver a Hades de pie frente a la misma y a sus acompañantes.

Un nuevo Caos se levanta en tierras extranjeras, dónde otros dioses gobiernan, las yemas delicadas se posaron en sus labios, pidiéndole silencio, la reina de los dioses nórdicos reconoció de inmediato al joven Hades de antaño, la estrella más hermosa del firmamento griego, la voz de la diosa lo hizo girarse para enfocarla: “Freya de Asgard”. Y ella asintió con una sonrisa triste en sus labios. Después de volver el gesto, se vuelve a su hijo, Atropo te representará y te buscará cuando sea el momento, igual que pasó conmigo, ella me llamó como el futuro heredero del tiempo en Alemania. Suspiró al soltar los brazos de su niño de su cuerpo y sin dejar de verlo comunicó el motivo de su presencia en ese lugar: Freya necesito hablar con Odín de inmediato. Pero hay algo que quedará entre nosotros, se volvió detallando su enojo, no permitiré que ninguno de Asgard se acerque a Koré. Y tú hijo Baldur, permanecerá en Torrey, hasta que encontremos la forma de evitar el Ragnarok.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:52 pm

Lamento hacer esto, pero Hyoga no podrás acercarte a Koré, nadie excepto su padre, hermanos y tíos. ¿Estás lista Freya? Los diamantes de la diosa se posaron en su rostro serio, ella asintió, quería abogar por su hijo, pero Hades tenía razón, y si él protegía de su hijo en Torrey, le estaba agradecida: Hijo, busca a Hilda y dile que es tiempo de partir.

¿Pero madre, no soy un niño para que los dos me traten como tal? Entonces fue el Rey de los dioses quién se volvió a él. Es que acaso no entiendes que si te asesinaran desatarás el Ragnarok, mi hermano Zeus desató el Caos al matarte, sobre ti pesa una maldición que ha alcanzado a mi hija. Y no pienso exponerla por un algún acto estúpido de tu parte amigo, así que compórtate de una buena vez como el dios guerrero que eres, no manches el linaje de tus padres, comportándote como un simple humano, ya no lo eres, sois el primogénito de Odín, Señor de Asgard. Sus gélidas gemas se posaron en su rostro, incrédulas de la dureza de sus palabras. Y se entrecerraron denotando su enojo, un halo de hielo lo rodeó, sus labios se iban a empezar a mover, con ansias de gritarle toda la angustia que sentía por su hija. Pero no tuvo oportunidad, ya que Hades se volvió afianzando la mano de su esposo, se desvaneció con él frente a sus ojos.


"Porqué huyes mi amado viento travieso
si mi vida te pertenece,
por que juegas con mi alma pérdida,
a la deriva en tu océano calmo." (Mystical Witch)



Bajó su rostro mordiéndose los labios y su madre posó su mano en su hombro acunándolo en sus brazos, yo hubiese reaccionado igual, es su bebé el que está en peligro igual que el mío, por eso comprendo perfectamente su proceder, le explicó al acariciar suavemente su rostro, y le guío a la habitación para terminar de alistarse, y dejarle las últimas instrucciones. Al irse sus padres y Baldur con su madre, Hypnos se quedó enfrente de Ares sin saber que hacer ni que decir, sus zafiros lo determinaron una vez más, el mayor estudió todas sus acciones con detenimiento.

Su cuerpo envuelto en esa túnica azul, descalzo, sus cabellos lacios del color de la plata misma, se odió a sí mismo por tener que esperar a la comitiva de Asgard sin más que hacer, y su orgullo no le permitía suplicar más, suspiró y se apoyo contra la pared, con sus brazos cruzados, ignoró a Hypnos cerrando sus ojos. Su mente imploraba que se fuera, no quería rogar y si permanecía allí lo haría. Sus dedos empezaron a tamborilear sobre el frío metal, al cabo de un rato alzó su rostro, sus parpados se levantaron lentamente y los zafiros del dios del Sueño Eterno lo enfocaron directamente, le veía en silencio, en la misma postura. Sus carmesíes le reflejaron y sus piernas temblaron casi imperceptiblemente.

¿A qué estás jugando Ares? ¿Por qué pensabas permitir que mi papi partiera sin decirnos nada? El dios de la guerra suspiró, no se iba a poder mantener con su orgullo intacto. Se sonrió, el dios del Sueño Eterno siempre le ganaría todas sus batallas. Que yo recuerde, al rey de los dioses no se le puede decir que hacer o no hacer. Dejando su postura indolente se encaminó hacia él, hasta quedar a centímetros de su rostro, Hypnos por primera vez, vislumbró los rubíes de cerca.


¿Tus ojos? Balbuceo y sus sorprendidas gemas estudiaron su iris, parecían tener movimiento, y la mano del dios de la Guerra descansó sobre su mejilla y sus pulgares acariciaron sus labios suavemente. ¡Es cierto! Jamás me has visto controlando las guerras del mundo. ¡Eh, mi amado niño! Lo que corre por mis ojos es la sangre de los humanos derramada en las batallas como ofrenda a mi, desde el inicio de la historia de los hombres, este es mi poder, ahora he vuelto a mi antigua forma, la vez pasada me advertiste que no era digno de caminar al lado del Rey de los dioses, ahora seré el primero que le acompañaré en batalla.

Soy el Heraldo de Hades, ahora estaré junto a él y las Moiras en el campo de batalla, tú papi quiere que evite el Ragnarok esparciendo mi poder sobre la faz de la tierra, sólo yo puedo permitir que no haya conflictos, ahora su boca casi rozaba la del dios Sueño Eterno. Su aliento acariciaba su rostro, a cada palabra sus gemas resplandecían y sus zafiros se crisparon cuando las corrientes intensificaron sus movimientos en turbulentas ondas.

¿Ares? Susurró su nombre. El dios de la Guerra se sonrió, y soltó su faz, y cuando se dispuso a darse la vuelta para irse, la mano temblorosa de Hypnos le detuvo, apretando su extensión firmemente. Sin embargo el primogénito de Hera no se volvió hacia él. Sus retinas afectadas por el flujo de las dolencias de los pueblos, habían asustado al dios del Sueño Eterno, y eso que él había sufrido el espanto del Caos, pero nunca había visto esa consternación en su semblante, afligido se maldecía por dentro el que no se apresuraran a salir. Será mejor que me sueltes, no fuiste tu el que me rechazó, soltó sus palabras pausadamente, como si le calcinarán el alma al decirlas. Los dedos le fueron aflojando su agarre sobre su antebrazo.

Yo deseo que cuides de mi papi, su voz sonaba distorsionada por el llanto, e Hypnos silenció con sus manos un profundo gemido que se desembocaba desde el fondo de su alma, Ares apretó fuertemente sus parpados, el oírlo llorar le revolcaba el alma y su voluntad se enardecía, deseando asolar la tierra en desgarradoras peleas, apretujó sus puños, y cuando el joven dios se dio la vuelta para seguir a sus padres, fue el dios de la Guerra el que se abalanzó sobre él, asiéndolo de la cintura lo arrinconó contra el muro milenario de Torrey, le alzó hasta que sus piernas rodearon su cintura, asaltó su boca en un desenfrenado beso, el contacto con la indumentaria sagrada del dios de la guerra, le hizo sentir el poder de ese ropaje escarlata, su propio cuerpo brillo en resplandecientes destellos plateados, su poder reaccionaba a ella, sus manos se aferraron a sus azulados mechones.

Ares quería perderse dentro de su amado Hypnos y nunca salir más, pero ahora, su deber era el protegerlo, el caminar con su tío a su lado, hubiese sido tan feliz de que él le perdonará, pero entonces fue consciente de que el destino de los dioses se cernía sobre ellos, y si tenía que ir en la primera línea de ataque era posible que no regresará.

Los hijos del Fuego y los Hijos del Hielo estarían pronto a enfrentarse, y las imágenes de la batallas le hicieron rechazar el contacto de su Sueño Eterno. Sus labios se quedaron estáticos y sus manos solo lo sostienen, siente el cálido aliento de su niño, el sabor a miel de sus labios en los suyos, pero él ya se encontraba perdido en las visiones del futuro.

La puerta a sus espaldas traquea indicando que ellos no se encontraban solos, dos pares de diamantes admiraban la tierna escena y Baldur se sonrió feliz de ver que por fin sus diferencias habían sido subsanadas. Hypnos poco a poco nota la pasibilidad, de quién era el fuego mismo, sus caricias ya no transmitían las ardientes llamas de la pasión y se detiene sin comprender, ahora siente lo que Ares sintió la noche anterior, “no fuiste tu el que me rechazó” el recordatorio amargo de sus propias palabras golpearon sus sentidos, sus zafiros se perdieron en los dos espectadores al frente de él. Trató de retener el dolor de su alma en un suspiró pero su pecho se trabó y negó repetidas veces con su cabeza en silencio llevándose su propia mano a los labios.

Los rubíes de Ares ya no le veían, de repente sintió como se le crispaban las entrañas, y los brazos del dios de la Guerra le soltaron lentamente hasta dejarlo apoyado en el suelo, cediéndole el espacio que necesitaba, los zafiros los dirigió una vez más a su rostro, de reojo y luego a los dos huéspedes: “Lamento que su estadía fuera tan corta y nos tengamos que ver en esta situación” expresó casi en un susurro, haciendo una reverencia, se desvanece como una brisa ligera.

“¡Hypnos!” como un gemido su nombre resonó en sus labios: mi orgulloso niño, se sonrió y volviéndose a los dos dioses guerreros, si me permite la escoltaré hasta el lugar, dónde esperaremos a su Majestad Hades. Baldur asintió, asió la mano de su madre y con gran amor besó sus labios, hasta que Ygrassil brille de nuevo y la sangre hermana no lo alimente, pronunció su despedida en unas palabras suaves y con delicadeza la encaminó hasta descansar su mano en la palma de Ares, esperaré a Hilda, y le indicaré lo que me has pedido. La reina de los dioses nórdicos solo asintió, dejándose guiar por Ares. Al salir del ala de los huéspedes, se encontró con todos sus hermanos e hijos al frente suyo, al igual que con Hera y Zeus.

¿Ares? Inquirió el padre de los dioses al plantarse frente a su camino, a su lado estaba Hera, que se abalanzó sobre él, la diosa nórdica se apartó, dándole el espacio que necesitaba la reina de los dioses: ¡Madre! Murmuro, casi solo para ella y su rostro se perdió en esas cascadas doradas que eran sus cabellos, sus brazos aferraron su cintura, levantándola del suelo. ¡Ares! ¿Qué sucede? Preguntó, susurrando a su oído, una nueva guerra santa, el Ragnarok, quieren usurpar el trono de Hades, y matar a Koré, le confesó a ella, y las Parcas han dictaminado el fin del Reinado de Hades en manos de dioses extranjeros.

El grito desgarrador de la Reina de los dioses resonó en todo Torrey, su potente cosmos resplandeció cubriéndolo todo, y yo seré su Heraldo, trataré de evitar que su espíritu parta a encontrarse con sus antecesores Cronos y Urano, “Aunque mi vida se vaya en ello”. Le expresó con su mente, pero fue incapaz de acongojar más a su madre. Luego se sonrió con su habitual cinismo, pero creen que podrán con el Gran Hades, el hijo de Cronos, esas Nornas sabrán lo que son nuestras Parcas y el usurpador conocerá la prisión más oscura del Tártaro, la calmó hablándole a su oído, sus rubíes reflejaron a su padre al momento de apartarla de su cuerpo con cariño, y besar su frente: ¡No llores, mamá! El verse llamada con ese calificativo que el dios de la Guerra no utilizada desde que era pequeño, la hizo clavar sus zafiros en sus rubíes, y temblorosa llevó su mano a su rostro, el dios de la Guerra retrocedió a su contacto, suspirando asió la mano de la diosa nórdica, dirigiendo su vista a su padre: ¡Papá, cuando regrese tendremos otro de mis entrenamientos! Ambos se quedaron estupefactos, Ares siempre había sido arisco, solo mostraba su gran cariño a Hypnos, quién apareció con su hermano, detrás de ellos, el dios de la Guerra sintió su presencia tras él y sin mirar atrás, se desvaneció evitando contestar preguntas que no podía.

“Bailemos al compás del viento
Nuestra dulce melodía de amor,
Dejando que la suave brisa nos abrace a los dos
Nublando los sentidos, existiendo solo tú y yo” (Mystical Witch)


Al tocar sus pies el suave pasto cercano de una hermosa laguna a algunos kilómetros de su palacio en Torrey, sus cabellos de ébanos volaron libres al viento, al igual que su capa blanca, con su cuerpo ceñido en la legendaria armadura de su padre, admiró las pacíficas aguas ante sus ojos, sin soltar la mano de su esposo, que se asió a su cintura aspirando el aroma de sus cabellos. ¡Perdóname mi Fuego Estelar! Sus palabras salieron suavemente de sus labios, es mi culpa, yo no debí nunca ceder ante Hyoga, Koré debió ser de tu vigor y el mío, ahora debo arreglar lo que hice para evitar el Ragnarok. En este momento iré como Rey de los dioses ante Odín, ya he estado antes en esos dominios nórdicos como embajador de mi hermano Zeus, se volvió entre sus brazos para descansar en su pecho, llenando sus pulmones con su aroma y su cuerpo con el calor que emanaba su ser, aferró sus ropajes con fuerza, no debería estar pasando esto, la destrucción de Caos significaba nuestra paz, ahora la pesadilla de otro reino se cierne sobre nosotros.


Hiperión sólo escuchaba sin pronunciar palabras, rodeándolo entre sus brazos, suspiró bajando su cabeza besó sus cabellos: Nuestro amor es más allá del Tiempo, le confirmó con la vehemencia de su poderosa alma, y yo seré quién pelee por ti, blandiendo el destino en mis manos, ahora soy dueño de la espada de mi hermano, el dios de los muertos cerró sus ojos y a su voluntad la armadura de su padre abandonó su cuerpo, formándose en su posición de reposo a sus espaldas.
Hades negó con sus ojos cerrados, en el mismo instante que su mano aferró una de las del Fuego Estelar: no sólo eres dueño del Destino, si no también de esto, siente, esta es la llave del tiempo, y mis ojos son el Ojo de Cristal, y éste cuerpo es por siempre Tuyo. Yours Forever, Hiperión, sus palabras se perdieron en los labios del Señor de Torrey, sus rubíes le reflejaban transidos de dolor. Sus dedos delinearon su rostro suavemente. Yours Forever, Hades.

"Sigamos bailando, mi amado ruiseñor
Que aun nos queda tiempo,
No ha salido el sol." (Mystical Witch)


Su boca degustó toda la fisonomía de su rostro, sus manos recorrían cada rincón de su templo más amado, sus cabellos como potentes llamas mostraban su angustia, los dedos de su niño se perdieron en esos fulgores estelares, no deseando separarse, sus cuerpos cayeron en la hierba. Hades sobre el firme pecho de su esposo, y sus labios parecían querer succionar el poder del otro, alojar el espíritu de su amado, girándose Hiperión le cubre completamente con su cuerpo y sus labios comos hierros candentes recorrían la extensión de su cuello y los cabellos de ébano brillante enmarcaban su rostro como abanico, esparcidos en el verdor de la naturaleza. Sus rubíes detallaron cada parte de esa amada fisonomía, embelesado observó los reflejos regalados en sus gemas ante la brillante luz de Helios, su rostro reflejado en matices de zafiro y esmeraldas.

“Hades” su voz tranquila resonó en sus oídos como el canto más hermoso de las musas, y sus dedos trémulos acariciaron el lugar dónde su invocación emanó. Nuestro amor es más allá del Tiempo, de la razón, de la locura, del Sueño Eterno, si me alcanzará el silencio Hiperión, quiero que seas feliz. No me hagas volver a detenerte con mi poder, pasará lo que tenga que pasar, pero te aseguró que no será en está ocasión. Tengo la fe que estaremos de vuelta antes del nacimiento de nuestro nieto. Suspiró al decir estás palabras, a su vez que acariciaba su rostro para luego sonreírse, y el mayor le sonrió fascinado en sus facciones, sus gemas que estaban ensimismadas en el semblante del Fuego Estelar, cambiaron al iluminarse, no me pongas esa cara de preocupación padre del Fuego, la nueva leyenda de Asgard.

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Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Miér Jul 23, 2008 11:55 pm

¿Que tiene que ver la tierra del Hielo conmigo? Le inquirió rozando sus labios en delicados toques, “los Hijos del Fuego conducidos por Hiperión, avanzaran hacia el sur y romperán en dos el propio cielo, cerca de Vigrid, dejando todo a su paso quemándose en llamas.” Fue su respuesta suspirada en la contestación de cada beso y sus delicados dedos empezaban deshacerse de los ropajes de su esposo, así como sus labios seguían el trayecto de su cuello.


La luna nos cubre con su manto,
Las estrellas nos miran con encanto
Como danzamos, oh! que emoción


Hiperión gimió al solo contacto de sus labios, prende en mí, mi amado Fuego Estelar, una llama que no pueda ser extinta por el sobrecogedor frío de Asgard, déjame llevar tu vigor grabado en cada célula de mi cuerpo, que me perdure hasta encontrarnos de nuevo en Torrey, le susurró al aferrarse a él, en sus propios oídos, en el mismo instante que Hiperión empezaba a desnudarlo. “Es por ello que no te puedo llevar conmigo, sería prácticamente declarar la guerra a la tierras del hielo, y yo quiero un tratado de paz.” Le aclaró al enfrentarlo a los ojos, no te dejo de lado, porque siempre serás mi fuerza.


Hades asió sus cabellos de fuego despejando su cuello, al cual se apegó lamiéndolo con vehemencia: quiero demostrarte que estoy en condiciones de valerme por mi mismo en esta empresa, le sonrió con picardía, al cederle espacio entre sus piernas, las manos del mayor viajaron a su cadera, llenando con su cosmos su cuerpo, sintió en sus palmas la tersura de su piel, aprovechando ese espacio, se ubicó entre ellas, con sus rubíes anhelantes recorrió cada rincón frente ellos, y sus dedos se desplazaron sobre su torso, sintiendo su respiración y latidos, la aceleración de los mismos a su contacto y se sonrió, hasta llegar a su vientre, que días antes estaba inflamado al ser la cuna de su niño, ahora a causa del antiguo ritual vuelto a la normalidad, sus finas caderas ya no adoloridas, y acunado entre sus estilizadas piernas, su amado exigía su presencia en él, que retomará su templo, en ese momento fue consciente que su niño se incorporaba después que de sus gemas le estudiarán adorándolo.


El señor del Tiempo se incorporó hasta abrazarse a su pecho, besando su torso de mármol y su mano descansó en el Destino, delineando el frío metal que destacaba en su pecho atlético, apoyo su rostro en su cuello para tan sólo disfrutar de su aroma y presencia, confiándole su vida a su Fuego Estelar, las manos del mayor se afianzaron en su cintura, levantándolo tan sólo lo necesario para acoplarse dentro de él, su cuerpo le recibió en un estremecimiento ansiado, sus piernas le rodearon profundizando su unión: “siempre hemos sido uno sólo” le susurro al sentir sus delicados brazos asirse más fuerte a él y en un suave vaivén empezó a arremeter dentro él, despacio, sin prisa, en una suave melodía de su amor, quería que su unión perdurara la eternidad misma, hasta el tiempo, y lo sobrepasará.

“Nuestra bella melodía de amor.
Bajo este manto de estrellas
Nuestros cuerpos buscan su calor”



Ambos buscaron el refugio de sus cuellos, y sus brazos se aferraron a la fisonomía del otro, cada uno declarándose fortaleza de su pareja, aquella suave oscilación, igualmente les enloquecía, les ansiaba disfrutar de ella, lentamente, y a su vez sus dedos recorrían la piel ajena, en dos diferentes cosmos profundamente fuertes, el tiempo y el fuego, cabellos de fuego vivo y hebras del mismo ébano, rubíes y zafiros esmeraldinos, y entre ellos, los vigores de ambos estallaron en un solo fulgor, uno impregnando al otro con su ser, Hades acunándola dentro suyo, e Hiperión le recibió sobre su firme abdomen. Sin dejar de brindarse su presencia el uno al otro. Después de sus respiraciones y el latido enloquecidos de sus corazones, ambos descansaban sobre la hierba, Hades sobre el pecho de mármol pulido de su esposo, quién extraviaba sus rubíes en el celeste firmamento que les servía de techo. “llevaré a Ares conmigo” le confesó su niño, como ya los has visto, necesito de su poder, los ojos de Ares ahora pueden distinguir cualquier intención de guerra, la leyenda de Asgard cuenta que serán cruentas batallas las que desolaran la tierra, y el señor de la guerra es el único que puede impedirlas.

“Profesando con devoción
La grandeza de este amor.
Helios aparece en el horizonte
Brindándonos su fulgor”


Hades suspiró al cambiar de posición y alzar su cabeza para buscar sus rubíes, que le observaban con detenimiento. ¡Mi amado Hiperión! No sólo Ares irá conmigo, le expresó casi en un murmullo, se que es peligroso, que no debería, pero no sé puede perder tiempo, la zozobra en sus palabras alertaron al mayor, quién tomó entre sus manos su faz. Y su niño no le pudo sostener su mirada, mordiéndose nerviosamente su labio inferior, hasta que logró seguir, después de tomar valor, para expresárselo a su esposo: Bethán es muy pequeño, me necesita, ¿Entiendes amor? Las manos que asían su rostro temblaron al momento que se incorporaba de golpe, sentándolo con su regazo.


¿Hades, qué dices? Sopesó sus palabras como un autómata, el dios de los muertos esperaba esta reacción y suspiró lentamente para proseguir, yo me llevaré a Bethán conmigo estos días, Hiperión. Y su alma sintió el inmenso dolor que le causa a su amado, lastimándose el mismo al hacerlo. No puedo enviar a Ares sólo, es mí deber impedir que los destinos sean manipulados por otras diosas, ahora soy el dios del Tiempo, pero tampoco puedo dejar a mi hijo sin mí, me necesita. Sabes que con Caos nos escondimos hasta que Koré se podía valer sin mí, pero Bethán ahora depende plenamente de mí para todo. Si pudiera dejarlo a tu lado, juró que no lo pensaría dos veces, sus palabras salían abruptamente de sus labios, los dedos de Hiperión se posaron en ellos, acallándolo: ¡Por Cronos! Hades, como has dicho, nuestro bebé es muy pequeño todavía, has hecho un conjuro milenario para poder marchar a Asgard, utilizando el poder del destino y el tiempo. ¿Como quieres que en este momento no tiemble al pensar en el peligro que les espera? Son mis más preciados tesoros, y que me digas que no te podemos acompañar.
Sus palabras, mostraban su ansiedad, Hades parpadeo varias veces, para luego besarlo suavemente y sin decir más palabras, alzó su vista al firmamento, y después de hacer esto se pone en pie y asiendo entre sus manos sus ropajes, empezó a vestirse, bajo la mirada escarlata de su esposo.


“Mi padre decidió ocultarnos en su vientre cuando Caos decidió acabar con su era” le expresó al terminar de cubrirse y se encaminó a la armadura que reposaba entre el pasto para acariciar el frío metal. ¿Hiperión, espero de tu parte, la misma fidelidad que le tuviste, al no refutar su decisión? Afirmó con seriedad al momento de aparecer el espíritu de Cronos frente de ellos y abrazarse al cosmos de su hijo invistiéndolo con la indumentaria del rey de los dioses. Sin volverlo a ver espera su respuesta en silencio, solo sintió que sus brazos le rodeaban apegándolo al torso desnudo, la mano del mayor buscó su corazón, descansándola en ese lugar, al momento que le besaba su cuello con delicadeza. No te lo pienso evitar, pero eso no indica que mi alma y corazón se destrocen de angustia. Lo sé mi Amado Hiperión, la mía se encuentra en igual forma, y me enfurece está situación. Por lo tanto pienso cortar por lo sano con el problema. Le expresó destellando su enojo en sus ojos y volviéndose a su esposo capturando sus labios en ardoroso ósculo.

“Nuestro tiempo se ha desvanecido
Ha terminado nuestra canción.”


Ares esperaba sentado en los atrios del Templo a su lado la diosa Freya, apretujaba nerviosamente sus manos, al frente de ellos, las Parcas esperaban reunidas con desconfianza hacia la esposa de Odín, las diosas de los destinos, pensó, el sequito del Rey de los dioses y sus mejores guerreras, las tres hermanas pero tan diferentes, suspiró al ponerse en pie y bajo las escaleras del mármol hasta llegar a su semental Berserk, revisando sus riendas y montura, aquel pegaso resopló un aliento de fuego, y él se sonrió al pasar sus dedos entre sus brillantes crines.

Distraído como estaba, no notó la presencia de su amado Hypnos a su lado, el hijo mayor de Hades, había notado algo raro en su conducta, no era el mismo orgulloso dios del que se había enamorado. Posó su mano en la de él y el dios de la guerra dirigió sus rubíes hacia él, sorprendido de su presencia en ese lugar.

Ares, yo; balbuceo y bajó su mirada avergonzado, no encontraba palabras para excusar su aparición en ese lugar, pero fue la mano del mayor quien asió su barbilla que le hizo que le mirara de nuevo. El hijo de Zeus entendió perfectamente, lo que el menor trataba de hacer. ¿Hypnos, en verdad no piensas perdonarme nunca? Sus palabras cansadas apenas salieron de sus labios. No te preocupes, ya no te incomodaré con mi estadía en este lugar, lo más seguro es que me dejen en Asgard una buena temporada.


Logró que los intensos zafiros del Sueño Eterno le devolvieran la mirada asombrados. ¡Querido hermano, no me mires así! Te sorprende que Asgard sea mi nuevo hogar, pues no lo hagas, son parte de mis funciones como Heraldo de Hades, ahora Baldur será considerado el Heraldo de Odín en Torrey, ese será el intercambio. “Aunque mi querido Hypnos, la verdad es que marcho hoy para el Reino de los dioses nórdicos y lo más posible es que tal vez no pueda volver, y ni tu papi, ni las Parcas” su mente le gritaba todo esto, pero sus labios no se movieron esperando la respuesta de su amado, que solo atinó asirse de su pecho emitiendo un poderoso cosmos lo desvaneció de ese lugar, hacia el bosque cercano para poder hablar sin interrupciones.

"Porqué huyes mi amado viento travieso
si mi vida te pertenece,
por que juegas con mi alma pérdida,
a la deriva en tu océano calmo."


Al llegar a uno de los templos aledaños, cercanos al bosque, en los atrios de esa residencia, Hypnos se vuelve al dios de la Guerra, y aferrándose de su cuello asalta sus labios, en el instante que Ares le iba a preguntar que era lo que le ocurría. Aquella acción le tomó desprevenido, y el poder del Hijo de Hades desprendía sus ropajes sagrados, para hacerlos reposar a su lado. Ares. ¿Porque me haces esto? No te basta con haberme engañado una vez, ahora también los haces de nuevo.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Jue Jul 24, 2008 1:14 pm

El dios de la guerra negó suavemente con su cabeza. Separándolo de su cuerpo. Le besó su frente con delicadeza: Mi príncipe, jamás me perdonarás. ¿Es eso? Ya no te atormentes Hypnos, te lo imploró. Pero no me pidas que vaya con Afrodita porque no lo haré. Le susurró al momento de llamar de nuevo su armadura para cubrir su cuerpo.

Dándole la espalda al ser que más amaba, se encaminó de nuevo a esperar a su tío, pero la mano del menor le aferró el antebrazo fuertemente, impidiéndole seguir. Yo... Ares… trataba de hablar. El dios de la guerra aspiró todo el aire que le era posible recibir, se volvió y asió su rostro entre sus manos, y con delicadeza le besó su frente de nuevo. Hermano cuida de mis hijos, no confió en Afrodita, pasó sus nudillos con delicadeza en su rostro de marfil y acomodando uno de sus mechones de plata tras su oreja rozó su mejilla con los labios en señal de despedida. “Queda en paz, hermano, hasta que los vientos sean propicios”. Diciendo esto se desvaneció como una brisa ligera. Las piernas de Hypnos no soportaron más el peso de su propio cuerpo y le hicieron caer de rodillas, su pecho se desquebrajaba de dolor, por fin había logrado que Ares no le buscará más, que sus hijos fueran lo más importante, pero también con ello, se había condenado al ser llamado tan sólo hermano.

Trato de alcanzarte
en el horizonte de tu isla desierta
y beber de tus labios aguamiel,
que es la cura para mis heridas
y apaciguan el desconcierto,
calmando mis pesadillas.”


Suspiró al aparecer de frente a Perséfone, quién traía envuelto en una sábana al pequeño Bethán, a su lado corría la traviesa de Koré que al verlo se lanzó a sus brazos: ¡Amada Primavera! Le saludó con tristeza, la diosa le vio con preocupación, sabía que algo demasiado grave pasaba para que su hermano tomara la decisión de utilizar rituales antiguos para restablecerse.


¿Ares? Sus ojos se desviaron a dónde estaban las conocedoras de los destinos, el dios de la guerra entendió su inquietud, pero tal vez de todos los que estaban en Torrey era él único que conocía la verdad de todo por los ojos de su propio tío. Así como todos los dioses esperaban ansiosos a Hades, inclusive sus padres se acercaban a la comitiva que iba a partir, sus gemas enrojecidas, por los fragores de la batalla se posaron en su hermano mayor Apolo, que trataba de llevarse a su cuñado de nuevo a su habitación, pero Tánatos se negaba hacerlo terminantemente. Con Koré en sus brazos se dirigió hacia el dios de la muerte, tal vez el tener a su hermanita cerca le calmaría los nervios, por lo que veía, Hypnos prefirió no seguirlo, suspiró era mejor.


¡Vamos nena, Athán te busca! La alzó meciéndola entre sus brazos, y las risas de la pequeña llenaron aquel atrio, así como el sonido metálico de sus pasos. La vista de todos le siguieron en silencio, inclusive su madre, que conversaba desde hace horas con Poseidón y su padre. El no saber que pasaba había armado un revuelo en el Palacio de Torrey, las diosas Hilda y Freya se mantenían alejadas en respeto a la voluntad del Rey de los dioses. Al llegar al lado de sus hermanos, sonrió casi sin ganas, más aún cuando la diosa de la pureza acarició su rostro, embelesada en sus ojos, para luego abrazarse a su cuello.

Apolo, Tánatos, pronuncio sus nombres suavemente, al momento de acercarse y besar la frente del menor acariciando sus cabellos dorados. ¿Por qué te alteras, Tana? Piensa en tu niño. Le regaño casi en un murmullo a su oído, los zafiros del dios de la muerte le determinaron, detallando su conducta y gestos.

No trates de ocultarme la verdad, Ares, le soltó al tomarle el rostro, el que la madre de Hyoga llegará hablando del Ragnarok y que un nuevo Caos se cierne sobre nosotros y que mi papi se preparé para escabullirse sin decirnos nada y la presencia de las Parcas en este lugar, listas para entrar en batalla, y tu mismo mírate, ni siquiera en la ofensiva contra Caos, se utilizó tus ojos, los cuales reflejaban la sangre derramada por los humanos, esta vez el dios de la Guerra inquirió con sus gemas en ese rostro amado de su cuñado.

Soy Tánatos dios de la Muerte, he visto tus ojos infinidad de veces amado Ares, en cada una de las muertes de un guerrero, yo he sido testigo, que sus remolinos de sangre se acrecientan en las épocas, y ahora no es la excepción, sus palabras taladraban su cerebro y con cariño le acalló posando sus labios sobre los de él.

No pasa nada Tánatos. ¿Has visto peligro de muerte para alguno de nosotros? Indagó hasta dónde llegaba el poder de las Nornas interfiriendo con él de los Olímpicos, y el más joven negó suavemente, cerrando los ojos en el instante que la mano del mayor acariciaba su mejilla con amor. Entonces no veas fantasmas dónde no los hay mi niño, tu papi sabe como detener el Ragnarok y es alojando a Baldur en este templo, como embajador de Asgard, en otras palabras el Heraldo de Odín, en estas tierras, pero tal trato necesita un intercambio también, y es ahí dónde entro yo, seré el Heraldo de Hades en el Valhalla. Y como es la tierra de los dioses guerreros, quién mejor que el dios de la Guerra para servir de Emisario. En ese momento la lógica de sus palabras calmaron al menor, quién asintió ya más tranquilo. Y se quedó allí conversando con ellos, hasta que sus hijos se acercaron a él y Koré quería jugar con los dos.


“Tus ojos son el mar profundo y misterioso
donde quisiera perderme,
más al acercarme a ellos
se desvanecen como un cruel espejismo,
desolando a mi maltrecho corazón."



En las tierras nórdicas, el enorme Yggdrassil, acunaba bajo su sombra una antigua cabaña, a su lado un oscuro pozo, allí una sombra se deslizaba apresuradamente envuelta en una capa negra, oculto entre las irregularidades de un cerro cercano, observó como Urd se dirigía a su milenaria tarea de sacar el agua del pozo para regar las raíces del árbol de los dioses, y en el atrio de la rústica cabaña, se hallaban sus otras dos hermanas, Verdandi, Skuld, movilizaban sus ruecas, sin parar trató de acercarse a ellas. Loki, deja de espiarnos, no creas que no sabíamos de tu visita.

Urd, la que conoce todo lo que ha ocurrido, aquella mujer misteriosa de largos cabellos dorados y mirada de hielo, característica de su tierra natal, asió la cubeta que había llenado en el pozo, dirigiéndose a la raíz de Yggdrassil con dificultad, ante el peso de su carga debido a que sus pies desnudos se hundían en la tierra humedecida, solo descansó en el instante que llega al fresno alrededor de la misma, vertiendo el líquido totalmente, para luego devolverse siguiendo el sendero formado por sus mismos pasos para realizar la misma operación ignorando al visitante.

“El momento ha llegado Odín, se encamina hacia el centro de Asgard, viene hacia el sustento de nuestro mundo, se revela sólo a nuestros deseos” Otra de las hermanas cuyos cabellos rojizos caían sobre sus hombros en dos grandes trenzas, y de vestimentas blancas tomaba un hilo de su interminable tapiz entrelazándolo a los demás, Loki se acercó a Verdandi observando el bordado ¿Este de aquí es el de la hija de Baldur?, la diosa asintió.

“El tiempo se ha enterado de nuestro asalto al telar de las Parcas, y su furia se ha desatado, ha convocado a sus antepasados uniéndolos a su poder, el Rey de los dioses se encamina hacia Valhalla, a su lado trae al Hijo del Fuego, y al Señor de la Guerra.” Detalló Skuld sin dejar de mover su pie en el pedal de su rueca. Las Moiras desean tomar de nuevo lo que les ha sido robado durante la batalla contra Caos. Su hermano Odín ya no es necesario, un nuevo Rey debe ocupar la cabeza de los Aesir.

Torrey
“Bailemos al compás del viento
Nuestra dulce melodía de amor,
Dejando que la suave brisa nos abrace a los dos
Nublando los sentidos, existiendo solo tú y yo”



Por fin después de una larga espera, el Fuego Estelar y Hades hacen su aparición, las llamas del Titán Hiperión anunciaron su llegada, tras esas potentes ráfagas de fuego, todos les empezaron a rodear, pero Hades no deseaba más retrasos, a un movimiento de sus manos las Parcas se pusieron en pie, dirigiéndose a sus monturas, a su vez guiando a las diosas guerreras a uno de los sementales, Océano las subió en sus lomos.

Al ver que no iban a esperar más, Hera corrió a su hermano mayor para abrazarse a su cuerpo ¡Mi niña! Su calificativo de siempre expresado en el más amoroso llamado, ¡Hera, mi dulce pequeña! Cuida de mi Tánatos, ahora necesita de tu ayuda, no sé cuanto tiempo esté fuera, y si no puedo estar en su parto te lo encargo a tus cuidados. Su voz cálida como cuando arrullaba a sus pequeños llegó a sus oídos, para luego separarla con delicadeza de su torso, y ella le cedió campo a Tánatos, quién cargaba a Koré en sus brazos, abrazó a sus dos hijos, deseándolos fundir de nuevo en su cuerpo.

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goddesniquel
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Jue Jul 24, 2008 1:18 pm

"Sigamos bailando, mi amado ruiseñor
Que aun nos queda tiempo,
No ha salido el sol."


Prometo que trataré de regresar antes de tu parto, le aseguró a su segundo hijo, besando con amor sus labios, y limpió sus lágrimas con sus dedos trémulos. No llores mi pequeño, verás que el tiempo pasa rápido y cuando menos lo esperen regresaremos. Sus gemas buscaron a su hijo mayor, pero éste no estaba cerca, así que tomó todo el aire que le permitían sus pulmones para despedirse de su pequeña, la cual se lanzó a sus brazos, como presintiendo que no le vería en un enorme lapso de tiempo, acarició sus rizos en silencio con sus ojos cerrados, para luego abrirlos y tener la visión que más lo lastimó y era su amado con su niño en brazos, le apegaba a su pecho, y emitió su energía sincronizándola con la de Bethán, sus cabellos, ambos iguales prendían en Fuego y con cariño asió su manita besándola suavemente, con su nariz la rozo con cariño.

"Profesando con devoción
La grandeza de este amor.
Helios aparece en el horizonte
Brindándonos su fulgor"


Hades haciéndose paso entre todos, al dirigir su mirada a su esposo, se encaminó con su niña acunada en su pecho y con su rostro oculto en su cuello, caminó hasta ponerse delante de su Fuego Estelar, y su frente descansó en su pecho firme con su pequeña acunada entre los dos, e Hiperión le rodeo con fuerza descansándolo contra sí, con sus dos niños entre sus brazos, Bethán con una mirada esmeralda, determinaba a su padre al momento de succionar su manita, y se quedaba quedito confiado en su refugio, el calor de su padre.

¡Hiperión! Murmuró suavemente Hades, no aguantando el dolor que le ocasionaba y el que le desgarraba el alma, cuando los rubíes desolados de su Fuego Estelar se posaron en su rostro al oírse convocado tan cariñosamente, un suave parpadeo le indicó que era el momento de partir. A lo que el mayor asintió colocando a su hijo entre sus brazos con delicadeza, acto seguido se despojó de su capa, con la cual arropó a Bethán afianzándolo al pecho de Hades, le hizo una cuna improvisada, en la cual le permitiera a Hades tomar las riendas de Emperador, y cargar a su bebé al mismo tiempo, además de que le brindaba el calor de su cuerpo y su aroma. Para luego asir en sus brazos a su pequeña Koré, quien inocentemente les sonreía alegre de estar con su padre.


Hiperión le silbó a Emperador y éste acudió a su llamado en el momento que Zeus y Poseidón se despedían de Hades, sus hermanos externaban su preocupación y trataban de averiguar algo, mientras Hera despedía a su primogénito junto a Afrodita y sus hijos.

"Trato de alcanzarte
en el horizonte de tu isla desierta
y beber de tus labios aguamiel,
que es la cura para mis heridas
y apaciguan el desconcierto,
calmando mis pesadillas.”


Trató de localizar a su primogénito pero Hypnos no estaba cerca, hasta que un potente destello plateado se hizo presente enfrente de Ares, el dios del Sueño Eterno mostraba toda su furia, la que sólo había empleado contra Caos y sus monstruosos guerreros, sus padres determinaron su accionar en silencio, sopesando el motivo de su furia, su apariencia hizo retroceder a Afrodita, temerosa al momento que empieza a cortar su distancia con el dios de la guerra. Al cual le da un puñetazo que lo hace golpear contra uno de los pilares del templo.

Sus ojos volvieron a hacer dos zafiros que lo reflejaban en su furia, con sus cabellos resplandecientes, le antojó ser la más hermosa misión que veían sus retinas. Y sin mediar palabras Hypnos aprisiona sus labios en un desesperado beso, para luego soltarlo e incorporarse con orgullo, “yo ya te he perdonado, tonto.” Para luego encaminarse a su papi, al cual abrazó con delicadeza, disfrutando de su aroma, dos meses es lo que les doy de tiempo para regresar, si se pasan de esa fecha, partiré con los titanes para Asgard, le declaró. Al momento de soltarlo sin quitar sus zafiros del rostro de su padre, el asintió a su afirmación.

“Hypnos”, apenas logró pronunciar Ares y esbozó una atractiva risita, al ponerse en pie y dirigirse a tomar su lugar al montar a su semental Berserk.

Recuerda aún soy el Rey de los dioses, mi Sueño Eterno. Le expresó con su semblante lleno de orgullo. Ha olvidado mi papi que me nombro comandante y jefe de sus ejércitos. Su primogénito le rememoró su decisión con una hermosa sonrisa. Y el mayor confirmó besándole los labios.

"Sigamos bailando, mi amado ruiseñor
Que aun nos queda tiempo,
No ha salido el sol."


Fue en el momento que Hiperión le toma en sus brazos y le coloca encima de Emperador para luego darle las riendas en sus manos, tomándole de su cuello, le besa con pasión, antes de separarse definitivamente de él. Al movimiento de asir las cuerdas en sus manos las Parcas se colocaron a su alrededor al igual que Ares, quién aún con sangre en la comisura de sus labios, y con sus ojos vueltos rubíes de nuevo veía de reojo a Hypnos. Y los pegasos, en elegantes movimientos, iniciaron su viaje, ha cruzar el Bisfrot, el puente del arco iris.

“Nuestro tiempo se ha desvanecido
Ha terminado nuestra canción.”

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fliss_lete
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Jue Jul 31, 2008 4:07 pm

wuaaaa

poshis ares e hypnos snif afrodita no los dejara en paz tan facil por lo que veo jaja

shuniii no se te vaya a caer el bodoqueeeee amarralo bien!!!

hiperion, inponeteee inponeteeeee eres el hombre de la casa el padre de los hijos... a no aqui ahi dos hombres de la casa.... que complicado... ¿quien paga el recivo de la luz??
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goddesniquel
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Lun Dic 28, 2009 3:00 pm

Capítulo 4 La llegada al Reino de Odín



Entre tus brazos quisiera estar
en esta fría noche de soledad
Y dormir acurrucado a ti,
e Impregnarme de tu perfume sutil. (SN)

El suave aleteo de Emperador, resonaba en sus oídos, con una de sus manos sostenía las riendas y con la otra sostenía contra su cuerpo a Bethán, tanto las Moiras como Ares les rodeaban, sus pegasos cubrían todos sus francos, el nerviosismo de sus guerreros se notaba a flor de piel. Sus guardianas de los destinos, no dejaban pasar ni el aire sin haberlo estudiado antes.

La agresividad de Ares, se hacía notar en una escalofriante aura, que cubría el lugar a su lado el pegaso que transportaba a Freya y a Hilda se deslizaba ágilmente al instante que la reina de los nórdicos, desvía su vista hacia él, al ver como su bebé se removía en el refugio que le había hecho Hiperión, le sonrió comprendiendo su incomodidad, y Hades le devolvió el gesto al momento de dirigir su mano libre dentro de la capa, a pesar de ser un cálido refugio, Bethán estaba irritado, a punto de llorar, así que le acaricio con amor - has sido un niño muy bueno ya llevamos varias horas de viaje- le susurro suavemente al tocar su rostro con sus dedos, en respuesta el pequeño aferro su índice entre sus labios succionándolo con avidez.

Enternecido le sostuvo más cerca de su corazón suspirando al ver que tenía que descender, y de inmediato Emperador planeo ligeramente hasta ir en picada, sin necesidad de emitir órdenes sus acompañantes le imitaron, hasta que descansaron en una apacible pradera, que se extendía a todo lo ancho y largo de sus vistas, azuzó a Emperador que al tocar tierra trotó como un kilómetro hasta llegar a una pequeña laguna cubierta por un espeso bosque de cipreses, abetos y pinos, que silbaban al momento que los dioses de los vientos jugueteaban entre sus grandes ramajes ocasionando que aquel lugar se llenase del misticismo y porque no decirlo de fantasmales cánticos, se veía que la cercanía con el Reino del Hielo, él lugar era húmedo por la cantidad de líquenes y musgos que lucían como hermosos adornos en las piedras, del lugar.

El rocío había cubierto las hojas de la vegetación del alrededor así como la hierba y la tierra mojada soltaban ese aroma característico, la temperatura había descendido, lo que les indicaba que pronto llegarían a su destino, el dios de la Guerra saltando del lomo de Berserk, se apresuro a soltar su casco y asir de la cintura a Hades al cual desmontó de su pegaso, y le llevo a una cueva cercana cargándolo en sus brazos.

Las diosas guerreras las así llamadas Vanir desmontaron seguidas de las Parcas, para ir tras Ares, quién encontró un improvisado refugio contra el frío, las valquirias elevaron su vista al imponente cerro agrietado dónde se resguardarían esa noche, pronto caería nieve, así eran de inclemente en los territorios cercarnos al Reino de los dioses guerreros, por lo que las Moiras siempre las vigilaban de cerca, aumentando la seguridad sobre su Lord, Freya entendía que su deber era cuidarlo así que asió la mano de Hilda y la jaló consigo, adelantándose, a las guardianas del tiempo.

-No es el palacio de Torrey, tío pero le dará refugio a Bethán para que le alimentes.- Expresó al momento de depositarlo en el suelo y de despojarse de su capa para colocarla en el suelo, con su mirada le indicaba a Hades que tomará asiento encima al asirle la mano le guío hacia ella, dejándole plácidamente acomodado en la elegante tela escarlata colocándose detrás de él Ares le sirvió de refugio, por su parte las diosas de los destinos se sentaron frente a ellos, cerrando un perímetro de protección, del cual ningún mortal o inmortal cruzaría sin conocer la furia del mismo Tártaro.

La madre de Hyoga permanecía en pie junto a Hilda, con su mirada más fría que los glaciales de su tierra, explorando con su mirada, cada uno de sus gestos la forma en que trataba a sus guardianes, y sobretodo su hijo, el pequeño que se movía en sus brazos impetuosamente, esa contemplación insiste sobre su persona, le llamó la atención sus enigmáticos ojos se posaron sobre ella, se fijaron el uno al otro y Hades inquirió en esos pozos insondables, perturbados por las tormentas de hielo. ¿Que le sucedía? Algo le preocupaba, lo que hacía sentirse más ansioso, la diosa le sonrió a la fuerza para luego sentarse cercana a las Parcas junto a la representante de su esposo.

El hijo mayor de Zeus soltó los amarres que había hecho el Fuego Estelar y Hades se despojó de su armadura, descubriendo al más pequeño de sus hijos, el infante envuelto en los ropajes con que le había cubierto Perséfone estaba despierto, y movía inquietos sus bracitos y piernas. Hasta que lo hice reposar cercano a su corazón, su niño se aferró a él con avidez, a su vez su papi descansaba en el pecho firme de Ares.

- No hay prisa, creo que lo mejor es que descansemos aquí hasta mañana, así Bethán podrá dormir más cómodamente, así como tú.- La voz casi susurrante del dios de la guerra, acariciaba su oído así como su mano se deslizaba por aromáticos mechones de ébano de su amado tío, levantó su vista a sus acompañantes y Cloto asintió a sus palabras al momento que Láquesis se incorporaba y sin decir más salio de la cueva, envuelta en su capa, hasta cubrirse su cabeza.

Las gemas de Hades la siguieron en silencio y entonces Atropo se acercó él postrándose.

-Su sirvienta va por alimentos mi señor.- Llevó su mano a su mejilla que se encontraba fría por el clima y no pudo evitar que las lágrimas se agolparan en sus indescifrables ojos, la implacable bajó su rostro añorando el tiempo en que ella era su servidora directa. Y el amo del tiempo le inquirió en silencio. Ella desvío su mirada. Para luego excusarse con su voz, casi en un hilo: -Siempre he sido yo quién cuidaba de mi príncipe, pero ahora es deber de mi hermana.-

La mano de Hades aferró su rostro guiándolo a que le viera de frente, y suspiró suavemente:- Eres el futuro, Atropo y yo el presente, es Laquesis quién guía mis pasos en este momento, hasta que los hilos entrelazados se recorran y sea Cloto quién me acoja- La Diosa negó con vehemencia, y el pasado bajó su rostro con una amarga sonrisa, posó sus dedos en su armadura y los escudos de los reyes del pasado lucían todo su esplendor en ella, para distraerse de la escena frente a ella desvío su mirada hacia el bosque dónde pastaban los pegasos, el sol caía y la penumbra empezó a cubrir la zona, ante los matices violetas y anaranjados, le recreaban la vista, suspiró al ver como los plazos de las épocas se cumplían.

-Hades ¿Tienes miedo a la muerte?- cuestionó suavemente Freya, su mirada parecía perdida en las leves llamas del fuego que Hilda empezaba a encender en afán de no sentirse inútil, la armadura de la diosa guerrera que era tan blanca como las nieves que cubrían su tierra, reflejaban ese incipiente fuego.

-Sería irónico, he gobernado la muerte por milenios, ya he dormido el sueño eterno, encerrado al lado de una inocente, ante el Caos he experimentado el silencio de las eternidades, pero se puede decir que ellos eran mi casta, los conflictos internos que todo reino posee, pero el que divinidades extranjeras se metieran en mis territorios, daría comienzo a la gran Batalla de los dioses.

El Fuego y el Hielo se enfrentarían, así como soy su progenitor. Mi responsabilidad cae en haberme entregado a tu hijo y haber dado a luz a su primer vigor.- El abrazo de su sobrino se cernió más fuerte sobre él, al ver como su piel se erizaba a causa del descenso de la temperatura, y lo difícil que le era confesar esta verdad.

- Pero entiende Freya, Koré es nuestra, es la hija de Hiperión, él la aceptado como su princesa, la ama tanto como yo, y ella no reconoce otro padre que no sea mi legítimo esposo. Por eso es que se ha quedado con él en Torrey, y si pudiera dejar a mi bebé con su padre en mi Reino lo habría hecho. No me angustia nada que me pueda pasar, si no a mi pequeño, es el hijo que mi esposo y yo más hemos esperado. Porque es de su sangre, y no creas que el desprecia a mis otros hijos, porque sería la mentira más grande del universo, él les adora como su padre, y los ama con la misma intensidad que a Bethán, pero es justo que tuviera uno de su sangre.-

La diosa asintió a tal pensamiento, más no pudo evitar sentir dolor por su hijo. Hilda al terminar su tarea, buscó la aprobación de su señora y salió de ese lugar, para encaminarse ayudar a las demás. Freya tomó una piedra y con ella empezó a trazar líneas sobre el suelo.

-Este es el lugar por dónde entraremos no es el tradicional viaducto del Bisfrot, el puente del arco iris, nos desviaremos un poco, es lugar por dónde las valquirias llevamos las almas de los valientes guerreros que sirvieron a nuestro gran rey Odín. Al ingresar en nuestras tierras, estaremos en peligro, más por que sabes que tienes relación muy cercana con Baldur- suspiró, al sentir la mirada atenta del dios de la guerra en su persona quién después de besar los cabellos de su más querido tío, se incorporó y se postró ante la reina de los guerreras nórdicas. Y analizó el croquis cuidadosamente.

-Amado Hades, al pasar este monte entraremos en los territorios del señor de Asgard, desde este momento nos encontramos en el campo de batalla, hasta no conocer las intenciones Odín, no te dejaremos solo, siempre uno de nosotros te vigilaremos-_ Ares desvío su vista a la penumbra que se extendía en el lugar. Y el destelló de los poderes de Laquesis y Atropo, junto al de Hilda, las cuales se dedicaron recolectar provisiones, para ellos mientras Hades y Bethán, descansaban.

- Al menor inicio de hostilidad, nos regresamos y cualquier tratado de paz, se irrumpe, mi señor, no permitiré que le tomen prisionero porque sería igual que entregar Torrey.- Sin esperar que le replicara se puso en pie para buscar a las diosas.

Ares, mi querido hijo, jamás podrás romper con lo predicho en los destinos ahora es una lucha entre ellos, para saber que voluntad ganará si la de nosotros de un mundo lleno de paz, y felicidad, o la de ellos de un mundo de guerra, y sangre, el Reinado de los Hijos del Fuego, o el Ragnarok de los Hijos del Hielo. Freya se acercó a él, besando su frente, le cubrió con su manto.

-Recuéstate es más cómodo para los dos, es hermoso tu bebé, se parece a su padre- le expresó acariciando sus cabellos, mas el pequeño no se despegaba de su papi, suspirando de felicidad, justo cuando relajaba su cuerpo, cayendo en una suave soñolencia, Hades se recostó de frente y le resguardó en su pecho, para luego cubrirse con su manto.


Un escalofrío recorrió su cuerpo, recostado en el manto de Ares, con su bebé dormitando sobre su torso, la temperatura descendía conforme los rayos se sol se desvanecían a la muerte del día en manos de la penumbra. Con cariño acariciaba los cabellos rojizos de su bebé, los cuales resplandecían como pequeñas llamas, que estaría haciendo Hiperión en este momento, besó una de las manitas sintiendo en esa caricia si necesitaba más calor en su cuerpo, pero sus manitas estaba calientes, y el calor de su propio cosmos lo resguardada del inclemente clima, se sonrió porque era realmente Bethán quién le daba calor a su cuerpo y no al revés.

Quisiera en esta noche amor
Sentir el fuego de tu pasión
Como un volcán en erupción
Arrasando mi corazón.

No fue mucho lo que tardaron los demás en volver, entre Láquesis y Ares fortalecían la pequeña fogata, para darles calor, Ares partía los gruesos troncos con sus manos, sin ningún esfuerzo mientras Atropo preparaba lo que su hermana había cazado, ayudada por Hilda que preparaba los pinchos.

Cloto se movilizó de su lugar, por primera vez en horas, sin dirigirles la palabra fue hasta los pegasos, de Emperador abrió una de las alforjas que pendían de su lomo, de allí sacó algo de ropas y unas mantas gruesas, era lo que la Princesa Perséfone le había entregado antes de salir así como algunas de las pertenencias de ellos, para el viaje. Entre ellos algo de la Ambrosia y la diosa se dirigió de nuevo a la cueva, con las botellas que ha atraído con ellos, las milenarias diosas de los destinos sirvieron las copas en ese improvisado banquete, a la luz de una fogata, le sirvieron algo de venado y pescado que había recolectado con su caza y su pesca. Una copa del elixir de los dioses, era la primera vez que el señor del tiempo y sus vasallas compartían la mesa.

Ares se sonrió, ellas las temibles Parcas, nunca fueron controladas por su padre, ellas permanecían relegadas a uno de los salones cercanos a las cocinas del Olimpo como simples sirvientas. Aunque el mismo Zeus, les tenía temor. Ellas siempre regresaban al Inframundo en búsqueda de Hades, ellas mostraban lo mejor de su carácter a su tío, las Moiras le amaban y le servían solamente a él, y ahora compartir este momento con su verdadero amo las llenaba de alegría.

Fue Laquesis quién se encargó de tomar a Bethán en sus brazos y Atropo se sentó al lado de Hades, ayudándolo a incorporarse, le abrazó contra su cuerpo sirviéndole de apoyo mientras Cloto, le pasaba los alimento, los otros se sentían ajenos aquella interacción que les dejó sin habla, Ares, tomando algunos de los demás alimentos le hizo señas a Hilda y Freya que se acercarán, y el mismo no quiso quedarse fuera de esa tertulia.

-Vaya si son ladinas, Parcas, yo quiero un poco de esa atención para mi- expresó haciendo un puchero. Al momento que su tío le extendía la mano, al tomarla lo jaló a su regazo, el dios de la guerra terminó recostado en el regazo de Hades, quién le abrazó con amor.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Lun Dic 28, 2009 3:05 pm

-Nunca permitiré que uno de mis niños quede sin atención los hijos de mi Hera, son como si fueran los míos propios, ha sido en mi regazo que has encontrado refugio a todas tus fechorías y travesuras - tomando algo de carne la depositó en sus labios y el dios de la guerra la aceptó gustoso. Ares se perdió en esa amorosa mirada de antaño, se sintió de nuevo un pequeño, en sus brazos.

Su mente viajó milenios atrás, cuando aún era un pequeño, en unas de sus tantas visitas al Inframundo, con su madre. Sus labios dibujaron una hermosa sonrisa, la de su infancia llena de inocencia, y Hades le acarició sus cabellos, con la misma dulzura de siempre.

Mientras Hera dormitaba dentro de su palacio, Hades e Hiperión les observaba jugar en el jardín tanto Hypnos como Tánatos hacían mancuerna en sus travesuras y ambos le atacaban juntos y yo corría para que no me atraparan.

Los dos eran bastantes hábiles, se iban tras de mi, en mi carrera no me fije en una pequeña roca en donde me doble el pie y caí entre unos arbustos raspándome las rodillas y los manos al intentar de no dar mi rostro contra el piso. No había terminado mis ojos de llenarse de lágrimas cuando siento unos brazos que me levantaban del suelo, para percibir el olor dulce de Hades, quién me resguardó contra su pecho, besando mis cabellos, así como Hiperión revisaba mis heridas, y los gemelos me miraban con sus bellos zafiros llenos de lágrimas mientras aferraban el brazo de su papi.

¿Ares? Esa hermosa voz lleno mis oídos al mismo momento que su abrazo me brindaba consuelo, nunca me faltó sus brazos cuando recibía algún regaño de mis padres, o cuando tenía algún problema siempre corría al Inframundo a los brazos del gemelo de mi madre, su mismo rostro, su sonrisa igual de hermosa y su abrazo cálido. Lo que mis padres no sabían de mí, Hades lo conocía.


Quisiera sentir tus manos
Acariciando mi piel,
Elevando mis sentidos
Enloqueciéndome de placer.


La cena transcurrió en ese pequeño coloquio entre los dioses griegos y las nórdicas, hasta que entrada la noche después de alimentarse con lo que preparó Atropo, el fuego de la pequeña hoguera que apenas alumbraba la penumbra, el frío inundaba esa pequeña cueva, a pesar de estar sentado enfrente del fuego su cuerpo empezó a temblar, se abrazó asimismo y en el proceso el cuerpo de su nene, quién dormía confiado de su amoroso refugio, le apego a su torso desnudo para darle su propio calor corporal y se hizo un ovillo entre sus improvisadas mantas.

- Hiperión, ¿que haces en estos momentos? Mi querido Bethán -le susurró suavemente apegándolo a su cuerpo. Disfrutó de su pequeño al sentir sus respiraciones y los latidos de su corazón sobre su piel las pequeñas manos reposando en su torso. Sus esmeraldas acostumbradas a esa difusa luz emitida por las débiles llamas que les servían de calefacción, se fijaron en sus guerreros, tanto Ares, como Cloto hacían la vigilancia nocturna, de pie ambos en la entrada de la fosa.

Al fondo de la misma en una posición similar Laquesis y Atropo, parecían vigilar el sueño de las nórdicas, sus cuatro acompañantes no escatimaban en su cuidado, mostraban toda su ferocidad sin restricciones, la verdad es que ni el mismo podía dormir, un pequeño suspiro le sacó de sus cavilaciones, Bethán era el único que en su inocencia, dormía tranquilamente, en su cálido resguardo que era su papi, mismo. Se sonrió

Bethán, tenía esa impactante mirada de su padre tras unas gemas de la esmeralda más pura, y unos cabellos de fuego, se sonrió cerrando sus parpados descansaría según el deseo de sus acompañantes, para tener todos sus sentidos alertas por su bebé.

Quisiera sentir tus labios
Tocando suavemente los míos;
Recorriéndome la piel
Devorando hasta amanecer.
Torrey.

Con su vista fija en la Vía Láctea, el Rey de los dioses permanecía con su pequeña niña en brazos sentado en el borde de la muralla, dejaba que sus cabellos volaran libres al viento, como refulgentes llamas, tan solo portaba la enagüilla de su túnica su torso desnudo, y sus pies descalzos, la pequeña sin su papi no quería dormir, y se había apegado a su presencia. Ahora reposaba estrechada en sus protectores brazos. Los labios de Hiperión se perdieron en sus finos cabellos de ébanos, la misma contextura que los de su Hades, y unos ojos como cristales de hielo, resguardados ahora bajos sus largas pestañas, al ver que por fin se había dormido levito hasta los pisos inferiores, descendiendo tan suavemente como una pluma. Hasta que sus pies rozaron las frías lozas del pasadizo principal dónde Hera, le esperaba.

-Hermano- la diosa se acercó a él y le abrazó suavemente colocando la mano sobre la espalda de su sobrina que dormía entre los brazos de su padre. El Fuego Estelar suspiró, a sabiendas que su hija extrañaba a su papi.

_ Le extraña_ soltó como un susurro-tanto como yo. Expresó al momento de elevar la vista a las trémulas llamas de las antorchas que iluminaban ese lugar. De las sombras salió Zeus para acercarse a ellos, abrazando la cintura de Hera apegándola a su cuerpo, besando su hombro. Una mirada entre los dioses bastó para decirse todo lo que pensaban Hera estaba nerviosa, que su hermano e hijo se fueran a ese reino. No le permitía dormir de la preocupación. Hiperión guío su mano a su rostro dónde la descansó suavemente en él. Para luego asentir, Zeus le devolvió el gesto al momento de girar a Hera entre sus brazos estrechándola fuertemente: _Mi pequeña niña_

Al momento que toma con sus dedos su barbilla dirigiendo los sonrojados labios a los suyos sellándolos en un apasionado beso, así como la tomaba en brazos, dirigiéndose a su habitación.

Hiperión ingresó a su habitación, se dirigió al lecho donde depositó a su niña, resguardándola entre almohadas mientras se iba a dar un baño para relajar sus músculos en razón de poder por lo menos dormir algo, al llegar a las termas se quitó sus vestimentas e ingresó a la pileta sumergiéndose totalmente cerró los ojos, retuvo la respiración durante este proceso para luego salir del agua soltó todo el aire de sus pulmones lentamente, aquel aroma que emanaba de las termas era el mismo de Hades, le molestaba sobremanera la situación más el no poderle acompañar a causa de la profecía de las Parcas.

Sus cabellos como llamas iluminaron la habitación, llevó sus manos a cubrir su rostro en un movimiento reflejo para calmar su furia, no puedo estar en este estado, se necesitaba tranquilo, tenía que pensar en Koré, su niña amada estaba triste por su papi, le extrañaba, esperaría unos días pero no sabía si los dos meses que había sugerido Hypnos si en una semana no tenían noticias de ellos iría de inmediato a Asgard, haría a Baldur indicarle el camino y no quedaría piedra sobre piedra en el Reinado de Odín, conocerán lo que es provocar la furia del Fuego Estelar sus rubíes destellaron su poder peligrosamente. Ese resplandor de su angustia hizo temblar la tierra, así como la pequeña en la habitación se despertó bajándose de la cama corrió hasta el lugar dónde estaba su padre, de pie en medio de las termas con su cuerpo envuelto en llamas, hasta que sintió como la pequeña se aferraba a su pierna derecha.

_Koré, cariño mío. Perdona te desperté_ la alzó hasta hacerla descansar en su pecho.- ¡Papá! - sollozó escondiendo su rostro en sus cabellos de Fuego. Hiperión vio su rostro similar al de su papi, besándolo suavemente la fue consolando, y arrullando en una suave melodía, la que había aprendido de su niño, su voz en tono varonil y hermoso, que rompía el alma de cualquiera tan abrasador como las llamas estelares de su esencia. Asió una toalla al momento de dirigirse con rumbo al cuarto, justo, cuando dejaba a Koré en el lecho tomó unas túnicas y se cubrió con ella, sentándose en el lecho estrechó entre sus brazos a la pequeña, y se recostó con Koré en su torso, la pequeña se fue adormeciendo entre la melodía y el sonido tranquilo de su corazón.

El fuego en el transcurso de la madrugada se fue apagando tan solo quedando las insipientes cenizas rojizas en desechos troncos sobre el suelo, sus párpados liberaron sus brillantes gemas, que enfocaron a Freya adormecida en frente suyo, lentamente soltó el aire de sus pulmones al ritmo de cómo estiraba sus músculos, Bethán al sentir su movimiento abrió sus ojitos, con amor besó su frente, el pequeño balbuceo le hizo sonreír, se incorporó hasta sentarse era buena hora para asearse y a su niño con él.

Aún permanecían en posición de alerta sus guerreros suspiró al dirigirse al dios de la Guerra, descansando su cabeza en su espalda: -Mi niño deberías descansar, yo me puedo cuidar solo.-

Ares negó con su cabeza lentamente para volverse y abrazarlo contra su pecho, los cuidados son pocos, tanto mi madre como tu, son dos mis tesoros más queridos, Hades se sonrió, para terminar la frase: -Aunque creo que ambos, hemos sido desplazados de ese título, mi muchacho, es Hypnos quién ocupa ese lugar, pequeño embustero._ Para dibujar en su rostro un gesto de disgusto y tus dos hijos, ellos ocupan ahora ese mérito.

_En mi corazón compartes el mismo amor que siento por mi madre- le susurro a su oído al momento de besar sus labios en saludo. _Entonces ven mi pequeño es hora de que me encargue de mis niños, te bañaré como cuando eras un niño de brazos, le aferró su mano al momento que le jalaba hacia la laguna, dónde Emperador y los demás estaba pastando.

Se sentó en la orilla extendiendo su capa sobre la hierba recostó sobre ella a su bebé, para desvestirlo, trajo consigo todo lo necesario para acicalarlo, dejándolo desnudo sobre el manto el mismo comenzó a desvestirse, al momento que Ares, toma en brazos a su primo y se adentraba en la laguna, Hades casi de inmediato les siguió, sumergiéndose en clavado en el agua, para ir a nado hasta dónde Ares estaba. En su mano había traído un frasco mirra y jabones, los cuales vertió sobre el cabello de Ares, para luego pasar sus dedos por el sedoso cabello azulado del dios de la guerra, el cual disfrutaba cerrando los ojos de ese mimo, a sus espaldas una pequeña cascada sonaba en su caída, el sonido alegre del agua les estaba relajando, y aquel encantador aroma de la mirra, hizo que todas sus tensiones salieran de su cuerpo.

El agua al calor de sus cosmos cambio de fría a una tibia que les relajaba. Esa escena era realmente encantadora, para cualquier vista los cabellos tan negros como ébano relucían ante los rayos de sol, ese rostro roba el sueño de cualquiera, así que este es el Rey de los griegos, un bocado para cualquiera. Cuando tuvo visión de su mirada hechizadora, su respiración se detuvo. Desde las sombras vino para expiar al señor del tiempo, aquel quién gobernaba actualmente. Cada uno de sus movimientos le dejo estático, su sonrisa dulce, la forma de ser, lo veía en como controlaba al señor de la guerra como si fuera una criatura pequeña, y a las indomables Parcas, por lo general ariscas, con él, las diosas de los destinos mostraban su espectral y fatídico rostro una hermosa sonrisa y dejaban mostrar la belleza de sus rostros generalmente oculta a todos.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Lun Dic 28, 2009 3:07 pm

El invisible Hades, el que no debía ser visto por nadie, cuando vino a Asgard por primera vez, no había tenido oportunidad de verle por su exilio ahora comprendía porque Baldur había perdido su cabeza, aunque era el dios de la pureza era amante de la belleza, y como vikingo, mostraba su poderío con sus conquistas Hades, serás mío. No importa lo que tarde, serás mío.

Ares se volvió emitiendo una sonrisa sincera que sonó cantarina al momento de ofrecerle en brazos al pequeño Bethán y fuera Hades quién se encargará de su aseo, Hades lo recargó en su pecho y con delicadeza le fue rociando de agua su pequeño cuerpo, su bebé se apegaba a su cuerpo, buscando su refugio, lo que le causó una hermosa sonrisa.

_Si tu papá te viera mi Bethán, estaría tan orgulloso, mira tus cabellos son reflejos de los suyos, irradias de tu cuerpo esa misma fuerza de Hiperión._

Desde la entrada de la Gruta las Parcas vigilaban cuidadosamente todos los movimientos. Fue Láquesis la se acercó a Emperador sacando algo de sus ropas las acercó a la orilla esperando a que ellos salieran el primero en hacerlo fue Ares, el imponente dios de la guerra, salió del agua con su cuerpo y cabellos escurriendo el vital líquido, sus hebras azuladas brillaron ante el sol como si tuvieran pequeños zafiros apegados a ellos. Láquesis se quedó estática en el minuto que le entrega una toalla para que se cubra, y Ares en un momento de galantería besa los labios de la nerviosa diosa del presente, en agradecimiento.

Detrás él Hades salía con su bebé en brazos, y el Presente rompió el hechizo del Señor de la Guerra, y se apresuró a cubrir el cuerpo de Hades con una toalla, y ella misma se encargó de secarlo.

Desde hacía un rato sentía la incomodidad de una presencia en el bosque lo mismo percibió su sobrino quién de inmediato, decidió salir del agua y en una mirada silenciosa ambos decidieron que era lo mejor, después que Láquesis cubrió su desnudez, en un acto como cotidiano le entregó a su bebé en brazos y con su mirada le ordenó retirarse, en un suave movimiento se volvió hacia el espía, todo fue tan rápido, en paso normal Láquesis se dirige a la cueva así como sus dos hermanas se lanzan a la caza del intruso, las diosas nórdicas nunca las había visto en acción era solo fracciones de segundos, que Atropo y Cloto se arrojaron en ataque. El cabello de Hades tan solo se movió en una pequeña brisa mientras cerraba sus ojos y los abría, cuando el espía estaba a sus pies mermado por el poder de las Parcas.

El dios guerrero, cuando sintió era su rostro golpeado contra el escabroso y húmedo terreno y unas gotas que agua que caía sobre sus cabellos, elevó su rostro hacia el que estaba de pie en frente suyo. Puedo escuchar la voz de su madre que se acercó corriendo hacia dónde él se hallaba postrándose ante el Rey de los dioses.

- ¿Hyoga? - Su voz suave le inundó los sentidos, trató de dirigirse hacia dónde provenía, entonces Hades le estudio con detenimiento y extrañado pasó su mano sobre su rostro, no teniendo ningún resultado. Dirigió su vista a Freya en búsqueda de una explicación y la diosa le explicó al mismo momento que trataba de ayudar a su hijo

_Mi amado Hades, el es mi hijo Hoder, el hermano gemelo de Baldur, la diferencia entre los dos, es que mi pequeño vive en la oscuridad, el don de la vista se le fue negado _ La diosa acunó a su hijo entre sus brazos al momento que las Parcas relajaban su posición ante la orden silenciosa, que emitieron los hermosos ojos del Señor del tiempo. Y Ares se puso a la altura de Freya y la ayudó junto a su hijo a levantarse del suelo.
Hades suspiró al cerrar sus ojos, y su frente emitió la fuerza del Cristal inspeccionando la zona, la energía de Hoder no era la que había sentido. El mismo Ares, utilizaba su poder milenario, enfrascado en sus ojos escarlatas, dónde los ríos de la sangre de la guerra se extendían en torrentes embravecidos en sus retinas.

La constitución frágil del dios guerrero le hizo temblar ante el poderío desatado por los griegos, la reina de las valquirias su madre le acunaba suavemente en su pecho desatando sus poderes para proteger a su hijo. _Lo suplico, lo que sea que haya sido, ya se fue ante el ataque de las Parcas, Hoder es enfermizo, por eso que no les permitido habitar en Asgard, estos bosques son su hogar.-Rogó inquieta la diosa, ante la forma en que temblaba su niño.

El señor del tiempo lentamente soltó el aire de sus pulmones, tratando de calmarse y sin contestarle nada a Freya se encamina hacia el refugio dónde le esperaba Láquesis con su hijo en brazos, Cloto y Atropo solo permitieron que Ares ingresará con el. Hilda y Freya se volvieron a ver entre sí algo inquietas, al poco rato la diosa del Presente Laquesis caminó hacia ellas, la Parca les vio con indiferencia y su mirada congelaba los huesos más que el frío de su tierra. Mi señor informa que apenas haya atendido a su hijo partiremos, si desean asearse mis hermanas y yo vigilaremos que nada les suceda.

Laquesis se agachó lo que pudo y ofreció un pequeño cuenco que traía en sus manos a Freya, es un poco de Ambrosia le hará bien, le tendió su mano, Hilda con desconfianza tomó de sus manos, el pequeño frasco, y se lo dio a su reina, la cual asintió en agradecimiento, entonces el presente se puso en pie, e inquieta revisó la zona con su vista agudizando al mismo tiempo todos sus sentidos. Un extraño Triangulo se formó al estar las diosas de los destino con sus poderes sincronizados:

- “Las ruedas del destino están en marcha, vislumbre que es inevitable, sombra que no se puede detener, nadie puede contener su recorrido, y el destino se unirá al tiempo y la profecía se cumplirá”.- Aquel destello fue el grito de ofensiva de las guerreras de Hades, avisando su entrada al Mundo de los dioses nórdico en búsqueda de lo que se les fue robado.

A lo lejos el poderoso cosmos de las Parcas, llegó hasta las Nornas quienes dejaron su eterno bordaje para ponerse en pie, Verdandi, abandono su refugio en ese piso de madera, para colocar sus pies desnudos en el barro que alimentaba al Ygrassil, la diosa se sonrió al apretar contra su pecho el bordado de la vida de Koré, justo cuando Spleinir se encabrita detrás de ella haciendo que sus cabellos volarán libres al viento así como sus vestimentas, pasó sus dedos entre sus cabellos dorados volviéndose al recién llegado.

-Acabas de verlo, ¿Verdad, conociste al Señor del tiempo? Mi príncipe - le inquirió ansiosa de su respuesta, el asintió con una sonrisa de satisfacción dibujada en sus labios, no había tenido la oportunidad de conocer al hijo de Cronos, hasta hoy. Acariciando la mejilla de la diosa: -ahora mi objetivo es otro, quiero que no opongas resistencia a entregar el hilo de la vida de la mocosa. Ahora tengo un objetivo más grande y del cual no apartaré- Asiendo sus hombros la guío a la cabaña. Y en el camino le iba explicando todo lo que quería que hiciera. Las tres diosas lo aceptaron en su cabaña, ahora el gobernaría los destinos de los nórdicos.

Y ellas tendría el poder para gobernar el mundo de Cronos, el señuelo había sido lanzado ahora era esperar a que la presa cayera en ella, y el conocía ya el punto débil del heredero de Cronos y no dudaría en utilizarlo.

Después de dar sus instrucciones a sus cómplices, abrió una vieja portezuela, que estaba en el envejecido y apolillado piso de esa sala, sus ojos vieron nada más que oscuridad, era el lugar más secreto de todo Asgard, el cual era conocido solo por las Nornas hasta el momento y tomó la lámpara de aceite que le ofrecía Urd, y se adentró en ese lugar, bajando unos pequeños escalones que traqueaban a sus pasos, hasta llegar a un especie de pozo, allí la humedad que caía de la rocas que resguardan el agua del pozo del Ygrassil provocaba un insoportable olor a moho, y el suelo estaba baboso a causa de los hongos que se formaban en él.

Camino por un estrecho pasadizo, la llama de su candil luchaba por no apagarse y entonces llegó a su destino allí en un calabozo sellado con una gruesa piedra se encontraba él. Abrió la pequeña ventana, y asomó la agonizante iluminación, en ese lugar encadenado a la piedra yacía el Gran Odín, señor de los Nórdicos, se sonrió ahora su hermano pagaría su encierro. Tendría a su disposición el Olimpo, y a su Rey. La descendencia de Cronos perecería junto a los Hijos del Fuego.

“Hermano no te sientas tan solo, pronto tendrás compañía” Se rió mientras Odín elevó su vista aquel lugar, con desesperación trató de liberarse, pero sus muñecas y tobillos encerrados en la firme roca milenaria de esa tierra se lo impedía con sus poderes gobernados por la magia de ese lugar no pudo hacer nada más que gritar con todas sus fuerzas. En ese momento la oscuridad le volvió a cubrir al cerrarse aquella pequeña ventanilla y los ecos de los pasos del impostor resonaban espectrales y profundos.

Recorrió el trayecto de vuelta rápidamente no deseando estar más tiempo en ese lugar, al subir hasta la cabaña se sentó en el filo de la abertura, y suspiró: -Parece que mi hermano, no esta contento en ese lugar- Les dijo sonriéndoles para luego ponerse en pie. -Hades pronto entrará en Asgard, no viajan tan rápido porque traen una criatura con ellos, por lo visto acamparon en el bosque del inútil de Holder.

Tomó unas hojas y una pluma que estaban allí, y escribió en ellas, algo que entregó a las Nornas, quiénes le miraban curiosas por saber que sería los mandatos que emitían. - Lleven esto a Fenril, él sabrá que hacer. Ahora es necesario que vuelva al Palacio, las valquirias no deben sospechar nada. Cuando llegue Hades, deberán tener cuidado de no dejar que se entere de nuestro huésped permanente.-

Con su niño en brazos observaba moverse de un lado a otro de la cueva a Ares, quién preocupado por la presencia que sintió hacía resplandecer sus ojos en rubíes, Bethán se estaba adormeciendo rápidamente el baño, le había relajado y no faltaba mucho para que se durmiera, acarició sus cabellos rojizos y su frente. Le veía parpadear, y fue el momento en que decidió que le cantaría, así calmaría los ánimos del dios de la guerra.

_ ¿Ares?- le inquirió suavemente tendiéndole la mano, y el señor de la Guerra se encaminó hacia él aferrándola entre sus dedos para luego sentarse a su lado. -No me gustó esa presencia. Estaba llena por el olor de la sangre derramada en las batallas, tenía una sed de sangre más grande que la mía, antes que pudiera controlar mis poderes- A lo que Hades asintió.

- ¿Eso crees? Yo también sentí lo mismo. Pero inquietándote no ganamos nada Ares. Pronto partiremos allá necesito de toda nuestra diplomacia, no podemos partir sin nuestro objetivo.- Cambió de posición a su bebé, recostándolo cercano a su hombro mientras le sacaba cualquier aire que le pudiera dar cólico, cerró sus ojos y le confesó a su sobrino: Tu siempre has sido inquieto, me recuerdo las veces que te alimente como lo hago con Bethán, no te alimentabas por estar analizando cualquier ruido y tu tío Hiperión no me ayudaba mucho, siempre te distraía, siempre le ha encantado jugar con mis pequeños en esos momentos- recostó sobre esos ropajes a su niño para que descansará con comodidad. Y llevó su mano suave y tibia al rostro del dios de la guerra.

- Debes calmarte, mi impulsivo niño, no muestres tu fuerza a ellos- le atrajo a su torso descansándolo en él. Y empezó entonar una suave melodía que resonó en ese lugar, pasó sus dedos por sus cabellos, el dios de la guerra, sintió como su ansia de sangre provocada por la presencia de hacía unos momentos, se calmaba y sus retinas se tornaban de nuevo en hermosos zafiros tranquilos como el cielo de verano. Hades tomó su barbilla con delicadeza, alzándole el rostro para verlo directamente a los ojos, su faz se iluminó con alegría y orgullo al ver sus pacíficos ojos.

-Mi hermoso aguerrido, apasionado y travieso bebé, me eres tan amado como si yo mismo te hubiese parido, mi pequeño Ares.- Besó su nariz y frente apartando sus mechones rebeldes. _Mi Areios, dios de la guerra.-El ser llamado como antaño le conmovió su corazón y se abrazó a su cuello escondiendo su rostro en sus cascadas de ébano. Permanecieron así un gran rato descansando apoyado el uno en el otro. Ni las Parcas se atrevieron a interrumpir, al término de unas horas de aislamiento, ambos salieron, listos para partir.

Ares con sus cabellos recogido en una coleta, afianzó su capa sobre su armadura y se cubrió con su manto la cabeza, Hades salió con una capa negra que le cubría totalmente y a su bebé, se dirigió a Emperador en el momento que Ares le tomaba de la cintura y le depositaba en la montura, para luego subir con él. _Freya y Hoder pueden usar a Berserk - indicó a la Parcas en el momento que les ayudaba a montar en sus pegasos, a lo que Atropo asintió, obedeciendo las órdenes del príncipe Ares.

Cuando todo estuvo listo, Ares tomó las riendas de Emperador, acunando a Hades en su pecho, le susurró al oído: - dedícate a cuidar de Bethán, yo me encargo de lo demás- y pasando uno de sus brazos alrededor de su cintura, azuzo al semental de Hades, y éste pateó el aire con sus patas delanteras, extendiendo sus alas en un potente batir, se elevó y espero en el cielo a los demás, esta vez sería Freya e Hilda quienes encabezarían el cortejo las Moiras cerraron filas alrededor del Pegaso Emperador y estaban preparadas para cualquier ofensiva, de ser necesario.

Entrelazó sus dedos con los de Ares. _Hypnos nos espera de vuelta, ambos debemos volver con bien, recuérdalo-le expreso solo para Ares, en el momento que cruzaban el límite de sus territorios con él de los Nórdicos.

Ante sus ojos se extendió la misma tierra que había visto, antaño cuando fue embajador de Zeus, la dimensión que se les ocultó en su batalla con el pueblo que honraba a Odín bajo el mando de Hilda, esta fue el hogar de los dioses guerreros que no pudieron penetrar, la zona resguardada por las valquirias.

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Última edición por goddesniquel el Lun Dic 28, 2009 3:09 pm, editado 1 vez
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goddesniquel
Moira Laquesis - Hiperion
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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   Lun Dic 28, 2009 3:08 pm

Las ventiscas cargas de finos copos de nieves, les nublaban bastante la visión, pero Emperador les guiaba en sus estadía en esas tierras su Semental rivalizaba con el de Odín, Spleinir ahora lideraba a los demás pasando al frente de las diosas guerreras y Hades le acarició sus crines rebeldes. - Al Valhalla, Emperador- No fue mucho lo que tardaron en llegar al centro de los territorios del dios guerrero Odín, quién por su parte también retornaba a Palacio, descendiendo en el mismo momento que lo hacían Freya y sus acompañantes. Odín, descendió de Spleinir con agilidad, instante que su semental levantaba sus patas delanteras desafiando a Emperador.

Ares retuvo las riendas del semental, al momento de desmontar, y su manto caía descubriendo su rostro, asió la cintura de su tío, ayudándolo a bajar de Emperador quién se postró en tierra para facilitarle el proceso. Le colocó a su lado abrazándolo cuando se vuelve ven como Odín ha acortado distancia con ellos y se postra ante Hades, tomándole la mano entre las suyas besándola y sin quitar la vista de sus abismos calmos entre esmeraldas y zafiros.

Después de saludar al Rey de los dioses olímpicos se pone en pie, sin soltar su mano, hasta quedar frente a él. Siendo más alto y fornido Hades tuvo que alzar su vista hacia él denota que esta bajo su escrutinio, el señor del tiempo asintió, al momento que Ares, le suelta pero sin separarse de él. La ventisca cada vez mas fuerte azotaba sus cuerpos y soltó su mano con elegancia del agarre de Odín para abrazar más a su cuerpo a su niño envuelto en la capa de su padre. Fue cuando el cosmos de Fuego inmortal de su pequeño iluminó todo su cuerpo haciendo una pequeña burbuja dónde se resguardaba del inclemente clima junto a su papi.

La fría mirada del señor de esas tierras se posaron en el bulto que resguardaba, rápidamente las Parcas tomaron lugares cubriendo a su amo, junto con Ares. Observaron con desconfianza como Odín soltaba el aire de sus pulmones, se volvía hacia Freya. Tendiéndole la mano: -Sean bienvenidos, al hogar dónde los valientes guerreros vivirán por siempre.- Asiendo la mano de la reina de las valquirias, les guío al Palacio del Valhalla, mientras los pegasos eran refugiados en las caballerizas reales, junto Spleinir.

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MensajeTema: Re: LOS HIJOS DEL FUEGO Y EL HIELO (HADES E HIPERION)   

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